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La música o el silencio en la práctica de yoga

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Durante los dos últimos fines/comienzos de años publiqué posts con una selección de canciones espirituales del año (aquí 2014 y aquí 2015) y este curso planeaba hacer lo mismo. De hecho, llevo días intentando elegir canciones idóneas, espirituales e inspiradoras para un post titulado tentativamente 5 canciones para practicar yoga en 2016 o algo así pero no logro llegar a nada. Quizás mi falta de musa se deba a que este año no he dedicado mucho tiempo a escuchar música o quizás al erróneo enfoque del post que nunca escribiré, pues para mí la práctica de yoga, en el sentido de haṭha-raja, rara vez implica música.

Como a todo el mundo, a mí me gusta la música y creo tener buen gusto (la refutación aquí), pero con el paso de los años cada vez escucho menos música en general y me centro más en la música devocional, especialmente la relacionada con la India y el yoga, como kīrtans y bhajans. Incluso esa música devocional, de la que escucho artistas más occidentales que indios, tiene una vertiente pop y una búsqueda de “innovación” que me termina por cansar, con escasas excepciones.

Como consecuencia, en casa suena muy poca música (excepto, por exigencias de nuestra hija, canciones infantiles como La masovera o La reina batata), sumado a que para escribir en general es mejor el silencio e incluso para limpiar los baños a veces prefiero repetir un mantra que poner la radio (que esto nos los engañe: ni limpio mucho los baños ni repito tantos mantras).

Esta austeridad sonora tiene su correlación en mi práctica personal de haṭha yoga, pues para hacer prāṇāyāma o āsana no siento generalmente la necesidad de una banda sonora que vaya más allá de mi propia respiración.

headphones

En los linajes tradicionales del yoga indio no hay más música que la repetición de mantras introductorios, ni más esterilla que un pareo, ni más vestimenta que un taparrabo o unos pantalones blancos y sueltos, aunque con la difusión del yoga en Occidente esto haya cambiado y sea rara la clase de yoga en que no haya música (y esterillas de foam y camisetas apretadas). De hecho es tan normal, que si no hay banda sonora uno se puede poner incómodo como cuando comparte el ascensor con un extraño (esta incomodidad la trataré algún día en otro post).

Quizás por este hábito generalizado que comento y por la acrecentada tendencia moderna de buscar estímulos externos, es muy normal que la parte de aquietamiento y respiración inicial de una clase de yoga estén “perturbadas” por alguna música que, en lugar de ayudar a retraer los sentidos, nos lleve hacia afuera, e incluso “moleste” en el momento de cantar el mantra Om.

Todos los verbos que estoy eligiendo son solo mi opinión y no estoy criticando a nadie en particular, pues también soy consciente de que para muchas personas la música correcta es una buena forma de entrar en su práctica. De hecho, hace pocos meses le pregunté al maestro Sri Andrei Ram-Om al respecto y él dijo que, especialmente en entornos urbanos, donde hay muchos sonidos exteriores que pueden distraer, es preferible poner una música conducente a la introspección que dejar que el ruido de los coches de la calle o las obras en la fachada del edificio de enfrente nos disturben.

En el estilo Jivamukti Yoga, por ejemplo, que respeto mucho, la utilización del nāda yoga o “yoga del sonido” es vital y además de los mantras y la respiración, ese principio incluye la música inspiradora que, por supuesto, es una cuestión subjetiva y que, según el profesor (reconvertido en DJ), puede ser una canción de The Beatles, ritmos hip-hop o la meliflua voz de Deva Premal.

Es con todo esto en mente que como profesor de yoga, y con la intención de inspirar o, al menos, crear una atmósfera para la práctica grupal, yo también preparo algunas playlists para mis clases. La verdad es que no me renuevo mucho y la música que uso se repite bastante y, en realidad, más de una vez he dejado a mis alumnos en silencio toda la clase porque, ocupado en instrucciones o secuencias, me olvido de ir a darle al play.

Siendo sincero, la única música que me inspira plenamente para una práctica está siempre relacionada con Sri Dharma Mittra, mi maestro de haṭha-raja, y gran leyenda viva del yoga. De hecho, quienes hayan venido alguna vez a mis clases seguramente reconocerán las únicas dos canciones del álbum que se titula, como las mismas canciones, Om Namah Shivaya / Hum Sa, en que canta Sri Dharma Mittra y su esposa Ismritte Devi Om.

Se trata de grabaciones muy simples, con mantras simples y poderosos (y también alguna frase en inglés) cantados por Dharmaji y Ismritte Devi y que tienen la ventaja de durar un buen rato (32’ y 46’) y por tanto con eso basta para llenar la banda sonora de casi cualquier clase de yoga.

La canción Hum Sa es especialmente hermosa porque tiene a Dharmaji recitando el “mantra de unificación”, tal como él lo enseña, que es una variante del místico mantra hum sa, so’ham y que se llama de unificación porque su sentido es “eso soy yo, yo soy eso” o como le gusta decir a Dharmaji: “yo soy tú, tú eres yo”. En ambos casos, “eso” o “tú” son sinónimos de Dios (cada uno puede usar otro sinónimo de Dios que le guste, si corresponde).

En más de una ocasión me han preguntado las referencias sobre esta música, que más allá de los gustos personales, tiene una innegable vibración espiritual porque está hecha por un maestro auto-realizado y, además, porque está hecha como una ofrenda a Dios y nada más (y nada menos), sin pensar en el marketing ni en el tour europeo ni en que guste a las masas de yoguis.

Por ello, este año comparto esta música que, para mí, ha sido más que suficiente para practicar durante este último año y medio por lo menos (si no lo puedes escuchar abajo, prueba clicando aquí):

spotify:album:7rijlQDkNowX4bm2zbFAmf

Espero que les guste y, en todo caso, espero que cualquiera sea la música que cada uno escuche, nos sirva para encontrar, finalmente, el silencio interior.

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  1. Muy interesante! Yo no sabía de esas canciones de dharmaji así que gracias por compartir 🙏 yo tuve el honor de asistir a un taller con él y aún sigo vibrando cada que recuerdo el kirthan. Es una experiencia mágica.

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  2. Amanda Hermoso

    https://www.youtube.com/watch?v=n9uVYkpHJdw&list=RDn9uVYkpHJdw#t=7
    Hola, siempre vuelvo a este tema. Hay tantos y tan bellos…

    Date: Mon, 11 Jan 2016 10:01:55 +0000
    To: amandahermoso@hotmail.com

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  3. Aquí en Bogotá organizan cada dos meses, más o menos, el Ecoyoga Festival en un céntrico parque, el cual incluye venta de artículos yóguicos, productos naturales y gastronomía vegetariana. También hay clases de Hatha Yoga. Durante todo el día en el escenario se presentan por lo menos tres grupos de rock, de manera que el estruendo es casi insoportable y uno tiene que negociar cualquier cachivache o artículo casi a grito limpio. Además, muchas personas asisten con el consabido perro. En mi opinión, de “ecoyoga” eso no tiene sino el nombre.

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  4. Es que ya el nombre eco yoga es sospechoso. Desde hace tiempo el mercado se apropió de todo lo que suene a verde, espiritual o ecológico, entre otras.
    Uno de los síntomas más graves de la decadencia masiva es el vacío de las formas.

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  5. Hola, opino igual que tú, independiente que sean lindas o no las canciones (hay algunas que son de un pop ochentero o un regge horrendo, hasta rock guitarreado he tenido que escuchar) creo que lo importante a la hora de escuchar una música es que esta convoque a la vibración. Por un momento en día nos ocupamos en meditar, no entiendo que quienes guíen las prácticas pongan canciones pop que podría cantar cualquiera repitiendo la misma letra. La idea de un mantra es la generación vibracional, por eso se repiten las frases una y otra vez, por eso casi no se mueven los labios y por eso uno puede sentir como se movilizan las energías en ti, pero cuando las canciones por linda que sean, finalmente te desconcentran o te inducen a estados anímicos que no quieres, me parece que se aleja de lo esencial. Creo que está muy occidentalizado, si quiero pop y un sargento voy a aerobox, si quiero paz no quiero escuchar Rhyana en versión mantra. También pienso que debería ser en silencio o con la música menos invasiva que haya.

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