Canal RSS

Lanzamos Pūraka Project: Inspiración y práctica

Publicado en

Hace unos dos años tuve el deseo de empezar a grabar largas entrevistas audiovisuales a personas que yo consideraba inspiradoras en el camino del autoconocimiento, con la pretenciosa intención de hacer preguntas más interesantes de las que se suelen hacer. Después de darle vueltas resolví, con más instinto que otra cosa, que las entrevistas debían ser breves, adaptadas a estos tiempos rápidos y que, en realidad, mis preguntas interesantes no eran tantas. La cantidad de información que tenemos a disposición es grandísima, incluso excesiva, por lo que consideré mejor priorizar el aspecto cualitativo. Por ello las preguntas serían solo dos. Siempre las mismas para todos.

La pregunta básica sería, ¿qué inspira o qué ha inspirado a esas personas en su camino? Si los entrevistados son personas inspiradoras para nosotros, conocer esto puede inspirarnos de alguna forma. La inspiración es fundamental pero también necesitamos ponerla en acción, y por ello la segunda pregunta estaría relacionada con compartir una técnica que cualquiera de nosotros pudiera aplicar para ser más compasivos, más felices o estar más calmos. Por tanto, nuestro cuestionario se limita a dos cuestiones: inspiración y práctica.

El proyecto no tiene fines de lucro y su intención es difundir estos mensajes inspiradores con la esperanza de que sean útiles para otras personas que, como nosotros, están buscando respuestas efectivas a los constantes desafíos de la vida. El nombre que le dimos es Pūraka Project, pues la palabra sánscrita pūraka significa “llenado” o “satisfacción” y como término técnico de haṭha yoga remite a la acción de “inhalar”. Es jugando con estas acepciones que pūraka nos pareció un nombre adecuado para un proyecto que desea generar “inspiración”, a la vez que ser “inspirado”.

logo_grande_largoEn agosto de 2016 grabamos la primera entrevista y, desde entonces, han pasado muchos meses de lento trabajo de equipo. Yo solo nunca hubiera podido con esto y tuve la fortuna de que, en el camino, se sumarán otras personas, que además son sensibles, dedicadas y yoguis. En la parte técnica de grabar y editar las entrevistas tenemos un siempre sonriente profesional como Ismael Joyera, y en la parte del diseño de la imagen, el logo y la web a la muy fiable Tere Castillo.

Hoy, después de un año y medio de preparación, podemos lanzar la web de Pūraka Project en español e inglés, con cuatro entrevistas que también están en los dos idiomas. Tenemos más entrevistas ya preparadas que iremos publicando en las próximas semanas y, a la vez, tenemos planes de hacer nuevas entrevistas. Nuestro ámbito de interés es el Yoga, la espiritualidad y el autoconocimiento y aunque tenemos cierta debilidad por la India, también estamos abiertos a ser inspirados por otros territorios y otras disciplinas. Se aceptan sugerencias.

Quiero dar profundas gracias a todos los entrevistados por su disponibilidad y también pedirles perdón por el tiempo que finalmente hemos tardado en lanzar este proyecto. Gracias a ellos, y a todos los intermediarios para lograr las entrevistas, por la confianza en un proyecto que, al inicio, no tenía ni nombre, ni web, ni futuro cierto. Gracias también a quienes participaron de alguna manera en gestar esta idea, especialmente a mi esposa Hansika y al fotógrafo y yogui Fabio Filippi.

Para conmemorar esta fecha quiero compartir con ustedes la primera entrevista que hicimos, al yogui y maestro Sri Andrei Ram, que fue la primera persona en confiar en este proyecto:

Todas las entrevistas se encuentran en la web de Pūraka Project y también en el canal de YouTube de Pūraka Project. Deseo que les gusten e inspiren y que las compartan con otras personas.

Mahāśivarātri 2018 y la energía de regresar

Publicado en

Se acerca la luna nueva del mes hindú de Phālguna y otra vez llega “la gran noche del Śiva (Shiva)”; esa fecha señalada del año en febrero en que, dice la tradición hindú, la energía del Señor Śiva está más disponible que nunca. Tradicionalmente esta noche se celebra en ayunas y sin dormir, meditando, repitiendo el sagrado mantra Om namaḥ śivāya y realizando rituales de adoración al śivaliṅga, el símbolo sin forma de Śiva.

Si bien en la tradición popular basada en los Purāṇa – los textos histórico-mitológicos del hinduismo – Śiva es generalmente presentado como un yogui huraño que vive en los Himalaya, su manifestación más venerada es el śivaliṅga, que suele ser una piedra de forma oval o cilíndrica que representa lo eterno y absoluto sin forma.

16 lingams

Si lo Absoluto es infinito, inefable e inmutable es, entonces, imposible de expresar con el lenguaje articulado humano. En su lucidez, los sabios de la antigüedad descubrieron que para hablar de ese Absoluto era más sensato quitar que poner, y vieron que, de manera imperfecta pero aproximada, el símbolo básico de un huevo (vida), o de un falo (creación), o de una columna (trascendencia) o de una elipse (expansión) representaba a Śiva.

Este símbolo minimalista, sin rasgos antropomórficos, sin siquiera referencias explícitas a una cultura particular, nos permite observarlo con cierta pureza y evocar tanto el punto mínimo de latente energía universal, como el vacío total o la chispa interna que brilla en el centro del pecho.

En la tradición puránica, que sustenta el hinduismo popular moderno, Śiva es presentado como la tercera parte de una triada divina, en que ejerce el rol de destructor del universo, mientras que Brahmā es el creador y Viṣṇu el preservador. Esta idea está en consonancia con la visión hindú de que todo fenómeno material es cíclico, ya sea la reencarnación de las almas, las periódicas disoluciones del cosmos o la salida y puesta del Sol cada día.

Si bien esta presentación es válida y tiene su mensaje, deja a Śiva un poco mal parado como si fuera el malo de la película y, como nadie quiere ser destruido, todos lo miran de reojo. En realidad, muchas corrientes shivaítas consideran a Śiva como el encargado de las tres etapas del ciclo completo y, asimismo, la palabra Śiva es usada por algunas importantes escuelas filosóficas hindúes como sinónimo del Absoluto.

En este último sentido, Śiva ya no hace referencia a un asceta aniquilador sino, como dice David Frawley, a “ese poder de regreso y transformación eternos”. Si todo es cíclico, el ātman puro que somos debe regresar a la fuente de quietud que ya éramos antes de que nos invadiera el olvido. En el medio hay una manifestación, hay altibajos, hay incluso placeres y hay muerte.

La energía de Śiva es la que cierra el ciclo material de un cuerpo físico o de una galaxia, pero sobre todo es la energía que, en todo momento, nos puede ayudar a “transformar” nuestros percepciones y hábitos automáticos para llevarnos de “regreso” a nuestra esencia. Ese espacio incondicionado de silencio y quietud, que para algunas personas puede sonar a muerte pero para los yoguis es una definición de plenitud.

lingam

En la auspiciosa noche de Mahāśivarātri, que este año 2018 va del martes 13 al miércoles 14 de febrero, todos tenemos la oportunidad de experimentar la energía de Śiva. Quienes no se pueden quedar despiertos toda la noche, también pueden conectar con esa energía durante el día, especialmente al atardecer del 13 y amanecer del 14.

Para quienes lean este texto más tarde, no se preocupen, pues el poder de transformación y regreso, que algunas personas llamamos Śiva, siempre está disponible para quien lo busca. Todos los días.

—————————————————————————————————————————————-

encuesta

Annapūrṇā y una oración para antes de comer

Publicado en

Śiva, la pura Conciencia que todo lo ilumina, le dijo un día a Pārvatī, su consorte, que todo el universo fenoménico no es más que māyā, una “ilusión” cósmica, pues en realidad solo existe el Ser. Pārvatī, que es quien, con su śakti, su energía divina, manifiesta y mueve el mundo, se sintió ofendida, naturalmente. Como escarmiento para su marido dejó de actuar y desapareció voluntariamente. La consecuencia fue un mundo de cartón piedra, vacío, y sin la abundancia de la naturaleza. Los seres vivos sufrieron de diferentes formas la ausencia de la Madre cósmica, pero especialmente echaron de menos el alimento.

Entonces, Śiva se dio cuenta de su error, no hay Conciencia sin Energía, Śiva sin Śakti, y salió a buscar desesperadamente a su media naranja. Supo que se había manifestado en Kashi, la antigua ciudad de Varanasi, bajo la forma de Annapūrṇā, la diosa del alimento. Humildemente, Śiva se acercó a la Diosa con su bol de mendicante para pedirle un poco del arroz con leche que lleva en una de sus manos. La Diosa aceptó y su gesto de nutrir a Śiva se extendió a todos los seres, a quienes alimenta de forma permanente. De allí su nombre sánscrito: anna, “comida” o “grano”, y pūrṇā, “completa”, que se podría traducir literalmente como “llena de alimento” o quizás más bonito “la que nutre”.

Esta historia nos dice muchas cosas, entre ellas que lo Divino está en todo, incluyendo el alimento, pues, para empezar, nos mantiene vivos. Por ello, para la cosmovisión hindú “el alimento es Dios” (annam brahma) y, como en muchas otras tradiciones, no se debe tratar de forma irrespetuosa ni malgastar. Asimismo, al tratarse de un elemento que nos es proveído por la Madre no deberíamos darlo por descontado, sino más bien agradecerlo.

Para la tradición yóguica comer sin conciencia de esta relación de dependencia con la Naturaleza es una forma de “robar” pues, por más que hayamos pagado nuestra comida, estamos ignorando que el alimento llega a nosotros gracias al esfuerzo y la generosidad de la Tierra.

Todo esto es la simple introducción a una tradicional oración hindú que se recita antes de comer, como forma de bendecir los alimentos. Hay muchas oraciones hindúes para este propósito y hace años publiqué un post con una de las más difundidas, que se puede leer aquí. Recitar una no excluye recitar otra, aunque según la escuela que uno siga hay una tendencia definida. La oración de hoy tiene relación con las líneas que siguen a Śiva y a Śakti como aspectos supremos. La veamos:

annapūrṇe sadāpūrṇe śaṅkara prāṇa vallabhe /
jñāna vairāgya siddhyarthaṁ bhikṣāṁ dehi ca pārvatī //

La traducción literal posible sería:

“Oh querida Annapūrṇā, siempre completa, eres la vida de Śiva /
Oh Pārvatī, dame limosnas para obtener conocimiento y desapego.”

La palabra bhikṣā es la que se utiliza para referirse a las “limosnas” o dádivas que reciben los ascetas o monjes indios, que tradicionalmente son en forma de alimentos. De hecho, a los monjes budistas se los llama bhikkhus (en pali) o bhikṣus (en sánscrito) porque se caracterizaban, justamente, por ir con su cuenco por la mañana, de casa en casa, esperando recibir algo para comer. En el contexto de la oración que analizamos la palabra es adecuada porque Śiva mismo tuvo que “mendigar” su comida.

Lo más interesante de la oración es lo que se pide en ella. En lugar de alimentos que meramente nutran su cuerpo, el devoto pide que esa comida le otorgue dos de los grandes propósitos de la búsqueda espiritual: conocimiento y desapego. El conocimiento no refiere al saber intelectual sino al conocimiento de nuestra verdadera naturaleza. Para ello es imprescindible el desapego, es decir la indiferencia hacia todos los elementos o distracciones que nos alejen de ese camino de conocimiento interior.

Bendecir la mesa no es una actividad especialmente popular en la actualidad. En casa de mis padres no siempre lo hicimos, aunque ellos ya conocían un mantra pertinente del capítulo IV de la Bhagavad Gītā. En algunos ashrams indios, antes de comer, recitan por entero ese capítulo, lo cual puede llevar unos diez minutos. Por supuesto, no era el caso de mi familia.

Eso sí, en un momento dado empezamos a bendecir la mesa usando una larga oración traducida al español y originalmente creada por Paramahansa Yogananda. Yo llevé ese hábito cuando nos fuimos a vivir juntos con Hansika, pero con la llegada de nuestras hijas la simplificamos con la repetición tres veces del mantra hari om.

Hace poco yo he recuperado el verso de la Gītā y le hemos agregado la oración de hoy, que está teniendo éxito con las nenas y nos parece muy bonito.

Para escucharlo recitado:

Para quien tenga 10’ y quiera escuchar el capítulo IV de la Bhagavad Gītā:

—————————————————————————————————————————————-

Si te gusta este blog seguramente te puede interesar la nueva edición del Curso de Filosofía del Yoga que daré en Barcelona a partir del 24 de febrero de 2018. ¡Solo quedan 2 plazas! Para más detalles del curso, clicar aquí.

filosofia_flyer_primavera18

¿Para qué Dios creó este mundo?

Publicado en

En todo curso de formación de profesores de yoga, taller de filosofía hindú o encuentro espiritual al que asisto alguien, inevitablemente, hace una pregunta existencial básica: “¿Para qué Dios creó el mundo?”. Si todos los seres somos chispas divinas y el objetivo de la vida es reconocer nuestra propia naturaleza esencial que hemos olvidado, ¿por qué Dios no nos lo hace recordar de un chasquido en lugar de hacernos pasar por todas estas vicisitudes? ¿Qué necesidad hay de experimentar los altibajos constantes de la vida, que para muchos es más sufrimiento que disfrute, si ya somos divinos? ¿Es acaso Dios perverso?

Por supuesto, todas las religiones y las filosofías han propuesto respuestas más o menos convincentes al respecto, desde la debilidad humana por una manzana, pasando por el capricho divino y llegando hasta la idea de un demiurgo ciego. En la tradición hindú, que es la que nos compete aquí, se dice que el universo nace debido al “deseo” de crear que surge en lo Divino. Ese podría ser el porqué, pero lo que nos interesa hoy es el para qué, el fin de esa creación. Los fatalistas dicen que solo es para sufrir, los optimistas dicen que es para disfrutar y los que estamos en el medio creemos que detrás de la constante oscilación entre placer/dolor hay algo más.

El gran santo y filósofo hindú Swami Vivekananda, en sus famosos discursos del Parlamento de las Religiones de Chicago en 1893, habla de esta paradoja de ser espíritu puro y libre, a la vez que un cuerpo limitado y atado por la materia. Y dice que en lugar de emplear “sonoros nombres científicos” el hindú es sincero y responde: “No lo sé”.

Para muchos esta respuesta es chocante, sobre todo en tiempos de materialismo y cientificismo donde lo que no es probado racional y empíricamente no puede ser aceptado. A mí, en cambio, me encanta la respuesta pues demuestra que el foco espiritual no está en “entender” sino en “experimentar”.

Por supuesto que el hinduismo tiene sus teorías, entre ellas que este universo es la “danza” de Śiva, bajo cuya música todos bailamos (muchas veces fuera de ritmo), o la līlā, el juego de Dios, en que todos somos personajes de un drama casi teatral.  Sin embargo, a diferencia de otras tradiciones, el hinduismo no hace hincapié en una filosofía especulativa sino en una filosofía práctica que, más que explicar las razones divinas para el origen de este mundo, nos ayude a salir de él o, mejor, a vivir en él sin sufrimiento.

La famosa parábola de la “flecha envenenada” que se atribuye al Buddha en el Cula-Malunkyovada Sutta del canon pali lo muestra muy claro. En ella se cuenta que un monje, como condición de seguir con su entrenamiento espiritual, le pide al Buddha que le confirme verdades del tipo: “El cosmos es eterno o no”, “El cosmos es infinito o no” o “Después de la muerte, el Buddha existe o no”. El Buddha le dice:

“Si un hombre dice, no viviré bajo las enseñanzas del Buda a menos que me declare estas verdades, ese hombre morirá y esas cosas seguirán sin ser declaradas por el Buddha”.

Y entonces explica que esta actitud es equivalente a la de una persona, que al ser herida por una flecha envenenada, se niega a sacársela hasta saber, por ejemplo, el nombre del hombre que le disparó, sus datos familiares, su estatura y color de pelo, su lugar de nacimiento, el tipo de arco que usó, de qué material estaba hecha la cuerda del arco y a qué animal pertenece la pluma que portaba la flecha.

En este sentido, la filosofía hindú prioriza siempre sacarse la flecha y luego, si corresponde a nuestro temperamento, hacernos preguntas especulativas que no hacen más que satisfacer la curiosidad intelectual hasta cierto grado. De todos modos, hacerse de forma honesta una pregunta tan esencial como “¿por qué y para qué existe el mundo?” es natural para quienes tenemos un interés, al menos incipiente, en la verdad de las cosas. Y es importante porque nos lleva a preguntas más importantes como “¿cuál es la razón de mi vida?”.

Volviendo al tema de hoy, y habiendo notado que la curiosidad especulativa está en muchos de nosotros, quería compartir la respuesta que da Swami Premananda cuando un devoto le pregunta la razón de toda esta creación. Su respuesta me parece reveladora. Dice Swamiji:

“Si Dios no hubiera creado el mundo no serías capaz de verlo, ¿verdad? Tienes suerte de que Dios lo haya creado porque ahora puedes verlo. Has venido a la India. Si Dios no hubiera creado todo, ¿por qué habrías venido a la India? ¿Por qué habrías nacido? Te sientes afortunado y disfrutas de todo; es la creación de Dios lo que estás disfrutando. Si Dios no hubiera creado todo, entonces no estarías haciendo esta pregunta. Debido a la creación divina estás haciendo esta pregunta. Dios creó el mundo, los seres humanos, los animales, las plantas y todo y entonces tú vienes a este mundo y le preguntas a Dios por qué te creó ¡Ese es el propósito de la creación divina! Así que la respuesta es: para que preguntes”.

Para mí, la conclusión de la respuesta de Swami es que la vida es una oportunidad para descubrir la razón de nuestra existencia y, por tanto, una oportunidad para conocer nuestra naturaleza real. Eso sí, es importante hacerse las preguntas correctas, esas que nos aportan soluciones y vías de acción y no mera especulación. “¿Para qué he nacido?” o “¿Quién soy yo?”, dicen los sabios, entran en la categoría buena.

Para despedirme, una viñeta del dibujante Grant Snider sobre esta “inusuales” preguntas que tanto sirven (traducción abajo):

AskingQuestions

“Pequeñas preguntas… llevan a pequeños descubrimientos” / “Preguntas más grandes… llevan a descubrimientos más grandes”

“Algunas preguntas… solo revelan misterios más profundos” / “Incluso si sabes qué pregunta hacer… la respuesta puede que te sorprenda”

“Hacer preguntas enormes… puede crear problemas enormes” / “Hacer demasiadas preguntas… puede hacer que te veas ridículo”

“Cuando te encuentras con una pregunta inusual… no hay mucho más que hacer… / …más que quedarte a su lado… y ver adonde te lleva”.

—————————————————————————————————————————————-

Si te gusta este blog seguramente te puede interesar la nueva edición del Curso de Filosofía del Yoga que daré en Barcelona a partir del 24 de febrero de 2018. Para más detalles del curso, clicar aquí.

filosofia_flyer_primavera18

Calendario hindú para 2018

Publicado en

Empieza un nuevo año y empieza un nuevo ciclo de festividades y eventos religiosos y espirituales para el hinduismo. Como ya expliqué una vez, no se puede hablar de un único calendario hindú ya que éste puede variar según la región, la lengua o las costumbres o puede basarse en las fases lunares o en el giro de la Tierra alrededor del Sol. De todos modos, hay una serie de festividades e hitos comunes a la mayoría del hinduismo que es importante tener en cuenta si uno quiere celebrarlos adecuadamente.

En la rica tradición hindú hay tantas festividades que no se espera que un devoto celebre necesariamente cada ocasión, sino que más bien se focalice en las fiestas relacionadas con el aspecto de la divinidad que más le atrae. Por tanto, los devotos váishnavas ayunarán en ekādaśī (undécimo día de la quincena lunar) y los shivaítas en pradoṣa (decimotercer día de la quincena lunar), por dar un ejemplo. Y también habrá personas que se interesen solo en dos o tres grandes celebraciones al año.

Para todos los casos es muy útil tener un calendario hindú y este año quiero compartir la generosa creación de KrishnaKali Yoga Ashram (antiguamente Suddha Sattva) que proporciona las principales festividades, ekādaśīs y pradoṣas y las lunas nuevas (amāvāsyā) y llenas (pūrṇimā) de los meses hindúes. El calendario está particularmente pensado según el horario y calendario de España, por lo que para otros países, especialmente latinoamericanos, en algunos casos las fechas pueden variar de un día a otro.

Además de estar bellamente diseñado, el calendario incluye mantras de apertura y cierre y, para cada mes, un inspirador verso tradicional de las Escrituras hindúes. Para ver y descargar gratuitamente el calendario en formato .pdf creado por KrishnaKali Yoga Ashram solo basta clicar aquí.

calendario2018

El tránsito vehicular como terreno de prueba interior

Publicado en

Tengo una pareja de amigos que son muy hindúes y que del espejo retrovisor de su coche llevan colgada una imagen de Hanumān, principalmente para que los ayude a encontrar aparcamiento. “¿No sería más apropiada una imagen de Gaṇeśa?”, pregunté yo en referencia a la deidad con cabeza de elefante que se especializa en eliminar todos los obstáculos. “Es que Hanumān”, me dijeron con razón, “es el Señor de los imposibles”. Y es que así de difícil es encontrar sitio para estacionar cualquier vehículo en el urbano mundo moderno.

Este diálogo ocurrió en Valencia, donde estuve hace poco para dar clases en la Formación de profesores de haṭha yoga de la escuela Gobinde. En una de esas clases, y en el marco de la enseñanza de los Yogasūtra de Patañjali, hablábamos de cómo funcionan nuestros arraigados patrones mentales y de cómo una bayeta húmeda en la encimera de la cocina se puede convertir en un drama conyugal. Entonces, con mucho acierto, un alumno dijo que ese ejemplo era muy banal, pero que la complejidad estaba en casos “más radicales”. Dándole la razón esperaba que ahora él enumerase las causas de sufrimiento raíz que todos los sabios han distinguido durante milenios: enfermedad, vejez o muerte…

Entonces el alumno dijo: “Qué pasa cuando ves un espacio libre para aparcar el coche y otra persona, pasándose en rojo el semáforo, te lo quita en tu cara”. ¡Pues ahora sí que estamos hablando de casos “radicales”!

hanuman

Como muestra el ejemplo anterior, el tema del tráfico vehicular es uno de los mayores terrenos de prueba para cualquier persona, incluso aunque no tenga vehículo, como se deduce de los peatones, siempre irritados con los ciclistas que transitan por las aceras. Personalmente, el tránsito es el ámbito (junto al conyugal) que más fácilmente pone en evidencia mi verdadero estado mental y donde ciertos patrones de enfado y reproche surgen de forma automática.

Conduzco desde adolescente, tuve moto y ocasionalmente uso coche, sin olvidar mis tiempos estudiantiles de peatón kilométrico, pero ahora la mayoría del tiempo voy en bicicleta. Podría enumerar una larga serie de vejaciones cotidianas que recibimos los ciclistas urbanos, pero esa no es la idea, pues habiendo experimentado todos los roles sé que aquí no hay una tajante división de buenos y malos.

Esto lo digo con la tranquilidad de estar sentado frente a la pantalla porque cuando salgo a la calle y una señora cruza en rojo sin mirar poniendo mi ciclista integridad en riesgo, debo admitir que soy menos diplomático. La mitad de las veces voy con alguna de mis hijas en la sillita de atrás y, justamente por querer ser buen ejemplo, cambio el insulto visceral por un mantra sánscrito. Cosas buenas de tener hijas…

Volviendo al tránsito, estoy seguro de no ser el único sensible al tema, de lo contrario no escucharía esos constantes e irritados bocinazos en las esquinas. Y no estoy hablando de la India, donde ya saben que tocar el claxon es un signo de civismo. De todos modos, también en la India hay disputas de tráfico e intercambio de culpas, aunque un extranjero lo nota menos pues todo el despliegue callejero le parece ya un gran caos.  A la vez, en el “civilizado” pero populoso Manhattan, donde los peatones tienen la tácita instrucción de caminar por la derecha siempre hay excepciones y eso también genera irascibilidad.

Como dice Sri Dharma Mittra, el que viene por el lado opuesto lo hace basado en sus “condicionamientos previos”, es decir que no podía haberlo hecho de otra manera y, por tanto, no tiene sentido enfadarse ni intentar corregirlo.

En realidad, en el tema del tránsito (como con casi todo) no se trata del lugar ni del nivel de infracción cometido, sino de la actitud. Si uno circula en estado de calma, sin prisas externas y con una mente apaciguada, entonces es invulnerable a los malos conductores, los ciclistas intrépidos, los transeúntes despistados o los camioneros abusones. Como también dice Dharmaji:

“Cuando uno está en quietud ve todo con amor”.

Si uno no está en quietud, que es lo más habitual, entonces hay varios métodos para no dejarse afectar por las vicisitudes del tráfico. A continuación, comparto cuatro de ellos:

  1. La técnica de Marcos: Un día mi amigo Marcos, que es yogui, iba por el carril de bicicletas cuando de repente se le cruzó, sin mirar, un peatón. Marcos tuvo que frenar de golpe y cuando, con el brazo levantado como gesto de reproche, estaba a punto de soltarle un improperio, se dio cuenta de que el susodicho era un antiguo conocido. Automáticamente, un poco por cariño y otro poco por pudor, su tono cambió y, aprovechando el brazo en alto, lo saludó amablemente. La conclusión es reveladora: si consideras que cada distraída señora que se cruza en tu camino es tu tía, entonces casi no te podrías enfadar con ella.
  1. Ponerse en el lugar del otro: Incluso si no es tu tía, esa conductora que no pone la luz de giro, ese taxista aparcado en segunda fila o ese autobús cerrándote el paso, generalmente tienen una vida que va más allá de querer arruinarte la tuya. Por tanto, en lugar de tomarnos cada acto ajeno como algo tan personal podemos tratar de aplicar la ley de empatía básica y ser capaces de ponernos en el lugar de otro: ¿Quién alguna vez no ha pasado en rojo porque tiene mucha prisa? ¿Quién no ha transitado absorto en sus pensamientos? ¿Quién, incluso, no ha mirado en movimiento la pantalla del móvil porque espera un mensaje realmente urgente?
  1. Cultivar los opuestos: Si la empatía nos cuesta, entonces podemos recurrir a una técnica recomendada por el sabio Patañjali hace como dos milenios, cuando los carros de bueyes seguramente irritaban a los peregrinos. La receta es simple: para obtener paz mental y emocional se debe cultivar la neutralidad ante las malas acciones de los demás. Es probable que nuestra reacción natural sea el enojo, pero entonces forzando un poco un sentimiento contrario, lo convertimos en indiferencia. Para ello el intelecto es útil y, en lugar de enredarse en reproches mentales, uno puede preguntarse “¿De qué me sirve enfadarme?” o solo afirmar “No dejaré que esta persona me quite mi paz mental”.
  1. Repetición de mantra: Los patrones mentales arraigados son fuertes, especialmente los negativos, y entonces es muy efectivo repetir fonemas con una vibración elevada que, además de ayudarnos a poner la mente en un punto, nos ayudan de forma sutil a cambiar nuestra actitud para no dejarnos arrastrar por la energía negativa del reproche o el enfado. El esfuerzo consiste en repetir el mantra, pero luego es el mantra el que hace el trabajo. Un buen mantra para repetir sería:

lokāḥ samastāḥ sukhino bhavantu

Cuya traducción más popular es:

“Que todos los seres sean felices” (incluso ese incívico motociclista…)

Como marco filosófico de este tema veo muy útil el hacerse una serie de preguntas como “¿Qué nos lleva a tocar la bocina una vez consumada la infracción ajena?”, “¿Qué nos lleva a querer que el ‘infractor’ admita, de alguna manera, su error?”, ¿Por qué lo que más nos molesta es que incluso si le gritamos, el “infractor” mire para otro lado?”, “¿Acaso creemos que seremos nosotros quienes, en una única ocasión y a los gritos, modificaremos el comportamiento de alguien?”.

Una vez, justo al frente de mi casa, el dueño de un coche aparcado tocaba la bocina desaforadamente porque alguien había puesto un vehículo detrás del suyo y, al parecer, no lo dejaba espacio salir. Yo, que estaba calmo, le dije que había espacio suficiente y que lo podía ayudar a salir guiándolo. El hombre respondió que no le importaba, que él otro coche estaba mal aparcado y quería que el conductor viniera para dejárselo bien claro. Yo insistí en ayudarlo diciendo que era una solución más armónica y que así nadie se estresaba. Me respondió más enfadado aún, con palabras que es mejor no reproducir, al tiempo que llegaba el “infractor” y recibía una lluvia de gritos.

Cuando uno le ve desde afuera, desapegado, todo es muy claro, como mantenerse sobrio en una fiesta en que todos están borrachos.

Imagen relacionada

Como bonus track no quiero olvidarme de los semáforos en rojo, que no son culpa de nadie en realidad, pero son objeto de gran enojo… siempre y cuando uno tenga la mente agitada. A mí también me pasa, claro, y me pasaba especialmente cuando tenía moto. Así que un día utilicé la “técnica de la gratitud”, un secreto muy bien guardado que hoy comparto para beneficio popular:

Consiste básicamente en recibir cada semáforo en rojo como una bendición, pues te da la oportunidad de detenerte, respirar con conciencia y llevar la atención hacia dentro. Si te ves con ganas, le agregas un murmullo o hasta un grito que dice: “¡Gracias por darme esta oportunidad!”. Y te aseguro que, si no te calmas, al menos te ríes de ti mismo, que es lo que más se necesita para superar estos casos radicales de sufrimiento vehicular.

—————————————————————————————————————————————-

Si te gusta este blog seguramente te puede interesar la nueva edición del Curso de Filosofía del Yoga que daré en Barcelona a partir del 24 de febrero de 2018. Para más detalles del curso, clicar aquí.

filosofia_flyer_primavera18

Consumismo, residuos y renuncia

Publicado en

El sonado paso del Black Friday (con el apéndice del Cyber Monday para los más necesitados) me puso a escribir sobre un tema que está en el aire y que da vueltas por mi cabeza y muchas otras. En resumen: sabemos, cada día mejor, que nuestro modo de vida basado en el consumo, el progreso y el crecimiento material no es sostenible para el planeta ni para el bien común ni para nuestra propia felicidad y, sin embargo, damos pocos pasos para cambiarlo.

Por supuesto, ya sé que en casa haces recolección selectiva de tu basura, pero en vista de los datos actuales decir que cuidamos el medioambiente porque reciclamos los envases de plástico es como decir que cuidamos de nuestra salud por el mero hecho de cepillarnos los dientes cada día.

Quienes estamos preocupados por la situación medioambiental creemos, muchas veces, que “a través del consumismo ecológico podemos reconciliar el crecimiento perpetuo y la supervivencia del planeta”, pero como lo expresa el escritor y activista británico George Monbiot:

“El verdadero problema es el crecimiento perpetuo en un planeta que no está creciendo”.

En el mismo artículo, el autor ofrece datos para sonrojarnos:

“Una serie de trabajos de investigación demuestran que no hay una diferencia significativa entre la huella ecológica de la gente que se preocupa y la que no. Un artículo reciente señala que aquellos que se identifican como consumidores comprometidos usan más energía y producen más emisiones que quieres no se preocupan por el medio ambiente.

¿Por qué? Porque la sensibilización medioambiental suele ser mayor entre personas adineradas. No son nuestras posturas las que impactan el medio ambiente, sino nuestros ingresos. Cuanto más ricos somos, más grande es nuestra huella ecológica, sin importar nuestras intenciones. Según muestra el estudio, los que se perciben como consumidores ecológicos se centran principalmente en comportamientos que tienen beneficios relativamente pequeños”.

Efectivamente, un reciente estudio de una universidad sueca dice que reciclar o cambiar las bombillas de casa a las de bajo consumo es mucho menos efectivo en reducir las emisiones de dióxido de carbono que seguir hábitos vitales como una dieta casi o totalmente vegetariana, evitar viajar en avión, no utilizar coche o tener familias más pequeñas (es decir, un hijo o ninguno). ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a cambiar así nuestro estilo de vida?

Incluso limitándonos al reciclaje hogareño, nuestro esfuerzo no suele ser tan profundo como creemos. La Fundación catalana para la prevención de residuos y el consumo responsable ha hecho un experimento muy interesante poniendo a cinco familias (de muy diferente composición cada una) el reto de no generar residuos durante un mes. Algunas de las pautas de consumo que da la Fundación en su decálogo son:

  • Eliminar lo que no es reciclable o de un solo uso (bastoncillos para los oídos, hojas de afeitar, compresas, toallitas húmedas, tampones, pañales, pajitas de bebidas, monodosis, envases de pequeño formato…)
  • Rechazar envoltorios de regalo, envoltorios de plástico, bolsas y embalajes innecesarios.
  • Para la comida usar tápers, cantimploras y rechazar los alimentos precocinados envasados.
  • Comprar a granel y llevarse los envases reutilizables de casa.
  • Detergentes a granel y sin tóxicos.
  • En la cocina usar paños de ropa, y eliminar el papel de cocina, de aluminio y de film transparente.

Como se ve, una cosa es reciclar y otra es no generar residuos. Evidentemente, lo segundo requiere gran esfuerzo, mucha organización hogareña y, sin duda, una tremenda dosis de renuncia para modificar nuestros hábitos de consumo. Ahora ha sido el Black Friday pero pronto llegan las fiestas navideñas y ahí estaremos todos, muy ecologistas y yoguis, consumiendo. Por supuesto, una opción buena es regalar actividades y experiencias en lugar de cosas materiales; y si son objetos, que sean hechos por uno mismo, como propone esta campaña de Greenpeace.

De todos modos, por más responsable que sea nuestro consumo, el problema de base está en nuestra necesidad de consumir. En una entrevista todavía inédita que le hicimos para Puraka Project, el Dr. Sudhakar Powar, médico ayurvédico indio, explica al respecto:

“Nuestra mente es muy activa y actualmente el 95% de los problemas en mi área de atención médica provienen de la mente o de nuestro enfoque de la vida. Debido a muchos factores como por ejemplo falta de contentamiento, porque vivimos en un mundo manipulado por el consumismo. De esta forma nuestras mentes están manipuladas para vivir de forma no contenta, insatisfecha. Nadie es feliz con todo lo que tiene. Y ese es el terreno en que florece el consumismo. Porque si tú estuvieras feliz y satisfecho con lo que tienes no necesitarías nada y el mercado no crecería. El mercado solo crece si las personas quieren más. Entonces, en realidad existen ‘necesidades reales’ y ‘necesidades creadas’. Cuanto más se incrementan las ‘necesidades creadas’ más consumismo habrá, más crecerá el mercado y más beneficios económicos habrá”.

Dicho de forma tan clara, no hay manera de rebatirlo, pero igualmente seguimos insatisfechos. Por eso también me ha gustado el planteamiento del maestro zen Dokushô Villalba cuando escribe:

“Si queremos detener y liberarnos del engranaje infernal del consumo desorbitado debemos asumir la responsabilidad individual de reducir conscientemente nuestros deseos: reduciendo nuestros deseos, la cantidad de poder adquisitivo que necesitaremos para satisfacerlos también se reduce. Al reducir la necesidad de poder adquisitivo, reducimos la necesidad de vender nuestro tiempo de vida (nuestro trabajo) a cambio de un salario. Reduciendo el uso de recursos naturales, reducimos la degradación ecológica”.

Esta idea de “simplicidad voluntaria” está en total consonancia con el ideal yóguico que pregona el contento, la aceptación y la desaparición de los deseos. En un post de hace tres años yo contaba que en el Mahābhārata, el gran poema épico de la India, el rey Yudhiṣṭhira es interrogado por un espíritu de los bosques sobre cuál es la máxima felicidad y su respuesta es:

“La máxima felicidad es el contentamiento”

La misma afirmación que hace el sabio Patañjali en su Yoga Sūtra cuando habla de saṃtoṣa (II.42) y que no nos viene mal volver a leer:

“A partir del contentamiento (saṃtoṣa) se obtiene la máxima felicidad”

Sobre esto, el comentario Yoga Bhāṣya de Vyāsa agrega lo obvio, pero que no queremos ver:

“El contentamiento se logra no deseando nada más de lo que ya se tiene”.

Volviendo al artículo inicial de George Monbiot, él dice que hay que cambiar el sistema ya que “necesitamos construir un mundo en el que el crecimiento sea innecesario”. Estoy de acuerdo, y como ya sabemos (o deberíamos saber) no serán los gobiernos los que construyan ese nuevo mundo, sino cada uno de nosotros con su pequeño pero imprescindible accionar individual.

Al menos a los privilegiados que estamos leyendo esto y – a nuestro pesar – dejamos gran huella ecológica en el planeta, la situación global actual de constante crecimiento nos ha puesto en un punto en que tenemos más posibilidades materiales que nunca y que hace pocas décadas eran impensables: viajar a cualquier isla paradisíaca en Semana Santa, conseguir cualquier producto a través de Internet, comprar camisetas nuevas por 2€, comer tomates todo el año, probar comida de los seis continentes en el sofá de casa…

Irónicamente, si queremos salvar el planeta, el medioambiente y también el equilibrio socioeconómico global cada vez más descompensado, debemos renunciar a esa tan accesible y omnipresente oferta de consumo en pos de una vida simple exteriormente y rica interiormente.

Ya sé lo que estás pensando: que cuando no había TV ni Amazon sí que era fácil, pero que, maldita sea, nos ha tocado una época difícil para renunciar a los deseos. Te entiendo. Aunque tomando perspectiva, y según cuentan, la renuncia ha sido dura en todos los tiempos y, eso sin duda, se requiere gran determinación para asumirla. Veremos si estamos a la altura.

—————————————————————————————————————————————-

Si te gusta este blog seguramente te puede interesar la nueva edición del Curso de Filosofía del Yoga que daré en Barcelona a partir del 24 de febrero de 2018. Para más detalles del curso, clicar aquí.

filosofia_flyer_primavera18

 

A %d blogueros les gusta esto: