El blog de Naren Herrero sobre Yoga, la India y su filosofía

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¿Se puede eliminar el deseo?

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¿Se puede eliminar el deseo?

En la tradición hindú se explica que, antes de la creación del universo, todas las fuerzas están en equilibrio, reposando en quietud. La potencialidad de crear el cosmos está ahí, latente, pero falta algo

Hasta que Brahmá, el demiurgo del panteón hindú, siente el fuerte impulso de crear y recién entonces comienza a dar forma al plan divino.

Por tanto, para el hinduismo, el universo mismo nace del deseo, que se considera una expresión de la voluntad divina, a la vez que, paradójicamente, el deseo se presenta como la raíz de todo sufrimiento.

En Bhagavad Gita, el discípulo (Arjuna) le pregunta al maestro (Sri Krishna):

«¿Por qué el ser humano realiza el mal contra su propia voluntad, como obligado por una fuerza?»

A lo que Sri Krishna responde:

«Por el deseo (kāma)».

Y agrega:

«Así como el humo rodea al fuego, el polvo cubre al espejo y la placenta cubre al feto, de la misma forma este mundo está envuelto en deseo».

En realidad, sin deseo nada se mueve y, para las personas ordinarias (o sea, nosotros), el no tenerlos significaría estar muertos.

Como en este mundo todos inevitablemente debemos actuar, los deseos son nuestro gran motor, desde querer un coche o un mejor trabajo, pasando por el impulso sexual o artístico, hasta el intenso anhelo por conocer a Dios.

Si el deseo es inevitable y necesario, entonces ¿cuál es el problema?

La visión tradicional la expone con claridad el monje español Swami Satyananda Saraswati:

«El objetivo de no tener deseos no es por motivos morales. El deseo es una forma de actividad mental que te hace sentir incompleto y eso te lleva a buscar fuera».


El postulado clásico hindú dice que «la naturaleza del deseo es generar más deseo» y, por tanto, tenga lo que tenga, uno siempre querrá algo más (cosas, experiencias, logros, etc.), con la falsa impresión de que al obtenerlo alcanzará la satisfacción definitiva.

La metáfora clásica hindú nos habla de que el deseo es como el fuego y que su satisfacción es como madera que se echa a las llamas y no hace más que alimentar esa hoguera de deseos.

Además de la perenne sensación de incompletitud, el deseo nos trae otro potencial obstáculo para ser felices:

La frustración cuando no se satisface nuestro deseo y el consiguiente enfado (krodha) y resto de enemigos mentales (codicia, confusión, orgullo y envidia) que explico en este post

Por todo lo anterior, leemos y escuchamos enseñanzas sobre la eliminación del deseo.

En este punto creo que es importante reconocer que todos tenemos ciertos deseos que acarrean una huella mental tan fuerte que necesitan ser cumplidos para continuar nuestro proceso de madurez y desarrollo internos.

Estos deseos a veces se entienden como «necesidades reales», que pueden ser de todo tipo, pero la idea básica es que, si uno tiene el deseo realmente profundo de tener un coche rojo y no lo satisface, puede meditar durante varias vidas en los Himalaya y llegar al umbral de la iluminación, pero hasta que no conduzca ese coche no quemará el último vestigio de sus deseos latentes.

Por tanto, asumiendo que estamos lejos de la santidad, una primera metodología a aplicar es la de empezar a distinguir nuestros deseos «necesarios» de los «innecesarios» y, entonces, intentar eliminar los segundos.

Al mismo tiempo, de forma pragmática todos los textos y los maestros nos recomiendan no alimentar nuevos deseos a través del control de los sentidos y de la mente.

De esta forma, lograremos reducir los deseos.

Y con los deseos más arraigados, quizás «necesarios», que no se pueden eliminar de una vez, lo que podemos hacer es satisfacerlos, pero de la forma más elevada posible para no reforzar nuestros condicionamientos mentales.

Por ejemplo, si tengo ganas de leer, busco un texto inspirador antes que una revista del corazón. Si tengo deseos de comer, elijo alimentos naturales antes que procesados. Si necesito pegar, me apunto a clases de boxeo antes que ir a una reunión familiar.

Me despido con el deseo de que nuestros deseos sean cada vez más elevados.

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