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El inesperado simbolismo del loro en el hinduismo

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No sé si es porque en el balcón del frente de nuestra casa hay un ave que chilla de sol a sol o porque nuestra pequeña hija está empezando a repetir sonidos, pero hace un tiempo que estoy interesado en el simbolismo del loro en la cultura védica. Comparado con vacas, tigres o elefantes, es verdad que el loro ostenta un escalón menor en el ranking de animales sagrados del hinduismo, pero yo mismo me sorprendí del profundo significado que se le atribuye a este pájaro que, en sánscrito, se dice śuka (shuka).

La primera referencia que me viene a la cabeza es Kāmadeva, el dios hindú del amor sensual que, para entendernos, se equipara generalmente al Cupido romano, tanto en su rol como en sus atributos principales. Es decir, arco y flechas que inspiran el deseo amoroso, aunque en el caso de Kāmadeva las puntas de las flechas están hechas de flores. A diferencia de Cupido, Kāmadeva no tiene alas y, para trasladarse, tiene un vehículo o montura (vāhana en sánscrito) que es, y esto es lo que más nos interesa, un loro verde.

En occidente el loro no tiene un estatus especialmente alto, pues es la arquetípica mascota de los piratas y, en todo caso, su capacidad de reproducir la voz humana es vista más bien como una particularidad para generar chistes que como una virtud. Por tanto, la pregunta surge naturalmente: ¿qué tiene que ver el loro con el amor?

Al parecer, una de las relaciones básicas está en el color verde que tiene variados simbolismos, siendo uno de los principales “la juventud” y “la primavera”, ya que como todos sabemos, las más fuertes flechas del deseo y el amor son recibidas en la mocedad (uno de cuyos sinónimos es “verdor”) y también, según dicen los poetas, en la estación de las flores. Asimismo, el color verde está relacionado con la fertilidad pues el florecimiento de la Naturaleza es siempre símbolo de vida y prosperidad.

Esta relación con la fertilidad se hace evidente en algunas representaciones iconográficas de las Śaktis (Shaktis) tántricas que son de color verde; estas diosas, además, en algunos casos tienen un loro en sus manos. El paradigma de diosa verde que lleva un loro en una de sus manos es Mīnākṣī Devi (Minakshi Devi), un aspecto de la diosa Pārvatī (Párvati) nacida como princesa en el entonces reino de Madurai, al sur de la India. En efecto, el templo de Mīnākṣī en Madurai es muy popular y uno de los más hermosos de Tamil Nadu.

Y hablando de iconografía, no es casual que se explique que el mismo Kāmadeva también tiene la piel de color verde.

Mīnākṣī Devi

Más allá del color, otro punto de relación entre los loros y el amor es que, al parecer, los loros son muy cariñosos con su pareja (se alimentan y se arreglan las plumas mutuamente, por ejemplo) y, aún más importante, son animales monógamos, al punto de que si su pareja desaparece, muchos loros mueren de soledad. Esta cualidad de fidelidad es, desde mi punto de vista, uno de los grandes puntos fuertes en convertir al loro en un animal sabio en cuestiones del corazón.

De hecho, al Señor Rāma, príncipe protagonista del poema épico Rāmāyaṇa, encarnación de la moralidad y esposo ideal y fiel, se le representa con la tez de coloración verdosa o aceitunada. Hasta ahora no le había encontrado una posible explicación a ese color.

Como si eso fuera poco, el hecho de que los loros puedan reproducir el sonido humano se relaciona con la capacidad oratoria y, como muchos saben, un gran amante debe, entre otras cosas, tener buena labia para saber expresar las virtudes de su amado/a y expresar sus sentimientos de buena forma.

Además, he encontrado en Wikipedia que los loros son animales nectarívoros, es decir que beben el néctar producido por las flores. No sé si esto es una causa védica de la sacralidad del loro pero me pareció relevante para una cultura en que el amṛta (amrita), el néctar de la inmortalidad, y su obtención es un tema tan frecuente en textos espirituales, llegando a explicarse técnicas para beber ese néctar en nuestro propio cuerpo. Y, en cualquier caso, beber ambrosía es una actividad muy dulce que puede estar relacionada con el amor.

Por tanto, y resumiendo, el loro representa la juventud, la fertilidad, la elocuencia, la lealtad y la dulzura.

Una representación de Kāmadeva

Estas virtudes, simbolizadas por el loro y claves en el amor y el deseo sensual, se conjugan con el plano espiritual en los pasatiempos (līlās) de Radhā y Kṛṣṇa (Krishna) que tienen lugar en los bosques de Vṛndāvan (Vrindavan). Allí, el joven pastor de vacas Kṛṣṇa, Dios mismo encarnado en la Tierra para cumplir una misión, tiene una relación de amor con la pastorcita de nombre Radhā, que nos es otra que la diosa Lakṣmī encarnada.

Esta situación, que a ojos mundanos puede parecer una mera relación sensual, es considerada una alegoría y un ejemplo del máximo amor entre Dios y sus devotos. Es decir, así como una persona no come ni duerme pensando en su amado, ya que es el único motivo de su vida, de la misma forma el buscador espiritual puede llegar a poner toda su atención en lo Divino y amarlo como la propia vida. Se trata del amor místico.

De esta forma, mientras Kṛṣṇa toca su flauta de bambú y Radhā, al oírle, escapa de su casa por las noches para poder verle, o mientras juntos corretean por el bosque o se columpian bajo un árbol, siempre hay uno o más loros observando los hechos; en muchos casos, se trata de una pareja de loritos disfrutando también del amor mutuo.

Asimismo, se explica que uno de estos loros, testigo permanente de las līlās de Radhā y Kṛṣṇa, luego se encarna en el sabio Sukadeva Goswami, hijo del sabio Vyāsa, para narrar los acontecimientos de la vida de Kṛṣṇa en el Śrīmad Bhāgavatam, uno de los principales Purāṇas y texto fundamental de la tradición vaishnava.

Radhā y Kṛṣṇa, con la pareja de loritos en el ángulo superior derecho de la imagen.

No es casualidad que, también en esta tradición, exista el culto a Vṛndā Devi que es una expansión de la diosa Tulasī (la personificación de la planta llamada “albahaca sagrada“, tan querida por Kṛṣṇa), y cuya representación iconográfica incluye, cómo no, un loro.

Vṛndā Devi.

Finalmente, hay un aspecto menos emotivo y más intelectual por el cual el loro también es bien considerado en la cultura védica. El loro representa la “fidelidad”, no sólo por ser monógamo, sino también porque lo que escucha (o se le enseña) lo repite tal cual sin cambios.

En ese sentido, el loro es un símbolo del mantenimiento de la tradición y de la transmisión del conocimiento espiritual a través de la sucesión discipular (paramparā), especialmente en lo referente a su carácter oral en que el discípulo repite literalmente lo que le enseña su guru, incluso sin saber qué significa.

Mientras que la expresión “repetir como un loro” es, actualmente y para nuestra sociedad, un símbolo negativo, en la cultura védica sería una cualidad positiva, ya que se dice que una vez aprendidas las Escrituras de memoria, su sabiduría se nos podría manifestar, y no al revés. En nuestro sistema educativo actual el aprender de memoria está menospreciado debido a que, al parecer, se hizo abuso de ese método en el pasado, sobre todo sin agregarle “pensamiento crítico”. Sin embargo, aprender algo de memoria nos asegura que ese conocimiento sea nuestro por siempre, y si además lo entendemos, ya podemos decir que es verdadero conocimiento.

Obviamente que teniendo a Google como el nuevo Dios nadie se molesta en memorizar datos, pero es muy importante recordar que gracias al método védico de memorización y repetición literal del conocimiento se pudo asegurar el mantenimiento de la tradición, por lo que a día de hoy podemos escuchar (o leer, claro) los textos antiguos hindúes casi tal cual fueron compuestos hace 3000 años o más.

Después de esta investigación, es posible que, de ahora en más, cada vez que yo escuche el agudo chillido del loro del vecino no quiera cerrar las ventanas y, en cambio, reflexione sobre sus cualidades espirituales y que, al enseñarle nuevas palabras a mi hija, recuerde la importancia de la memoria y de la transmisión oral que, en este caso Dios quiera, tenga algo de conocimiento.

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  1. Néstor Clavijo

    Muy interesante tu análisis, Naren. Leí alguna vez en un comentario del maestro Śrīla Prabhupāda, a propósito de Śukadeva Gosvāmi (con “v”, no con “w”), que un mango se volvía más sabroso después de haber sido picoteado por un loro. Lo que significa de manera metafórica que el Bhāgavatam, que se considera el fruto maduro del conocimiento védico (anglicismo que detesto), se hace más dulce cuando se recibe de este sabio.

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  2. Me encantó. Lo repito por el Uruguay.

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  3. Gracias, hay un lorito verde y colores naranjas que ha venido en dos ocasiones a mi balcón, y decidí buscar sobre el tema.

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