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El rāsa līlā actualizado

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La semana pasada, con Hansika, fuimos a ver a Amma, conocida también como ‘la Santa de los Abrazos’, a Granollers (Barcelona), como parte de su gira europea 2011. Como siempre, es un placer ir a ver a la Madre Divina en persona y fue muy bueno porque, además, pudimos ir con mis padres que estaban de visita y que hacía algunos años que no recibían el darshan de Amma.
Por regla general, cada persona que recibe el abrazo de Amma experimenta alguna sensación particular o, al menos, tiene alguna impresión muy personal del hecho. Yo, por ejemplo, en mis muchos abrazos recibidos, he pasado por sensaciones de indiferencia, protección, entrega, amor y alegría.
Asimismo, cada acercamiento a Amma tiene su particularidad y, tarde o temprano, todos los abrazados tenemos alguna anécdota que contar respecto a nuestro ‘especial’ estrujón.
Casos

Tengo un amigo que cuenta que, después de abrazarlo, Amma lo llamó para que vuelva a sus brazos, dejando sorprendidos a quienes observaban. Conozco una mujer que dice que Amma le preguntó «¿por qué?» antes de abrazarla, como una forma de resaltar una profunda duda que ella traía dentro. A mi madre, después de presentarle repetidas ocasiones la foto de mi hermano para ser bendecida, Amma al parecer contestó con un gesto de ‘¡Otra vez!’.
Pequeñas historias personales como estas (ya sean parcial o totalmente reales) son pan de cada día entre los afortunados que reciben el darshan de Amma. De hecho, yo también tengo mi pequeña historia ocurrida en esta última visita. Al pasar al abrazo llevaba conmigo una guirnalda para Amma, pues mi maestro espiritual Swami Premananda me enseñó que no es correcto presentarse ante una persona santa con las manos vacías. Al llegar frente a Amma le puse la guirnalda (como había hecho otras veces en el pasado) y me entregué a su abrazo.
Luego, al sentarme a uno de los lados para observarla de cerca, noté que seguía llevando la guirnalda, lo cual era inusual ya que siempre había visto que se las sacaba inmediatamente, supongo que por comodidad propia y también de las personas abrazadas. Entonces pensé que mantener esa guirnalda, una ofrenda conjunta hecha con Hansika, era una forma que tenía Amma de bendecir nuestra unión o algo así.
Como decía antes, cada uno se hace su propia película y, si bien a veces puede ser un guión algo forzado, en muchos casos eso que sentimos es real y es motivado conscientemente por el maestro espiritual.

Método universal

Entonces, ¿no es con Amma con quien únicamente ocurren estos fenómenos? Pues no. Esta metodología es común a todos los maestros espirituales genuinos de la historia y del universo.
A este respecto, en mi primera visita al Sri Premananda Ashram de la India, una residente me habló de una cualidad esencial de Swami. «No obstante tener cientos de devotos, Él hace sentir a cada uno como si fuera único y especial», explicó. A mí me pareció una afirmación verdadera, pues yo mismo me sentía único y especial, a la vez que era consciente de que había otros devotos que se sentían así.
Asimismo, leyendo la vida y obra de varios santos, pude comprobar esta cualidad inherente que todos ellos poseen de decir y hacer lo correcto para cada persona, en el momento justo, de manera que parece como si toda su atención estuviera puesta en generar esa sensación en un devoto particular. Sin embargo, a la vez que realizan esta ‘puesta en escena’ para dicha persona particular, están generando nuevas experiencias y situaciones especiales para las demás personas que le rodean.
Yo creo que ni con una trama perfectamente guionada, ni con cientos de ensayos generales, ni por casualidad ni por sugestión emocional es posible lograr que el entramado de acciones ‘únicas y especiales’ que realizan los santos funcione tan armoniosamente.
Hasta hace poco, este era mi análisis y comprensión del proceder de las personas santas. Ahora, gracias a una de mis clases de sánscrito supe de un antecedente cardinal de este método tan placentero para los devotos.

Un joven Swami Premananda cuando aún vivía en Sri Lanka

Dulce sabor

La palabra sánscrita rasa en origen significa ‘jugo’ o ‘sabor’ y es un término complejo con variados conceptos. En el ámbito del teatro, el término se utiliza para describir las diferentes experiencias emocionales que se evocan en el espectador. En el ámbito filosófico, rasa refiere a la relación entre el alma individual y el alma Universal. Asimismo, las deidades pueden tener diferentes rasa, es decir diferentes humores, como por ejemplo la versión benévola de la Madre Divina en contraste a su versión más fiera.
Por su parte, la palabra līlā se traduce generalmente como ‘juego’ o ‘pasatiempo’ y refiere a las diferentes actividades que la Divinidad (en sus variadas manifestaciones) realiza en el mundo fenoménico de manera lúdica, como una forma de divertimento, las cuales típicamente deleitan a sus devotos o, al menos, les proveen una enseñanza o ayuda.
Por ejemplo, una līlā típica del Señor Krishna en su aspecto de niño era la de robar mantequilla por el vecindario donde habitaba en el pueblo de Vrindavan. Es decir, una clásica travesura de niño hecha por el mismo Señor del Universo. Cuando lo atrapaban in fraganti, comiéndose la mantequilla recién batida, y le acusaban de robar lo que no era suyo, él respondía para sorpresa general, ‘¿Qué dices? Todo en este universo me pertenece. Tú eres el ladrón’.
De esta forma, Krishna es seguramente el ejemplo más claro de las līlā Divinas.

Bailando toda la noche

Justamente es el Señor Krishna el protagonista de rāsa līlā, un juego Divino que el joven Gopāla (Krishna en su aspecto de cuidador de vacas en los bosques) realizaba preferentemente la primera luna llena de otoño, que, basados en el calendario hindú, este año 2011 ocurrió el pasado 10 de noviembre. La luna llena de otoño se considera muy auspiciosa ya que se dice que su luz es la más clara del año.
En esa auspiciosa noche, Krishna se dirigía a los bosques de Vrindavan tocando su encantadora flauta y, al escuchar la música celestial que emitía su amado, las gopī, las pastorcitas devotas de Krishna, se escurrían en secreto de sus casas para bailar con su Señor. Los planetas y las estrellas, embelesados por la música Divina, se detenían a ver el conmovedor espectáculo y, entonces, esa noche se hacía más larga que ninguna, permitiendo a las gopī bailar con Krishna por horas.
A su vez, Krishna, por su propia gracia, se expandía en innumerables Krishnas, de manera que cada una de las gopī se veía bailando la danza cósmica de forma exclusiva con su Amado, siempre teniendo en cuenta que no se hace referencia al amor carnal o erótico sino al amor espiritual, símbolo del amor por Dios o por el Ser Superior.

De esta forma, así como cada una de las gopī sentía que Krishna estaba allí sólo para ella, aunque él estaba allí igual de exclusivo para todas las pastorcitas; de la misma forma, quienes somos abrazados por Amma, o recibimos enseñanza directa de Swami Premananda o estamos en contacto con cualquier persona santa, sentimos que somos exclusivos y especiales, que nuestra experiencia es única, que el/la santo/a está allí sólo para nosotros.
Esta percepción no es errónea. La persona santa está allí exclusivamente para nosotros, aunque, eso sí, también está para los demás.
Lo que entendí esta semana es que ya sea con Krishna, con Amma o con Swami, como gopī o como ingenieros informáticos, en los bosques de Vrindavan o en el palacio de deportes de Granollers, el rāsa līlā sigue presente a día de hoy.
Así de grande, insondable y bondadosa es la gracia del maestro espiritual.

0 comentarios

  1. que lindo!! que manera tan llevadera y simple encontraste para explicar esa agradable sensacion de estar en compañia de grandes maestros. Gracias por compartir estas cosas!

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