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Los elefantes santos y yo

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Acorde con la nueva imagen de cabecera del blog he decidido escribir sobre los elefantes santos de la India, de los cuales he hablado tangencialmente en más de una crónica. Lo que hoy me propongo es una recopilación de aquellas referencias sueltas, a lo que se agregan algunos otros capítulos de mi relación con estos animales sagrados.

Como siempre, lo que se cuenta no es una verdad definitiva, sino un cuadro personal formado con las pinceladas de mis encuentros y anécdotas elefantiles que, como es de esperar, no son extraordinarios ni especialmente destacables. Son, más bien, los encuentros que podría tener cualquier hijo de vecino que se paseara por la sagrada tierra de la India, y sobre todo, por sus templos.

Templos

Hace algo así como un año, un fiel lector de este blog dejó un comentario interrogativo: “¿Qué convierte a un elefante en santo? ¿Los elefantes dan bendiciones?”. Hace algo así como seis meses, durante una accidentada presentación del libro de “Hijo de Vecino”, una asistente hizo la misma pregunta, que yo no respondí en profundidad, no tanto por desconocimiento como por la dificultosa situación técnica que estábamos pasando.

En decenas de ocasiones dije que en la India es muy fácil encontrar elementos sagrados, desde objetos y accidentes geográficos hasta animales. Justamente hablando de animales, todos hemos oído acerca de Ganesha, la deidad con cuerpo de niño y cabeza de elefante, ésta última perteneciente a un elefante santo.

De todos modos, como ya referí en una crónica del año pasado sobre la ciudad de Madurai, cuando en la India se dice ‘elefante santo’, se hace referencia, más bien, a un ‘elefante de templo’. Y es sobre todo en el sur del país donde tener uno o más elefantes en los templos es una práctica habitual. Es por ello que visitando templos es bastante probable encontrarse con un elefante, aunque sea en medio de una gran urbe.

A este respecto, ya dije en su momento que para convertirse en un ‘elefante de templo’ no basta con ser un elefante. Según la tradición, el paquidermo en cuestión ha de tener ciertos rasgos físicos y anatómicos que lo hacen auspicioso para dicho rol. Según he leído, y sin yo ser nada cercano a un experto, algunos de estos rasgos son “patas rectas y sin deformidades”; “orejas grandes”; “ojos nítidos, con el color de la miel y húmedos”; “colmillos nacidos hacia abajo que luego suben y están separados simétricamente”, y muchas otras características.

De esta forma, si un elefante pertenece oficialmente a un templo, se da por sentado que es un elefante auspicioso. Por ende un “elefante santo”, que es reverenciado como un portador de auspiciosidad, y también como un símbolo sagrado. Es por esta razón que los devotos dan ofrendas a estos elefantes.

Elefanta santa Tiruvannamalai

Trompas

Más allá de las ofrendas que los devotos puedan hacer al elefante por razones pías, la gracia principal es recibir la bendición del animal santo, la cual consiste en la trompa del elefante (que es pesada y está llena de pelos) apoyándose sobre la cabeza del devoto. Para recibir esta bendición uno puede ofrecer una simple moneda de una rupia, un billete de veinte o un racimo de plátanos, que el elefante toma en su trompa para luego dar a su cuidador.

Una vez realizada esta operación por primera vez, uno aprende a conocer el mecanismo y pierde el susto inicial, que es natural al ver una gigante trompa de elefante venirse contra la propia cara. Justamente mi primera experiencia con un elefante santo (una elefanta, en este caso) fue en el templo de Tiruvannamalai, en el año 2003, donde llegué con mis padres.

Como corresponde a un novato, me asusté ante la oscilante trompa que se me venía encima y sólo atiné a cubrirme la cabeza, por lo que decidí repetir el ritual, dando otra moneda de dos rupias, ya preparado para lo que se avecinaba.

Al volver, en febrero de 2010, al templo de Shiva en Tiruvannamalai, vi a la elefanta de lejos, mientras se la llevaban a su zona de descanso, y no pude repetir aquella primeriza experiencia. Al menos no con ella.

Elefanta santa Tiruvannamalai

París

Por cuestiones de la vida tuve la chance de ir varias veces a la ciudad de París, y como es natural, en todos los casos, ya sea de cerca o de lejos, de arriba o de abajo, vi la famosa Tour Eiffel. Sin importar que la haya ya visto tantas otras veces, cada nueva visión me produce una sensación de novedad, un infantil deseo de decirle a la persona de al lado que mire, que se dé cuenta de lo que hay. Porque en realidad, a pesar de tanto viaje, sigo siendo un chico de campo.

De la misma forma, cada vez que veo un elefante no puedo contenerme. Puedo pretender que no me importa, que lo tengo superado, que ya viajé tantas veces a la India que me parece muy normal, pero en realidad me muero de ganas de salir saltando hacia el elefante, gritando interjecciones de admiración. Pero claro, hay que mantener la compostura.

Por suerte, últimamente viajo con Nuria que tiene mi misma inclinación pueril para con los elefantes y, sobre todo, menos pretensiones de hacerse la interesante. Lo cual redunda en una compañera ideal para la “caza” espiritual de paquidermos.

A este respecto, la primera experiencia elefantil de Nuria fue en febrero 2009, cuando estábamos en la pequeña ciudad sagrada de Rameswaram, recorriendo los alrededores de su inmenso templo. Justamente desde una de sus puertas salía una procesión encabezada por dos elefantes, que no sabemos qué relación sanguínea tenían, pero lo cierto es que uno era grande y el otro pequeño, y nos inclinamos a pensar que eran madre e hijo.

Iban bellamente adornados, acicalados y decorados a la usanza tradicional, es decir, las caras pintadas con vibhuti (ceniza sagrada), pasta de sándalo y kumkum (polvo rojo ritual). Además, llevaban una colorida tela sobre sus cuerpos, y como si esto fuera poco, una persona sobre ellos. Es decir, aparte del cuidador, que está en tierra y a su lado, había un hombre sobre cada elefante, con la función de llevar una sombrilla brillante, también típica de las procesiones.

La procesión avanzaba muy lentamente y tuvimos la chance de tener a los elefantes muy cerca para observarlos y fotografiarlos, aunque no recibimos su típica bendición de trompa.

Elefante santo Madurai

Madurai

De todos modos no hubo que esperar mucho más, pues en el templo de Madurai, nuestra siguiente etapa en aquel periplo, tuvimos la fortuna de encontrarnos con el elefante santo del templo, que ya de noche iba pasando camino a su descanso.

Entonces saqué unas monedas del bolsillo y mandé a Nuria a que experimentara por sí misma, mientras yo preparaba la cámara para registrar el evento:

Si bien, en la teoría, Nuria conocía el procedimiento, como es de esperar tuvo un poco de vacilaciones, pero por suerte el cuidador, quizás viendo la cámara, se encargó de mantener al elefante un rato más en actitud de bendición, o sea con la trompa sobre la cabeza de Nuria. Una trompa que Nuria aprovechó para acariciar y sobre la que luego se oye su conclusión: “¡Cómo pesa!”.

Fue así que también Nuria supo por experiencia propia lo que son las bendiciones de un elefante santo.

Otra oportunidad

La última vez que vimos un elefante santo fue en la ciudad de Pondicherry, en febrero de 2010, justo delante de un templo. Sin dudarlo nos acercamos (previo trámite de dejar las sandalias en el puesto de la entrada) y yo preparé mis monedas, a la vez que Nuria preparaba la cámara.

Cuando hice entrega de las primeras dos rupias, el elefante osciló su trompa, y mientras yo me disponía para la bendición alguien pasó descuidadamente por mi lado (lo cual es normal porque era una calle) y ¡se llevó mi bendición, pues la trompa recayó sobre su cabeza!

Indignado por esta pérdida, saqué otra moneda y esta vez sí que recibí mi merecida bendición. Sin embargo, al haber actuado yo tan rápidamente no le di tiempo a Nuria de reaccionar y de sacarme una buena foto que inmortalizara el evento.

Entonces, una vez más, hurgué en mis bolsillos y saqué una moneda de cinco rupias, algo más pesada. Nuevamente, el elefante cumplió con su rol bendecidor sin máculas, pero la fotógrafa, por motivos que aún son un misterio (y en los que no voy a intentar profundizar pues ya causaron polémica en su momento), no logró retratar en tiempo y forma el suceso indicado.

Elefante santo Pondicherry

De todas formas, y pensándolo bien, no se puede decir que las monedas hayan sido desperdiciadas. Es verdad que las fotos no habían salido como esperaba, pero al menos había recibido dos bendiciones y había “regalado” una tercera a un transeúnte casual.

Más allá de esta pequeña anécdota, lo cierto es que la experiencia de recibir la bendición de un elefante santo me parece muy bonita y altamente recomendable. En mi próximo viaje a la India (que no sé cuándo será) estaré listo para no perder la oportunidad y esa vez, espero, traeré mejores fotos.

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  1. Jeje.. bueno.. la foto está buenísima igual, no?
    Y como imagen de cabecera del blog queda rebién!
    Lindo post y más lindo aún vivirlo!
    Insto a que todo el que tenga ocasión, aproveche para recibir bendiciones de un elefante santo y, si puede, ¡tocarle los pelos de la trompa!
    JPS

    Responder
  2. Nora Domínguez

    Hola, Naren

    estas anécdotas “elefantiles” son muy tiernas !!

    Y yo no me preocuparía por la compostura , y daría saltitos de alegría y exclamaciones de todo tipo al tener a un elefante cerca !!

    te voy a decir algo “familiar” : tu risa pausada es igual a la que recuerdo de Ricardo y de tu padre Juancho, y tambièn de tu abuelo Basilio !!

    por supuesto, la escuché en el video de Nuria y su bendición elefantil ( me encantó el término, me parece una condensación de elefante e infantil, y eso es como la sensación de un niño en un circo, feliz de la vida !!)

    abrazos
    Nora

    Responder
  3. Asi que personalizando el blog?
    Me encanta la nueva cabecera, y ese efecto de las fotos que pasan solas.
    Un abrazo

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  4. ESTIMADA AMIGA TE PIDO MIL DISCLPAS, NO FUE MI INTENCIÓN ADUEÑARME DE LO QUE NO ES MIO … NO RECORDABA DE DONDE SAQUE EL ARTICULO, POR ESO NOBLEZA OBLIGA ( Y AHORA TE NOMBRO COMO AUTORA DEL ARTICULO)
    ESPERO HABER HECHO JUSTICIA YA QUE LO QUE ME INTERESÓ ES HABER DADO UNA VALIOSISIMA INFORMACIÓN EN ESPAÑOL POR QUE CUANDO BUSCABA EN ESPAÑOL EL SIMBOLISMO DE GANESHA SOLO LO ENCONTRABA EN INGLES…
    GRACIAS POR TU APORTE Y COMPRENCION OM SRI SAI RAM

    Responder

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