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La parábola de la llave rota

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Como resultado de la formación de profesores Vida de un Yogui de Dharma Yoga, ya estoy dando clases de yoga, especialmente en nuestra casa. Sabiendo de mi disponibilidad y deseo de dar clases, un estudio de yoga amigo de Barcelona me ofreció hacer una sustitución y yo acepté encantado. La clase era un viernes por la tarde y yo me presenté con mucha antelación para hacer mi auto-práctica y preparar la sala, ya que ese día no había nadie más porque los dueños del estudio estaban fuera de la ciudad.

Por eso me habían dado copia de las dos llaves necesarias para entrar al estudio: una para la puerta del edificio (“aunque no la necesitarás porque hay conserje y está siempre abierta”), y otra para la puerta del estudio propiamente dicho. En efecto, al llegar, la entrada principal estaba abierta y el portero, enfundado en una bata celeste, leía un folleto promocional de una tienda de electrodomésticos. Subí las escaleras y, disponiéndome a abrir la puerta del estudio, metí la llave en la cerradura.

Como pasa siempre que uno abre una puerta ajena por primera vez, me costó encontrar el punto y tuve que empujar un par de veces. Al girar, la llave se partió en dos y me quedé, atónito, con medio trozo en la mano. Por suerte, la otra mitad no había quedado tan metida y, con la ayuda de un destornillador, pude sacarla. Ahora, el problema era simplemente conseguir otra llave.

Hice un par de llamadas y, para mi alivio, había una persona que tenía copia de la llave; eso sí, en la otra punta de la ciudad. Descartando mi auto-práctica, me subí a mi moto y en hora punta de viernes crucé la ciudad, que está en plenas obras, para reunirme con la llave salvadora.

Al regresar al estudio metí la nueva llave en la cerradura y, una vez más, tuve problemas para que entrara. Esta vez tuve más precaución de no girarla bruscamente y, desconfiando de mi destreza, fui a llamar al conserje para que lo probara por mí. El hombre, que ve esas llaves y esas puertas cada día, vino a mi rescate pero infructuosamente. Él tampoco podía meter la llave y su veredicto fue que “no entraría” y que algo andaba mal.

Por mi parte, en ese momento yo conseguía comunicarme con uno de los dueños del estudio para contarle la situación y preguntarle si la apertura de la puerta tenía algún truco especial. “No”, fue la respuesta. La llave debía entrar con normalidad y, de hecho, ese mismo mediodía la puerta había sido usada sin problemas.

Teniendo en cuenta que eran dos las llaves (la rota y la sana) que no entraban en la puerta y que habíamos sido dos las personas que lo habíamos intentado y fallado, la deducción general fue que el problema estaba en la cerradura. La conclusión fue que habría que ir a buscar un cerrajero, que nos cobraría una pasta y que, para colmo, no habría margen de abrir el estudio a tiempo para la clase, pues ya quedaba menos de media hora para la clase.

En ese momento yo empecé a desear que no viniera ningún alumno, para al menos ahorrarles (y ahorrarme) el mal trago de cancelar la sesión y hacerles venir en vano.

Para ese entonces el portero ya me había abandonado a mi suerte y yo seguía probando abrir la puerta, sin ningún avance visible. Por supuesto, utilicé diferentes métodos tradicionales para estas situaciones: tirar la puerta hacia mí cuando intentaba girar la llave; empujar la puerta hacia el lateral; darle golpes a la puerta; probar la llave de un lado, de otro, más adentro, más afuera, etc. Finalmente, me arrodillé frente a la cerradura y, con fe y esperanza, recité tres veces un mantra de purificación. No funcionó.

A esta altura ya había hablado con varias personas por teléfono, recibido consejos y compasión, y como faltaban cinco minutos para la clase, me había sentado junto a la puerta a la espera de lo inevitable. Quizás por haber pasado varios días escuchando las enseñanzas de Sri Dharma Mittra, logré mantener cierta calma ante la situación y simplemente observaba como un testigo todo lo que ocurría, sabiendo que, aunque lo pareciera, no era una cuestión de vida o muerte. Por algún motivo, la voluntad Divina era que esa puerta no se abriera y yo estaba entregado a lo que sucedía como un simple actor de reparto de un drama superior.

Yo estaba casi disfrutando de esta sensación de aceptación cuando llegó una alumna. Le expliqué la situación, con una media sonrisa, y le ofrecí hacer la prueba de abrir. Ella, ante el callejón sin salida, aceptó y al recibir el llavero no agarró, para mi sorpresa, la llave de siempre, sino que agarró la otra, la “de la entrada principal del edificio”. Con un gesto tan natural como el de abrir la puerta de su propia casa, metió la otra llave en la cerradura, giró con suavidad y la puerta del estudio se abrió burlonamente ante mis ojos.

Una hora y media de ansia y perturbación, de llamadas molestando terceros, de viajes en moto, de perder la auto-práctica, de no poner incienso en la sala, de portero disertando sobre cerraduras y simplemente era la otra llave.

Sí, ya sé que todos están revoleando los ojos ante mi ineptitud; para mi (débil) defensa debo decir que sí probé la otra llave apenas llegué al estudio, pero lo hice tan rápidamente que no me pareció que encajara, y entonces me dediqué a usar la otra llave, la que yo creía que era la correcta. Siempre basado en un prejuicio sin muchos más fundamentos que mi rígida estructura mental.

Inevitablemente, este episodio personal trajo a mi memoria las palabras de un discurso espiritual que dio Sri Swami Premananda durante Mahashivaratri 2009 y que, ante estas circunstancias, parece hecho a medida:

“La espiritualidad es una doctrina secreta. Tú tienes la llave para ese secreto. Puedes desbloquear el secreto porque tienes la llave en tus manos. Ya tienes la llave, sin embargo estás buscándola. La llave está en tus manos pero corres a mí y me pides que abra la puerta y te muestre el secreto. Dios creó nuestros cuerpos y, en algún lugar de tu cuerpo, también puso la llave para que comprendas tu ser interior. Estoy tratando de decirte que busques esa llave. La llave está en tu interior. Ese es el mensaje que te estoy trayendo: ábrete a ti mismo y encuentra la llave que está en tu interior… Incluso si yo te diera la llave y la pusiera en tus manos no sabrías cómo usarla. Es por eso que te pido que busques la llave en ti mismo“.

Actualización: En YouTube hay un fragmento de este discurso de Swami con la opción de poner los subtítulos en español:

Esta historia de llaves me recuerda la famosa y genial viñeta de Mafalda sobre “la llave de la felicidad” (se amplía al clicar):

Y por si a alguien no le ha quedado claro y se pregunta “¿cuál es la moraleja de la historia?”, una posible respuesta que se me ocurre es la siguiente: recitar mantras a la cerradura no sirve de nada si estás usando la llave equivocada.

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  1. Bonita parábola. Este tipo de situaciones nos brindan la oportunidad de observar la torpeza de nuestra mente. Me quedo con la frase de “Ya tienes la llave, sin embargo estás buscándola”, que lo resume todo a la perfección.

    Gracias por compartir este tipo de historias. Un saludo

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  2. Juan Vicente

    A mi me pasó algo parecido.
    Tenía que comprobar si funcionaban unos relojes de ajedrez que nunca había manejado. Resulta que iban con dos pilas pero solo se veía el compartimento de 1 pila, me puse a comprobar todos los relojes antes del torneo creyendo que funcionaban con 1 pila y claro, ninguno funcionaba.
    Menos mal que alguien me lo dijo ya que sino el torneo no se habría disputado.

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  3. Muy buena parábola. El mundo está lleno de parábolas que solo el hombre sabio puede ver, pues sus ojos están ungidos de conocimiento trascendental:

    न हि ज्ञानेन सदृशं पवित्रमिह विद्यते।

    na hi jñānena sadṛśaṁ pavitramiha vidyate |

    «Aquí —en este mundo— (iha), no hay (na… vidyate) medio de purificación (pavitram) similar (sadṛśam) al conocimiento (jñānena), indudablemente (hi)…» (Bhagavad gītā, 4. 38).

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  4. Caro Militello

    amigo querido… me encanta… me llega a mi justo ahora por el lado del obstinamiento, de la estructura mental con la que encaramos los hechos de nuestra vida, con la que recibimos (o no) lo que nos sucede a diario…..muchas veces, pero muchas veces, todo es más simple de lo que parece…..y por algún motivo nos empeñamos en hacerlo complicado…y todo está ahi en nuestras manos…….siempre todo es más simple…..la belleza de lo simple, la sabiduría de lo simple…ni mantras, ni filosofias, ni terapias, ni..ni……sólo la profundidad de lo simple……. besote!

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  5. gracias! que bueno! me ha encantado la historia y gracias a que te sucedio ahora nps la puedes contar y acompañar de tus conocimientos!
    gracias!

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  6. Hola Naren:

    Me quedé pensando en tu acontecimiento con la llave. Me parece que se trata de una más de esas situaciones que abundan todos los días en nuestras vidas, y que constituyen -en sí mismas-, el correspondiente ejercicio del momento.

    Sin afán de polemizar, sino de compartir otro enfoque sobre un mismo tema, podría acaso ser válida la siguiente reflexión?

    Al parecer no sirvió la recitación de mantras, e infieres que fue debido a que estabas usando la llave incorrecta. Me pregunto si verdaderamente eso quiere decir que en realidad no sirve la mantramización (o la oración), aún en el caso de tener la llave incorrecta. Creo que con esta situación nos estamos moviendo en el terreno de la devoción y de la fe, del Bakti Yoga.

    Jesucristo decía en Mateo 17:20, “… porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.”

    Si consideramos válidas las palabras de Jesucristo , no podría quizás ser un poco aventurado declarar que ante ciertas circunstancias no sirve la mantramización?

    Desde mi punto de vista, considerarlo inútil constituye una negación absoluta de la infinita omnipotencia de Dios; y también me parece que frente al Absoluto no hay espacio para un hecho absoluto, derivado de este mundo relativo. Además, me queda claro que nos movemos un un universo de infinitas posibilidades.

    Estas premisas pudieran incluso confirmarse. Valdría la pena preguntarse si el hecho de que la chica haya podido abrir esa puerta, no se debió en realidad a una respuesta directa a tus plegarias.

    Sigue disfrutando la vida. Un abrazo!

    L F Oñate

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  7. Querido amigo:
    Me ha encantado tu post.
    Lejos de sacar conclusiones de el, me viene a la cabeza otra de tus publicaciones. Todo esta escrito.
    Visto desde este punto de vista la puerta se abrió cuando debía, ni antes ni después, y solo tu sabes, en tu más profunda intimidad, que es lo que aquello verdaderamente te mostró, que es lo que humildemente aprendiste de aquello.
    Un fuerte abrazo de todo corazón.
    Gracias por mostrarnos el camino.

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