Hijo de Vecino

Después del peregrinaje…

Breve reporte sobre el peregrinaje y curso de Yoga Sûtras que hicimos en febrero 2020 por el sur de la India, conjuntamente con Milindias. 

Ya estoy de regreso en Barcelona después de doce intensos días de peregrinaje, curso de Yoga Sūtras y práctica de yoga en el sur de la India. Esta era la primera vez que yo viajaba a la India “a cargo” de un grupo de personas y por ello fue una experiencia enriquecedora y también desafiante. Por suerte, conté con la experimentada ayuda de mi amigo y socio Dani Fernández de Milindias que, entre otras cosas, se encargó de la organización, de la logística, de apagar algunos fuegos y de distender el ambiente con su guitarra devocional.

 

Tengo que decir que el grupo de peregrinos/as fue realmente muy cooperativo y la convivencia tuvo gran armonía. De hecho, después de una experiencia de este tipo, estando cada día juntos, puedo decir que se han creado lazos de amistad duradera entre muchos de nosotros. A veces pasa que, cuando se comparten vivencias profundas – que podríamos llamar espirituales – con personas a priori desconocidas, la conexión es más íntima que con amigos de muchos años, ya que estamos trabajando sobre aspectos muy esenciales de la naturaleza humana. Quizás uno no conoce la casa del otro, ni su currículum académico, ni sus gustos musicales ni sus desamores del pasado, pero el hecho de, juntos, respirar a las 5am, cantarle a lo Supremo, bañarse en aguas sagradas o dar de comer a niños nos puede unir más que décadas de vida compartida.

 

Para mí ha sido una experiencia muy buena, llena de regalos, sorpresas y, otra vez, pequeños retos. Solo estando en India me di cuenta de que era la primera vez en mi vida que yo estaba dirigiendo una práctica de yoga en la tierra donde el Yoga había nacido. Hasta ahora yo siempre había ido a la India como estudiante. Y, en cierta forma, me sentí fuera de lugar, pero la guía de los maestros, del linaje y de la propia tierra india me cobijaron y apoyaron para hacer lo mejor que supe.

 

También fue la primera vez que visitaba el Sri Premananda Ashram con un grupo bajo mi tutela y, por tanto, me tocó explicar detalles del lugar, de la organización y, por supuesto, de mi maestro Swami Premananda. Acercar a otras personas las enseñanzas de Swámiji, y ser un instrumento para que ellas pudieran experimentar rituales y cantos tradicionales junto a la energía de un retiro espiritual así de puro, es una de las mayores fortunas que me traigo del viaje.

 

En el peregrinaje tuvimos momentos de austeridad y otros de comodidad. Dormimos en el áshram y en el tren, y también en el hotel. Comimos arroz muchos días y también desgustamos apple crumble con helado de mango. Caminamos una docena de kilómetros de un tirón para circunvalar la sagrada montaña de Arunachala, nos movimos en minibús y regateamos con los tradicionales auto-rickshaws asiáticos. La India, como de costumbre, nos ofreció los extremos de la vida, mientras nosotros intentábamos encontrar el equilibrio interno.

 

Cumplimos la misión de hacer un curso de Yoga Sūtras on the road, es decir, con el constante movimiento del peregrinaje. Y visitamos – y meditamos en – los dos samādhis (o tumbas) que existen del siddha Patañjali en Tamil Nadu. La energía de Patañjali nos acompañó en la búsqueda de aquietar la mente, y también llegaron en su ayuda otros samādhis igual o más poderosos como el de Sri Aurobindo, Swami Premananda o Bhagavan Ramana Maharshi.

 

Y también tuvimos el darśan o la visión de una santa viviente. Las palabras no sirven para expresarlo, de la misma forma que es incompleto intentar explicar con frases qué es el verdadero amor.

 

Cada uno/a de los peregrinos/as tuvo sus experiencias importantes y vitales, y como es lógico también tuvimos altibajos emocionales y angustias. El grupo se mantuvo unido y yo me siento muy honrado de haber sido uno de los referentes, con los privilegios y las responsabilidades que eso conlleva. Agradezco la confianza de todas las personas que vinieron, y también el cariño de las que apoyaron el proyecto desde lejos.

 

Con Milindias estamos satisfechos de haber ofrecido un producto que yo diría es prácticamente inédito para el gran público occidental, tanto en la ruta, las prácticas, el enfoque y los contenidos del peregrinaje.

 

Una conclusión básica que todos sacamos es que somos muy afortunados y que el sentido de la vida yace, en gran medida, en iluminar al mundo con la alegría que tenemos dentro.

 

Ahora que se acabó la contemplación a tiempo completo, que no existe ni la remota posibilidad de practicar yoga cuatro horas seguidas, y que ya no hay helado de mango disponible, la vida cotidiana – lo que llamamos la vida real – nos da la oportunidad de confirmar que la luz interior, que todos llevamos dentro, puede brillar en cualquier lugar. Quizás el peregrinaje más intenso empieza ahora.

 

 

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2 comentarios en “Después del peregrinaje…”

  1. Namaste Naren,

    Muchas Gracias por este post, leo todo lo que vas enviando y no quiero decir con esto que muchas de las cosas que escribes no me emocionan. Pero hoy al leer tu post, no podria explicar lo que he sentido, ha sido algo muy bonito, que me ha trasladado a un lugar dentro de mí y ha hecho sentir muy bien. En este caso creo que es difícil escoger las palabras. Espero haberme explicado bien.

    Dhanyavādaḥ

    Jesús

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