Hijo de Vecino

Miedo, unidad y el plexo solar

Desde la perspectiva yóguica y con base en textos tradicionales y también modernos, este texto explora el origen del miedo, algunas de sus consecuencias y manifestaciones, junto a eficaces métodos para enfrentarlo y reducirlo.

A diferencia de la culpa, el asco o la vergüenza, que son patrones que nos son inculcados desde fuera, el miedo es una emoción natural y espontánea en todo ser humano desde el primer minuto de vida, mucho antes de pasar por el filtro cognitivo analítico. Por tanto, antes de “pensar”, lo que hacemos es “sentir”.

 

Y si bien para el Yoga, tanto pensamientos como emociones y sentimientos pertenecen al ámbito de la mente, desde el punto de vista puramente físico, ese sentir primario viene manifestado, más que por el cerebro que está en el cráneo, por el llamado cerebro instintivo o plexo solar, que es el centro nervioso que se encuentra por encima del ombligo, en la zona del epigastrio, lo que popularmente se llama “boca del estómago”.

 

De ahí se deriva que, en el lenguaje popular, cuando una persona tiene una percepción instintiva que está más allá de las meras pruebas racionales diga “lo siento en mis entrañas”. De forma similar, la expresión “seguir mi instinto”, en inglés se dice follow my gut, que literalmente sería “seguir mi estómago”.

 

Para la medicina convencional la importancia fisiológica del plexo solar está relativamente aceptada, aunque en Yoga se va más allá y se entiende que su rol en la salud física, energética y emocional de una persona es vital. Para empezar, la voluntad y la determinación surgen al activar o estimular esa zona, ya sea de forma física directa o a través de ejercicios energéticos o visualizaciones. Un plexo solar no estimulado implica falta de energía, lo cual en la postura física repercute como un abdomen no tonificado o caído y un pecho cerrado, con la consiguiente curvatura hacia adelante de la espalda.

 

A nivel mental, un plexo solar poco activado significa que puede haber muchas ideas y planes en la cabeza, pero poca capacidad de ejecución. Es decir, el cerebro craneal no trabaja solo y depende en gran medida del cerebro abdominal.

 

Cuando entramos en la cuestión del miedo como emoción primaria y en cómo abordarlo, el plexo solar se convierte en el espacio físico esencial donde trabajar. El yogui contemporáneo Andrei Ram hace una útil distinción entre miedo, pánico y paranoia, en la que define al miedo como algo “real” a lo que “todos debemos enfrentarnos” y a las dos siguientes emociones como “amplificaciones mentales” de ese miedo. En estos dos últimos casos, el miedo natural – que nos llega a través del plexo solar – se ve exacerbado por la actividad mental y acaba invadiendo todas las envolturas del ser: la física, energética, emocional, cognitiva, inteligente e incluso la capa de alegría más cercana a nuestra esencia espiritual.

 

Si el plexo solar es el espacio físico para abordar el miedo, Andrei Ram (bebiendo de linajes ancestrales) nos explica una técnica muy sencilla para reducir el miedo: soplar y suspirar. La exhalación, y sobre todo si es por la boca, está directamente relacionada con la capacidad de soltar, no solo aire, sino tensión, preocupación o cualquier material interno que necesite salir de la persona (piensen en el grito, el hipo o incluso el estornudo).

 

Existe una expresión popular castellana que habla de “meter el miedo en el cuerpo” y que deja muy clara la necesidad de, justamente, ¡sacarlo del cuerpo! Siguiendo esta lógica, el soplido y, especialmente el suspiro corto, ayudan a expulsar el miedo porque, además de ser formas de exhalación por la boca, involucran de lleno al plexo solar.

 

En una línea similar, pero dicho con otras palabras, podemos hablar del diafragma, el músculo torácico que cumple un papel fundamental en la respiración y que, cuando tiene rigidez, flacidez o está demasiado contraído, puede producir problemas respiratorios y otras patologías, incluyendo bloqueo energético y malestar emocional. Por eso en haṭha yoga se habla de la respiración diafragmática como una forma de calmar la mente. En este vídeo, Hansika explica un difundido ejercicio en que la exhalación lenta se hace con una pajita, que es la forma “con soporte” de hacer el soplido del que hablábamos más arriba.

 

 

Para ahondar en la correlación miedo-plexo solar-exhalación analicemos, por ejemplo, este estudio sobre la relación entre la respiración y las emociones (específicamente, alegría, enfado, tristeza y miedo) publicado por una Universidad belga en el año 2010. Los resultados mostraron que “la exhalación [de los participantes] era predominantemente torácica en la emoción de miedo”. Es más, en las pruebas se reportó que “hubo mayor respiración torácica por miedo que por cualquier otra emoción”. Y un dato final que ilustra lo que apuntamos hoy:

“Con respecto al miedo, los participantes informaron respiración rápida, irregular y más bien superficial con mucha tensión torácica, algunos temblores y un mínimo de suspiros”.

Claramente, respirar de forma pausada es muy útil para calmar la mente, pero a nivel del miedo es incluso más importante que la respiración, sobre todo la exhalación, sea diafragmática o abdominal.

 

Hasta aquí todo claro y simple. Pero cuando el miedo es grande o se alarga en el tiempo, respirar no es suficiente. No es que uno sea débil, pusilánime o defectuoso, sino que, como dice Patañjali en sus famosos Yoga Sūtras, el miedo (abhiniveśa) es la causa de sufrimiento más arraigada en todo ser. Literalmente el sūtra (II.9) dice:

svarasavāhī viduṣo ’pi tathā rūḍho ’bhiniveśaḥ ||9||

Y lo podemos traducir como:

“El miedo a morir, que es espontáneo, se encuentra presente incluso entre los sabios”.

Evidentemente, todo miedo (ya sea a enfermar, a la soledad, al futuro, a no ser queridos…) es una forma particularizada del atávico “miedo a morir”. La palabra sánscrita abhiniveśa se puede traducir también como el otro lado de la moneda, que sería “voluntad de vivir”, “apego a la vida”, “instinto de supervivencia” o “deseo de continuidad”. Así lo presenta con simpleza el sabio Vyāsa en el comentario más antiguo a los Sūtras:

“El ansia de vivir se expresa en todo ser vivo como: ‘no quiero morir, deseo vivir’”

Y así desarrolla la idea el gran filósofo y santo Śaṅkara en su comentario:

“Este miedo a la muerte es instintivo tanto en los de mente más ilusoria [ya que piensan que la esencia del ser es destructible], como en los más sabios, aunque contraste con la luz de su conocimiento. A menos que se experimente la felicidad, nadie optaría por la muerte”.

Es decir, aunque uno sepa que la esencia (ātman) es indestructible y que permanece cuando muere el entramado cuerpo-mente, el deseo innato de “seguir existiendo” hace que, ante una situación de peligro, yo tenga miedo. Digamos que solo quien percibe que la muerte no es el fin de mi existencia y que, además, le traerá paz o dicha, podría desear morir o aceptarlo de buena gana.

 

Por supuesto que existen casos así, pero sin duda son una minoría, ya que vivimos en una sociedad, como escribe el profesor de yoga y filósofo Joaquín G. Weil, que recuerda a Suddhodana, el padre del Buda Śākyamuni, “quien a toda costa quiso ocultarle a su hijo la existencia de la enfermedad, la vejez y la muerte” para que…

“sigamos a nuestro rollo tecnológico, de ambiciones y de consumo, ahorrándonos cualquier motivo de desazón, cualquier consciencia de que en esta vida nos aguarda con certeza aquella realidad”.

Por tanto, una de las conclusiones básicas y fundamentales que tenemos hasta aquí es que el miedo es natural en todas las personas, que pocas lo quieren enfrentar y que, además, no es fácil de quitar.

 

Otra de las conclusiones importantes es que la exhalación es la principal herramienta física para reducir y expulsar el miedo (y, de paso, la tensión y la ansiedad), sobre todo a través del soplido y el suspiro. A esto hay que sumarle la activación y la consciencia en el plexo solar para tener una postura corporal más erguida y un pecho más abierto, que redunda en una actitud mental positiva y dispuesta a enfrentar los desafíos.

 

Como ejemplo, y retomando las analogías idiomáticas, la forma figurada de decir “tener coraje” en inglés es, otra vez, to have the guts, literalmente “tener las tripas”… O sea, el miedo golpea en el plexo solar y también se empieza a enfrentar desde allí.

 

Desde otra disciplina, me ha parecido pertinente lo que el psicoterapeuta gestáltico Angel D. Saavedra Valdayo explicaba en un post de su Facebook acerca de que “nuestro núcleo del ser está rodeado por una capa de vulnerabilidad y otra, más externa, de protección”. En épocas de incerteza y miedo, dice el psicólogo, la capa de protección se debilita o se desarma del todo provocando “una separación interna”, por lo que “confiamos o desconfiamos; permanecemos en calma o nos alarmamos”. O sea, se crea una dicotomía “que nos lleva a topar con la polaridad de la muerte y la vida…”.

 

Como antídoto, tanto para la separación interior individual como para la separación colectiva, Saavedra Valdayo propone la unidad. A nivel psicológico esta unidad tiene que ver con “llegar al núcleo interno de nuestro ser, donde podemos encontrar la calma, la compasión, la salida creativa…, la energía vital, la entrega y la confianza en el no-hacer (neurótico)”. Esta separación interna, agrego yo, que tiene a la duda desde la raíz, repercute a nivel externo en colocar una sombra de sospecha sobre los demás, en desconfiar del otro y, a fin de cuentas, en tener miedo del otro.

 

Como pasa muy a menudo, la lectura de las Upaniṣads (los antiguos textos místicos del hinduismo) me ha regalado un fragmento oportuno, esta vez acerca de la creación del mundo desde el ser esencial (ātman), que es tan vigente hoy como cuando fue compuesto hace milenios. Dice la Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad (1.4.1-3):

 

“En el principio, sólo era el ātman (la esencia) con forma de persona (puruṣa). Éste, mirando a su alrededor no vio nada aparte de sí mismo. Dijo: ‘Éste soy yo’. De ahí surgió el nombre yo. Por esta razón, aun hoy, cuando se llama a una persona, ésta dice primero ‘soy yo’, y pronuncia después cualquier otro nombre que tenga…

 

Y [ese ātman] tuvo miedo, como todo el que está solo. Pero pensó: ‘Si no hay otro salvo yo, ¿de qué tengo miedo?’. Y al pensar esto venció al miedo. Pues el miedo se debe a la existencia del otro.

 

Pero no era feliz solo, porque no podía compartir su alegría. Quiso, pues, compañía” …

La filosofía india nos dice que, en su forma manifestada, este universo es dual. Y nuestra experiencia humana lo confirma. Según la visión que sigamos, esa dualidad puede expresarse como espíritu y materia, divinidad y humanidad, mente y cuerpo, individuo y sociedad, deseo y realidad, salud y enfermedad, yo y el otro… Este juego entre los dos principios, dice el filósofo Juan Arnau en la introducción de su recientemente publicada – y recomendable – edición de las Upaniṣads…,

“es la tensión esencial que mantiene el pulso del mundo y las transformaciones de la naturaleza. Su unión es la afirmación suprema”.

Por más que nuestra esencia sea una, la interacción con el mundo implica dos partes, es decir dualidad, por no decir multiplicidad. Aunque encerrado en una cueva yo pueda encontrar paz y unidad, la prueba de fuego es mantener esa cohesión en el fragor de la metrópolis. En soledad quizás yo no tenga miedo porque nada ni nadie me amenaza (“el miedo se debe a la existencia del otro”) … pero este mundo fue creado para ser compartido y sin aceptar ese aspecto no podremos disfrutar adecuadamente de la vida (“no podía compartir su alegría”). Por tanto, en la unidad de los opuestos encontramos, citando a Arnau, “reconciliación con el mundo, confianza plena en que todo está en su lugar”.

 

Al compartir esta larga reflexión con ustedes, es mi deseo que la exhalación, la activación del plexo solar y el entendimiento de la naturaleza innata del miedo nos sirvan de ayuda para ser más libres internamente.

 

Que la confianza en el orden cósmico no nos abandone, como así tampoco la capacidad de discernir entre lo verdadero y lo falso.

 

Que no olvidemos la unidad que subyace a la diversidad, los dos principios en eterna danza.

 

Y, finalmente, que no subestimemos nuestro discreto, pero importante, papel en este baile.

24 comentarios en “Miedo, unidad y el plexo solar”

  1. Buenos diaa Naren, y muchisimas gracias por tu artículos. Me ha encabtado la manera tan sencilla y clara de hilar palabras y conceptos… Llevo años dd práctica (tb con Andrei Ram) y justito Marzo me pillo trabajando el fuego y todo el poder del plexo solar… asi q perfectamente entiendo/siento tus palabras en estos momentos….gracias otra vez…. estoy subiendo al.corazon ahorita… un abrazo

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    • Hola Olatz, gracias por tu comentario que es la continuación no escrita de mi post… y es que después del plexo solar hay que seguir subiendo al pecho para transformar el miedo en amor o compasión. Un abrazo

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  2. Naren muchísimas gracias por compartir tus sabias reflexiones con nosotros, son una guía a la que agarrarse. Gracias por la luz en el camino 🙂

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  3. MUY claro! gracias!…me quede pensando en esa sensación de soledad ..casi emparentada con el miedo..gracias me llevan a la reflexión tus notas!!
    abrazos desde Argentina!

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  4. अहं त्वां सर्वपापेभ्योमोक्षयिष्यामि मा शुचः
    ahaṁ tvāṁ sarvapāpebhyomokṣayiṣyāmi mā śucaḥ
    «No temas, que yo te liberaré [de toda reacción pecaminosa]» (El Bhagavadgītā 18:66)

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    • Gracias Néstor. Este verso famoso es hermoso y yo personalmente prefiero la traducción de «no te preocupes» o «no te aflijas» porque creo que es más rigurosa con el verbo sánscrito que se usa. En cualquier caso es muy aplicable siempre.

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      • Tienes toda la razón, apreciado Naren, en lo que se refiere a la traducción. Resulta que śucaḥ (शुचः) es el imperativo del infinitivo śocitum (शोचितुम्), que significa ‘lamentar(se)’, ‘preocupar(se)’. A propósito, ¿tu nombre lleva el acento en la ‘a’ (náren) o en la ‘e’ (narén)?

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        • Néstor: en lenguas indias el acento debería ser en la ‘e’ (narén), aunque siguiendo la gramática española la mitad de las personas me dice ‘náren’.

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  5. Gracias, Naren, por este artículo… esta muy bien escrito, documentado y, además, nos habla del ‘miedo’ desde todos los niveles o ángulos, que es, a mi parecer, la mejor manera de abordar cualquier tema. Muy inspirador. Namasté

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