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Sri Shiva Shakti Ammaiyar, la santa silenciosa

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Básicamente, la India es considerada una tierra sagrada porque en ella han vivido, desde tiempos inmemoriales, personas santas. De hecho, se considera que, también a día de hoy, hay personas santas que pisan el suelo de la India.

A este respecto, en esta bitácora digital se han relatado diversos encuentros con personas santas y, a fin de cuentas, esa es la razón principal de mis viajes a la India: el encuentro personal con seres humanos que han experimentado y experimentan directamente a Dios.

Santo

Una vez más, me veo inclinado a explicar la interpretación que, basado en la filosofía espiritual de la India, doy a estas personas santas. Cuando digo “santo” lo que quiero decir es, efectivamente, “santo”. Es decir, no me refiero meramente a sabios o eruditos; no me refiero a curanderos; ni entiendo simplemente monjes o renunciantes. En realidad, lo que quiero decir es “santos “ en el mismo sentido, o aún mayor, que se le da a esa palabra en Occidente.

Para la filosofía espiritual de la India un santo es la persona que ha conocido su verdadero Ser, o su verdadera esencia. También se puede explicar como alguien que ha conocido a la Divinidad y que está en armonía permanente con ella. Hay muchas formas de decirlo, según las preferencias. Un santo es más que una persona buena y noble; es alguien que ha entendido el propósito de la vida y que puede, por ende, enseñarlo a otros.

A este respecto, hay muchas variedades de santos. Es decir, no son todos idénticos en sus caminos ni en sus métodos. Ni siquiera poseen la misma religión, y mucho menos la misma raza, casta o status mundano. Cada santo ha hecho un camino diferente, que a fin de cuentas lleva a todos a la misma meta, el conocimiento absoluto de sí mismos, lo cual trasciende todas las separaciones.

En la India, está lleno de personas que entablan esta búsqueda espiritual y esencial. Asimismo, en la India hay muchas personas que han logrado el objetivo y pueden ser denominadas como santas.

Algunos de estos santos son solitarios y desconocidos; otros tienen apenas un puñado de afortunados seguidores; otros son realmente populares entre los habitantes de todo el país, e incluso el mundo. Algunos de estos santos han alcanzado la iluminación en esta misma vida; otros han nacido siendo, directamente, una encarnación Divina en la tierra, con todas las deudas cumplidas y con el sólo propósito de guiar a la humanidad.

Relación

A pesar de que todos los maestros espirituales son una expresión de la misma energía Divina (o cualquiera sea el nombre que se le prefiera dar), cada uno tiene su particularidad y su método de enseñanza, lo cual determinará quienes se interesarán en él o ella.

Es decir, los maestros que viven en una cueva en los Himalayas, quizás tengan alguna persona que los alimente o cuide, pero es difícil que reciban centenares de devotos. Los maestros con actitudes poco convencionales también tienden a tener pocos seguidores. En cambio, los maestros que dan discursos públicos sobre espiritualidad reciben naturalmente más adhesión.

Sobre esto hay que aclarar que, para nada, un tipo de maestro es, necesariamente, mejor que otro. Cada tipo de maestro, junto a su método y enseñanzas, es correcto y necesario para cierta clase de personas.

Si se quiere, en todo caso, se puede hacer una diferenciación entre los maestros espirituales que se han iluminado en esta vida, y los avatares; es decir quienes han nacido como encarnaciones de la Divinidad. De todos modos, no es tan sencillo para una persona sin gran desarrollo espiritual notar las diferencias. Y aún así, no le quita mérito a una persona santa que se haya iluminado “recién” en esta vida.

Hay que tener en cuenta que, en la India, la relación Gurú-Discípulo es entendida como algo natural, y además como una buena fortuna para quien tiene la chance de aprender de un maestro espiritual calificado. A diferencia de la concepción occidental más individualista, la filosofía espiritual de la India confía en ser guiados por un maestro que nos ayude a cruzar más rápido de la orilla de la ignorancia a la de la sabiduría absoluta. Obviamente, esto no significa que el estudiante no deba, de manera permanente, poner gran empeño y determinación para lograr su meta. Según esto, la ayuda del Gurú es esencial, pero hace falta también el anhelo del discípulo.

Darshan

La forma clásica de tener contacto con una persona santa es a través de un darshan. La palabra sánscrita darshan significa “visión”, y se refiere justamente a “ver una persona santa”. Tener un darshan, entonces, es tener la visión de la Divinidad en alguna de sus formas.

Desde mi opinión, esta visión no es solamente la del devoto hacia el santo, sino que también es la del santo hacia el devoto. O sea, no es únicamente la posibilidad de “ver la Divinidad”, sino de ser “mirados por la Divinidad”; lo cual también es una gran bendición, ya que “donde va atención va energía”, y si una persona santa pone su atención, aunque sea por un momento, en alguien, entonces está poniendo también su energía, siempre beneficiosa, en ese alguien.

Asimismo, un darshan, manteniendo la esencia de la “visión”, puede tener variantes. En algunos casos, el santo sólo se deja ver; aunque en otros, el santo también da un discurso, canta, o realiza un ritual. Como siempre, depende del estilo de enseñanza de cada maestro espiritual. Lo importante es recordar que, sea del tipo que sea, un darshan verdadero es siempre una bendición.

Fue justamente para tener un darshan completo que hace tres meses (febrero 2010) nos dirigimos (junto a Nuria y un grupo de argentinos) otra vez a la ciudad de Tiruvannamalai, en el Sur de la India. Como relaté hace muchos posts (Tiruvannamalai, para todos los detalles), Tiruvannamalai es una de las cinco ciudades sagradas para el Shivaísmo en el sur del país.

Esto se debe, por un lado, al templo de Annamalaiyar, uno de los más grandes de la India que está dedicado, por supuesto, al Señor Shiva. Por otro lado, y fundamentalmente, a la presencia de la sagrada montaña de Arunachala, considerada una de las moradas del Señor Shiva.

A lo largo de los años, a los pies de la montaña, miles de personas han indagado por la respuesta a su búsqueda espiritual. Asimismo, innumerables son las personas santas que en todas las épocas allí han impartido las enseñanzas para conocer la Realidad Última. A este respecto, el gran santo Ramana Maharishi es el paradigma de alguien que ha conocido la energía sagrada de Arunachala.

Ammaiyar

En nuestro caso, la razón de la visita de una sola noche a Tiruvannamalai era asistir al darshan de la santa Sri Shiva Shakti Ammaiyar, de quien habíamos oído hablar varias veces.

A decir verdad, no teníamos mucha información al respecto más que lo que nos habían contado amigos y conocidos. Ahora, al buscar en Internet, veo que su sitio oficial – http://www.sivasakthiammaiyar.com/ – es muy sencillo y tampoco tiene demasiada información. Según leí en la red, aunque no en su sitio oficial, la santa podría ser nacida en el año 1943/44, si bien parece más joven que los sesenta y seis años con que debería contar ahora, según ese dato.

Lo que sí es seguro es que la santa fue una ardiente devota del Señor Shiva, y su deseo por descubrir su verdadero Ser fue siempre en aumento. Una vez que logró su anhelado objetivo espiritual, se retiró a una zona montañosa del sur del país donde pasó muchos años en silencio. En el año 2003 se radicó en Tiruvannamalai, donde a día de hoy funciona su sencillo ashram.

Ammaiyar es un nombre de respeto para “madre” (amma), mientras que Shiva Shakti son las dos caras indivisibles de la creación Divina según el Hinduismo. Shiva, la energía masculina Absoluta e Inmanifestada; Shakti, la energía femenina que es dinámica y pone en movimiento la creación. Para muchos devotos, ella es simplemente llamada amma, madre.

Actualmente, Sri Shiva Shakti Ammaiyar da darshan a todos los que la visitan, cada día a las 10am. Y como detalle importante, la santa pasa la mayor parte de su tiempo en silencio. De hecho, su página web informa que después de muchos años ella rompió su silencio en octubre de 2008 para dar un mensaje espiritual. Desde entonces, puede que ella hable ocasionalmente, siempre en su idioma natal y a través de un intérprete.

De todos modos, eso no es lo usual y sus darshans se realizan en inmaculado silencio.

Silencio

Ya en un antiguo post sobre la ciudad de Haridwar (La puerta a Dios, para detalles) escribí sobre Sarveshwari Ma, una santa silenciosa que con los gestos lo decía todo. También, en un post algo más reciente escribí sobre la práctica del silencio espiritual y sus beneficios (La práctica del silencio espiritual). Ahora, con Nuria, íbamos a asistir a un darshan totalmente silencioso, sólo ver y ser vistos, sin ningún otro sonido.

El salón donde Sri Shiva Shakti Ammaiyar da su darshan no es excesivamente grande. Calculando a ojo, es una habitación de 15 x 7 metros. Como anticipé, cada día a las 10am aproximadamente, hace su aparición la santa. Sin embargo, conviene llegar con algo de anticipación para conseguir un buen lugar (ya que cada día se reúnen unos sesenta visitantes), y sobre todo, estar en estado receptivo.

En nuestra primera visita, llegamos con una hora de anticipación y nos ubicamos cómodamente a meditar mientras esperábamos. En un momento de dicha meditación me pareció sentir una energía especial, que se podría explicar como ver una especie de luz anaranjada en el entrecejo.

Después de un rato sin novedades, me decidí a abrir los ojos, y me sorprendí al ver que la santa ya estaba en el salón, al parecer hacía ya un tiempo. Según entiendo, la luz naranja, que yo había interpretado como un signo de la buena energía del lugar, había sido en realidad mi particular señal de entrada de la santa.

Al abrir los ojos vi a la santa caminando al otro lado de la sala (yo estaba en un extremo) entre algunas personas. Como mucho la vi cinco minutos, y entonces se marchó. Por lo general, el darshan de Sri Shiva Shakti Ammaiyar tiene una duración de quince minutos. En este caso, no sé si fue más corto, pero por seguro yo me perdí gran parte con los ojos cerrados.

En todo caso, peor fue lo de Nuria, que estaba meditando a mi lado y nunca abrió los ojos, hasta que la santa se hubo marchado. Yo no caí en la cuenta de avisarle, primero porque no me di cuenta que ella estaba con ojos cerrados, y segundo porque pensé que yo había sido el único en darse cuenta tarde de la aparición de la santa.

Ante esta situación, y para evitar problemas conyugales, tendríamos que regresar una vez más.

Segunda

Sin embargo, esta segunda oportunidad no fue inmediata, ya que en el medio hubo dos semanas en el Sri Premananda Ashram y una viaje al extremo sur de la India. Solamente un día antes de regresar a Chennai para tomar nuestro avión pudimos visitar Tiruvannamalai nuevamente. Al día siguiente, nuestro último en la India, nos acercamos con anticipación al ashram de la santa.

En el salón de darshan hay algunas esterillas en el suelo para los visitantes y en el centro, contra una de las paredes, hay una silla de mimbre donde, ocasionalmente, se sienta la santa. Una vez más nos sentamos a meditar, esta vez en el centro y no en un extremo. Mientras yo estaba con los ojos cerrados volví a sentir una especie de llamado interno para abrirlos, aunque esta vez menos “colorido” que la primera vez. En realidad, yo no tenía muchas ganas de abrir los ojos, ya que estaba disfrutando de la meditación. Pero por si acaso, los abrí… Y allí estaba ya la santa, sentada en su silla, sin un ruido que me lo hubiera anticipado. Nuria también tenía los ojos abiertos, como me aseguré.

De todos modos, poco tiempo estuvo sentada, ya que empezó a pasearse cerca de los visitantes, mirando a cada uno. Basándome en mis dos visitas, puedo decir que sus movimientos son muy pausados, aunque a la vez veloces. Sin nada de ruido se mueve de un lado a otro de la sala con mucha fluidez, aunque con toda serenidad. Con las manos parece estar permanentemente haciendo mudras, es decir gestos rituales y espirituales, muchas veces con las palmas hacia arriba.

Y sobre todo, mira a todos y cada uno.

Mirada

Me da la sensación de que la santa nos mira a cada uno un ratito (o rato, depende), para luego seguir con el próximo. Creo que cada uno siente que fue mirado personalmente. En mi caso su mirada pasó bastante rápido y después, cuando ella estaba un poco más alejada mirando a otra persona, me vinieron deseos de que la santa me mirara mejor, y lo pedí internamente. De manera inmediata ella puso sus ojos sobre mí, para satisfacerme.

Es increíble y vergonzoso como uno necesita de esos gestos externos, para sentirse querido o especial, cuando en realidad lo que está buscando es interno y quizás intangible. Los santos lo saben, lo entienden, y por ello, muchas veces, también satisfacen estos deseos banales.

Además de la paz permanente que emana de la santa, cada una de sus miradas está llena de amor. Después de una de sus miradas, muchas veces la santa pestañea muy lentamente, como si decodificara a esa persona (a esa alma), o en realidad, como si la bendijera.

Luego de mirar a todos los presentes, la santa se sentó en su silla por cinco segundos, para después ponerse de pie y hacer un escaneo final por toda la sala. Esta vez en sus ojos oscuros vi el brillo de la Divinidad, de la Madre Divina.

En este caso, el concepto de darshan tuvo su total confirmación, ya que la santa nos miró a todos dando su bendición, a la vez que yo pude vislumbrar en sus ojos la Divinidad que había ido a buscar.

Con este bendito regalo podíamos, ahora sí, partir de la India en paz.

Imágenes:

blogsetta.blogspot.com

bhagavan-ramana.org

sivasakthiammaiyar.com

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  1. Que maravilla y belleza lo que compartes de Ammaiyar. Yo voy a ir a Tiruvannamalai el proximo martes 25 de marzo, me gustaria saber el lugar donde se celebra el darshan. Gracias

    Responder
  2. Manuel Salvador

    Muchas gracias por la entrada. No conocía nada de Sri Ammaiyar.
    Un pequeño apunte: comentas que Arunachala es una de las moradas del Sr. Shiva. Si no me equivoco, lo que hace diferente a Arunachala respecto a otros lugares sagrados como el Monte Kailas es que no es una morada como tal sino el propio Sr. Shiva en forma de montaña. En algún sitio leí esto.
    Por otro lado, ¿sabrías cifras de los visitantes que la circundan hoy día y hace 50 años por ejemplo?
    Saludos!

    Responder
    • Hola Manuel,

      Gracias por tu comentario acertado. Es verdad que se considera que el origen de Arunachala fue una columna de fuego o más bien un jyotirlingam (lingam de fuego o luz), que era en realidad una expresión del mismo Señor Shiva. Se dice que esa columna permaneció en la tierra en la forma de una montaña de fuego y luego pasó a ser de tierra. Esta misma historia o similar a veces parece que se le atribuye también al nacimiento del monte Kailash, aunque lo más difundido es que Kailash es la gran morada montañesa de Shiva (aunque también tiene otras, tanto en montaña como en la planicie). Efectivamente, decir que Arunachala es la “morada de Shiva” no es riguroso y más apropiado sería decir que es “Shiva mismo” o también que es una forma de Shiva.

      Sobre los números de peregrinos que circumbalan la montaña, no he encontrado datos en mis fuentes cercanas. Supongo que alguien tendrá una estimación, aunque estos datos nunca son certeros al 100%. Lo seguro es que el número de peregrinos se tiene que haber incrementado porque en la India el peregrinaje, que es algo tan antiguo, curiosamente se ha difundido más con el mundo moderno, justamente por la llegada de las tecnologías de transporte, comunicación e información. Además de los occidentales que cada vez más pululan por Tiruvannamalai.

      Un saludo

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