El blog sobre Yoga, la India y su filosofía

Desde 2008 y con más de 500 artículos

Los yoguis y su obsesión por el sistema digestivo

Los yoguis y su obsesión por el sistema digestivo

Los yoguis y su obsesión por el sistema digestivo

Los yoguis y su obsesión por el sistema digestivo

Los yoguis y su obsesión por el sistema digestivo

Cuando un yogui tradicional escucha acerca de “yoga para fortalecer los glúteos” se arranca los cabellos de estupor, a la vez que es innegable que la mayoría de personas que empiezan la práctica del difundido haṭha yoga o “yoga físico” lo hacen para “estar en forma”, relajarse del estrés de la vida cotidiana, aprender a concentrarse, aliviar problemas de espalda (incluso por recomendación médica) o adquirir elasticidad. Por tanto, en el mundo moderno son muy pocas las personas que se inician en la ciencia del yoga como un camino de auto-conocimiento espiritual (otra cosa es que con la práctica uno desarrolle ese interés) y esa tendencia no es ninguna sorpresa.
Lo sorpresivo, en todo caso, es que (casi) nadie se acerque al yoga para solucionar sus problemas digestivos, cuando los textos antiguos presentan las técnicas yóguicas como una panacea para la digestión, prácticamente con el mismo énfasis con que las recomiendan para el despertar de la mística energía kuṇḍalinī. También es cierto que, en este contexto, el fuego gástrico cumple una función energética (o pránica) y simbólica que va más allá de lo estrictamente fisiológico.
Volviendo al plano físico, en la Haṭha Pradīpikā (siglo 15 d.C.), el  manual de haṭha yoga por excelencia, hablando de ciertas posturas (āsanas) se dice que matsyendrāsana “estimula el apetito”, que paścimatānāsana “enciende el fuego estomacal y aplana el vientre” o que mayūrāsana “estimula el fuego estomacal, incinera toda la mala comida y hace digerible el veneno”.
En la misma línea, en cuanto se habla de prāṇāyāma (los ejercicios de control de la energía vital) se dice que la purificación de los canales energéticos trae, entre otras buenas cosas, “estimulación de la digestión” y se nombra la conocida respiración ujjāyi como un ejemplo. Asimismo, entre los seis karmans o acciones purificatorias del cuerpo se dice que vasti (un tipo de enema) “estimula el fuego gástrico” y el popular naulī (masaje de los órganos abdominales) “enciende el fuego gástrico débil y restaura la digestión”.
Siguiendo, entre las diez mudrās clásicas se explica que mahāmudrā quita, entre otras cosas malas, “el estreñimiento y la indigestión” y que el saltarín mahāvedha “incrementa el fuego digestivo”, junto con otras nimiedades como “eliminar la vejez”.
nauli
No voy a seguir con la enumeración ni con un repaso de los antiguos textos porque creo que la muestra de más arriba da una buena introducción para mi punto de hoy. Curiosamente, aunque los textos tradicionales hablan de salud en general, no nombran “el dolor de columna” ni la corrección postural, por ejemplo, que son algunos de los beneficios actualmente más difundidos del haṭha yoga. Evidentemente, en dichos textos el foco siempre está puesto en la trascendencia espiritual, pero a nivel físico me parece llamativo el hincapié que se hace en el buen funcionamiento del sistema digestivo y, aún más llamativo, es el contraste con la poca difusión que esos beneficios tienen, al menos de forma explicitada, entre la mayoría de practicantes de yoga.
Nadie nunca, que yo conozca, pone en su ficha de inscripción a clases de yoga: “problemas digestivos”. Quizás se deba a que es un tema que se considera íntimo (¿más íntimo que ser incapaz de relajarse?), o porque fenómenos como estreñimiento, ardor estomacal o “sentirse hinchado” son tan cotidianos que uno se acostumbra a ellos, o porque – mi candidato de hoy – muy pocos saben de forma consciente cuán terapéutico puede ser el yoga para esos problemas.
En la tradición hindú en general la regulación del sistema digestivo tiene gran importancia y evacuar los intestinos temprano por la mañana es un hecho considerado natural. Desde el punto de vista simbólico espiritual, uno se purifica, primero evacuando y luego bañándose, para entonces realizar sus actividades espirituales como meditación, rituales o canto de mantras.
Desde el punto de vista práctico, el yogui necesita tener el estómago vacío para poder realizar con total beneficio los ejercicios respiratorios y físicos. Una rápida respiración abdominal o una torsión profunda siempre serán más fáciles y fructíferas sin la comida de dos días estacionada en los intestinos.
A la vez, como esta regularidad intestinal puede ser difícil de lograr (por algo se venden tantos yogures con bífidus), los antiguos yoguis idearon métodos de purificación (como los arriba citados vasti o naulī) junto con los āsanas que, si bien es mejor practicar con el estómago vacío, también son útiles como herramientas para vaciar el estómago, construyendo así un caso de “círculo virtuoso”.

Swami Kuvalayānanda (1883 – 1966) fue un gran yogui indio que, quizás por ser maestro de profesión, se interesó por el aspecto científico del yoga y comenzó a investigar con microscopios, maquinas de rayos X y medidores de tensión arterial las razones fisiológicas detrás de los beneficios del yoga.
Alguien dijo que “la racionalización del yoga por parte de Swami Kuvalayānanda es equivalente a la racionalización de la gravedad por Isaac Newton”, en el sentido de que Kuvalayānanda también explicitó de forma sistemática leyes naturales que ya estaban funcionando.

En lo relativo al cuerpo humano, Swami Kuvalayānanda explica, de acuerdo con la ciencia médica, que para que éste tenga plena salud debe cumplir tres requisitos:

  • Suministro constante de nutrientes y de secreciones de las glándulas endocrinas (a cargo del sistema circulatorio, sistema digestivo y sistema respiratorio).
  • Eliminación eficaz de los residuos o excrementos (sistema respiratorio, sistema urinario y sistema digestivo).
  • Funcionamiento saludable de las conexiones nerviosas (sistema nervioso).

Como se ve, dos de los requisitos tienen al sistema digestivo como protagonista ya que “la mayoría de los residuos son venenosos y si se permite que permanezcan en el cuerpo de forma innecesaria producen serios trastornos”. Evidentemente, esto no quiere decir que el sistema digestivo sea más importante que los demás, sino que es igual de importante aunque en la propaganda yóguica actual su rol esté bastante ausente.
Al mismo tiempo, y sin que nadie se lo diga, es muy probable que cualquier practicante de yoga descubra, más temprano que tarde, que su digestión mejora de forma considerable si su práctica es regular, aliviando por ejemplo problemas de dispepsia, estreñimiento y flatulencia.
Posturas con el abdomen, o parte de él, en el suelo como bhujaṅgāsana, śalabhāsana y dhanurāsana son especialmente beneficiosas para el sistema digestivo, como así también la mayoría de torsiones y, por supuesto, los movimientos abdominales intensos como el auto-masaje naulī o la contracción abdominal llamada uḍḍiyāna bandha.
Swami Kuvalayānanda incluso va más allá y postula que una de las principales razones por las que se medita con la columna erguida no es tanto la correcta posición de la médula espinal como «evitar la compresión de los músculos y vísceras abdominales», que en posición encorvada perderían tono y se «congestionarían», dando lugar a una «serie de enfermedades».

El yoga es muy efectivo para el bienestar sistema digestivo pero no es mágico, y por eso los yoguis (y los textos yóguicos) hacen gran hincapié en la dieta correcta. Explayarse en qué significa “correcto” a nivel dietario puede ser motivo de insolubles debates y algunos textos (como la citada Haṭha Pradīpikā) dan especificaciones muy concretas (arroz, trigo, cebada, leche, miel, jengibre, pepinos…), mientras que otros textos (como el Gorakṣa śataka o la misma Bhagavad Gītā) prefieren enumerar las características de los alimentos (grasos, dulces, suculentos, oleaginosos…).
Como dice con su natural sencillez Sri Dharma Mittra, “la comida es importante” y, ciertamente, hay bastante consenso en que la dieta yóguica debe ser vegetariana, aunque sin duda todos los textos (y maestros) están de acuerdo en que debe ser una dieta “moderada”.
Para evitar ambigüedades sobre esta moderación se ofrece una fórmula muy clara: “dejar un cuarto del estómago vacío”. Para más detalles, el llenado del resto del estómago se suele dividir en la mitad con alimentos sólidos y el otro cuarto con líquido. O sea, como dice el refrán: “comer para vivir y no vivir para comer”.
yogi2
En conclusión, el yogui considera que comiendo la comida “correcta” y con moderación y practicando haṭha yoga, el sistema digestivo (y los otros sistemas) estará muy sano y, como consecuencia, el cuerpo tendrá “salud radiante” y estará listo para el verdadero objetivo del yoga: aquietar la mente (¿cómo se puede calmar la mente si hay molestias intestinales o, por ejemplo, dolor de espalda?).
Solo poniendo la mente en silencio puede uno, explican los grandes yoguis, conocer su propia esencia, que es plena y satisfecha en sí misma. Y aunque llegado ese punto el sistema digestivo pierda toda importancia, su rol en el camino parece ser fundamental.

2 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CURSO DE HISTORIA Y FILOSOFÍA DEL YOGA

Inscripciones abiertas

Abril – Junio 2024

Profundizarás en la filosofía del yoga de forma directa, amena, fructífera y a tu ritmo.

RECURSOS GRATUITOS AQUÍ

LIBROS PUBLICADOS
de Naren Herrero

Sobre la historia del Yoga:

Hinduismo para la vida occidental:

Primer libro en español sobre el festival espiritual más grande del mundo:

Mis viajes, aprendizajes y experiencias en India (ahora sólo en digital):

Artículos anteriores

Tapas en la sociedad de la queja

¿Qué recomienda el yoga y la espiritualidad hindú como antídotos contra la queja? En este artículo lo abordamos desde el concepto de tapas, especialmente en su vertiente verbal. Hace treinta años, el escritor Robert Hughes publicó «La cultura de la queja» acerca de la decadencia norteamericana en materia de política y cultura. No leí el libro pero el título me pareció adecuado para también etiquetar a nuestra sociedad actual y, además, hoy me sirve para abrir un tema que, intuyo, al lector le suena familiar: la recurrente lamentación de que las cosas no son como nos gustaría que fueran.   ¡Atención! No estamos entrando en el juicio de

Los hijos como gurús

Con la relativamente difundida afirmación «mis hijos son mis gurús» en mente, agregando la legitimidad que me da la paternidad, más algunas referencias tradicionales hindúes, he escrito este artículo para analizar la cuestión. En la luna llena que sigue al solsticio de verano en el hemisferio norte (21 de junio) se celebra Guru Pūrṇimā(guru púrnima), el día anual,que suele caer en julio, en que honramos a todos los preceptores espirituales que nos guían en el camino del autoconocimiento y la liberación.   A lo largo de los años, he escrito muchos artículos sobre este tema para llegar a la conclusión (que también es canónica) de que tener un gurú es imprescindible para avanzar en

Mantra para antes de comer (con recitación)

Incluye la recitación del mantra ahaṁ vaiśvānaro que aparece en Bhagavad Gītā 15.14 Para la cosmovisión hindú «el alimento es Dios» (annam brahma) y, como en muchas otras tradiciones, no se debe tratar de forma irrespetuosa ni malgastar. Asimismo, al tratarse de un elemento que nos es proveído por la Madre Divina no deberíamos darlo por descontado, sino más bien agradecerlo.   Para la tradición yóguica, comer ignorando esta relación de dependencia con la Naturaleza es una forma de «robar» pues, por más que hayamos pagado nuestra comida, estamos ignorando que el alimento llega a nosotros gracias al esfuerzo y la generosidad de la Tierra.   Como forma

Hiraṇyagarbha y el Día internacional del Yoga

Otra vez se celebra el Día Internacional del Yoga, una fecha instaurada en 2014 por la Asamblea General de las UN, en coincidencia con el solsticio de verano en el hemisferio norte. En este artículo aprovecho para contarte algunos detalles no tan difundidos de la relación entre el Sol y el Yoga. Quizá sabes que el nombre más popular del dios hindú del Sol es Sūrya, de donde deriva el apelativo del famoso ejercicio de haṭha yoga sūrya namaskara o «salutación al Sol». A la vez, el Sol tiene cientos de otros nombres, entre ellos Hiraṇyagarbha, que es el que me interesa hoy.     Literalmente, hiraṇyagarbha significa

Los yoguis y su obsesión por el sistema digestivo