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La carne, el cáncer y el vegetarianismo en el hinduismo

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Hace varias semanas hubo revuelo mediático por el informe divulgado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los riesgos de cáncer asociados con el consumo de carne roja y de carne procesada. Las respuestas fueron variopintas: desde vegetarianos satisfechos de confirmar sus sospechas hasta carnívoros cínicos afirmando que “de todos modos, de algo hay que morir”.  A pesar de que la inmediatez es la clave del éxito digital, yo decidí esperar unos días antes de hablar sobre el tema, a ver si se calmaban los ánimos y podía juntar datos útiles.

Lo que dice el informe en cuestión es básicamente que el consumo excesivo de carne roja y muy especialmente de carne procesada (salchichas, jamón, embutidos, carne en lata) ha sido asociado con una mayor incidencia de varios tipos de cáncer, sobre todo el colorrectal y, en menor medida, el cáncer de páncreas y de próstata y quizás de estómago (sumado a los ya conocidos riesgos de enfermedades del corazón o diabetes). De todos modos, la OMS no recomienda dejar de comer carne (pues considera que “tiene beneficios para la salud”) sino más bien moderar su consumo, un hecho que no parece estar en la intención de los habitantes de este planeta.

En un artículo que me pareció muy lúcido (y admito que, en general, la forma de ver el mundo de este autor no me “resuena”), el escritor argentino Martín Caparrós ofrece datos muy claros: “En las últimas décadas el consumo de carne aumentó el doble que la población del mundo. Mientras tanto, un buen tercio de la población mundial sigue comiendo como siempre: miles de millones no prueban la carne casi nunca, la mitad de la comida que la humanidad consume cada día es arroz, y un cuarto más, trigo y maíz”.

Por tanto, resume Caparrós, “consumir animales es un lujo: una forma tan clara de concentración de la riqueza. La carne acapara recursos que se podrían repartir: se necesitan diez calorías vegetales para producir una caloría de vaca o de cordero (‘para producir un filete de unos 200 gramos se precisan unos 45 cuencos de cereales’). Lo mismo pasa con el agua: se necesitan 1.500 litros para producir un kilo de maíz, 15.000 para un kilo de vaca. O sea: cuando alguien come carne se apropia de recursos que, repartidos, alcanzarían para cinco, ocho, diez personas”.

Hace un par de años yo mismo escribí un artículo sobre cómo la alimentación vegetariana (o vegana) podría “salvar al mundo” en el sentido bien literal de la expresión y ponía datos tan llamativos (o poco conocidos) como que “la ganadería industrial realiza una contribución al calentamiento global que es un 40% mayor que la de todo el sector del transporte junto, lo que la convierte en la responsable número uno del cambio climático”. O sea, que hay personas que dejan de viajar en avión como forma de activismo ecológico y sería más efectivo dejar de comer carne.

Como dice Caparrós, “comer carne es establecer una desigualdad bien bruta: yo soy el que puede tragarse los recursos que ustedes necesitan. La carne es estandarte y es proclama: que este planeta sólo se puede usar así si miles de millones se resignan a usarlo mucho menos. Si todos quieren usarlo igual no puede funcionar: la exclusión es condición necesaria —y nunca suficiente—.”

Curiosamente, esta tendencia mundial del comer carne como signo de mejorar el estatus socio-económico ha sido objetada durante siglos por la sociedad india, fundamentalmente por el hinduismo (y en menor escala por el jainismo), donde, por el contrario, ser vegetariano es un símbolo de “pureza ritual” al decir de Agustín Pániker, o sea que da mayor “prestigio” social y religioso. Aunque hay diferentes versiones, se sabe que desde hace unos 20 siglos, al menos, el hinduismo ha adoptado el vegetarianismo como el ideal dietético, en consonancia con el tradicional valor de ahiṁsā (no-violencia) y reflejando los hábitos ascéticos de las respetadas órdenes monásticas hindúes.

govinda

Obra de Hari Dasa (www.narayana-hare.blogspot.com.es)

Poner cifras exactas es difícil pero, por ejemplo, el editor Álvaro Enterría calcula que actualmente “el 30% de los indios son vegetarianos”, lo cual es bastante para un país “emergente” y, por consiguiente, para una sociedad con creciente poder adquisitivo. Los vegetarianos indios (que en su mayoría son de religión hindú) tampoco comen huevo. Después hay otro grupo que engloba a las personas que en lenguaje moderno se denominan “flexitarianas”, y son aquellas con una dieta vegetariana en general y que no comen carne en casa pero que, en situaciones especiales (fiestas, invitaciones, bodas), sí comen carne o pollo o simplemente huevo.

Asimismo, en las zonas costeras de la India hay mucha tradición de comer pescado y a pesar de eso muchas personas siguen llamándose vegetarianos a sí mismos, quizás porque no comen carnes rojas. De hecho, para este tipo de dieta, muy de moda en Occidente, existe el término “pescetarianismo” (o “pesco-vegetarianismo”). Otros hindúes comen pollo, que es quizás la carne más difundida, cordero y quizás cerdo, pero por supuesto casi nadie come carne de vaca, porque como todos saben son consideradas sagradas, ya que según la tradición, y como explica el sacerdote hindú Juan Carlos Ramchandani (Krishna Kripa Dasa), “se la considera nuestra segunda madre, pues después de que tomamos leche del pecho de nuestra madre, continuamos tomando leche de la vaca”.

Todos estos datos son indicativos pero no definitivos, ya que los números varían según la región, la casta y hasta la familia. En cualquier caso, son las personas de casta brāhmaṇa (o brahmán, es decir la casta “sacerdotal”) las que más practican el vegetarianismo, aunque esta regla tenga muchas excepciones (por ejemplo Bengala). A nivel de regiones, justamente Bengala y Kérala, al sur, son los dos estados donde se permite el sacrificio de vacas para consumo humano. Y este es un punto al que quería llegar.

Sorprendentemente, en estos tiempos India encabeza la exportación mundial de carne de vacuno (delante de Brasil), aunque esos datos se refieren a “carne de búfalo”, que es legal, y no de vaca, ya que la exportación de ternera está prohibida. Sin embargo, explica el periodista Jordi Joan Baños, “dicha prohibición es burlada a diario en la frontera entre India y Bangladesh, por la que son transportadas de contrabando, para ser sacrificadas, cientos de miles de reses indias cada año”, para consumo musulmán. En cualquier caso, en el periodo 2010-2014 “las exportaciones legales de vacuno han aumentado en un 44%”.

Estos datos me parecen muy relevantes porque significa que la tendencia mundial a comer carne como forma de legitimar el estatus socio-económico y forma de dar placer al paladar también está afectando a la sociedad india, otrora defensora de valores muy tradicionales. Como acota Ramchandani, hace varias décadas que, imitando a los invasores británicos, algunos hindúes empezaron a comer carne “como símbolo de modernidad y elitismo”. Ahora, ya independientes y emergentes, los indios, especialmente de clase media, ven en la carne otro estandarte de éxito, tal como bien lo define Caparrós.

A nivel espiritual y según la tradición hindú, no hay dudas de la importancia de una dieta vegetariana y como dice Enterría, “las personas que reciben iniciación de un guru normalmente se hacen vegetarianas” pues se considera un acto meritorio y purificador. Swami Premananda lo dice muy claro en uno de sus discursos: “Dices que sientes amor en tu corazón y que quieres amar a Dios. ¿Cómo puedes pensar en el amor si, porque te agrada el sabor, puedes comer otra criatura?”.

De todos modos, mi intención principal con este post no es hacer especial hincapié en los méritos religiosos/espirituales de la dieta vegetariana ni tampoco defender al hinduismo como religión.

Mi objetivo es poner a la vista, una vez más, los beneficios colectivos de la dieta vegetariana (o vegana):

  1. Evitar sufrimiento a otros seres, que son matados para que los comamos (o que son hacinados y maltratados para sacarles huevos o leche).

  2. Salvar al planeta de ir a la ruina por falta de recursos naturales (“1.500 litros de agua para producir un kilo de maíz vs. 15.000 para un kilo de vaca”).

Pero claro, el planeta no le importa a nadie, así que le agregamos un nuevo factor:

  1. El consumo de carne ha sido asociado científicamente con una mayor incidencia de cáncer (amén de otras enfermedades).

Ya que el bienestar común y terrenal (que también es el propio) no parece ser motivo suficiente, la noticia de que la carne da cáncer quizás influya en alguien para que reduzca (¡o frene!) su consumo, aunque solo sea por puro beneficio personal. El mundo también estará agradecido.

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  1. Muy bueno!!

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  2. Magnífico artículo. Muchas gracias por compartir tus reflexiones y estos datos. Saludos.

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  3. Muchas gracias!! que ciertas palabras.

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