Hijo de Vecino

Ficciones y verdades de la Historia del Yoga

Un viejo axioma periodístico dice que «la información es poder», aunque en los actuales tiempos de hiper-comunicación lo que necesitamos no es cantidad sino calidad. Por eso a continuación enumero (y enmendo) 10 de las desinformaciones más habituales en el mundo del Yoga.

Nuestras sociedades occidentales y modernas viven dentro de un paradigma racionalista y cientificista, por lo que hemos sido programados para creer solo aquello que puede ser medido y comprobado empíricamente. Esta tiranía del llamado “objetivismo” nos inclina a buscar respuestas irrevocables, con certeza absoluta, rechazando todo aquello que entre en el terreno del “subjetivismo” o que no pueda ser cuantificado.

 

Cuando estudiamos la historia y la filosofía del Yoga este enfoque cientificista no es el más adecuado porque estamos entrando en un ámbito que es, por definición, interno y subjetivo. Este intento de conciliar el camino del autoconocimiento con el paradigma positivista, que solo valora los aspectos materiales de la realidad, nos lleva a un reduccionismo en que miles de años de ecléctica tradición se resumen en una frase o pensamiento que pretende ser asertivo y borrar toda duda o matiz.

 

Esta tendencia se ve acrecentada por la “cultura del titular” en que vivimos, donde ya nadie profundiza en la información recibida y simplemente repetimos (y nos explayamos) con fe ciega basados en una idea que hemos leído o escuchado de cualquier fuente, típicamente los medios de comunicación en sus diferentes formatos. A nivel de Yoga pasa lo mismo. Todos hemos escuchado o leído frases que luego repetimos sin saber exactamente de dónde vienen y, sobre todo, si están justificadas.

 

Antiguamente (y todavía hoy existen casos así) el estudiante repetía “ciegamente” lo que decía su maestro, pero esa fe no estaba basada en la pereza, en la falta de curiosidad o en la aceptación pasiva, sino que se fundamentaba en el respeto, la confianza y la legitimidad de una cadena de transmisión ininterrumpida de conocimiento. Tenía que ver con pertenecer a un linaje fiable y, además, con la confirmación que la propia práctica del estudiante otorgaba a esas informaciones ofrecidas por el maestro y la tradición.

 

Ahora, como sabemos, yo puedo convertirme en profesor de yoga certificado en un mes, sin necesidad de comprometerme con un linaje, maestro o escuela y, prácticamente sin experiencia previa, puedo afirmar a los cuatro vientos algunas ideas o enseñanzas como verdaderas y milenarias, sin tener comprobación subjetiva de lo que digo (porque no he practicado lo suficiente) ni tampoco comprobación objetiva (porque no he estudiado ni indagado lo suficiente).

 

Conclusión: la desinformación arrecia y nosotros simplemente la amplificamos, cándidamente, convencidos de su verdad y de nuestra sabiduría, mientras bebemos un vaso de kombucha orgánica. Entonces, como es natural, todos nos encontramos confundidos.

 

Por eso hoy comparto una lista con unas pocas de estas ideas que sobrevuelan el yoga moderno y que es importante matizar o, en algunos casos, desmitificar:

 

  • 1. El haṭha yoga tiene 5000 años

No sabemos. La tradición india no duda en afirmarlo y se basa, por ejemplo, en las imágenes que aparecen en sellos de terracota excavados en sitios arqueológicos del Valle del Indo-Sarasvati (actual Pakistán) y que tienen unos 4500 años de antigüedad, según los expertos. Los estudios académicos modernos, en cambio, no encuentran evidencias suficientes en estos sellos ni en otras pruebas textuales, artísticas o arquitectónicas y, actualmente, creen que el haṭha yoga se desarrolló formalmente hace no más de 1000 años. 

 

  • 2. Patañjali es el inventor del Yoga

Falso. Patañjali – de quien también tenemos dos narrativas diferentes – es sin duda el compositor de los Yoga Sūtras, que es uno de los textos más influyentes en la historia del Yoga. Sin embargo, las enseñanzas que allí se presentan no son “invención” de Patañjali ya que analizando el corpus textual de la tradición india (tanto hinduismo como budismo) podemos ver que se trata de ideas elaboradas previamente, muchas de ellas casi idénticas. De todos modos, Patañjali se merece el crédito por presentar ese conocimiento de una forma sistematizada y práctica, como nunca antes. Y, además, nos lega el famoso método de los 8 pasos (aṣṭāṅga yoga) que sí podríamos decir que tiene su sello personal.  

 

  • 3. La Bhagavad Gītā enseña las tres principales sendas del Yoga

No es que sea falso, sino que es una simplificación. A los tres caminos tan clásicos (karma, bhakti y jñāna) tenemos que agregarle dhyāna yoga (que es un precursor de lo expuesto por Patañjali), sāṁkhya yoga, buddhi yoga, abhyāsa yoga e incluso algo de haṭha. Generalmente se deja de lado el aspecto teológico y metafísico del texto. Y pocas formaciones de profesores se atreven a meterse con ideas tan índicas como karma o reencarnación. La idea de una guerra tampoco se suele comprender en nuestra época pacifista y la explicación popular moderna se limita a decir que es un “símbolo de nuestros demonios internos”. En cualquier caso, el foco principal del texto es práctico – cómo vivir una vida recta y útil – y se resume en las palabras karma y dharma.

 

  • 4. El Tantra se centra en el sexo

Falso. Lo que llamamos tantra es un sistema espiritual y religioso muy heterogéneo de escuelas, textos y técnicas. Si tuviéramos que poner su cosmovisión fundamental en una sola frase diríamos que: “todo es sagrado”. Para el practicante tántrico no existe la dicotomía sagrado vs. profano ya que considera que lo trascedente se encuentra indisolublemente identificado a lo inmanente. Es por ello que entre los variados métodos tántricos encontramos la utilización y exacerbación del placer sensual, estético y también sexual, aunque siempre en un marco iniciático (la importancia del maestro aquí es vital) y siguiendo un estricto protocolo ritual. El reducido porcentaje que representa el sexo ritual entre las técnicas tántricas fue elegido por conveniencia para y por Occidente – una sociedad hedonista y con buen ojo para el marketing – como la quintaesencia del Tantra. Y todos contentos.

 

  • 5. Samādhi es el estado de super-consciencia

Yo qué sé. Como tantas palabras sánscritas, samādhi es imposible de traducir de forma ideal. Revisando versiones clásicas y modernas vemos que, más que ayudar, muchas de esas traducciones confunden. Entre ellas “super-consciencia”. Es en los Yoga Sūtras donde el término samādhi cobra importancia capital, al punto de ser sinónimo de yoga. Samādhi, para Patañjali, es el estado de concentración mental más profundo. Y, como vemos en mi curso de Historia y Filosofía del Yoga, hay muchos tipos y niveles de samādhi. Uno de ellos, que es el más elevado, es un estado más allá de toda actividad mental, es decir supra-mental, donde solo brilla la esencia que somos. Super-consciencia es una (mala) traducción del inglés super-consciousness que en algunos casos se entiende como un tipo de “éxtasis” y, en otros casos más cercanos al original sánscrito, como un agudo estado de “consciencia” de nuestra esencia. Que sería eterna, inmutable, luminosa y siempre consciente.

 

  • 6. Yoga es “unión”

. Y también es separación. Y también poder. Y observar la respiración. O control. O acción hábil. O samādhi… Y en todos los casos siguiendo alguna fuente tradicional. A nivel textual la idea de “unión” no aparece hasta hace pocos siglos. Antes de eso tenemos decenas de definiciones diferentes. Por algún motivo en el siglo 20 se popularizó la idea de “unión entre cuerpo, mente y espíritu”. Sin embargo esa frase no sale – que yo sepa – en los textos tradicionales. La unión a la que se hace referencia en los textos es, más bien, “del ser individual (jivātman) con el Ser supremo (paramātman)”. Pero de esto se habla poco en clase. No vende bien en tiempos de espiritualidad laica. Así que la próxima vez que escuchen “unión” les recomiendo que pregunten “¿de qué?”.

 

  • 7. Todos somos Uno

Depende de quién lo diga. La filosofía Vedānta, que es la más difundida en los textos y escuelas yóguicas de los últimos siglos, sostiene que todo y todos pertenecemos a una misma Fuente (a menudo llamada bráhman). Lo que pasa es que dentro del Vedānta hay muchas subdivisiones, algunas de ellas totalmente contrarias entre sí en sus ideas sobre la naturaleza de este bráhman y su relación con el ser individual (ātman) y el mundo. De todas estas escuelas filosóficas la que más reputación tiene y que más ha cuajado en Occidente es el Advaita Vedānta que, efectivamente, sostiene que no hay diferencia alguna entre esa Consciencia suprema y cada aspecto (animado o inanimado) de este mundo. Lo que pasa, se afirma, es que no nos damos cuenta. Suena muy bien, aunque a la hora de explicarlo no todos lo tenemos claro. Eso sí, Patañjali no habla desde este perspectiva y eso me parece que tampoco está claro para muchas personas. De eso también hablo en mi curso

 

  • 8. El ashtanga vinyasa yoga se remonta a textos védicos

Mmmm. Ashtanga vinyasa es el nombre que le damos al sistema derivado del haṭha yoga desarrollado por el maestro indio Pattabhi Jois en Mysore y que consiste básicamente en secuencias cada vez más difíciles de āsanas (posturas) acompañadas por la respiración. Se trata de un estilo dinámico que es el “padre” de todos los yogas dinámicos de la actualidad. Las razones del nombre “ashtanga” son debatidas, aunque sus fundadores afirman que se debe a su relación con los ocho pasos de Patañjali. A su vez, Patañjali no habla de posturas que no sean de meditación. Por otro lado, Pattabhi Jois afirmaba que las series dinámicas de Sūrya namaskāra que se practican en ashtanga se basan en textos védicos. Específicamente: Taittirīya Āraṇyaka (sección 6) del Yajur Veda para el llamado Sūrya Namaskāra A y Ṛg Veda (I.50.11) para Sūrya Namaskāra B.Solo una lectura muy interpretativa y libre de esos pasajes daría pistas (tampoco muy explícitas) para justificar la afirmación de Jois.

 

  • 9. La utilización de elementos de apoyo (props en inglés) es una invención de B.K.S. Iyengar

No. Tal como demuestran recientes estudios académicos, especialmente este artículo de Seth Powell, los elementos de ayuda y sostén para la práctica de āsana y meditación tiene más de dos mil años de antigüedad. El más difundido es el yogapaṭṭa o “cinturón para yoga” que aparece en esculturas y grabados como parte del equipamiento de los ascetas, y se utiliza para sostener la postura de meditación con piernas cruzadas frente al cuerpo pero con la rodillas despegadas del suelo. Por otra parte, en la Haṭhābhyāsapaddhati, un manual de haṭha yoga del siglo 18, aparece un grupo de āsanas dificultosos para ser practicados “con cuerdas”. El maestro B.K.S. Iyengar, quizás el mayor difusor del yoga físico en el siglo 20, no inventó los elementos de sostén pero sin duda aplicó innovaciones y una complejidad nunca vista a estas antiguas herramientas.

 

  • 10. El Yoga terapéutico es una novedad del siglo 20

Tampoco. Con el énfasis moderno en el llamado yoga postural, junto a los avances de la tecnología médica, cada vez se presta más atención a la anatomía y a la biomecánica del cuerpo físico. Actualmente existen etiquetas como yoga terapéutico, yoga restaurativo o terapia postural y, al parecer, son estilos que se olvidan del aspecto más tradicional del yoga, que para algunas personas es energético, para otras es mental y para otras espiritual. Sin embargo, la Haṭha Pradīpikā, el manual canónico de haṭha yoga del siglo 15 habla, por ejemplo, de matsyendrāsana, una clásica torsión, y dice: “Esta postura […] es un remedio contra las enfermedades más mortíferas. Con su práctica regular se despierta la kuṇḍalinī”. Con este ejemplo vemos claramente cómo se fusiona el interés por la salud física con la búsqueda de la trascendencia espiritual. Antes de este hay otros ejemplos, pero a partir de aquí el Yoga Terapéutico solo podía cobrar más fuerza.

 

Podríamos seguir metiendo la piedra en el zapato, pero ya que llegamos al popular número diez me detengo aquí.

 

Mi intención no es molestar ni ofender a nadie. No creo tener las respuestas definitivas, aunque sí me gusta investigar y ser riguroso en lo posible. A fin de cuentas, y parafraseando al filósofo Juan Arnau, la búsqueda del misterio es más grande que su resolución.

Si te ha gustado este post, te interesará mi curso

Curso de historia y filosofía del Yoga

En este curso preparado durante años de estudio y práctica pongo a disposición la información académica más reciente pero siempre con fidelidad a la tradición india, sus maestros y sus textos sagrados. De hecho, el curso se sustenta en el estudio de los textos tradicionales a los que sumamos la información histórica disponible, con la intención de ofrecer herramientas para que entiendas mejor de dónde viene lo que practicas hoy.

4 comentarios en “Ficciones y verdades de la Historia del Yoga”

  1. Buen día!!! Excelente, Naren, como siempre, en cuanto al contenido, y en la manera tan fresca, clara y simpática. Gracias, mil gracias!!!! AbrazOmmmm, desde Neuquén, Argentina.

    Responder
  2. Gracias por publicar tus reflexiones y compartir tu conocimiento.
    Por que si el yoga es algo tan diferente a “lo que se lleva hoy” está de moda pero transformándolo continuamente en lo que no es? Es porque en el fondo nos interesa, sentimos que nos falta algo de ese “rollo” para ser más felice, pero tenemos recelo/miedo a enfrentarnos a experimentarlo en su esencia?
    O es esa dejadez en querer investigar/sentir/pensar por uno mismo lo que impera?vivimos en la sociedad con más posibilidades de la historia pero somos cada vez menos individuo con identidad propia?

    Responder

Deja un comentario

1ª Cumbre Virtual de Yoga gratuita y online

Del 1 al 8 de octubre de 2020

Apúntate gratis para ver las charlas de 40 expertos. La mía es «Los orígenes del Yoga».

Ya te puedes apuntar a la lista de espera para una próxima convocatoria

CONVOCATORIA OCTUBRE-DICIEMBRE 2020 CERRADA

«Pasarás de creer en las enseñanzas, a conocerlas de sus fuentes»