Hijo de Vecino

Sūrya Namaskāra y la ictericia

Historia y origen del "saludo al sol" de Yoga o Sūrya Namaskāra. Los mantras, simbolismo, raíces y beneficios de estos movimientos dinámicos.

Sūrya Namaskāra o comúnmente llamado “Saludo al Sol”, es el nombre de una secuencia de posturas físicas que se suele practicar al comienzo de las modernas clases de haṭha yoga como forma de calentamiento físico. Asimismo, Sūrya Namaskāra es la forma actualizada de reverencia a Sūrya (el Sol) que nos da vida, calor y luz y que ya desde hace milenios es altamente reverenciado en la tradición hindú. Por lo que sabemos, esta adoración solar tuvo su primera manifestación en himnos y mantras de alabanza (que se compilan en los Vedas, los textos más antiguos del hinduismo), en rituales relacionados con los elementos y también probablemente a través de reverencias y postraciones físicas al Sol, considerado la manifestación visible de lo Divino en el cielo.

 

El actual ejercicio Sūrya Namaskāra, que tiene innumerables variantes dependiendo del linaje o el estilo de yoga que uno analice, comienza de pie y acaba de pie pasando siempre por un momento de postración, que tradicionalmente se denomina praṇam, y que, según la versión, puede ser en la forma de una exigente flexión de brazos (caturaṅga daṇḍāsana), algo más suave apoyando rodillas y pecho en el suelo (aṣṭāṅga namaskāra) o más tradicional, con todo el cuerpo totalmente boca abajo y los brazos extendidos hacia adelante. Esta última opción se denomina técnicamente daṇḍavat praṇam (“postración como un bastón”) y todavía hoy, para un devoto hindú, es la forma de mostrar el máximo respeto frente a la Divinidad o su guru.

 

Si bien la antigüedad del ejercicio físico Sūrya Namaskāra tal como lo conocemos hoy es debatida, la comprensión moderna – siempre basada en estudios académicos e historiográficos – es que se trata de una secuencia de movimientos de creación reciente, fraguada en gran medida gracias a la influencia de los invasores británicos y a las ideologías europeas que empezaron a llegar a la India a partir del siglo XVIII. Debido a que no existen referencias textuales claras de la secuencia Sūrya Namaskāra hasta el siglo XX, muchos estudiosos dicen que se trata de un invento del siglo XIX o incluso XX, influenciado directamente por los métodos de entrenamiento y las disciplinas gimnásticas europeas. Algunas versiones incluso atribuyen la creación de Sūrya Namaskāra a los ejercicios aeróbicos de calentamiento que los soldados ingleses realizaban en su rutina diaria.

 

Sin duda, como explica el académico Mark Singleton en el ahora traducido al español El cuerpo del yoga, la influencia de la gimnasia y del fisicoculturismo europeos en el yoga moderno son palpables, pero a la vez la tradición índica tiene sus argumentos para fundamentar la antigüedad y originalidad de Sūrya Namaskāra. Evidentemente, estos argumentos no cumplen los estándares académicos modernos, basados en pruebas empíricas, cuantificables y materiales, sino que se basan muchas veces en la tradición oral, en pruebas fragmentarias o en la sencilla confianza en un linaje.

 

De hecho, la primera prueba irrefutable de Sūrya Namaskāra aparece recién en un libro de 1928 llamado The Ten Point Way to Health de Balasahib Pant Pratinidhi, rāja de Aundh, es decir el gobernante de un principado indio en la época de la colonia británica dentro del actual estado de Maharashtra. Los “diez puntos para la salud” no son otra cosa que una versión de diez movimientos del “Saludo al Sol” que, el autor sostiene, se remonta a “miles de años”.

 

Al mismo tiempo existen textos de haṭha yoga del siglo XVII y XVIII que presentan, al menos de forma individualizada, ejercicios que incluyen movimientos repetitivos y dinámicos y que, en su forma, son similares a los de Sūrya Namaskāra. Asimismo, hay manuales indios para luchadores que contienen ejercicios similares; sin profundizar aquí en las muy antiguas tradiciones de arte marcial indio, que también tienen movimientos y ejercicios de entrenamiento que anticipan, a su manera, la secuencia dinámica de Sūrya Namaskāra.

 

Por tanto, los āsanas o posturas dinámicas y con fines de entrenamiento físico para desarrollar agilidad y fuerza existían en la India, al menos de forma prototípica, antes del asentamiento de los ingleses. Eso sí, de Sūrya Namaskāra tal como lo conocemos ahora seguimos sin tener datos claros antes del siglo XX.

 

Para encontrar pistas en esta investigación uno inevitablemente acaba dirigiendo la mirada hacia T. Krishnamacharya (1888-1989), muchas veces conocido como “el padre del yoga moderno”, que antes que un haṭha yogui era un erudito en sánscrito y filosofía hindú en general, además de un devoto váishnava seguidor del viśiṣṭādvaita, “el no-dualismo cualificado” promulgado por el gran filósofo-santo Rāmānuja en el siglo XI.

 

Debido a su erudición, T. Krishnamacharya fue convocado en 1931 por el Mahārāja o rey de Mysore, en el sur de la India, para enseñar sánscrito en el Sanskrit College, pero ya en 1933 y dado su conocimiento del sistema yóguico, el Mahārāja le pidió que abriera y se hiciera cargo de la yogaśālā (“sala de yoga”) del palacio real, cuyos estudiantes eran jóvenes adolescentes de la realeza, aunque también había jóvenes normales del pueblo.

 

Todos saben que el yoga físico que enseñó Krishnamacharya en el palacio de Mysore era un sistema dinámico y exigente, pero incluso hoy se debate – sin una respuesta certera – si él realmente enseñó la secuencia de Sūrya Namaskāra. Lo que es indudable es que Krishnamacharya sí inculcó a sus estudiantes la recitación de textos védicos y clásicos, pues a fin de cuentas él era un brahmán erudito y devoto.

 

Entre estos textos antiguos y debido a su linaje, Krishnamacharya tenía especial conocimiento de los mantras del Kṛṣṇa Yajur Veda, una composición que tiene al menos tres mil años. De aquí destaca el llamado Aruṇa prapāṭhaka (o Aruṇa pārāyaṇa o Aruṇa praśna), un largo himno solar muy querido por Krishnamacharya que abre la sección Taittirīya Āraṇyaka del Yajur Veda y que se recita temprano por la mañana (aruṇa se puede traducir como “aurora”), especialmente los domingos y que es apreciado por su poder para otorgar buena salud.

 

Aquí se puede escuchar al completo (1h15’):

 

 

La relevancia de este texto radica en que, para muchos linajes derivados de Krishnamacharya (Ashtanga vinyasa yoga de Pattabhi Jois; Viniyoga de TKV Desikachar; Vinyasakrama de Srivatsa Ramaswami…), es una de las bases textuales del famoso Sūrya Namaskāra físico, aunque entre sus versos nunca se hable de posturas físicas de forma explícita.

 

Asimismo, en algunos de estos linajes también se usa otra serie – mucho más breve – de mantras védicos en relación con Sūrya Namaskāra que aparecen en la sección Taittirīya Brāhmaṇa (III.7.6.22-23) del Yajur Veda (y también en el Ṛg Veda I.50.11) y que se consideran directamente relacionados a los doce movimientos que actualmente tiene la secuencia física en su versión más difundida. Estos mantras se suelen dividir también en doce partes y, en realidad, son solo tres estrofas de once que pertenecen a un breve himno a Sūrya en que se habla de su poder en general y de cómo surca los cielos en un carro tirado por siete yeguas. Los mantras en cuestión son los siguientes:

 

udyannadya mitramahaḥ |

ārohannuttarāṃ divam |

hṛdrogaṃ mama sūrya |

harimāṇaṃ ca nāśaya |

śukeṣu me harimāṇam|

ropaṇākāsu dadhmasi |

atho hāridraveṣu me |

harimāṇaṃ ni dadhmasi |

udagādayamādityaḥ |

viśvena sahasā saha |

dviṣantaṃ mama randhayan |

mo ahaṃ dviṣato radham ||

 

Para el maestro yogui Pattabhi Jois, por ejemplo, estos mantras delinean las dieciocho posturas del llamado sūrya namaskāra B del moderno linaje de Ashtanga vinyasa yoga, aunque nunca se reciten en la práctica. Como veremos más abajo, la traducción de estos mantras no parece tener ninguna relación con el ejercicio físico. De ahí que sea relevante tener en cuenta que, muy probablemente, el Sūrya Namaskāra original “no era una secuencia de posturas sino de palabras sagradas” en honor al Sol como símbolo de lo Divino, pero también como dador de buena salud.

 

Aquí se puede escuchar la recitación tradicional de estos mantras por Srivatsa Ramaswami, un antiguo discípulo de T. Krishnamacharya (Nota: cada mantra védico está precedido y seguido de otros mantras solares que hoy no hemos analizado):

 

 

Este rol medicinal del Sol es, en un punto, de sentido común, pues todavía hoy se considera que la luz solar es fuente de vida y nutrición. En los himnos hindúes se repite, además, que el Sol se relaciona con el sentido de la vista y con la capacidad de ver bien, tanto a nivel físico como, por supuesto, a nivel simbólico en el sentido de “lucidez” y de discernimiento. En diferentes Purāṇas (los textos histórico-mitológicos del hinduismo) se cita un verso – ārogyaṃ bhāskarād icchet – que en su contexto y con ligeras variantes viene a decir:

 

«Si deseas salud [adora] al Sol (bhāskara, “el luminoso”)

Si deseas riquezas [adora] al Fuego (hutāśana, “el que devora la ofrenda”)

Si deseas conocimiento [adora] a Īśvara (“El Señor”)

Si deseas liberación [adora] a Janārdana (un nombre de Vishnu)»

 

Por tanto, el aspecto del Sol como protector de la salud física y mental aparece en diferentes textos antiguos, empezando por estos mantras védicos que hoy analizamos y que, con todas las dificultades lingüísticas y semánticas que conlleva, traduje basándome en diferentes fuentes, incluyendo el comentario clásico de Sāyaṇa del siglo XIV. Lo más llamativo de estos versos es que hablan del poder sanador del Sol sobre todo con relación a la ictericia. La palabra sánscrita que aparece repetidamente es hariman, y que si bien se puede traducir simplemente como “enfermedad” se suele relacionar con enfermedades en que la piel toma una coloración particular, generalmente amarillenta. La palabra hari es muy polisémica y a nivel cromático es tan ambigua que puede designar amarillo, verde o incluso color rojizo. Por ello no extraña que lo que muchos estudiosos traducen como “palidez amarillenta” para otros sea “manchas verdes de la piel” debido a la mala circulación.

 

En cualquier caso, el himno también habla de “enfermedades del corazón” (hṛdroga), un término que algunos toman literalmente como problemas cardíacos y otros como “angustias” o “problemas de la mente”, de la misma forma que en español se habla de situaciones que nos “encogen el corazón” o en inglés se dice heartache, es decir “penas y tristezas”. Para que tengan una idea directa, a continuación comparto una posible traducción:

 

«¡Oh Sol!, que eres venerado como un amigo (mitra),

mientras te elevas hoy hacia el cielo más alto,

libérame de las angustias (hṛdroga)

y de la ictericia (harimāṇa).

Transfiere mi palidez amarilla (harimāṇa)

a los loros y a las aves tornasoladas;

asimismo, transfiere mi palidez amarilla (harimāṇa)

a árboles de color amarillo (haridra).

Con todo su poder conquistador,

este Āditya (otro nombre del Sol) se ha elevado,

poniendo a mi enemigo en mis manos.

¡Qué yo no caiga en las manos de mi enemigo!»

 

La ictericia tiene que ver con el popular exceso de bilirrubina, un fenómeno que incluso muchos bebés sanos experimentan en la primera semana de vida. De hecho, la solución médica suele ser poner a los recién nacidos debajo de una potente lámpara que emula la luz solar o, más tradicional, colocarlos directamente bajo la luz del Sol. En este sentido, no es extraño que en este himno se le pida a Sūrya – que todo lo ve – que transfiera el amarillo (o verde) de nuestra piel a aves (loros, zorzales, estorninos) o a plantas (sándalo, cúrcuma) que ya tienen una tendencia a ese color y que, al parecer, lo recibirían de buena gana. 

 

Si miramos un poco más allá de lo estrictamente literal – como hacen en la tradición de TKV Desikachar, por ejemplo – podemos entender que se le pide a Sūrya que nos proteja de las aflicciones físicas (“ictericia”) y también de las mentales (“angustias”). Y que los enemigos de los que hablan los versos son, justamente, las enfermedades y las “influencias negativas” y no adversarios de guerra.

 

Como conclusión podemos decir que el sentido del antiguo himno védico es relativamente transparente, aunque sin duda cuesta verle relación directa con la secuencia física de Sūrya Namaskāra del haṭha yoga moderno.

 

Al mismo tiempo, está claro que la práctica de āsanas en el haṭha yoga tiene como primer (algunos dirán único) objetivo un cuerpo fuerte y buena salud física, por lo que parece natural que se recurra a ejercicios “solares” para adquirir esos beneficios. A la vez, los praṇams o postraciones en el suelo, ya sea en el contexto de templos, rituales o formas de penitencia religiosa, tienen más de mil años de base histórica comprobada. Sin ahondar otra vez en la importancia del Sol como símbolo del conocimiento del propio Ser o ātman, que en última instancia es la meta de todo Yoga.

 

Por todo lo anterior vemos que es lógico que el Sol tenga un rol preponderante en la práctica de yoga, aunque sigamos con la duda intelectual del momento histórico en que se implementó la práctica de Sūrya Namaskāra. En la actualidad difícilmente alguien puede sostener que practica o enseña el “verdadero yoga”, en el sentido de una disciplina milenaria e inmutable. Una de las grandes virtudes del yoga es su adaptabilidad y, sin perder su esencia, ser capaz de responder a las necesidades de las personas del siglo XXI.

 

Sūrya Namaskāra podría tener solo cien años, pero su simbolismo, sus raíces y sus beneficios son atemporales.

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11 comentarios en “Sūrya Namaskāra y la ictericia”

  1. Creo recordar que Swami Sri Yukteswar habla del sol como el virrey y también Paramahansa Yogananda aconseja, para aumentar los beneficios de la energía del sol, por ejempl0: acostarse boca abajo bajo el sol y cubrir la cabeza y el cuerpo con una tela oscura, dejando solo la médula oblongado al descubierto.-

  2. Muy bueno! Muchas gracias por compartir. Me motivó a investigar un poco mas. Existe un libro de Satyananda muy interesante sobre saludo al sol (Surya Namaskara, A Technique of Solar Vitalization, Swami Satyananda Saraswati, Yoga Publications Trust) En esta tradición se practican yogasana/s junto con mantras védicos y si no me equivoco Satyananda no tuvo contacto con TK ni son de la misma tradición o región. En yogastudies.org podes escuchar las grabaciones y bajar pdfs relacionados como el suryopanisad. Saludos!!

    • Hola Adrián:
      Gracias por tu aportación. Conozco el libro de Swami Satyananda de Bihar y lo tengo en casa. En cuanto a mantras solares, él habla de los bija mantras y de los «laukika», pero no cita los mantras védicos de la tradición de Krishmacharya. De hecho los llamados «laukika» mantras son los más difundidos y usados en diferentes escuelas de yoga, pero al parecer en la tradición de T. Krishmacaharya hay un énfasis en los mantras védicos que no hay en otras tradiciones. Como dices, y por lo que yo sé, la tradición de Satyananda de Bihar no tuvo contacto con la de Desikachar. Gracias por el enlace de yogastudies.org que estoy mirando con interés. Un saludo!

  3. Gracias Naren! Un placer leerte y aprender contigo. Y una pregunta: ¿Qué hay de «tradición» en lo de los 108 saludos al sol para celebrar inicios/fines de ciclos? Gracias!

    • Hola Laura:
      Gracias por tu comentario. El número 108 es un número sagrado y arquetípico en la tradición hindú, por lo que hay muchas acciones rituales que se realizan 108 veces, como recitar un mantra o postrarse ante la Divinidad. En el caso del Surya Namaskara moderno el uso del 108 remite a la tradición hindú aunque no haya pruebas textuales definitorias de si es una práctica física muy antigua.
      Un saludo

  4. Muy interesante Naren como siempre!
    Tenga una duda, has hablado de Aruṇa como la aurora que aparece en los Vedas y me gustaría saber si se puede hablar también de savitur como una deidad o un aspecto del sol o es algo distinto?
    Gracias!

    • Hola Nuria:

      Savitri es un nombre del Sol, específicamente en el momento en que sale por la mañana, el primer sol que da luz y vida. Por ello está relacionado con el Gáyatri mantra que se canta al alba. Savitur no es el nombre exacto ya que, en realidad, es un cambio gramatical del nombre Savitri en su condición de posesivo.
      Un abrazo

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