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El nacimiento de Kṛṣṇa y la verdadera identidad

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La semana pasada, Argentina (y no sólo) se vio conmocionada por la aparición de uno más (el 114) de los cientos de “nietos” que, apenas nacidos, fueron arrebatados de los brazos de sus madres secuestradas – y luego asesinadas – durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). Con sus madres y padres “desaparecidos”, fueron sus abuelas las que decidieron dedicar la vida a encontrar a esos nietos, ahora criados en otras familias e ignorantes de su identidad original. Así nacieron las famosas Abuelas de Plaza de Mayo, un símbolo de valentía y de resistencia cuyos estandartes actuales son la justicia, la verdad y la identidad.

La noticia fue especialmente sonada porque la persona aparecida es el nieto de la presidenta de la asociación de Abuelas y, además, porque él mismo voluntariamente solicitó hacerse una prueba de ADN, ya que las piezas de su pasado no le cuadraban del todo. Según él mismo cuenta, descubrir su identidad biológica es “maravilloso”, a la vez que no reniega de su familia adoptiva.

El chico es músico y sus padres biológicos también tenían inclinación musical mientras que la familia adoptiva no. Saber la verdad le ayuda a entender detalles de su personalidad como ese, por ejemplo. Por otro lado, ahora tiene dos nombres, dos fechas de cumpleaños y todos los medios de comunicación encima por unos días. El muchacho es de mi edad por lo que he intentado ponerme en su lugar y me parecería una situación compleja de gestionar. Al parecer él lo lleva bien.

Pongo este tema en el tapete porque esta semana, el domingo 17 de Agosto de 2014, se celebra Kṛṣṇa janmāṣṭamī (Krishna Janmáshtami), es decir el cumpleaños del Señor Kṛṣṇa y, según explica la tradición hindú, el nacimiento de Kṛṣṇa, que ocurrió hace más de 5000 años, tuvo lugar con su madre estando en forzoso cautiverio bajo el reinado dictatorial de un demonio que quería quitarle el niño y matarlo.

No pretendo hacer una analogía ni una comparación forzada entre el nacimiento del Señor Kṛṣṇa y la historia del último nieto aparecido, sino que aprovecho la coyuntura para relatar la conmovedora historia de cómo Kṛṣṇa encarnó en este mundo y reflexionar sobre la identidad real y sus implicaciones.

El nieto encontrado junto a su abuela.

El reino de Mathura estaba gobernado por el rey Ugrasena que tenía un hijo llamado Kaṁsa, que en realidad era un ser vil, un asura (un demonio), al que sólo le importaba su bienestar personal. Simbólicamente se dice que, de todas las malas cualidades, Kaṁsa representa la envidia. Kaṁsa tenía una prima-hermana llamada Devakī, que tenía buen linaje y era muy pía, a la que quería mucho, ya que él no tenía hermanas. Devakī fue entregada en matrimonio a Vasudeva, que también era un hombre espiritual y de gran familia. En el día de la suntuosa boda Kaṁsa estaba contento por su prima y hasta tuvo el cariñoso gesto de conducir el carruaje en que iban los novios.

En ese momento, se escuchó una voz que desde el cielo se dirigía a Kaṁsa: “¡Oh necio!, el octavo hijo de la mujer que estás llevando te matará”.

Apenas escuchadas estas palabras, Kaṁsa saltó del carruaje, agarró a Devakī por los cabellos y desenvainando su espada se aprestó a matarla allí mismo. Ya no le importó el parentesco, ni el amor filial, ni las leyes morales, ni mucho menos que se tratara de una mujer inerme; él sólo pensaba en protegerse a sí mismo. Entonces, Vasudeva intentó convencerle con grandes palabras de sabiduría sobre la consecuencia de los actos y los ciclos de la vida, pero el ego y la crueldad de Kaṁsa le impedían escuchar.

Ante la inflexibilidad de su cuñado, dispuesto a matar a Devakī sin piedad, Vasudeva empleó la única estrategia que encontró disponible para salvar su esposa: le prometió a Kaṁsa que le entregaría a cada uno de sus hijos al nacer ya que, según la voz celestial, eran ellos quienes le matarían y no Devakī. Kaṁsa aceptó la propuesta de Vasudeva y resistió el deseo de matar a su prima-hermana.

Cuando nació el primer vástago de la pareja (llamado Kīrtimān), Vasudeva que era un hombre de palabra, lo llevó con dolor ante Kaṁsa, que inesperadamente le perdonó la vida diciendo que sólo le preocupaba el octavo hijo. Sin embargo, esta magnanimidad duraría poco, ya que al poco tiempo Kaṁsa recibió la visita del sabio Nārada que le contó que todos los asuras serían pronto matados por una encarnación del dios Viṣṇu (Vishnu) y entonces sus dudas y temores, propios de un ser sin auto-control, le llevaron a tomar medidas drásticas: encarceló a su propio padre y se coronó rey, a la vez que encerró a Devakī y Vasudeva y mató al primer hijo de ambos y también a los que iban llegando.

De esta forma, Kaṁsa mató a los seis primeros hijos de Devakī y Vasudeva. Entonces Devakī quedó embarazada por séptima vez, aunque en esta ocasión el ser que llevaba en su vientre era una encarnación de Śeṣa (Shesha), la serpiente cósmica en la que reposa el dios Viṣṇu. Para evitar que sea atacado por Kaṁsa, el Señor Viṣṇu convocó a Yogamāyā, su energía ilusoria femenina, indicándole que transfiriera el niño del vientre de Devakī al de Rohiṇī, otra de las esposas de Vasudeva, que por temor a Kaṁsa ya se había refugiado en una aldea cercana de pastores (llamada Gokula). Cuando Yogamāyā hizo esto, dio la impresión de que Devakī había perdido al niño y nadie sospechó nada. De esta forma se estaba gestando el nacimiento de Balarāma, el hermano mayor de Kṛṣṇa.

A continuación, el mismo Viṣṇu, preservador del Universo, entró en la mente de Vasudeva y luego en el vientre de Devakī para hacerlos muy afortunados. La belleza y el brillo de Devakī estando encinta eran celestiales (“como el Este embellecido por la bienaventurada Luna”) y todos, incluido Kaṁsa, podían darse cuenta de que ella llevaba en su vientre un ser divino. A Kaṁsa le hubiera gustado matar a su prima embarazada pero como era un gran pecado que arruinaría su reputación y opulencia, decidió esperar a que naciera el niño.

Durante esa espera, Kaṁsa no podía dormir, ni comer, ni pensar, pues en todas partes –su cama, su plato, su trono – veía un niño esperándole, como augurio de su inminente muerte. Finalmente, en la octava noche de luna decreciente del mes hindú de Bhādrapada, exactamente a medianoche, mientras los dioses lanzaban flores del cielo, nació el niño Kṛṣṇa en su forma de Viṣṇu en la ciudad de Mathura. Así, en su forma trascendental confirmó a sus “padres” su identidad real y les explicó el motivo de su nacimiento, que era restablecer el dharma, el orden y la justicia, en la Tierra matando a todos los gobernantes y reyes corruptos y demoníacos.

Devakī y Vasudeva, llenos de devoción pero a la vez temerosos de Kaṁsa le pidieron a su hijo que retirara su forma cósmica y se convirtiera en un bebé normal para poder esconderse. Kṛṣṇa accedió y dio instrucciones a Vasudeva de llevarlo a la aldea de Gokula, específicamente a la casa de Nanda Mahārāja, el jefe de la aldea, pues su mujer Yaśodā (Yashoda) estaba a punto de dar a luz una niña. De hecho, esa niña no era otra que Yogamāyā, la potencia ilusoria del Señor Viṣṇu, que estaba siguiendo las órdenes del plan cósmico.

Gracias a esa misma influencia de Yogamāyā, las puertas de la celda donde estaban Devakī y Vasudeva se abrieron mágicamente y también se soltaron los grilletes que ataban a Vasudeva, que puso al bebé Kṛṣṇa en una cesta y salió al pasillo. Allí ya no se sorprendió al ver a todos los guardias dormidos y sencillamente salió del palacio en dirección al río Yamunā, el cual debía cruzar para llegar a Gokula. En ese momento comenzó una lluvia torrencial y la serpiente Ananta-Śeṣa desplegó sus mil cabezas para proteger al niño, a la vez que Vasudeva se acercó al río que estaba muy turbulento y, sin embargo, no dudo en meterse en las aguas, las cuales se abrieron para que Kṛṣṇa llegara salvo a su destino.

Al llegar a la casa de Nanda, todos los pastores estaban dormidos, incluyendo a Yaśodā, que por el esfuerzo del parto estaba agotada y ni tan solo recordaba si había tenido un niño o una niña. Entonces Vasudeva dejó al pequeño Kṛṣṇa en el lecho de Yaśodā y tomó consigo a la niña, que era una expansión de Yogamāyā, para regresar a la celda y ponerse los grilletes, como si nada hubiera pasado.

En ese momento los centinelas despertaron con el llanto del recién nacido y corrieron a informarle a Kaṁsa la esperada noticia, que a su vez saltó de la cama sin siquiera peinarse para ir a cumplir su obsesión de matar a los hijos de Devakī. Al llegar a la celda, Devakī le suplicó que no le arrebatara a este bebé ya que era sólo una niña y era indigno matarla. Pero Kaṁsa estaba cegado por el egoísmo y agarrando a la niña por las piernas intento estrellarla contra un muro. Entonces la niña, que era Yogamāyā, se escurrió indemne de las manos de Kaṁsa y elevándose a los cielos apareció en la forma de la feroz diosa Durgā e informó al vil rey que el niño que habría de matarlo ya había nacido en otro lugar.

Ese otro lugar era la vecina aldea de Gokula, en la que todos sus habitantes se congregaron en la casa de Nanda en cuanto amaneció para ver al hermoso niño. Los pastores (gopas) y las pastorcillas (gopīs) lo contemplaban embelesados como si fuera un loto azul, pues su color de piel era oscuro, cual “una nube cargada de lluvia”. De allí su nombre Kṛṣṇa, “el de color oscuro o negro”.

Por su parte, el malvado Kaṁsa tuvo un momento de arrepentimiento y pidió perdón a Devakī y Vasudeva, pero influenciado por su ruin consejo de ministros rápidamente volvió a sus maquinaciones de crueldad e inmoralidad, planeando matar a todos los niños que hubieran nacido en el reino durante los últimos diez días.

De todos modos, el destino estaba escrito y el niño Kṛṣṇa crecería sano y feliz en la aldea de pastores (primero Gokula, después Vṛndāvana – Vrindávana -), aunque no exento de variadas y jugosas aventuras que hoy no contaré. Si alguien está interesado en profundizar, la mejor fuente para conocer la niñez y vida de Kṛṣṇa es el Śrīmad Bhāgavatam.

Resumiendo, Devakī y Vasudeva son los padres biológicos de Kṛṣṇa, mientras que Yaśodā y Nanda son los padres “adoptivos” de Kṛṣṇa y quienes lo crían hasta los dieciséis años, edad en que se entera de su procedencia, sabe de su verdadera familia y regresa al palacio. Kṛṣṇa crece en el bosque como un pastorcillo de vacas, jugando y tocando la flauta, pero en realidad él es un kṣatriya (kshátriya), es decir que pertenece a la casta guerrera y tiene un destino de príncipe.

Esta “ignorancia” de su identidad original (aunque Kṛṣṇa en realidad lo sabe, claro), que puede parecer una desgracia en principio, en realidad sirve para que Kṛṣṇa pueda entablar con los gopas y gopīs de Vṛndāvana un tipo de relación (rasa) íntima y cercana que no es posible si uno es consciente de que está tratando con un príncipe, y menos con el Señor del Universo.

Es por esta relación íntima y amorosa entre los devotos y Dios, que los pasatiempos (līlās) de Kṛṣṇa durante su infancia y adolescencia son fuente de inspiración eterna para cualquier buscador espiritual.

Volviendo al nieto encontrado por las Abuelas e intentando cerrar el círculo, él también parece aceptar de buena forma sus dos identidades, aunque claramente el contexto es muy distinto. Ya he dicho que meterme en su piel me parece tarea compleja y tampoco quiero hacer comparaciones que no vienen al caso.

Sólo quiero decir que, desde el punto de vista espiritual, tal cosa como “la verdadera identidad” es nuestro propio Ser; es decir, aquello que es permanente y no cambia. Tener un nombre u otro; unos padres u otros; vivir en el campo o en palacio no afectan, según explican los sabios espirituales, la verdadera esencia de quienes somos (una esencia que algunos dirán es Divina, inmortal o absoluta dicha). Yo estoy de acuerdo y trato de vivir conforme a esa convicción.

De todos modos, también creo, en el camino a ese reconocimiento interior puede ayudar mucho conocer la propia identidad exterior, lo cual influye y ayuda para conocer nuestro dharma, es decir, nuestro deber y rol en esta vida.

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  1. Hola Naren, que día y que mes nació Krishna?? lo digo por que el año pasado se celebro el 28 de agosto, y este año sin embargo el 17….
    GRACIAS.

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    • Hola Rudra,

      Como dice el post, Krishna nació la octava noche de la quincena menguante del mes hindú de Bhadrapada y eso no cambia. Pero como ese calendario hindú es lunar, la fecha varía en relación al calendario gregoriano occidental. La mayoría de celebraciones religiosas hindúes se basan en el calendario lunar y, en realidad, eso también pasa en el cristianismo, por ejemplo con Semana Santa, que también cambia de fecha cada año.

      Un abrazo.

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  2. Álvaro Enterría

    Querría llamar la atención sobre la extrema similitud entre la imagen de Vasudeva llevando a Krishna sobre sus hombros mientras cruza el río y la imagen cristiana de San Cristóbal cruzando un río con el niño Jesús sobre sus hombros. He visto esa imagen hace poco pintada en la catedral de Toledo (¿o Segovia?).

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    • Néstor Clavijo

      También existe similitud entre la matanza de niños menores de 2 años ordenada por Herodes en tiempos de Cristo y la que desató Kamsa. Más aún, entre los nombres Krishná y Cristo. Cabe señalar que en la palabra sánscrita Krishná la “n” cerebral se pronuncia casi como “t”, es decir, “Krishtá”

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