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Ritual simple para adorar a tu deidad favorita

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Ritual simple para adorar a tu deidad favorita

Ritual simple para adorar a tu deidad favorita

Con frecuencia recibo mensajes o comentarios de lectores preguntando por la forma correcta de adorar a diferentes deidades, de hacerles un altar o de cantarles mantras. Estas consultas me impulsan a escribir sobre estos temas, aunque debo aclarar que yo no soy una autoridad en liturgia, no soy sacerdote hindú ni he estudiado los textos canónicos de adoración, sino que lo que sé acerca de la forma de hacer rituales (pūjās) lo he aprendido de mi maestro, Sri Swami Premananda.
Por tanto, lo que explico aquí se basa, sobre todo, en mi experiencia y también en diferentes fuentes fiables, por lo que puedo asegurar que el contenido es riguroso y cierto, aunque también es un hecho que existen otros métodos igual de válidos.
El año pasado escribí un post sobre cómo adorar a Ganesha «de forma simple», aunque quizás no era tan simple pues se trataba de un ritual relacionado con el tipo de adoración llamado ṣoḍaśopacāra pūjā (shodashopachara puja), es decir de «dieciséis ofrendas» y en el que se bañaba a la imagen de la deidad. Para muchas personas ese ritual ya puede parecer complejo y, por consiguiente, desalentarlos en la práctica de la adoración ritual. Para que eso no suceda, ahora quiero hablar del ritual tradicional conocido como pañcopacāra pūjā (panchopachara puja), es decir de las «cinco ofrendas», el cual es mucho más simple.
Estos cinco elementos son:

  • Incienso (dhūpa).
  • Pasta de sándalo (candana – chándana – o gandha).
  • Flores (puṣpa – pushpa -).
  • Comida (naivedyam).
  • Fuego y luz (ārati – árati-).


Cada una de estas ofrendas simboliza los cinco elementos materiales: el incienso representa el aire; la pasta de sándalo (que a veces puede ser acompañada por polvo de kuṅkuma, hecho a base de bermellón) representa la tierra; las flores el éter o espacio; la comida el agua; y la luz el fuego.
Sobre esto último, se trata de mostrar a la deidad luz y fuego con lámparas encendidas «que se mueven en círculos delante de la imagen». Dichas lámparas pueden tener una o más llamas y pueden ser alimentadas con alcanfor o, sobre todo en Occidente y para generar menos humo, con velitas hechas con mantequilla clarificada (ghī ghṛta – ghrita -) y algodón (prometo publicar en algún momento la técnica para hacerlas en casa). En otros casos, se pueden usar lámparas de aceite con una mecha de algodón o incluso una vela común y corriente.
En cuanto a la comida, puede tratarse simplemente de frutas o un plato más elaborado como arroz con leche, aunque siempre hecho por uno mismo pensando en la deidad y no un artículo comprado o industrial. Esos alimentos, una vez ofrecidos a la deidad, se convierten en prasāda, o sea «benditos», y son especialmente apreciados por cualquier devoto.
De las cinco ofrendas la única que podría ser difícil de conseguir en Occidente es el polvo de pasta de sándalo (la opción de polvo de kuṅkuma también tiene esa dificultad). El rol que cumple el sándalo está relacionado con el olfato, ya que en las pūjās se utilizan artículos para los cinco sentidos, directamente relacionados con los cinco elementos. Por tanto, el sándalo tiene como cualidad una deliciosa fragancia (gandha) y entonces si no se consigue sándalo quizás, y esto lo estoy diciendo yo y no las Escrituras, sirva otro elemento con aroma o perfume (que no sea incienso, que ya lo estamos usando aparte). Por ejemplo, y dependiendo del material del que esté hecha la imagen de la deidad, un aceite esencial de sándalo o similar podría ser un sustituto aceptable.

Si por ausencia de sándalo o cualquier otro motivo esta pūjā sigue pareciendo difícil, siempre es mejor simplificarla o adaptar una versión a la conveniencia personal que dejar de hacer el ritual (o nunca comenzarlo). La pereza no debe ser razón para detenernos, claro, pero tampoco hay que ponerse objetivos que no vayamos a cumplir. Cuando se trata de adorar a lo Divino, nadie mejor que Śrī Kṛṣṇa para decirnos en la Bhagavad Gītā (9.26) lo único esencial:

patraṁ puṣpaṁ phalaṁ toyaṁ yo me bhaktyā prayacchati /
tad ahaṁ bhakty-upahṛtam aśnāmi prayatātmanaḥ //

Una traducción bastante literal sería:

Quienquiera me ofrece una hoja, una flor, una fruta o agua con devoción /
eso, la ofrenda hecha con devoción y pureza, yo acepto //

Por tanto, si hay devoción y buen corazón no hay excusas para demorar la pūjā. Si la devoción no es tanta, entonces hacer la pūjā ayuda a fomentarla. En cualquier caso, uno debe hacer lo mejor que pueda.

Esta semana pasada (17 de agosto 2014), en el Centro Sri Premananda de Barcelona celebramos Kṛṣṇa janmāṣṭamī, el aniversario del nacimiento de Kṛṣṇa, y como la estatua que teníamos era de madera y no se podía bañar, cambiamos el abhiṣeka (abhisheka) de cada mes por una pūjā de «cinco ofrendas». Como había devoción, fue un éxito.
Si bien en este caso nosotros adoramos a Kṛṣṇa, la pañcopacāra pūjā es un procedimiento tradicional que puede ser realizado a cualquier deidad que uno prefiera. En el hinduismo hay muchas deidades (diferentes aspectos de una única realidad Suprema) y por eso existe el concepto de iṣṭa devatā (ishta devatá), es decir «deidad escogida», que viene a ser el aspecto de la Divinidad que más nos atrae personalmente y que nos genera especial afecto.
A esa forma de Dios que uno elige (muchas veces sin saber por qué), es a la que un buscador espiritual interesado en los rituales debería, entonces, dirigir su adoración y su devoción con regularidad.

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