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El curioso camino de la palabra dakṣiṇa

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Había una vez, y quizás lo sigue habiendo en algún otro plano, un rey llamado Dakṣa (pronúnciese Daksha) que es especialmente conocido por realizar grandes rituales de sacrificio, la práctica religiosa por excelencia de la civilización védica primigenia. Este rey, que también es un sabio, tiene un linaje nada despreciable, ya que es nacido del dedo pulgar de Brahmā (Brahmá), el dios creador. De hecho, Dakṣa es también considerado un demiurgo, aunque con el tiempo su relevancia inicial quedó relegada a la habilidad de hacer rituales.

Justamente, la palabra dakṣa viene del verbo sánscrito dakṣ (daksh) que quiere decir “ser útil, ser capaz, actuar para la satisfacción de…”. Por tanto, Dakṣa representa “la habilidad técnica del sacerdote para que el ritual sea efectivo” y su nombre puede ser traducido como “el hábil”, “el capaz” o, creo que mejor, “el diestro”. No hay que olvidar que, en la tradición védica, la correcta realización de los rituales hace posible el contacto de los hombres con los dioses. En este contexto, un ritual mal hecho o inacabado es una de las acciones más nefastas que se pueden concebir.

Ritual tradicional de fuego.

Tradicionalmente, el sacerdote no cobra honorarios por hacer rituales, como así tampoco los cobra el guru por enseñar espiritualidad. Sin embargo, se sobrentiende que tanto los beneficiarios de una ceremonia ritual como el discípulo de un maestro deben dar una donación como retribución a los servicios prestados. No sé trata de una política comercial, sino de un equilibrio entre lo dado y lo recibido, para no dejar pendiente ninguna deuda kármica.

Esta dádiva, ofrenda o donación se conoce con el nombre de dakṣiṇa (dákshina) o dakṣiṇā (dakshiná) ya que “es aquello que es dado de acuerdo a la propia capacidad (dakṣa)”. Es decir, la donación no es fija ni igual para cada persona, sino que debe adaptarse a las habilidades o capacidades de cada individuo, lo cual en sánscrito se conoce como yathāśakti (pronúnciese yatháshakti). Esto me recuerda, por contraste, a cuando me alojé en un āśram (áshram) en Delhi y por cada noche me pidieron una “donación” de 500 rupias.

Por otro lado, la dakṣiṇā no tiene que ser necesariamente en dinero. En el poema épico del Mahābhārata (Mahabhárata), por ejemplo, se encuentra la famosa historia en que el maestro de arquería Droa, por favorecer a su estudiante favorito, Arjuna (Árjuna), le pide a otro de sus estudiantes, Ekalavya, que como ofrenda le dé su dedo pulgar, fundamental para usar arco y flecha. Y Ekalavya, fiel a la tradición y por respeto a su maestro, se corta el dedo.

Ekalavya se corta el dedo frente a Droṇa y Arjuna.

Hasta aquí todo muy interesante, digo yo, pero bastante lineal. El recorrido etimológico de la palabra empieza a hacerse curioso cuando descubrimos que dakṣiṇa o dakṣiṇā también quiere decir “a la derecha”. Para entender este nuevo matiz de significado, que no es casual, es bueno saber que en la tradición hindú los rituales bien hechos, es decir con destreza, se realizan siempre con la mano derecha, es decir la diestra. La mano izquierda sólo se utiliza para “asistir” a la derecha cuando es necesario, por ejemplo sostener una lámpara mientras se la enciende.

O sea que siguiendo los sentidos de “habilidad” y de “diestro” se llega al significado de “a la derecha”. De allí tenemos la palabra pradakṣiṇā que se traduce como “circunvalación” y es una práctica tradicional de adoración que consiste en rodear un sitio u objeto sagrado (una ciudad, una montaña, un templo, un altar…) en el sentido de las agujas del reloj y, por ende, manteniéndolo siempre a nuestra derecha.

pradakṣiṇa o circunvalación.

Dando un paso más allá en los significados de la palabra dakṣiṇa vemos que también quiere decir “sur”. De hecho, la palabra española Decán que refiere a la meseta que forma el terreno del sur de la India deriva de dakṣiṇa ¿Qué relación tiene esto con “estar a la derecha”? Pues, que cuando uno mira al Este, la dirección solar y punto cardinal auspicioso por antonomasia, siempre es el Sur el que queda en nuestro lado derecho.

Es basándose en este último sentido de la palabra que existe un aspecto del Señor Śiva (Shiva) llamado Dakṣiṇāmūrti (Dakshinamurti), “la forma del Sur” o “que mira hacia el sur”. Se trata de Śiva en su aspecto de maestro universal, el primer guru de la humanidad, personificando sobre todo el camino de la sabiduría y del conocimiento espiritual. Śiva es el asceta máximo, Señor de los yoguis, y tiene su morada principal en los Himalayas, en el límite norte de la India. Por tanto, desde las nevadas montañas, él enseña mirando hacia el sur (dakṣiṇa).

¿Por qué hacia el sur? Desde el punto de vista geográfico, la vasta tierra india está al sur de los Himalayas y es allí donde originariamente se encuentran los devotos de Śiva. Desde el punto de vista simbólico, el Norte representa el centro, por lo que la luz del conocimiento sale del núcleo hacia la “periferia” que es el Sur. Desde el punto de vista esotérico, el Sur es la dirección de la muerte y del cambio y, en ese sentido, no hay que olvidar que Śiva es el dios de la destrucción/regeneración o, para que suene más amable, de la transformación.

Iconográficamente, Dakṣiṇāmūrti es representado como un joven resplandeciente, sentado debajo de un árbol baniano, rodeado de ancianos sabios que son sus discípulos, lo cual demuestra el nivel de sabiduría de “el dios del Sur” que, además, se explica que enseña en silencio. Asimismo, en sus manos, que son cuatro, puede llevar el tambor, la serpiente, el fuego, el mālā (rosario de cuentas) o las Escrituras védicas. Siempre está poniendo un pie sobre Apasmāra, el pobre demonio que personifica el olvido o la ignorancia.

En honor a esta manifestación del conocimiento y la enseñanza espiritual, el gran santo y filósofo hindú del siglo VIII, Ādi Śaṅkarācārya (Adi Shankaracharya), escribió un conocido himno de alabanza llamado Śrī Dakṣiṇāmūrti Stotram (Shri Dakshinamurti stotram) que, además de describir las cualidades específicas de la deidad, resume la filosofía no-dualista que afirma que “Todo y Todos somos Dios” pero no podemos verlo debido al velo de la ignorancia.

Una versión tradicional y completa de este himno puede escucharse a continuación:

Y así llegamos al final de este curioso camino etimológico que nos terminó llevando al Sur, no sé si con la destreza necesaria o no, pero siempre siguiendo las huellas de la espiritualidad.

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  1. Juan Vicente

    Cuánto sabes de la India, Naren. Me alegro de estar suscrito al blog. Aunque personalmente no creo en todo esto de los dioses.

    Responder
    • Hola Juan,

      Gracias por tu comentario. No sé tanto, sólo tengo buenas fuentes de información 🙂

      El tema de los dioses es muy amplio y hay diferentes escuelas y puntos de vista. Mi maestro, Sri Swami Premananda, dice que “es una pérdida de tiempo tratar de averiguar de los libros sagrados si hubo un Dios con cabeza de elefante o si el Señor Shiva realmente existió o no. Esto es una tradición ortodoxa que ha sido seguida por más de cinco o seis mil años. Si empiezas a investigar si todo esto es verdad o no, esta investigación te alejará del camino espiritual. Deberías entender que, desde tiempos antiguos, la adoración de deidades fue diseñada para que Dios, o la energía universal, que impregna todos y cada uno de los átomos en este universo, pueda ser representado de una forma simbólica”.

      En ese contexto, la pregunta principal, para mí,es si uno cree o no en ese Dios único o energía primordial universal. A partir de allí, cada persona puede relacionarse con esa energía de formas diferentes, según sus necesidades.

      Un saludo.

      Responder
  2. Yo también creo que tienes un gran conocimiento sobre India y que no dejas de seguir incrementándolo, y aunque te justifiques con que te rodeas de buenas fuentes es indiscutible que, ese conocimiento, lo sabes transmitir muy bien, contribuyendo a tener otra perspectiva de lo que se sabe aquí sobre ciertos matices de ese gran país.

    Responder
  3. Pingback: The Story Of Eklavya For Kids

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