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Tiruvannamalai

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Siempre en el sur de la India, a unos 200 Km. de distancia del Ashram, se encuentra la sagrada ciudad de Tiruvannamalai.  Se trata, específicamente, de una de las cinco ciudades sagradas para el Shivaísmo en el sur de la India.

 

Para refrescar: el Shivaísmo es la rama del Hinduismo que adora básicamente a Shiva, la deidad que, de la Trinidad principal (BrahmaVishnuShiva) representa la destrucción en el ciclo del universo.

 

Hay dos razones principales para que Tiruvannamalai tenga este status sagrado.

Primero, el templo de Annamalaiyar, uno de los más grandes de la India que está dedicado, por supuesto, al Señor Shiva.

Segundo, la presencia de la montaña de Arunachala.

Los que intuyen que esta montaña también es sagrada no se equivocan.

 

En las antiguas escrituras se describe una disputa entre Brahma, el creador, y Vishnu, el preservador, para ver quien de los dos era superior. Para recomponer el caos que había creado esta discusión, Shiva se manifestó como una columna de fuego y luego tomó la forma de la montaña, que a la sazón es considerada una de sus moradas.

 

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Pradakshina y Elefante

 

En el Hinduismo hay tradición de circunvalar (en sánscrito, pradakshina), es decir rodear, los sitios sagrados, ya sean templos, edificios, altares o, en este caso, montañas. Se trata de una costumbre milenaria que en Tiruvannamalai es sobre todo populosa en las noches de luna llena.

 

En nuestro caso, pues lo hice con mi padre, la realizamos a plena luz, un día normal.

La tradición dice que el peregrinaje, de alrededor de 10 Km., ha de hacerse con los pies descalzos, pero en nuestro caso preferimos hacerlo a la usanza occidental y nos pusimos nuestras sandalias.

 

Salimos con mi padre, temprano en la mañana, y nos dirigimos al difuso sendero que rodea Arunachala. Por fortuna, había tres hindúes comenzando la caminata y gracias a ellos pudimos hallar el sendero con facilidad.

Pero claro, como ellos iban descalzos, nosotros no tardamos en sobrepasarlos, con cierta suficiencia, hay que decirlo.

Un rato más tarde, estábamos nuevamente desubicados y se debía a que habíamos equivocado el rumbo. Volvimos sobre nuestros pasos, con la cola entre las piernas, y fuimos otra vez guiados por los peregrinos descalzos.

Luego de un tiempo nos volvimos a adelantar, ya que ahora sí el sendero estaba marcado por flechas, y así era fácil aparentar las virtudes de Cocodrilo Dundee.

 

El recorrido no nos pareció muy complicado y en poco más de tres horas ya habíamos dado la vuelta completa.

 

arunachala5

 

Ya por la tarde, luego de un descanso, visité junto a mis padres el famoso templo de la ciudad.

Allí, como en muchos templos de la India, nos encontramos con una elefanta que se anuncia como santa. No se anuncia ella misma, claro, sino que lo hace su dueño o cuidador.

La cuestión es que a cambio de una moneda la elefanta da una bendición.

Sin dudarlo, siempre dispuesto a las bendiciones, puse dos rupias en la trompa de la elefanta, que esto si lo hace ella.

 

Para mi sorpresa y, admitámoslo, también susto, la elefanta me asentó la trompa en la cabeza para darme la bendición. Todo sucedió tan rápido que sólo atiné a cubrirme la cabeza, así que decidí repetir el ritual, con otras dos rupias y ya prevenido sobre el mecanismo, esta vez sin miedo a que me peguen un trompazo.

 

Ramana Maharishi

 

La montaña de Arunachala ha atraído a lo largo de la historia a muchos sabios y santos a sus pies.

El ejemplo por antonomasia es Ramana Maharishi (1879-1950) quien a los dieciséis años fue cautivado por la energía de Arunachala y vivió el resto de su vida junto a ella. Al principio, en sus escondidas cuevas practicando una vida ascética de constante meditación; luego a sus pies, en el ashram (Ramanasram) que construyeron los discípulos que se fueron acercando con los años.

 

La historia de Ramana Maharishi es cautivante. Cuando tenía trece años su padre falleció y entonces Ramana tuvo su primer contacto directo con la muerte. Ya con dieciséis años tuvo la experiencia mística que le cambiaría la vida, que él mismo así describe:

 

“Estaba sentado sólo en una habitación de la casa de mi tío. Raramente yo tenía alguna enfermedad y ese día no había nada malo con mi salud, sin embargo un repentino y violento miedo de morir se apoderó de mí. Simplemente sentí que iba a morir y empecé a pensar en qué hacer. La conmoción del miedo a la muerte dirigió mi mente hacia adentro y me dije mentalmente, ‘La muerte ha venido, ¿eso qué significa? ¿qué es esto que está muriendo? Este cuerpo muere’.

 

Entonces, sin más, teatralicé el suceso de la muerte. Me acosté con mis miembros estirados y duros, como si estuviera en rigor mortis, e imité un cadáver para darle mayor realismo a la investigación. Contuve mi respiración y mantuve mis labios estrechamente cerrados para que ningún sonido pudiera escapar, ni siquiera la palabra ‘Yo’ pudiera ser dicha.

‘Pues bien’, me dije, ‘este cuerpo esta muerto. Será llevado tieso al crematorio y allí será reducido a cenizas. Pero con la muerte del cuerpo, ¿estoy yo muerto? ¿Soy yo el cuerpo? Está callado e inerte, pero yo siento toda la fuerza de mi personalidad e incluso la voz del Yo dentro de mí. Por ende, soy el Espíritu trascendiendo el cuerpo. El cuerpo muere pero el espíritu que lo trasciende no puede ser tocado por la muerte. Eso significa que soy el Espíritu inmortal’.

Entonces, el miedo a la muerte se desvaneció de una vez para siempre. El ego se perdió en la inundación de la Auto-conciencia”.

 

Derivada de esta experiencia, la enseñaza fundamental de Ramana Maharishi puede ser concentrada en la práctica de la auto-indagación, basada en la pregunta “¿Quién soy yo?”.

 

Para fomentar esta práctica el santo enseñaba en silencio.

Básicamente, Ramana daba darshan (del sánscrito”visión”, es decir, la posibilidad de ver una persona santa) en silencio; “un silencio tan profundo y poderoso que detenía las mentes de los ardientes buscadores espirituales que eran atraídos hacia él de todas partes del mundo”.

 

Inevitable era entonces la visita al Ramanasram, que a pesar de su fama continúa siendo pequeño, pacifico y sumamente acogedor, donde pavos reales y monos andan libremente sin que nadie los moleste. El ashram tiene tanta energía que uno podría quedarse por horas dando vueltas y mirando los pocos detalles que hacen de este sitio una fuente de espiritualidad.

 

Se puede visitar la habitación donde el santo dejo su cuerpo, en 1950, y en la que todas sus pertenencias han permanecido tal cual desde entonces. Incluso el reloj fue detenido a la precisa hora que Ramana abandonó su cuerpo.

 

Además, hay un salón con fotos del santo, y la más especial es una gran imagen suya, sentado sobre una piel de tigre y con una mirada penetrante. La vibración y la energía que fluyen de esa fotografía son realmente muy poderosas.

 

Punto principal de la visita a este retiro es la habitación en que el gran santo silencioso solía dar su darshan a los devotos y visitantes. Se mantiene el sillón-cama donde Ramana se sentaba y como todo lugar en que ha vivido y vibrado un santo, la energía es fuerte, y en este caso, reposada.

 

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Videomatch revival

 

Quienes hayan leído la última entrega del blog recordarán aquélla disyuntiva entre “ver Videomatch o la felicidad”.

Pues bien, muy conocido es el proverbio que dice “el hombre es el único animal que choca dos veces con la misma piedra”.

Fue así que sentado con piernas cruzadas en la habitación del darshan cerré los ojos y me quise entregar a la contemplación.

Como sabemos, la mente es una constante ir y venir de pensamientos, ideas e imágenes y justamente lo más difícil del mundo es aquietar esa bestia indomable.

 

Es bueno recordar que por aquel entonces yo estaba de novio y por los tres meses que duraba mi viaje en la India ella habría permanecido en Argentina.

Por esa época, el recuerdo de mi novia era constante, a veces con amor, a veces con añoranza, otras veces con expectativa.

 

En algún punto de esta lucha por aquietar la oleada de pensamientos, mi mente se detuvo en una cuestión, era una pregunta que yo me hacía a mi mismo, y que me transportaba años hacía atrás:

“Si pudieras elegir entre tener a tu novia entre tus brazos o iluminarte en este mismo instante, lo cual es la meta de tu vida  ¿qué elegirías?”.

 

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Como en aquella noche de mi adolescencia, la respuesta lógica desde el punto de vista filosófico es, una vez más, para mí evidente.

Con razón, algunos dirán que una persona no es un programa de televisión, y es verdad que en este caso el análisis tiene sus matices.

 

Si argumentamos que compartir la vida con otra persona tiene sentido ya que nos sirve para dar y recibir amor, y así también para crecer de manera interior y madurar en esta vida con el objetivo siempre en mente de ser feliz que, siendo un buscador espiritual, se puede traducir como llegar a un estado de iluminación, entonces la oferta de iluminarse allí mismo no es otra cosa que la meta de la vida.

 

Una vez iluminado ya no importaría tener o no tener pareja, pues, según se dice, el universo entero es uno contigo, y uno no experimenta nada parecido al dolor o la soledad, sino que hay una felicidad constante e incondicionada.

 

Por supuesto que muchos estarán en desacuerdo con todo este planteamiento, pero en ese entonces eran los presupuestos que yo manejaba.

Y por si había dudas, mi respuesta interior no fue “Iluminación”.

 

Retrospectiva auto-comprensiva

 

A pesar de haber elegido filosóficamente mal la primera vez y también la segunda, no creo que hubiera podido ser de otra manera.

El ser feliz, ya ha sido dicho, es una decisión para la cual hay que soltar ciertas cosas en pos de otras. Pero no es solamente, según mi punto de vista actual, una cuestión de coraje, sino que además hay etapas que pasar.

Quiero decir que hay un pasado que nos condiciona (que según el Hinduismo se remonta a muchas vidas atrás y no sólo esta) y una serie de hábitos y tendencias que para ser modificados van a llevar más que una sesión de metafísica con piernas cruzadas.

 

A pesar de todo esto, sigo creyendo en la felicidad completa e incondicionada que se logra al encontrar la propia esencia o al iluminarse.

Creo firmemente en la enseñanza de la auto-indagación de Ramana Maharishi, no sólo como fórmula para alcanzar la iluminación sino como herramienta para entender dinámicas internas de la propia personalidad, que a veces son muy sutiles de captar.

 

Inevitablemente, este tema me lleva a citar a Swami Premananda, que dice:

“Sólo sumergiéndote en lo más profundo de ti podrás experimentar la verdadera felicidad”.

A lo cual agrego su consejo práctico: “Emplea algún momento durante el día, o bien durante la semana, con el propósito de estar contigo mismo y permanecer en paz. Si tú mismo no sabes siquiera quien eres, ¿cómo vas a averiguar quién es Dios?”.

 

Con todas estas ideas todavía revueltas en mi cabeza, dejé Tiruvannamalai hacia el próximo destino, siempre aferrándome a las palabras de Swami Premananda, que  repicaban en mis oídos:

“Busca en lo más profundo de ti. Todo está dentro de ti”.

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  1. Amigo: me tomo cinco minutos, me tomo unos tererés y me pongo al día con el blog… qué placer!!!! Un abrazo caluroso ( literalmente!!) desde el Chaco!!! Maca

    Responder
  2. Amigo, felicitaciones que tremenda bendición haber estado ahi, y la forma en que cuentas la historia mas clara que todos,
    espero en mi proximo viaje a India ir a la montaña de Arunachala si Dios quiere y me acordare de ti.

    Un abrazo grande y mil bendiciones para ti.

    ximena.

    Responder
  3. Estimado hijo de vecino:

    Me ha “llegado” tu mensaje y realmente estoy por viajar para alli proximamente, realmente no tengo aún la fecha. Me encantaria poder conectar contigo por internet para hacerte un par de preguntas que me ayudarían a decidir cuaando. Te agradezco desde ya y espero tus comentarios. Hasta prontito.

    Responder
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