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Origen y la meditación

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Esta semana fui a ver “Origen” (“El Origen” en Latinoamérica, e “Inception” en el original inglés), que seguramente será la película de ciencia ficción del año, un poco por su presupuesto y sus efectos especiales, otro poco porque está buena. Al menos a mí me gustó, más allá de algún detalle discutible en cuanto a la trama.

Pero no se asusten. No estoy planeando contar los pormenores de la película, ni adentrarme en el debate de las libertades narrativas del género fantástico, ni tampoco pretendo hacer una personal reseña cinéfila sobre el último film de Christopher Nolan.

En realidad, el ver la película me hizo pensar en la mente y sus métodos, por lo que mi intención es analizar, aunque escuetamente, ese tema en relación a la meditación. No se trata de un intento pedagógico ni ilustrativo, sino más bien de una reflexión individual hecha en voz alta, con las relatividades del caso.

Trama

Es verdad que el film versa sobre los sueños y la posibilidad de meterse en el inconsciente de un soñador para “robar” información que éste, profundamente dormido, entrega con mayor disposición al encontrarse sumergido en un estado que vulnera los habituales guardianes de la conciencia. Sin embargo, estas luchas y aventuras dentro de la mente del soñador me llevaron a pensar en la meditación.

Por alguna razón, al ver la película, Nuria hizo una asociación similar entre la meditación y la mente. Esto me llevó a pensar que mi interpretación personal no era tan desentonada, y animado por los consejos de Nuria, decidí profundizar la cuestión.

Evidentemente, según los intereses y puntos de vista de cada persona, uno le da el propio sesgo personal a cada hecho del mundo. Es decir que si uno piensa con frecuencia (o al menos últimamente) en las dificultades que tiene durante la meditación para dominar a la mente, puede que sea natural encontrar esa relación dialéctica en una película que trata sobre espionaje industrial de sueños.

Ya sé que prometí no contar la trama del largometraje protagonizado por Leo DiCaprio, y no pienso romper esa promesa. Pero para justificar mi proceso asociativo es importante explicar algo sobre el disparador inicial: En resumidas y toscas palabras, unos tipos tienen la capacidad de entrar en la mente de las personas mientras duermen, pero para hacerlo ellos también deben estar durmiendo. Una vez dentro del sueño ajeno, estos ladrones tienen dos premisas básicas; por un lado, manipular de manera sutil la mente del soñador; por otro lado, no dejar que sus propias mentes interfieran de forma excesiva en el sueño ajeno, lo cual terminaría descarriando el “proceso natural” del soñador, portando así el fracaso de la operación.

Sin la intención de profundizar en este complejo argumento de ciencia-ficción, puedo decir que fueron los primeros minutos de la película (cuando se plantean los conceptos arriba expuestos) los que me hicieron pensar en la dificultad de dominar la mente. De ahí, la asociación con la meditación.

Vertientes

Hace algunos meses publicaba la crónica sobre SuperMeditator, un súper-héroe espiritual que acude en la ayuda de los “meditadores” para así hacer frente a las luchas internas que éstos tienen a la hora de sentarse a meditar. Una lucha que se debate entre las cualidades positivas del atman (“alma” o “esencia espiritual”) y las cualidades negativas de la mente.

En aquella crónica, también explicaba que para conocer el propio atman es necesario hacer cesar todos los pensamientos que surgen en nuestro interior. De esta manera, el principal “enemigo” a la hora de meditar sería nuestra propia mente, incansable generadora de pensamientos, imágenes y estímulos.

De allí la expresión “mente mono” que tan frecuentemente utiliza Swami Premananda para denominar el estado natural de la mente humana. Es decir, una metáfora para ilustrar cómo la mente del ser humano está siempre saltando de un pensamiento hacia otro, de una idea hacia otra, de la misma manera que un mono salta de una rama a otra del árbol.

Asimismo, basándome en conceptos aprendidos en un curso de meditación, dije que el objetivo de la meditación era dejar “la mente en blanco”, ya que al eliminar la incesante retahíla de pensamientos uno podría profundizar en su verdadero ser, que está más allá de la mente y que, llámese como se llame, habría de ser de naturaleza eterna y Divina.

A este respecto, por aquel entonces me llegaron algunas palabras de desacuerdo, pues me dijeron que el objetivo de la meditación no es poner la mente en blanco sino poner la mente en un punto. Es decir, concentrar la mente en un elemento (que puede ser la respiración, un mantra, una imagen) y tratar de mantenerla allí.

Enfrentado a esta dicotomía, mi análisis es que me parece más fácil concentrar la mente en un elemento “exterior”, pues la dinámica de la mente es tan inasible que el tener un objeto al que aferrarnos nos ayuda a mantenernos “en nosotros”, en lugar de irnos con los pensamientos.

Que diga que una técnica me parece más fácil que otra no quiere decir, por supuesto, que concentrarse en un elemento sea pan comido. Para nada. Invito a cualquiera a hacer el intento.

Para ello, debe tenerse en cuenta que si la intención es aquietar la mente, aquello en que focalizamos nuestra atención deber ser, por regla general, un elemento “espiritual”. O sea, una idea o un concepto (ya sea en palabras o imágenes) que remita a valores que se encuadren como espirituales, tales como amor, verdad, paz, luz, y también, si corresponde, Dios. La razón de esto es que dichos conceptos portan de suyos, desde hace cientos de años, una carga significativa favorable, una energía positiva que es aceptada universalmente.

Está claro que puede haber personas particulares que elijan conceptos fuera de la “norma”, pero como consejo general, es siempre más efectivo focalizarse, por ejemplo, en un tranquilo haz de luz que en el último gol de Leo Messi, que con probabilidad nos llevará a pensar en otras escenas del partido y finalmente en nuestro soñado debut en el Camp Nou, como delantero centro (cualquier semejanza con la mente del autor es mera coincidencia).

Ya ha sido dicho que no hace falta creer en Dios o en una religión para sentarse a meditar. Simplemente basta desear, por ejemplo, paz mental o auto-conocimiento. Es por ello que fijar la atención en la respiración es quizás el método más utilizado de meditación, pues se trata de un elemento siempre presente, universal, y que no admite discusiones ideológicas.

Asimismo, la respiración es, de todos los aspectos del ser humano, el que más claramente reúne las paradójicas características de ser un proceso fisiológico totalmente vital al cuerpo físico, a la vez que un proceso intangible, invisible y sutil asociado con lo no-material, y también desde siempre con el hálito de vida.

Blanco

Volviendo a las dos vertientes antes mencionadas, la opción de la “mente en blanco” sostiene que “Concentración no es Meditación”. Es por ello que se pregona la técnica de dejar pasar los pensamientos (“corriendo como caballos salvajes”), sin seguirlos, sin subirse a ellos, hasta que un buen día dejen de pasar y la quietud sea total.

Este método me parece más difícil que el anterior, simplemente porque poner la mente en blanco es algo muy complicado, al punto de que muchas personas lo tildan de imposible, diciendo que, en el mejor de los casos, lo que uno pensaría en ese momento sería algo así como “tengo la mente en blanco”.

Entiendo ese razonamiento y, mal que me pese, también lo padezco en carne propia; sin embargo, creo que si detrás de nuestra incesante mente, de nuestra marea de pensamientos, hay un alma, un ser esencial, una verdad que debe ser conocida, entonces surgirá cuando hayamos dejado en blanco nuestra mente. Sería ridículo que hubiera una verdad esencial esperando y que no hubiera forma de alcanzarla. Quiero creer que es cuestión de práctica. Al menos, eso dicen los sabios espirituales.

Pero mi intención no es polemizar entre dos técnicas de meditación. Tampoco es elegir una ganadora entre las dos. A fin de cuentas, ya sea concentrándonos en un elemento, o buscando vaciar nuestra mente de pensamientos, la meta final es siempre la misma: conocer aquello que subyace a las inestables olas de la mente; conocer nuestra verdadera naturaleza espiritual.

Y eso no es tan fácil ni tampoco, como siempre dice Swami Premananda, conoce de atajos. Cada persona debe elegir la técnica que mejor se adapte a la necesidad de cada uno, pero a fin de cuentas lo que hace falta es práctica y disciplina.

Thayumanavar

Thayumanavar fue un gran poeta y filósofo tamil del siglo XVIII, pero sobre todo fue un santo. Es por ello que sus poemas e himnos tienen profundas enseñanzas espirituales, como el que transcribiré a continuación, tal como fue citado por Paramahansa Yogananda en su “Autobiografía de un yogui”:

Puedes gobernar un elefante loco;

puedes cerrar la boca del oso y del tigre;

puedes cabalgar en un león;

puedes jugar con la cobra;

por medio de la alquimia podrás ganarte la vida;

puedes vagar por el universo sin ser conocido;

puedes hacer de los dioses tus vasallos;

puedes conservarte siempre joven;

puedes caminar sobre el agua y vivir en el fuego;

pero gobernar la mente es mejor, y más difícil.


Personalmente, este poema me gusta mucho y me parece enteramente acertado. En él se explica uno de los grandes secretos de la filosofía espiritual: conquístate a ti mismo y conquistarás al mundo. No en un sentido megalómano, sino en un sentido existencial basado en la milenaria regla de “si quieres cambiar el mundo, primero cámbiate a ti mismo”.

Es decir, poco valen los artilugios extraordinarios, de nada sirven los poderes sobrenaturales, si no eres capaz de gobernarte a ti mismo. Justamente una de las ideas que me confirmó la película Origen; donde por más que los espías oníricos dispusieran de un fantasioso dispositivo para entrar en los sueños de las personas, tanto la mente ajena (víctima) como la propia (victimario) se convierten en territorio impredecible si no lo sabes dominar.

Y teniendo en cuenta que la meditación es el método por excelencia para aquietar y dominar la mente, puede que no sea tan descabellado encontrar estas asociaciones al ver la película. Se lo voy a comunicar a Nuria, seguro que se alegrará.

Imágenes:

microsiervos.com

koffi1948.spaces.live.com

abladias.tumblr.com

tamilhindu.com

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  1. Sí que me alegro!
    Ahora, recordando el principio de la peli, me doy cuenta del momento en que la asocié a la meditación:
    “¿Cuál es el parásito más resistente? Una idea (..) Una vez que una idea se ha apoderado del cerebro es casi imposible erradicarla (…)”

    Responder
  2. Estando de visita Nitya Mataji aqui, dando el curso de meditación, dijo una vez, mirando a la Blanquita, nuestra gata, la mente debe estar así, como la de ella, sin hacer nada, solo siendo.- El poema de Paramahansa Yogananda me conmueve, siempre ilustra con tana sabiduría lo que quiere decir! Jai Prema Shanti

    Responder
  3. Para todos aquellos que os atormentais con las ideas sobre lo que debe ser y os aferrais a lo que ha sido. Leed a Jiddu Krishnamurti. Y despues aplicadlo a vosotros. Solo existe la incertidumbre. Eso es lo que el pensamiento no quiere encarar. Y ahi no hay tiempo. Lo cual es belleza en su misma por que el tiempo psicologico es una idea.
    Un saludo

    Responder

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