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Prasadam, gesto de devoción

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En diversas ocasiones he dicho que en la India hay infinidad de elementos considerados sagrados. Comenzando naturalmente por las personas santas; pasando por templos y accidentes geográficos (montañas, ríos, lagos…); y también incluyendo fauna (vacas, elefantes, ratas…) y flora (la flor de loto, el árbol de nim, la planta de tulasi – un tipo de albahaca -).

Teniendo en cuenta esta facilidad para juzgar la sacralidad, uno podría pensar que se pierde, en cierta forma, el carácter “especial” de estos elementos, para convertirse en apenas una superstición o simplemente en una pintoresca anécdota, que de tan entremezclado con la cotidianeidad se confunde y difumina entre los elementos no sagrados.

Es decir, en un mundo, sobre todo occidental, en el que, al menos desde una óptica espiritual, hay cada vez menos elementos que se juzguen sagrados, justamente por su necesaria condición de símbolos de elevación o trascendencia a lo normal, la presencia ubicua y constante de sacralidad es vista, a veces, como una excéntrica muestra de inocencia.

¿Cómo, se preguntan algunos, lo sagrado podría ser tan asequible para ser encontrado en todos los reinos (mineral, vegetal, animal), en todas las latitudes, hasta en hechos cotidianos que son mera rutina?

Respuesta

La respuesta es simple y, creo, va más allá de mitologías o supuestos paganismos. La filosofía espiritual de la India afirma que la Divinidad, o mejor, la energía Divina, está en todas partes, y por ende, se vive en consecuencia a esa idea.

Por un lado, en la India, como pasa en otros países orientales y en las culturas precolombinas, así como en antiguas civilizaciones del mundo, la Naturaleza y sus manifestaciones (sol, luna, ríos, montes) son consideradas sagradas. Se podría decir que esto no es una novedad. En realidad, para muchos es una práctica obsoleta rayana con el animismo.

Por otro lado, en la India, como en otros países, hay lugares, ciudades, templos y ermitas considerados sagrados. Creaciones del ser humano donde se supone habita la Divinidad. Tampoco esto es novedoso. No hay religión que desvalorice esta creencia.

La diferencia de estas extendidas costumbres religiosas y espirituales con su aplicación en la India, es el mantenimiento indisimulable y público, que hacen las personas piadosas, de la creencia que la Divinidad es omnipresente. O sea, la constante presencia de la espiritualidad en la vida diaria.

Lo cual hace que la descalza circunvalación a una montaña sagrada o la limosna al monje mendicante, no sólo sean signos de piedad religiosa, sino gestos externos de una verdad asimilada: “Oh Señor, Tú eres mi madre, mi padre, mi hermano y mi amigo / Tú eres mi sabiduría y mi única riqueza / Tú eres todo para mí, el Dios de los Dioses”.

Alimento

Siguiendo esta línea, en el Hinduismo hay una categoría de elemento consagrado que se denomina prasadam (también prasad o prasada), y que literalmente significa “regalo misericordioso”. Para que nos entendamos, se podría definir como un artículo que queda bendecido luego de estar en contacto con la Divinidad o la energía de la Divinidad.

Siendo estrictos, se podría decir, entonces, que el prasadam pasa de ser un elemento ordinario a estar bendecido, gracias a su contacto con un elemento sagrado (ser ofrecido a una deidad; ser tomado de un lugar sacro; ser recibido de un santo…) No sería, en sí, un elemento sagrado absoluto, por llamarlo de alguna forma, sino más bien, un artículo que merced a la bendición recibida por su contacto con lo sagrado, asume un status extra-ordinario.

No obstante dijimos que, según la filosofía espiritual, la energía Divina está en todas partes, el hecho de que un alimento, para ser considerado bendito, necesite entrar en previo contacto con lo sagrado, tiene su razón de ser en las convenciones religiosas, claro, pero sobre todo, en la importancia de los símbolos en la práctica espiritual, tal como comentábamos en la crónica de la semana pasada.

Si bien el prasadam tiene muchas facetas, la más conocida es la alimenticia. O sea, el alimento bendito. Para ello, un devoto puede hacer una ofrenda, tradicionalmente de frutas (bananas y cocos los primeros), a una deidad particular, ya sea en un templo o en un altar particular; y luego de realizar la liturgia correspondiente (que puede ser un ritual complejo y largo, o algo tan sencillo como una oración), ese alimento ofrecido se considera bendito.

A este respecto, el pan y el vino de la eucaristía católica, con sus diferentes matices, son una versión occidental, y quizás más familiar, de un alimento bendito a través de un ritual.

Variantes

Cuando se habla de alimento bendito no siempre es sólido y también puede ser líquido, como es el caso del agua. Siguiendo con la analogía entre religiones, en las iglesias católicas es normal que haya “agua bendita”, la cual ha sido bendecida por el sacerdote.

De la misma forma, el agua ofrecida a una deidad puede considerarse bendita. El nombre que esto recibe en el Hinduismo es thirtam, y puede tratarse tanto del agua resultante de un ritual, como también del agua ya existente en lugares sagrados, generalmente en piscinas o pozos, como en la ciudad india de Rameswaram.

En el caso del Catolicismo, me viene a la mente el agua del manantial de Lourdes, en Francia. En mi caso, que no he visitado Lourdes aún, sí tengo en mi altar una vasija de agua bendita, extraída directamente en el nacimiento montañoso del río Ganges.

Como variante a lo comestible (o bebible), otra ofrenda tradicional son las guirnaldas de flores, o flores sueltas. La diferencia aquí es que, una vez ofrecidas a la deidad, uno se puede llevar esas flores a casa (si es que ya no estaba en ella) y simplemente ponerlas en su altar o lugar de oración.

Si hablamos de visitar templos o lugares sagrados, la tradición marca como correcto el llevar algún tipo de ofrenda, pues se considera inadecuado llegar a la Divinidad con las manos vacías. Evidentemente, la Divinidad no querrá más o menos a un devoto por lo que traiga en sus manos, sino que, una vez más, se trata de gestos de piedad relacionados con la importancia de los símbolos espirituales.

Asimismo, si uno hace una ofrenda en un templo hindú, por lo general saldrá con algún tipo de prasadam extra (además de sus propias flores o frutas), que bien pueden ser polvos sagrados – como el polvo rojo kumkum – en la frente; pétalos secos benditos; o una bolsita de vibhuti (es decir, ceniza sagrada), siempre cortesía de los sacerdotes.

Usos

Al respecto de los protocolos, es ley que el prasadam sea dado y recibido con la mano derecha (como tantas otras acciones de la vida diaria).

A su vez, cuando se está preparando el prasadam, sobre todo comestible, éste no debe ser probado por nadie, pues es la deidad o el Gurú, según el caso, quien debería recibir la primera porción. Es esta idea de estar cocinando para la Divinidad la que también implica que al prepararse el prasadam se debería tener la mente focalizada en un objeto espiritual, ya sea cantando una canción devocional, repitiendo un mantra, o una imagen mental de la deidad.

En cuanto, a la visita a templos, el Sikhismo (o Sijismo) tiene, entre muchas otras cosas bellas, la tradición de alimentar de manera gratuita, y muchas veces masiva, tanto a sus fieles como a “ajenos”. Asimismo, en las puertas de sus templos es normal que un fiel dé prasadam a cada uno de los visitantes. Yo lo experimenté en la ciudad punjabi de Amritsar, y mi abuela en la ciudad de Ranchi, en el estado de Bengala.

Mi abuela, experimentada en viajes por la India desde hace veinte años, tiene sus métodos propios para asegurarse la higiene y la buena salud durante los periplos. Éstos consisten, básicamente, en comer sólo alimentos envasados y empaquetados, agua sólo mineral, frutas con cáscara (que les es quitada luego de ser lavada), sombrero para el sol, y también no cortarse las uñas por precaución ante cualquier posible infección.

Nadie puede achacarle nada de estos métodos conservadores, pues siempre le han dado buenos resultados. Sin embargo, la señora del templo sikh de Ranchi esto no lo sabía, y como es regla, le dio también a mi abuela una suntuosa porción de prasadam, consistente en una misteriosa mezcla de sémola, harina, azúcar y aceite.

Yo mismo, al recibir algo similar a la salida del templo dorado de Amritsar, me lo comí gustosamente. Pero mi abuela no tenía intenciones de traicionar sus hábitos de supervivencia. Fue así que durante lo que duró la visita al templo, con una familia sikh como anfitriona, mi abuela apretó su prasadam, disimuladamente, dentro del puño, hasta que pudo deshacerse de él al salir, dándoselo a un niño sorprendido, no se sabe si por el aceitoso regalo o por el aparentemente impío acto de rechazar prasadam.

Sobre esto, una vez leí en su ashram, que Amma, la santa de los abrazos, sostiene que nunca hay que tirar nada de cualquier comida bendita. En una ocasión, reprochó a un devoto que había tirado a la basura algo de prasadam. El devoto se defiendo diciendo que la comida había caído al suelo; y Amma le respondió que ni aún cuando hubiera caído por tierra eso era correcto; en todo caso, agregó, se lo tendrías que haber dado a un perro. Una idea totalmente consecuente con la filosofía de la misión de Amma, de no desperdiciar ni un grano de arroz.

No sé si mi abuela había leído ese consejo, pero seguramente lo intuyó, y a la vez que respetó su régimen alimenticio, cumplió con el protocolo espiritual.

Bombones

Hablando de protocolos, otra forma de consumir el prasadam comestible es de manera comunitaria. Es decir, que en lugar de que cada uno se lleve su ofrenda a casa, el prasadam se distribuye entre todos los presentes, sobre todo cuando se trata de un ritual al que asisten personas que se conocen entre sí.

A este respecto, en el Sri Premananda Ashram de la India se realizan cada día cuatro abishekams (ritual tradicional en el que se baña a una deidad), y en cada caso se ofrece algún tipo de comida. Durante mi estadía, en febrero último (2010), éramos muchas las personas visitando el Ashram, sobre todo por las celebraciones de Mahashivaratri; y en uno de los tantos rituales, además de la ofrenda típica, alguien le dejó a la deidad unos bombones para ser convertidos en prasadam.

Una vez finalizado el ritual, la persona a cargo distribuyó, como es habitual, las ofrendas entre los presentes; quienes se sorprendieron gratamente de recibir, a diferencia de lo cotidiano, sabrosos trozos de chocolate bendito.

Quienes también se sorprendieron, aunque de manera menos grata, fueron los dueños de los bombones, que, luego supimos, habían dejado los dulces como ofrenda con la intención de luego llevárselos con ellos, quizás como regalo para alguien.

Evidentemente, el uso de chocolate como ofrenda no está difundido en la India, un poco por tradición y otro tanto por el calor disolvente de aquellas tierras.

En realidad, las ofrendas comestibles de los rituales son más bien preparadas con sémola o harina; también arroz (quizás con leche); coco, por supuesto; frutas con azúcar morena o miel; y en el caso especial de Ganesha, con garbanzos, una legumbre que, al parecer, le gusta especialmente.

Es así que, a través de la ofrenda a la Divinidad de un elemento tan cotidiano (aunque no banal) como la comida, uno puede llevarse a la boca, ni más ni menos, que una bendición.

Pero el verdadero regalo, me parece, es darse cuenta que la energía Divina está latente en todas las cosas, y que hacerlo una realidad, en muchos casos, puede ser cuestión de un simple gesto de devoción.

Imágenes:

velvetgreene.com
clubmobile.org
harekrsna.com
parroquialourdesmg.com.ar
ifood.tv
delenura52.wordpress.com

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Un comentario »

  1. NAREN:
    DESACRALIZAR……. QUE PENA QUE ESTO A VECES NOS SUCEDA………..Y CUÀN BELLO ES CONECTARSE CON LO SAGRADO QUE NOS RODEA….CON LO SAGRADO QUE NOS CIRCUNDA .CON LO SAGRADO QUE SOMOS…Y QUE NOS OTORGA VERDADERA CONCIENCIA Y PLENITUD!! UNA INVITACIÒN A DESPERTAR … PARAFRASEANDO A OSHO.
    BESOS.
    DANISA.

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