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El Templo Dorado de los Sikhs

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Desde la caótica y contaminada Delhi me subí a un nuevo tren en dirección noroeste, hacia el estado del Punjab, al límite con Pakistán.

 

La particularidad de este estado es que está habitado en un 60 % por sikhs, es decir seguidores del Sikhismo. Se trata de una religión recientemente nueva (1500 DC aproximadamente) originaria de la India, que nació como una mezcla del Hinduismo y del Islamismo. El porcentaje de practicantes sikhs en la India es solamente del 2 % de la totalidad de la población pero, como hemos visto, la mayoría se concentra en esta región.

 

 

A pesar de ser minoría, la importancia de los sikhs en la historia del país ha sido grande en muchas ocasiones. Por tradición los sikhs son guerreros y durante la II Guerra Mundial fueron principalmente ellos quienes representaron a la India, bajo la bandera de Inglaterra.

Esta estirpe guerrera más la necesidad de marcar bien el territorio por ser minoría, llevaron  a varios conflictos en el siglo pasado.

La partición de la India, por supuesto, repercutió negativamente y gran parte de la tierra sagrada para el Sikhismo quedo del lado pakistaní.

Por otra parte, el mismo gobierno de la India tuvo sus conflictos con los sikhs y en 1984 la primera ministra Indira Gandhi ordenó un movimiento armado contra un facción radical de los sikhs que culminó con varios muertos. Luego de eso, la primera ministra fue asesinada por dos de sus guardaespaldas sikhs.

A pesar de estas vicisitudes políticas, como una muestra más de la capacidad de tolerancia de la India, el actual primer ministro de la India es un sikh.

 

Khalsa

 

Khalsa (que significa puro) es el nombre dado por uno de los maestros del Sikhismo para todos aquellos sikhs que han iniciados.

Estos iniciados deben llevar siempre cinco artículos de fe que son:

El cabello largo sin cortar (Kesh); un pequeño peine de madera para recogerse el cabello (Khanga); un brazalete de meta (Kara); ropa interior de algodón (Kacha); y una daga (Kirpan) que en sus orígenes era una espada ceremonial y que simboliza poder y libertad de espíritu, auto-respeto, la lucha constante del bien y la moralidad sobre la injusticia. El kirpan nunca debe desenvainarse para atacar, pero puede usarse para la autodefensa o para proteger a un tercero.

 

 

Como ya he dicho, los sikhs son guerreros y tienen especial tendencia hacia las armas pero no de manera caprichosa sino como elemento de defensa. Sólo eso explica el asesinato de Indira Gandhi, por ejemplo.

 

Sobre los cinco elementos de fe hay mucha tela para cortar, pero me detengo en el primero. Al hecho de no cortarse el cabello, lo cual incluye la barba, yo le sumaría el factor consecuente de que todos los sikhs van con la cabeza cubierta.

Al parecer hay una estereotipo generalizado de que en la India todos llevan turbantes, y no es así para nada. Los únicos que llevan turbante de manera constante y divulgada son los sikhs (al menos los que han recibido la iniciación).

Ninguna otra religión exige su uso, y ya es, en todo caso, una elección personal.

Es por este hecho de la cabeza cubierta que fácilmente se reconoce a un sikh, incluso de pequeño.

Es evidente que a medida que se crece el turbante se va volviendo más grande, ya que cada vez hay más cabello que almacenar. A este respecto, los sikhs más viejos también llevan una especie de barbijo que les sirve para contener la barba.

 

Amritsar

 

Más allá de todos estos datos, sin duda interesantes, el punto concreto de mi viaje era la ciudad de Amritsar. En esta localidad capital se encuentra el “Templo Dorado” (Harimandir Sahib), el lugar de adoración más sagrado de la religión sikh.

 

 

Mi llegada al “Templo Dorado” fue en la madrugada y el sol recién comenzaba a calentar las delicadas construcciones de mármol que rodean el templo. El templo a su vez está asentado en el medio de una gran pileta, y se llega a él a través de una pasarela sobre el agua. Esta agua es considerada sagrada y los peregrinos se bañan en ella, al igual que los hindúes en el río Ganges.

Es por esto que la ciudad se llama Amritsar, que quiere decir “piscina de néctar”.

 

 

El nombre de “Templo Dorado” se debe a que por fuera está totalmente recubierto de oro verdadero (alrededor de 100 kilogramos); material que fue donado por uno de sus líderes.

 

Para entrar tuve que atarme una camiseta a la cabeza, pues todos los visitantes deben estar con la cabeza cubierta y descalzos.

Por dentro, el Templo Dorado es chico pero muy lindo. Se trata de tres pisos, incluyendo una terraza que tiene buena vista de todo el complejo.

En su interior siempre se están cantando cantos devocionales, pues la canción a Dios es una de las prácticas esenciales de ésta religión.

Dentro del templo se encuentra el Sri Guru Granth Sahib, el libro sagrado del Sikhismo, ya que la principal práctica espiritual es su lectura, que consiste en aproximadamente 3.500 himnos que cantan la grandeza de Dios. Se trata de una lectura ininterrumpida, es decir que debe haber siempre alguien realizando ese acto de devoción, para preservar la unidad.

 

 

Por otra parte, las enseñanzas del Sikhismo hacen mucho hincapié en el concepto de compartir, ya sea a través de donaciones caritativas, trabajando por el bien de la comunidad y sobre todo, a través de la distribución de comida en gurdwaras, una especie de comedores gratuitos a los que puede asistir quien sea.

El del Templo Dorado es evidentemente el gurdwara más trajinado. Yo lo visité, me senté en el piso como todos los demás, y esperé a que algunos devotos sikhs pasarán repartiendo chapatis (pan indio) y dhal (un guiso de lentejas) sobre nuestras bandejas.

 

Valió la pena

 

La verdad es que Amritsar queda a contramano de la India, muy en el límite de Pakistán y sin muchos otros puntos de interés cerca. Mi único interés era ver el Templo Dorado y debo decir que mi viaje fue realmente satisfactorio.

La atmósfera de este sagrado lugar me pareció hermosa, y no un mero edificio vacío. Por un lado, se debe a lo maravilloso del lugar y su arquitectura, pero por otro lado, al espíritu que subyace en la filosofía sikh. La religión pregona que “Dios es Uno” y que no hay diferencias entre los credos o las castas, por ende, todos son aceptados en los templos sikhs. Lo cual se hace más patente con los comedores gratuitos.

 

 

En cuanto a los sikhs, no sólo en Amritsar, sino en toda la India, puede notar que son personas muy amables y honestas. Esta adherencia a la justicia y a la rectitud, que los hace radicales en ciertas ocasiones, es en la mayoría de los casos un don muy valioso.

 

Realmente satisfecho y feliz de haber conocido el Templo Dorado y su poderosa energía espiritual, me subí nuevamente a un tren, esta vez para partir hacia el desierto.

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  1. Hola Naren
    Sigo tu blog desde que apareció en La Vanguardia.
    Gracias por tus relatos tan didácticos e interesantes para los que sentimos afinidad con la cultura india.
    Espero con gusto los viernes para seguir tu viaje.
    Irene

    Responder
  2. Marcus from Brazil

    Sou Sikh desde 2006. Tenho 39 anos e jamais imaginei que fosse ser tão feliz por meio dessa valiosa e correta filosofia. Um grande presente divino para quem espera fazer o bem para o mundo e para sí mesmo.

    Responder
  3. muy interesante tu experiencia , alguna vez iré a la India y visitare el Templo Dorado de los Sikhs.

    Responder

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