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Mi primer Mahashivaratri

Mi primer Mahashivaratri

Mi primer Mahashivaratri

Mi primer Mahashivaratri

Mi primer Mahashivaratri

El mantra “Om Namah Shivaya” es antiquísimo y es uno de los más importantes del Hinduismo. Hace referencia al Señor Shiva y su traducción simplificada sería “adoramos a Shiva”.

Asimismo, es conocido como el Panchakshara mantra, es decir el mantra que “tiene cinco sílabas” (sin contar la sílaba Om, que es común denominador de todos los mantras y es anterior a ellos).

 

Sobre esto, Swami dice, “El mantra Om Namah Shivaya es uno de los más poderosos mantras que existen. Cuando cantas este mantra la gracia de Shiva te abruma”.

 

Sobre el porqué de recitar este mantra en la noche de Mahashivaratri, Swami dice, “No podéis ver la Gracia Divina. No es material. Es espiritual. Sin embargo, podéis experimentarla dentro vuestro. Las grandes religiones hacen fuerte hincapié en el nombre de Dios…Cantar el mantra en la noche de Shiva significa que una asombrosa energía es absorbida por vosotros, una energía que os empujará hacia adelante en el camino espiritual”.

Swami agrega, “Cuando usamos la noche de Mahashivaratri al máximo, se recargan nuestras pilas. Me gusta decir que tales ocasiones son inyecciones de vitaminas espirituales para los buscadores…Esa es la razón por la que aliento a todos a celebrar Mahashivaratri en la manera tradicional”.

 

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24 horas

 

En el Ashram, una de las formas de celebrar en la manera tradicional es el recitado de, justamente, el mantra “Om Namah Shivaya” durante 24 horas. Se comienza la mañana del día de Shivaratri (por ejemplo a las 8am) y se continua durante todo el día y la noche hasta que finaliza la auspiciosa noche de Shiva.

Por instrucción de Swami, esta práctica se realiza en la que fue su casa en los primeros años de su vida en el Ashram. Se trata de una casa circular, que fue la primera construcción del recién nacido Ashram allá a fines de los años 80’.

 

ashramarido1

 

Ahora, en su circular habitación central, se colocan cada año los primeros Lingams que Swami ha manifestado a lo largo de los años (exceptuando aquel que tiró al inodoro por miedo al reto de la abuela). Por ende, en esta habitación se reúne la repetición ininterrumpida del mantraOm Namah Shivaya”, con la poderosa vibración de estos aproximadamente cuarenta Lingams.

 

Para mantener el recitado constante del mantra, cada año hay dos personas encargadas de preparar la habitación y tenerla en funcionamiento. Además de estos estoicos encargados, siempre hay personas que van y vienen a la habitación, colaborando para mantener el recitado.

En todo caso, hacer esto sin parar durante 24 horas me parece extremadamente difícil, y por lo tanto, admirable.

 

Maharudra abishekams

 

En la crónica anterior, ha sido dicho que Shiva tiene múltiples formas y que en Mahashivaratri se lo recuerda especialmente en la forma del Lingam.

Asimismo, ha sido dicho que, por lo general, el Lingam tiene una forma similar a la de un huevo. En este sentido, se puede agregar que, si bien es la más frecuente, ésta no es la única forma que asumen los Lingams.

En los templos a Shiva, por ejemplo, son generalmente más grandes y hechos de roca negra. Muchos de los Lingams son representados con su forma oval, pero dentro de un contenedor tradicional que es útil para el lavado ritual de los Lingams. Este lavado ritual es llamado abishekam.

 

Continuando con las formas tradicionales de celebrar Mahashivaratri, durante la noche auspiciosa se realizan cuatro Maharudra abishekams. El nombre deriva de que la palabra “Maha” significa “gran”, y “Rudra” es un antiguo nombre de Shiva.

De esta forma, el Maharudra abishekam consiste en el lavado ritual de un gran Lingam, que generalmente está hecho de piedra.

En el caso del Ashram, el Maharudra Lingam está ubicado todo el año en el altar principal del templo, y es quitado de allí para esta noche especial.

 

lingamnegro

 

Según la tradición, cuanto más se adora un Lingam, más poder retiene e irradia. Siguiendo la tradición, en la noche de Shiva, se adora el gran Lingam en cuatro ocasiones a través de rituales y ofrendas.

Según palabras de Swami, “Podemos adorar a Shiva de maneras muy simples, incluso con hojas y agua. Debido a su naturaleza ascética, él se complace con la simplicidad y la espiritualidad. Él devuelve nuestras simples ofrendas con Gracia espiritual”.

 

En el Ashram, en esa noche especial, las ofrendas son simples pero no escasas. El Maharudra Lingam se lava con agua de cúrcuma, leche y agua de rosas. Además, se le ofrece pasta de sándalo, incienso, flores y comida.

Después de tanta adoración, seguramente las bendiciones ya están en marcha. Sin embargo, uno prefiere siempre verlas de manera más tangible.

 

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Bendiciones

 

En general, debido a la poderosa energía espiritual que contienen los Lingams, no sólo por ser el símbolo de la creación, sino por haberse manifestado directamente a través de un fenómeno milagroso, se utilizan principalmente para dar bendiciones.

Swami dice, “Cuando los doy a los devotos que los cuidan con devoción, entonces se manifiesta el poder latente y el potencial que hay en los Lingams”.

 

En el pasado, era Swami quien solía dar únicamente bendiciones de Lingams. Tan sólo hace unos años, Swami empezó a dar Lingams tanto a coordinadores de Centros Sri Premananda como a devotos particulares, y les instruyó que dieran bendiciones.

Entre los detalles prácticos dados por Swami para dar bendiciones (estar bañado, usar ropa limpia, dieta vegetariana ese día), hay una instrucción especial: “Nunca debemos pensar ‘Estoy dando una bendición’, ya que son la gracia y la energía divinas las que obran a través del Lingam y bendicen a la persona”.  

 

Normalmente, la bendición se da en la cabeza, sosteniendo el Lingam sobre el final de la frente y el comienzo del cuero cabelludo de la persona, durante algunos segundos.


Primer Lingam

 

Cuando en el Ashram terminaba la noche de Mahashivaratri 2007, habiendo mantenido mi ser despierto y devoto lo más que me fue posible, hubo un mensaje para que todos nos dirigiéramos al Puja Hall (el templo), pues un Lingam había aparecido. En realidad, dos Lingams.

Estaban sobre la silla de Swami que siempre se conserva en el templo, todavía cubiertos de kumkum, el polvo ritual rojo que se usa en la India y que sale de manera espontánea de la boca de Swami cuando manifiesta los Lingams.

 

Ya que él no podía estar físicamente presente en el Ashram por Mahashivaratri, a través de sus poderes, Swami había enviado dos de los Lingams que habían nacido esa noche. No era este el primer año que Swami hacía esto.

 

Después de ver los Lingams de cerca una vez más, me dirigí a la casa de meditación donde se estaban por cumplir las 24 horas seguidas de repetir “Om Namah Shivaya”. Así, empezaba a quedar atrás una noche de rituales, cantos devocionales y discursos espirituales.

Como el mejor cierre posible para la celebración de Mahashivaratri, se iban a dar bendiciones con todos los primeros Lingams que había en la casa de meditación.

 

Entonces, unas cuarenta personas (renunciantes y residentes del Ashram) tomaron un Lingam cada uno y comenzaron la larga tarea de bendecir a cada uno de los presentes.

Para mí era fácil, simplemente debía quedarme sentado y dejar pasar uno tras otro los sagrados Lingams.

No conté cada vez que un Lingam se apoyaba en mi cabeza, ni tampoco abrí los ojos para ver cuando me tocaba el Lingam del año ’79, del 2000 o del 2007. Simplemente, me quedé allí tratando de sentir la energía y la bendición de cada Lingam.

 

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Embriaguez

 

Insisto, no sé cuantas fueron las bendiciones de Lingam que recibí. Lo seguro es que cada nuevo Lingam era diferente, y la sensación que me generaban era diferente, cada una mejor que la otra.

Algunos Lingams me traían serenidad, como un velero ondulándose en el mar, o algo así. Otros Lingams eran calientes, una bola de energía en mi frente. Otros eran percepciones lejanas, como un susurro entre los árboles. Otros eran sencillamente la imagen de Swami; otros la imagen de Shiva. Otros eran dulces, como caramelos; otros eran una punta, una lanza que se clavaba en mi ser, llenándome de bendición.

 

Por supuesto, perdí la cuenta de los Lingams, perdí el sentido del tiempo y cuando la bendición en cadena terminó, me quedé como embriagado de energía espiritual. Sin rumbo, iba absorto en los Lingams por las callejuelas del Ashram. Por el resto del día esa sensación se hizo presa de mí.

Con el pasar de los días, el efecto fue disminuyendo y ahora es sobre todo un recuerdo.

Un recuerdo que quería volver a convertir en hechos concretos, cuando volví al Ashram al año siguiente, para Mahashivaratri.

 

Unos hechos concretos, que a la sazón, iban a superar con creces mis antecedentes y mis expectativas.

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