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El camino de los sadhus

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Hace unas semanas hice referencia a la palabra parivrâjaka, que se podría traducir como “monje errante”, y es, básicamente, una de las tradiciones monásticas de la India consistente en errar de un sitio sagrado a otro, como una forma de peregrinaje.

La diferencia con el típico viaje de peregrinaje que podría hacer uno, no es sólo que se trata de un monje, sino que la tradición de parivrâjaka implica un compromiso a más largo plazo con ese viajar a lugares sagrados. Más allá de que el monje errante visite muchos sitios, en algunas ocasiones más de una vez cada uno, el tiempo que emplea para ello es, con frecuencia, de años, o incluso toda la vida.

Dependiendo el linaje religioso o la inclinación particular de cada monje, estos peregrinajes pueden ser diversos, entre los que se cuentan aquellos movidos por un principio geográfico (recorrer la India de norte a sur, por ejemplo); por el pío cumplimiento de adherencia religiosa (visitar las siete ciudades sagradas, por ejemplo); por un basamento devocional hacia cierta deidad (visitar templos dedicados a Vishnu, por ejemplo).

Sea cual sea el camino tomado o el motivo personal, en la India la peregrinación es parte integrante de la práctica espiritual de todo buscador de la Verdad.

Ascetas

En una de mis visitas al Sri Premananda Ashram (año 2007) conocí brevemente a dos monjes errantes, que hacían una pausa en su camino, para descansar y disfrutar de la hospitalidad que muestra y enseña Swami Premananda, según la tradición, hacia todas las personas dedicadas a la espiritualidad.

Por aquel entonces – era fines de enero – había pocas personas en el ashram, y yo tenía una habitación sólo para mí. Dos habitaciones más allá, fueron acomodados los sadhus recién llegados. Dado el silencio del ashram, más la cercanía física con los ascetas, era fácil escucharles. Sobre todo porque las habitaciones del ashram, por lo general, tienen un único gran techo común (ya sea de tejas u hojas de palmera) que las cubre, dejando entre el tope de las paredes medianeras y el techo un espacio suficiente como para que los sonidos viajen sin interferencias de una punta a la otra de la nave habitacional.

Los sadhus parecían del norte del país, más que nada porque hablaban en un idioma que yo deduje como hindi, y no porque lo conociera, sino porque ellos se comunicaban con otro residente del ashram, al que yo conocía y de quien sabía con certeza que hablaba hindi. Uno de los sadhus era alto y risueño, era el más sociable y usaba gafas de sol. Suena raro, pero supongo que caminar todo el día al rayo del sol puede ser molesto para algunos ojos, incluso ascéticos.

El segundo sadhu, en cambio, era bajo y más huraño. Cada tanto lo escuchaba repetir frases que yo no entendía, pero que bien podrían haber sido mantras u oraciones.

Cada vez que se disponían a comer hacían infinidad de ritos previos, sobre todo oraciones; y luego, a la hora de lavar los cacharros se tomaban un buen rato y daba la sensación que hacían abluciones. Como yo no podía ver nada de esto, toda la película me la hacía por los sonidos, así que no puedo asegurar su fidelidad.

Impío

Lo que sí es seguro es que entre sí ellos hablaban muy fuerte, o al menos fuerte para el ashram o lo que yo estaba acostumbrado. Para colmo, me parecía que estas conversaciones a voz en cuello eran por la mañana muy temprano o tarde por la noche…

En la India está lleno de sadhus, que no son necesariamente monjes errantes, y pueden también ser ascetas sedentarios que buscan la iluminación a través del desapego, la austeridad y la penitencia. Si bien muchos van vestidos de naranja, o llevan algún símbolo de pertenencia religiosa, para los occidentales es difícil distinguir entre un sadhu y un mero mendigo.

Acostumbrados como estamos al confort, a la pulcritud exterior, a la importancia de la imagen y la estética, nos resulta muy difícil poder ver un destello de espiritualidad detrás de una fachada de suciedad o aparente desidia.

Quizás haya sido por esta inconsciente asociación cultural con los vagabundos que estos dos sadhus no me inspiraban confianza ni respeto. Evidentemente no me jacto de que un vagabundo, un indigente o un mendigo (ya sea de la India o de Occidente) me inspire desconfianza. Lo justo, entiendo, sería que me inspire, al menos, compasión.

En el caso de aquellos sadhus mi sensación para con ellos era extraña, porque también estaba ese componente de poco respeto, como si tanta parafernalia de mantras y rituales fuera un circo para tapar su simple vida de indolencia.

En el mismo momento que yo sentía todo aquello era consciente que no era consecuente con las enseñanzas de Swami Premananda de respetar a todas las personas, y con más razón si se dedican a la espiritualidad.

De todos modos, no podía contener mis impíos sentimientos e incluso me alegré cuando, a la semana, los sadhus se marcharon para seguir su ruta.

Jyotir

Fue sólo algunos meses después que recibí la revista oficial del ashram (Prema Ananda Vahini, Marzo 2007) y leí el artículo y la entrevista que les habían hecho a los sadhus durante su estadía. Allí se revelaban todos los datos que yo desconocía, y sin los cuales había creado una prejuiciosa película en mi mente.

Según explicaba el artículo, los monjes errantes pertenecían a un ashram de la ciudad de Omkareshwara, en el estado central de Madhya Pradesh, y habían estado haciendo “Bharat Pada Yatra” (peregrinación ambulante por la India) durante catorce años.

Viajaban cargados con agua sagrada que habían recogido en un especifico punto del río Ganges y con esa agua hacían abishekams a los doce Jyotir lingams de la India.

Refresquemos: un abishekam es un ritual tradicional de la India en el que se baña con agua un deidad o, en este caso, un lingam. A su vez, un lingam es un símbolo que representa lo Absoluto, y cuya forma es oval, un poco como un huevo, representando la creación, a la vez que refiriéndose a la forma más simple de la naturaleza, como reemplazo de un Absoluto que no puede ser representado con ninguna forma.

Asimismo, el lingam está íntimamente relacionado con el señor Shiva, de quien se considera su símbolo.

Por su parte, Jyotir significa “luz”, y los doce Jyoti lingams, son los “lingams de luz”, los doce lingams más importantes de la India, distribuidos a su vez en doce templos diferentes a lo largo y ancho del país.

Mitología

Brevemente, la explicación mitológica: Shiva, la deidad de los ascetas, aceptó por esposa a Sati, una joven encarnación de la Madre Divina que rechazó todo lujo y riquezas por su amado señor. El padre de Sati, un soberbio rey adepto a lo superfluo y mundano, siempre se negó a dicha unión y llegó a deshonrar a su hija y a su yerno al no invitarles a una fiesta en la que estaban presentes todos los dioses.

A Shiva, dado su temperamento ascético, esto no le importaba; pero Sati, que no podía soportar que su amado esposo fuera tratado con tal indiferencia, se presentó a la fiesta sin invitación. A lo que siguió una agria discusión con su padre que no sólo negó las virtudes de Shiva, sino que además lo denostó. Sati, incapaz de oír palabras falsas sobre el perfecto Shiva, pensó que el deshonor de su esposo era culpa suya, y por consiguiente se inmoló.

Entonces, Shiva, poseído por la cólera, se apersonó en el banquete y comenzó a bailar la danza tandava, la danza que origina y destruye el universo, la danza que rige los ciclos de nacimiento y muerte; de manera que destruyó todo y del sacrificado cuerpo de Sati saltaron distintos trozos que se dispersaron por todo el país. Por ende, los lugares en donde cayeron dichos trozos se convirtieron en sitios de adoración.

Finalmente, los doce “lingams de luz” están situados cerca de dichos sitios sagrados de adoración.

Segunda vez

Volviendo a los sadhus peregrinos, su intención era realizar el baño ritual a todos los doce Jyotir lingams, repitiendo este mismo proceso cinco veces en catorce años.

La primera vez, supe por el artículo, que ellos habían venido al Sri Premananda Ashram había sido en 1994; ahora, en 2007, se cumplían los catorce años y ellos iban rumbo a la ciudad de Rameswaran, al sureste del país, donde se encuentra el “lingam de luz” más al sur.

Por su parte, el que se encuentra más al norte está en el pueblo de Kedarnath, sobre los Himalayas, a tres mil quinientos metros de altura.

Los otros diez Jyotir lingams se encuentran más bien en el centro de la India, incluyendo la sagrada ciudad de Varanasi, por supuesto. Justamente, uno de esos diez sitios restantes es Omkareshwara, la ciudad de donde provenían los sadhus, que en lugar de quedarse adorando su cercano “lingam de luz”, habían decidido salir a la ruta, como muestra de una devoción más universal.

En el artículo, los sadhus daban su opinión sobre el Sri Premananda Ashram, diciendo “pudimos sentir la paz y la vibración divina de este lugar. En (el estado de) Tamil Nadu fuimos a muchos monasterios, pero nadie nos dio la bienvenida y nos pedían que nos marchásemos inmediatamente. En Tamil Nadu este ashram es el único que da la bienvenida a sadhus y extiende genuina hospitalidad”.

Los sadhus dieron tal opinión porque así lo habrán sentido, y además porque, muy probablemente, no sabían de mi antipatía sin razón hacia con ellos.

Razones

Incluso a día de hoy no logro entender del todo mi reacción de entonces. Después de leer la historia de esos monjes errantes la culpa me atacó, por supuesto, pues había prejuzgado a uno “hombres santos” sin ninguna razón, y además me había equivocado. Para colmo, como he dicho arriba, fui en contra de las enseñanzas básicas de Swami de tolerancia y respeto.

Han pasado unos años desde aquello, y pienso que me gustaría encontrarme con los sadhus en cuestión para ser más respetuoso y para, de paso, pedirles que me cuenten algo de sus peregrinaciones.

A su vez, en general, creo que he mejorado un poco en cuanto a entender la importancia de mostrar respeto hacia personas que se dedican, de manera sincera y completa, a la espiritualidad.

De todos modos, y aunque es obvio que lo diga, lo correcto también sería mostrar respeto a todas las personas, incluyendo los vagabundos y mendigos que quizás (sólo una hipótesis) dispararon, merced al imaginario colectivo instalado en mi inconsciente, esas sensaciones de rechazo y antipatía para con los sadhus.

Entonces, terminando mi idea respecto a las “personas santas”, me gusta creer que cada vez me doy más cuenta que para la búsqueda espiritual, y nunca mejor dicho para una crónica de peregrinajes y monjes errantes, hay muchos caminos, en apariencia diversos, pero el destino final es sólo uno.

Imágenes:

exoticindiaart.com

thehouseofoojah.com

nithyam-dhyanam-anandam.blogspot.com

jyotirlinga.com/

mandalas.com

mukti4u2.dk/

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  1. La semana anterior dejé un comentario sobre el prasadam y resulta que ahora mi comentario quedó en laentrega relacionada con Ganesha. Perdón por la falta de experiencia de cómo se hace todo esto.
    Esta entrega sobre los sadhus también está muy buena.
    Saludos y Jai PremaShanti

    Responder
  2. Mirando información para escribir un post sobre Sadhus, me encontré con tu página. Bueno mi blog es de antropología, te paso la entrada sobre estos ascetas. Saludos! http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2011/11/los-sadhus-o-porque-solo-se-valora-lo.html

    Responder

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