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¿Es ‘la’ o ‘el’ Bhagavad Gītā?

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La cuestión del género de las palabras es un tema que me atrae mucho, incluso desde antes de empezar a estudiar sánscrito. De hecho, ya una vez conté aquí cuánto me sorprendió que en italiano ‘la flor’ se diga ‘il fiore’, pues me parecía que un objeto tan relacionado a la feminidad, la dulzura o la fragilidad no podía ser masculino. Asimismo, para citar otro ejemplo, también expliqué que en la India los ríos son considerados femeninos y son, además, Diosas.

Si, como explica la teoría lingüística moderna, la relación entre un objeto y la palabra que la define es ‘arbitraria’, es decir, no natural, entonces la conclusión es simple: En todas las lenguas las ‘cosas’ pueden cambiar de género, sin que ello sea correcto o incorrecto, sino un resultado variable del desarrollo de cada idioma y su contexto.

Dando por válida la relatividad de los géneros en el lenguaje, pero también buscando ciertas reglas lingüísticas de las cuales aferrarme, me centro ahora en una duda específica que me ha acompañado durante algún tiempo: ¿Se dice ‘la’ Bhagavad Gītā o ‘el’ Bhagavad Gītā?


Raíces y canciones

Para intentar explicarlo voy a apelar al, como dice mi profesora de sánscrito la Doctora María Elena Sierra, ‘rigor filológico’. Para que el análisis sea completo hay que decir que la palabra Bhagavad (en origen Bhagavat) es masculina y refiere a ‘Dios’ o ‘el Señor’, aunque no es este el concepto que más nos interesa hoy (lingüísticamente hablando al menos). La palabra importante del día es gītā, que viene del verbo gai o y significa ‘cantar’. Desde el punto de vista morfológico, gītā es un participio (también conocido por sus siglas p.p.p., de ‘participio perfecto pasivo’) que se traduce como ‘cantado/a’.

Asimismo, con la evolución del lenguaje es normal que un participio se nominalice, es decir se convierta en un sustantivo o nombre. Por tanto, gītā también quiere decir ‘canción’, ya que es ‘aquello que es cantado’. El debate de los géneros toma aquí un giro feminista, ya que la palabra gītā es, en la tradición sánscrita, un sustantivo femenino sin discusión. Si la etimología es tan clara, ¿por qué entonces, uno se pregunta, se lee y oye con mucha frecuencia ‘el’ Bhagavad Gītā?

Al parecer, una de las razones fundamentales para este doble género del milenario diálogo entre Krishna y Arjuna es que las primeras (y más frecuentes) traducciones al español de la Bhagavad Gītā (me permito el femenino) provienen del inglés. Al poseer la lengua inglesa únicamente género neutro en sus sustantivos y adjetivos, quedaba (y queda) a criterio del traductor elegir la palabra más adecuada en lengua española. Casualmente, el término mayoritariamente aceptado en español para gītā es ‘canto’, que es masculino.

Sobre por qué no se eligió la palabra literal, ‘canción’, que también se utilizaba en muchos subtítulos de la obra en inglés (The Lord’s song), no tengo respuesta certera, aunque intuyo que es por un matiz poético, ya que El canto del Señor suena mejor (¿o es que ahora ya estamos acostumbrados?) que La canción del Señor, un título con tintes más bailables que líricos.

Investigando un poco, veo que gītā también se traduce preferentemente como ‘canto’ en otras lenguas europeas: en italiano es ‘canto’ (Canto del Divino), en francés es ‘chant’ (Chant du Seigneur) y en alemán es ‘Gesang’ (der Gesang Gottes). A pesar de esta tendencia a masculinizar la traducción de gītā, a la hora de referirse a la obra en sánscrito estas tres lenguas citadas sí recurren al femenino llamándola La (en italiano y francés) o Die (en alemán).

La irónica excepción de mi escueta búsqueda está en el portugués, que traduce gītā de forma femenina como ‘canção’ (Canção de Deus) pero que al referirse a la obra en sánscrito lo hace en masculino, O Bagavadguita.

Traduttore, traditore

Las primeras traducciones de los textos sánscritos al español fueron hechas, en su mayoría, pasando por otra lengua europea, por lo que aquellos traductores no sabían sánscrito y no podían comprobar el género de ciertas palabras. En este sentido, corresponde hacer hincapié en que el sánscrito es una lengua muy vocálica, con especial profusión de las ‘aes’, por lo que no debe sorprender que gran cantidad de sus palabras masculinas puedan acabar en la letra ‘a’. De hecho, las palabras femeninas sánscritas también pueden acabar en ‘a’, aunque por lo general se trata de una ‘a’ larga, que se transcribe con una marca diacrítica arriba, ‘ā‘.

Esto lo explico, porque en español (otra lengua bastante vocálica) estamos acostumbrados a que las palabras masculinas acaben más bien en ‘o’ ó en ‘e’, pero no en ‘a’, que es un ámbito más femenino. Este hecho, que puede parecer obvio, pero es un hábito arraigado del hablante, es fundamental a la hora de otorgar género a palabras que, por su ‘extrañeza’ para nosotros, carecen del mismo.

En más de una ocasión he visto u oído acerca de la ‘diosa’ Shiva o la ‘diosa’ Ganesha, cuando se trata de dos deidades netamente masculinas. Creo que este error común se debe, en gran parte, a que ambos nombres finalizan en ‘a’, la cual es una terminación femenina en español. De hecho, en español hay muy pocos nombres de chicos acabados en ‘a’.

De la misma forma, la palabra āsana, que en el ámbito de hatha yoga se traduce como ‘postura’, puede ser oída como la āsana o el āsana. La tendencia natural de un hispanohablante es utilizar el género femenino, pues la palabra acaba en ‘a’. Asimismo, es muy común referirse a āsana en género masculino.
El término āsana es de género neutro y, por tanto, ambas opciones pueden considerarse correctas desde el punto de vista filológico. De todos modos, teniendo en cuenta que en español el género neutro tiende a ser siempre masculino, se puede argüir que gramaticalmente hablando, la traducción justa sería el āsana.

Y ya que estamos en el tema del yoga, ésta es justamente una palabra que yo siempre escuché de género masculino, ‘el yoga’, y que hace poco descubrí también se utiliza en femenino, ‘la yoga’, por ejemplo en Venezuela. En este caso la etimología de la palabra sánscrita es masculina, aunque, una vez más, la terminación en ‘a’ puede generar confusión.

Posición final

Una vez acabado mi análisis, queda a criterio personal referirse a la Bhagavad Gītā con el género que mejor convenga a cada uno. En mi caso, yo siempre le dije el Bhagavad Gītā (de hecho, en antiguos posts de este mismo blog hay pruebas…), pero ahora que conozco detalles lingüísticos prefiero la terminología femenina. Como estudiante de sánscrito y de la filosofía espiritual de la India me gusta ser puntilloso en pequeños detalles, con la esperanza de también ser impecable en grandes eventos.

De todos modos, también creo que es importante la flexibilidad y que si una persona conoce y pone en práctica las enseñanzas que el Señor Krishna le da a Arjuna en la Gītā, entonces no importa si al referirse al libro lo hace con el género ‘equivocado’.

El conocimiento libresco y la erudición sólo son válidos si nos ayudan a avanzar en el camino espiritual. Con gusto cambiaría yo mi poco saber filosófico por estar en constante samādhi.

Como el trueque no es tan simple, sigo practicando, mientras busco raíces sánscritas en el diccionario.

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  1. Yo siempre le dije “el”. Desde hace poco tiempo, por escucharte a vos, comencé a hacer un esfuerzo para decir “la” y resulta que ahora puedo decir como me parezca.-
    Mejor, como vos decís, me dedico a crecer espiritualmente y dejo de preocuparme por eso.-
    Jai Prema Shanti
    Kanagavalli

    Responder
  2. Estoy de acuerdo con tu exposición. De todos modos, me decanto por el uso más común, el masculino. Como el Popol Vuh, el Zend Avesta, el Corán, el Libro, el Éxodo, el Levítico, el Deuternonomio (y al contrario que la Biblia). En cambio no me resigno con las femeninas Upanishad. Incluso a veces me animo a pluralizarlas Upanishades, ya que si podemos pluralizar “a la inglesa” (Upanishads), perfectamente podemos pluralizar “a la española” (Upanishades, como tempestades, majestades, lealtades, ledes, etc.).
    Saludos agnósticos,
    Andrés

    Responder
    • Hola Andrés,

      Gracias por tu comentario. El tema de los plurales da para otro post, ya que si uno es filológicamente estricto tendría que decir ‘los Veda‘ y no ‘los Vedas‘, y lo mismo con Upanishad/Unpanishads. La naturaleza de la lengua española de pluralizar con ‘eses’, nos lleva a hacer ese agregado a la palabra original y, en ese sentido, uno ya podría sentirse libre de decir, como sugieres, Upanishades. Si vamos a pluralizar, ¿por qué no hacerlo entonces ‘a la española’?
      Los italianos, como no pluralizan con ‘s’ dicen simplemente ‘Le Upanishad‘, pero no es porque tengan más rigor, sino porque su lengua casualmente mantiene la palabra como en sánscrito.
      Influenciado por mis clases de sánscrito, a mi me gusta ser lingüísticamente riguroso, aunque he comprobado que es difícil encontrar el equilibrio entre academicismo, divulgación y los propios hábitos de habla.
      En todo caso, insisto, lo que vale para mí es la enseñanza contenida detrás de esos títulos.

      Saludos espirituales,

      Responder
      • De lo que no hay duda es de que resulta complicado encontrar el equilibrio entre lo académico y lo divulgativo. Eso ya lo hablamos en otra ocasión ;-) En cualquier caso estás haciendo un buen trabajo en ambas direcciones.
        Por mi parte, si se permite mi intromisión en enste debate, me decanto por el femenino. Un motivo de peso, como ya citaste, aunque muy intuitivo y poco lingüístico, és darle género femenino a las palabras terminadas en A.
        Por otra parte, así como Andrés cita un montón de libros religiosos a los que les damos género marculino, yo me decanto más por comparar la Bhagavad Gītā con la Odisea o la Iliada, por su caracter épico. Sin duda las grandes epopeyas homéricas tiene género femenino. Conoces mi devoción por este género, y a pesar de que podemos llamarlos cantos, o poemas, creo que epopeyas es probablemente el término más adecuado, y para mi podría aplicarse a la Bhagavad Gītā.

        Saludos… épicos.

  3. Yo soy de los que utilizaba la forma femenina y tras tu fantástica exposición voy a seguir haciendo lo mismo, si te soy sincero no había caído en que se suele utilizar tanto el masculino como el femenino, de todas formas tal y como comentabas, lo importante es el contenido de la/el Bhagavad Gita.

    Un saludo!

    Responder
    • Hola Gandiva,

      Gracias por un nuevo comentario. Pues mira, en tu caso ya usabas la forma ‘correcta’ sin saberlo. De a ratos pienso que estos debates sobre lo superficial, los nombres y las formas, son un entretenimiento de la mente para no centrarse en la esencia de la enseñanza. Quizás hasta podríamos decirle ‘*lo* Bhagavad Gita’ y estaría bien si nos focalizáramos en el contenido.

      Saludos

      El 17/04/2012 20:45,

      Responder

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