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Hacia la fuente

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La India es inmensa (‘¡Qué pesado!’ dirán ustedes, al escuchar este concepto por enésima vez) y es imposible conocerla toda. Yo, a pesar de mis cuatro viajes, conozco sólo una ínfima parte de la India, tanto a nivel geográfico como a nivel sociocultural.

 

Tampoco tengo la pretensión de conocer toda la India. Sin embargo, hay algunos sitios de este país que siempre me han interesado y en muchos de ellos ya he estado. Hay otros pendientes, en cambio, a los que planeo ir algún día.

La mayoría de estos sitios tienen, para mí, algún interés espiritual. Pero, como decía la semana pasada, esto es inherente a la India; no hay que esforzarse mucho para encontrarse en sitios con atmósfera espiritual, o al menos, con status de sagrado.

 

Es así que de entre los sitios que no podían ser dejados de lado, había uno que me llamaba mucho: los Himalayas (en Sánscrito, “morada de la nieve”)

 

Kailash

 

Como no podía ser de otra manera, el Hinduismo (y también el Budismo) considera a los Himalayas como montañas sagradas.

Una de las razones es que allí es donde nacen muchos de los ríos que, también considerados sagrados, bajan a la planicie para convertirse en símbolo de vida y desarrollo.

 

Otra de estas razones es que las montañas son el hábitat natural de una deidad a este punto muy frecuente en mis crónicas: el Señor Shiva.

El aspecto destructor de la cíclica Trinidad principal del Hinduismo (BrahmaVishnuShiva), es por definición un asceta que, cubierto en cenizas sagradas (que lo protegen del frío en invierno y del calor en verano), pasa la mayoría de su tiempo meditando sobre una piel de tigre en las inaccesibles montañas sagradas.

 

Para más datos, Shiva tiene su morada en el Monte Kailash. Se trata de un pico que aparece en las escrituras del Hinduismo y que por esto tiene un halo mitológico. Sin embargo, dicha montaña existe, y tiene 6.638 metros.

A pesar de esta apetecible altura, no hay registros de intentos para escalar el pico. Por respeto a las creencias Hindúes y Budistas, hay una prohibición tácita para escalarlo.

De todos modos, si alguien se queda con las ganas de acercarse, todavía se puede circunvalar su base, la forma tradicional de rendirle culto a una montaña sagrada.

 

 

Monte Kailash

Monte Kailash

 

Combinación

 

De esta manera hay muchos puntos específicos que son considerados sagrados dentro de los ya sagrados Himalayas. Hay tantos que mirando en wikipedia me entero de muchos nuevos, de hecho. 

 

Otra vez la misma historia del principio: los Himalayas son inmensos. De longitud y de altitud. ¿Con qué criterio podía yo decidir entonces mi primera incursión a las sagradas montañas?

 

Pues bien, la primera respuesta es obvia, pero no una solución definitiva: que sea un lugar sagrado. Es aquí que entra en acción otro elemento sagrado que me cautiva desde siempre y que ya he anticipado en la crónica pasada: el río Ganges.

Ya había estado en sus orillas en Varanasi, y ahora en Haridwar y Rishikesh, pero el agua era siempre color café con leche, revuelta por la corriente en el mejor de los casos, llena de basura en otros. Considero que el río es sagrado siempre, sin importar el color, pero mis pruritos occidentales me impedían disfrutarlo al ciento por ciento en estas condiciones. Y además, la combinación Ganges-Himalayas agregaba un bonus imposible de resistir.  

 

Unos meses atrás había leído en la revista oficial del Sri Premananda Ashram el relato de una devota que había hecho su peregrinación hasta la fuente del río Ganges. No bien leída, ya sabía que yo quería repetir esa historia.

 

Género

 

Es interesante comentar que en la India los ríos son femeninos, y son generalmente Diosas.

Sin adentrarme demasiado en cuestiones lingüísticas, que de hecho me gustan, este detalle no es tan extraño. En la mayoría de las lenguas las “cosas” pueden cambiar de género, sin que ello sea correcto o incorrecto, sino un resultado variable del desarrollo de cada idioma.

 

Una digresión: siempre me acuerdo cuanto me chocó que en italiano “la flor” se diga “il fiore”, pues me parecía que un objeto tan relacionado a la feminidad, la dulzura o la fragilidad no podía ser masculino. Asimismo, en la mayoría de las lenguas, “el coche o auto” es femenino, lo cual justifica una infinidad de canciones, sobre todo de Hip-Hop, que hablan del vehículo como si fuera una amante.

 

Volviendo al punto inicial, el agua que fluye puede, desde mi sesgada visión, considerarse tranquilamente como femenino. Y digo sesgada visión porque cuando supe lo de los géneros de los ríos, ya sabía que la Diosa Ganga era femenina.

 

Al parecer, la diosa Ganga habitaba en el cielo, hasta que merced a las penitencias de cierto rey que pedía su descenso para limpiar los pecados de sus ancestros, ella decidió bajar. Y lo hizo a través de un mechón del cabello del Señor Shiva. De hecho, las imágenes de Shiva muestran siempre un chorro de agua sagrada que sale de su cabeza, representando la diosa Ganga y su descenso.

Este descenso fue hecho a más de 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Mi próximo destino.

 

 

La diosa Ganga fluyendo del cabello de Shiva

La diosa Ganga fluyendo del cabello de Shiva

 

Peregrinación

 

 

El Ganges tiene muchos ríos tributarios, pero tiene seis corrientes principales de las cuales la inicial se conoce también como Bhagirathi. En un punto el río Bhagirathi se une con el río Alakananda (que ya ha recibido los otros tributarios) y el nombre cambia a Ganges. Sin embargo, repito, la corriente que se considera como el nacimiento del río es la que se remonta al Bhagirathi y su fuente.

 

Evidentemente, este recorrido del río y sus tributarios es motivo de peregrinación. Miles de devotos van cada año a seguir la fuente del Ganges y a adorar los variados templos que hay en estas estaciones sagradas de montaña, todas más arriba de los 3.000 metros de altura.

 

Debido a este último punto, la época de peregrinación se acota a los meses de verano que serían Mayo, Junio y Julio. En Julio aún no hace tanto frío pero si empiezan la época de los monzones y entonces, de ahí en más, el viaje se hace más dificultoso.

 

Ignorantes de estos detalles prácticos, y también por motivos de cronogramas pre-fijados, Svati (mi compañera de viaje inglesa) y yo, estábamos en camino a principios de Abril.

Un detalle que a la sazón tendría sus pros y sus contras.

 

Tortuoso

 

Una de estas contras era la falta de transporte regular hacia las montañas. De todos modos, para la primera fase no fue difícil conseguir un medio de transporte.

Así, en una mañana lluviosa de sábado salimos en autobús desde Rishikesh con rumbo a la primera parada: el pequeño pueblo de Uttarkashi.

 

El autobús era totalmente básico, muy incómodo, que de a ratos de llenaba de pasajeros y de a ratos se vaciaba un poco. Gradualmente se empezaba a notar la diferencia entre los 500 metros de altura de Rishikesh, y las alturas que comenzábamos a alcanzar.

El trayecto del autobús era tortuoso, aunque no especialmente peligroso. Una de esas típicas carreteras de montaña en que no siempre entran dos vehículos de frente a la vez. De este modo, el conductor tocaba la bocina en cada curva y la llovizna entraba por las nunca-del-todo-cerradas ventanillas.

 

Los pasajeros iban muy abrigados, como si ya no estuviéramos en la India de cada día. Y efectivamente, empezaba a hacer más frío. Entre la lluvia y el encierro, el ambiente del autobús se hacía más denso y el olor a humedad era fuerte. Una impresión muy similar a la de viajar en la Puna sudamericana o incluso a los ya clásicos viajes de hace unos años por las Altas Cumbres de Córdoba.

 

Entonces, experimentando esta nueva versión del país me di cuenta de algo que sabía pero sólo de manera teórica, es decir que el clima de la India no era sólo polvo, sandalias y sol, sino también viento gélido, picos nevados y pies fríos.

 

Por otro lado, hace un par de crónicas comentaba acerca de la velocidad media del transporte público en países asiáticos (unos 40 Km. /h aproximadamente). Pues bien, en este recorrido de 170 Km. demoramos siete horas y media, lo cual implica una media de unos 23 Km. /h. En defensa del Ministro de Transporte de la India se podría argüir que era un camino de montaña.

 

 

bushimalaya

 

Jeep

 

Después de dicho periplo llegamos a Uttarkashi, a 1300 metros de altura. Allí hicimos noche.

A la mañana siguiente salimos a la calle para conocer nuevas desventajas de viajar en temporada baja, es decir cuando no es época de peregrinaje.

 

Primero, no había autobuses o cualquier otro medio de transporte público que uniera este pueblo con nuestro destino final, cien kilómetros más adelante.

La única opción eran unos jeeps, que en época de mayor afluencia de visitantes se alquilan de forma compartida entre unas cuantas personas y así se soluciona el tema.

Ante la falta de personas con quienes compartir, tuvimos que luchar mucho el precio para que llegara a algo razonable. Finalmente logramos un arreglo en que el precio era un poco más bajo para nosotros, pero el conductor tenía derecho a subir pasajeros locales por trayectos cortos y así justificar, sobre todo, su viaje de regreso.

 

Este segundo tramo de viaje era más tortuoso que el del día anterior, aunque el camino no eran tan malo como se podría esperar. Gran parte estaba asfaltado, pero era angosto y cerca de los barrancos. Aquí, más que antes, el conductor se la pasa tocando bocina en las curvas y en más de una ocasión tuvimos que hacer marcha atrás para dejar pasar algún camión que venía de frente, ya que hay muchos tramos que están en construcción (a veces parece destrucción) aprovechando la temporada baja.

 

 

Vista desde Uttarkashi

Vista desde Uttarkashi

 

Imagen y realidad

 

Yo había leído muchas historias sobre los Himalayas. Había leído sobre todo, las historias de dioses que habitan sus rincones; las historias de santos que meditan en cuevas escondidas; las vidas de renunciantes que hacen penitencias en las ascéticas montañas.

También había leído algunos libros que describían retiros en las montañas y hasta había escuchado los relatos de boca de mi abuela, que alguna vez había estado en los Himalayas.

 

A pesar de todo esto, yo no tenía una imagen mental definida de estas montañas. Tampoco tenía en la mente el recuerdo de una imagen real, una fotografía o un documental de televisión.

Lo más cercano era la imagen del pico nevado del Everest, que para alguien como yo, es igual a muchos otros picos nevados.

 

A medida que me iba adentrando en las montañas me empezaba a sorprender de lo que veía. No porque fuera algo especialmente fuera de lo común, sino porque para mí era como construir en imágenes por primera vez, una idealización que estaba en mi cabeza.

 

¿Cómo se imaginan ustedes los Himalayas? Es verdad que en un punto yo me los imaginaba un poco como los Alpes suizos, o mejor dicho, como la imagen que tengo de los Alpes, ya que nunca estuve allí. O sea, me imaginaba una Heidi con cabras y un abuelo, me imaginaba una vaca Milka y casitas de madera.

 

Obviamente, la vaca violeta no estaba, pero el espectáculo es igual de maravilloso. Al salir de la planicie el paisaje es aún verde y muy arbolado. Ya a partir de Uttarkashi los espacios parecen ser cada vez más grandes y girando cualquier curva, al filo del barranco, uno ya puede ver un valle que se abre delante a los ojos, con el Ganges corriendo en medio de él, y los picos nevados de fondo.

 

Gradualmente, el paisaje se hace más rocoso, aunque no carente de vegetación. Hay muchos árboles grandes, pero hay poca vegetación pequeña. Es normal, deduzco con intuición geológica, que a tantos metros de altura y estando sobre una montaña, haya poca vegetación.

De todos modos, el paisaje no es desolador, y cada tanto sigue habiendo momentos de verdor, sobre todo junto al cauce del río.

 

 

himalayas1

 

Después de cuatro horas de viaje en jeep para recorrer cien kilómetros (manteniendo la media de 25 Km. /h), llegamos a nuestro destino, a 3.000 metros de altura: Gangotri.

 

Un pueblo sagrado, básicamente por ser la fuente del río Ganges; perdón, de la  diosa Ganga, como comienzo a llamarla a partir de ahora.

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  1. Amor mio, ya lo leí y me gusta.
    Kanagavalli

    Responder
  2. Ya habiamos dicho que para llegar a lo bueno hay q sufrir un poquito.
    Que te deje un comentario aca no significa q me haya puesto al día! Empece del último hacia atrás, aunque no si sea practico…

    Responder
  3. Preciosoo! Podrías decirme algo sobre la fuente sagrada de siete chorros?

    Responder

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