El blog de Naren Herrero sobre Yoga, la India y su filosofía

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¿Cuál fue el primer yoga?

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El primer Yoga

Ciertamente, en el ámbito del Yoga la antigüedad otorga prestigio, y por eso existe el debate, todavía sin resolver, de cuándo y cómo surgió el primer yoga.

Para responder a la cuestión conviene recordar que, según la taxonomía tradicional, existen cinco sendas o caminos (mārga, en sánscrito) principales para alcanzar la liberación o el autoconocimiento, las metas clásicas de todo Yoga. A saber:

  • Karma yoga: el camino de la acción desinteresada.
  • Bhakti yoga: el camino de la devoción a lo Divino.
  • Jñāna yoga: el camino del autoconocimiento.
  • Rāja yoga: el camino del aquietamiento mental.
  • Haṭha yoga: el camino del despertar energético a través del cuerpo y la respiración.

 

A estos caminos le podríamos agregar un sexto: el Nāda yoga o Mantra yoga, el camino de la vibración sonora.

Si analizamos la vasta literatura de los Vedas, los textos más antiguos del hinduismo, veremos que está salpicada de múltiples referencias que, con una mínima dosis de imaginación, se podrían emparentar al ideario yóguico.

Nos referimos, por ejemplo, a la propia palabra yoga, al sello de Pashupati con piernas cruzadas, al culto al dios Sol (Sūrya), a la figura del errante keshin, un «asceta de largos cabellos», que aparece en un antiguo himno védico o a la hermandad chamánica de los vratyas que reflejan los ciclos de la Naturaleza en sus «corrientes vitales» o respiraciones, que hoy llamaríamos prāṇāyāma.

La opinión académica mayoritaria es que se trata de pruebas fragmentarias e insuficientes -en mucho casos «tiradas de los pelos»- para determinar si el Yoga existía como tal en la época védica, es decir antes del 1000 a.e.c.

De hecho, la opinión oficial académica es que el yoga mental (raja yoga) surgió hace unos 2.500 años con la idea de controlar los sentidos y la atención; mientras que el yoga físico no tendría más de 1.000 años.

Al mismo tiempo, los estudiosos no niegan que algunas prácticas y conceptos que se presentan en aquellos textos védicos hayan prefigurado, de alguna manera, el rumbo del sistema yóguico que se hará explícito solo unos siglos más tarde.

Para empezar, entre esos indicios tenemos el abundante e indispensable uso de las fórmulas sagradas o mantras en el ritual védico, que se mantuvo a lo largo de la historia del Yoga como una banda sonora siempre presente.

Desde la invocación a los dioses en la liturgia sacrificial, pasando por la conversión del mantra en mero objeto de concentración mental o en elevada herramienta devocional, hasta mutar, ya en el siglo XXI, en un ingrediente clave de la música de relajación después de una sesión de yoga dinámico.

En base a este recorrido es que algunos maestros -como el erudito David Frawley- sostienen que el primer método que existió fue el Mantra Yoga.

Al mismo tiempo, es innegable que los antiguos ritualistas védicos, además de recitar, actuaban a través de sus ceremonias y esa acción, que en sánscrito se dice karma, tenía una intención bien clara y establecida: satisfacer a los dioses para así mejorar la propia vida terrenal junto a la de los demás seres.

Por tanto, la acción ritual era la causa que favorecía el efecto deseado, es decir una vida próspera y feliz. La idea de que toda acción genera una reacción ya estaba establecida en el sacrificio védico que, en el plano práctico, implica un proceso de intercambio con los dioses (ofrendas de mantequilla y arroz a cambio de lluvia y salud) y, en el plano filosófico, una visión de correspondencia entre el microcosmos humano y el macrocosmos Divino.

Este tipo de acción con foco en los frutos no es lo mismo que algunos siglos más tarde, gracias a las enseñanzas de Bhagavad Gītā, se conocerá como karma yoga, «el camino de la acción desinteresada», que consiste en hacer la acción correcta, pero sin obsesionarse con los resultados, como forma de reducir y purificar los patrones egoístas de la mente.

Entonces, todo indicaría que el karma yoga no fue el primer yoga, aunque la práctica por antonomasia del karma yoga, el servicio (sevana) -sobre todo al guru-, aparece ya en las más antiguas Upanishads como un indicador de que nos fácil trazar líneas tajantes.

En el Yoga popular moderno del siglo XXI, la acción ritual se podría ver reflejada, por ejemplo, en la presencia de altares -en estudios de yoga o casas particulares- que no necesariamente respetan el canon védico original y pueden combinar, como alguna vez he visto, una estatua del Buda, una imagen de la Virgen de Guadalupe, una foto de Bob Marley y un trozo de cuarzo rosa.

A la vez, la utilización de imágenes, velas o inciensos en el espacio de práctica es, además de una forma de ritual, una forma de devoción o bhakti yoga. En algunas de las principales Upaniṣads como la Īśa o la Śvetāśvatara (200 a.e.c) ya se puede vislumbrar el camino del amor devocional, que textos posteriores van a sistematizar.

Al mismo tiempo, quién podría negar que los antiguos rituales védicos ya mostraban un componente devocional, empezando por el respeto y la reverencia, que son cualidades nacidas del amor. Desde ese punto de vista, el bhakti yoga podría ser el primer yoga, ya que la maravilla por lo Supremo y su consiguiente alabanza están registradas desde hace milenios en la India.

Hoy en día, en que hablar de Dios no es atractivo, algunos linajes de Yoga postural moderno (haṭha yoga) exhortan a los practicantes a ofrecer mentalmente los beneficios de su práctica de Yoga para otros seres o una causa sublime. Esta ofrenda de amor desinteresado combina la bhakti con el karma de una forma novedosa. Hace tres mil años se ofrecían granos y mantras a una hoguera, hoy se ofrecen ásanas en el fuego del esfuerzo.

Finalmente, de los cinco caminos clásicos, el jñāna yoga es, sin duda, tan antiguo como las Upanishads, e incluso anterior. El Rig Veda, que es el texto más antiguo de la India (1500 a.e.c aprox.), presenta ya especulaciones filosóficas dignas de los grandes pensadores de todas las épocas como las preguntas del llamado «Himno de la creación» (10.129):

«¿Quién sabe la verdad?

¿Quién puede decirnos de dónde nació,

de dónde vino esta creación?

Los propios dioses nacieron después.

¿Quién puede, pues, saber de dónde surgió

Por supuesto, desde siempre el ser humano se ha hecho las grandes preguntas, aunque la gran pregunta del jñāna yoga («¿Quién soy yo?») sea menos cósmica y se centre en la autoindagación que lleva al autoconocimiento.

Si lo que buscamos es una respuesta rápida para un titular atractivo, vemos que el primer yoga requiere cierto análisis y un grado de preparación para llegara resolver el misterio con el intelecto pero también con la intuición.

Como este texto tiene que acabar, lo que sí podemos concluir es que el primer yoga difícilmente haya sido un método aislado de la integralidad del ser humano.

Por ello, la búsqueda de respuestas (jñāna yoga), la veneración hacia el Universo (bhakti yoga), la vibración sonora y el canto (mantra yoga), el servicio (karma yoga), el dominio de la atención (rāja) y la regulación del cuerpo y la respiración (haṭha) estuvieran todos juntos en esos lejanos orígenes de lo que, de alguna manera, practicamos hoy.  

 

 

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