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La importancia de obedecer al Guru

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La semana pasada se celebró Guru Pūrṇimā, el día del maestro espiritual, y el simbolismo y la importancia de este evento anual todavía me están haciendo reflexionar. Si bien es verdad que el día del Guru es una vez al año, la relación maestro-discípulo dura para toda la vida o, en realidad, para todas las vidas, pues se explica que una vez que el maestro acepta al discípulo se hace cargo de su progreso espiritual para siempre, incluso cuando el discípulo se desentienda del maestro o abandone su cuerpo físico.

Como personas occidentales e inmersas en la modernidad, con sus candentes valores de individualismo e igualdad de opinión, nos cuesta aceptar, al menos de forma consciente, que otra persona nos diga cómo vivir nuestra vida. Puede ser que esta temporada, porque alguien a quien no conozco lo dictamina, me deje la barba muy larga, consuma yogur con bifidus o me abra una cuenta en Pinterest, pero de ninguna manera aceptaré que un tercero, por más sabio que sea, me diga cómo ser más feliz espiritualmente.

Al parecer, el psicólogo y escritor Carl Jung dijo que, sobre todo en términos espirituales, “si hay una cosa que el hombre moderno no puede hacer es obedecer”, ya que la consciencia moderna rechaza la fe sin una confirmación empírica. Efectivamente, en nuestros tiempos la fe es considerada casi un “primitivismo”, una cualidad que poseen aquellas personas incapaces de discernir, analizar o generar pensamiento crítico.

Para muchos, la emancipación de las opiniones ajenas (especialmente si son discursos muy jerarquizados como la religión, el régimen político, la estructura familiar) es el gran logro de la modernidad, en que cada individuo, en apariencia, tiene su propia opinión, su conciencia crítica y su libertad de acción.

Siguiendo la línea individualista y auto-suficiente de la actualidad, es muy normal que sean pocas las personas que estén interesadas en tener un guru, es decir un preceptor espiritual, y muchas menos las que, de tenerlo, estén dispuestas a obedecerle. De hecho, hay una frase que últimamente escucho mucho: “El guru está dentro de uno mismo, en el corazón”.

Nadie niega que la frase sea cierta, aunque quizás está algo malentendida y mi pregunta es: “¿Estás seguro de que ese consejero que estás escuchando en tu interior no son tus patrones mentales prefijados, tus hábitos arraigados de años, tus intereses personales, las tendencias arrastradas de otras vidas, tus miedos, tus fantasías, el seductor eco del eslogan que escuchaste en una publicidad de relojes…?”.

Una de las ventajas de tener un guru exterior es que, así, el discípulo “tiene un ejemplo humano y concreto en el que basar su propia vida”. De hecho, la tradición de la India considera que el conocimiento espiritual se transmite básicamente a través de la relación guru-discípulo aunque el verdadero conocimiento espiritual sólo puede ser impartido de forma sutil o psíquica, por la gracia del maestro. Para ello, el estudiante se compromete a seguir las enseñanzas del maestro con sinceridad y gran veneración, con total obediencia.

Para personas occidentales y modernas como nosotros, esto puede sonar demasiado, pues la razón y la lógica son algunos de los pilares de nuestra cultura y, por tanto, nadie quiere “someterse” a ideas ajenas si, antes, éstas no están en consonancia con las ideas propias. Como expliqué la semana pasada, un estudiante sincero, que ha hecho auto-indagación, sabe que la mente tiene muchos trucos y que el laberinto intelectual no siempre tiene salida. Por ello, si quiere avanzar realmente en el sendero, hay veces en que simplemente debe tener fe inquebrantable en las palabras de su guru y seguir sus órdenes o consejos ciegamente.

Cultivar la obediencia al maestro es cultivar la humildad y la gradual disminución del ego-individual. También es atizar el fuego de la fe. A este respecto, me gustó mucho la historia que cuenta Swami Chidanand Saraswati en su boletín de saludo por Guru Púrnima:

“Había un hombre que quería caminar sobre el agua. Le suplicó a su guru que le diera un mantra secreto o un don especial para que pudiera lograr esa proeza tan notable. El hombre era extremadamente pío y devoto y había estado al servicio de su guru por muchos años. Por ende, el guru le dio una hoja, doblada en sí misma muchas veces hasta quedar muy pequeña. Le dijo a su discípulo: ‘Dentro de esta hoja hay una fórmula secreta que te permitirá caminar en el agua. Sin embargo, no debes abrir la hoja porque la fórmula que hay dentro es secreta’. El hombre está de acuerdo, toma con cuidado la hoja doblada entre sus manos y comienza su camino a través del río.

Está caminando bien cuando, de repente, es asaltado por la curiosidad. ¿Qué será esta fórmula secreta? ¿Hay realmente un secreto dentro? ¿Será un polvo o una piedra o habrá un mantra sagrado impreso? ¿De dónde lo habrá sacado el guru? Sus dudas pueden con él y entonces lentamente comienza a abrir la hoja mientras camina, pero con cuidado, no vaya a ser que algo de la fórmula sagrada caiga al agua. Tan pronto como despliega el último trozo para descubrir el secreto, el discípulo se hunde en el agua y se ahoga. Dentro de la hoja estaba escrita una simple palabra: fe”.

Como explica Swami Chidananda, no fue la hoja ni un mantra secreto lo que produjo el milagro, sino la fuerza de la fe en el guru. Tan pronto como su fe titubeó y dio lugar a la duda, el discípulo perdió su vida.

Justamente, estos días leí una frase de Swami Premananda que viene el caso, donde simplemente da el siguiente consejo: “Piensa, ‘mi gurudev es un hombre muy poderoso y me apoya, nunca me hundiré'”.

Obviamente, tener fe total en el maestro es muy difícil. No es una cualidad que venga dada. De hecho, cualquier devoto tiene como uno de sus grandes anhelos el tener fe absoluta en el guru y, en general, realiza prácticas para fomentar dicha fe, pues lo normal es que nos dejemos enredar, una y otra vez, por nuestro ego y por el mundo material y caigamos en el desasosiego y en las dudas.

Para fomentar esa fe, entonces, lo que me parece importante es entender, al menos intelectualmente, que tener fe y seguir las enseñanzas y consejos del maestro es útil para el propio crecimiento espiritual. Ya que somos seres “racionales”, podemos empezar convenciendo a nuestra razón, por ejemplo: “si esta persona ha logrado el gran logro del auto-conocimiento; ha alcanzado la meta máxima de la vida humana; lleva su vida como un ejemplo para la humanidad; sus palabras me reconfortan y ayudan; he sentido en mi interior destellos de su grandeza, pues entonces le voy a intentar seguir e imitar”.

A partir de este proceso analítico lógico, es probable que uno pueda empezar a obedecer al guru sin poner tantas trabas racionales y, de esta forma, la propia fe se vaya acrecentando.

Como consecuencia, el estudiante recibirá la gracia del maestro de forma natural y, casi sin notarlo, su fe seguirá creciendo y, entonces, recibirá más certezas y como resultado su fe continuará ampliándose y cuanto más cerca sienta a su guru más fe tendrá y más cerca estará, curiosamente, de su propio guru interior.

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  1. Álvaro Enterría

    “Hijo de vecino” es uno de los escasos occidentales que comprenden la tradición hindú. Los demás simplemente la adaptan a sus gustos…

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  2. Juan Vicente

    Actualmente hemos cambiado el gurú por psicólogos, coaches, escuelas de yoga, gimnasios, etc. Antiguamente el gurú representaba todo eso y mucho más. Eran otros tiempos.

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  3. Néstor Clavijo

    En el Bhagavadgītā (cap. 4, verso 34) se menciona la forma en que uno debe acercarse al maestro espiritual:

    तद्विद्धि प्रणिपातेन परिप्रश्नेन सेवया।
    उपदेक्ष्यन्ति ते ज्ञानं ज्ञानिनस्तत्त्वदर्शिनः

    «tadviddhi praṇipātena paripraśnena sevayā upadekṣyanti te jñānaṁ jñāninastattvadarśinaḥ»:

    «Conoce (viddhi) eso —ese conocimiento— (tad) por medio de postración (praṇipātena), indagación (paripraśnena) [y] servicio (sevayā). Los sabios (jñāninaḥ) que perciben (darśinaḥ) la Verdad (tattva) te instruirán (upadekṣyanti te) en lo referente a conocimiento (jñānam)»

    También se afirma que el guru es el experto capitán que guía sabiamente el barco (el discípulo) en el océano de sufrimiento (mundo). De ahí la importancia de seguir al pie de la letra sus instrucciones para evitar que el velero encalle.

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  4. Joan Espinach

    En referencia al porqué los occidentales son tan reacios a seguir a un maestro, creo que es debido, mas que a una autoimportancia arrogante, que para mi no es más que miedo a la propia debilidad ante el mundo, al temor a ser engañados.
    Esto genera una desconfianza enorme. No puedo dejar de pensar que vivimos en un mundo donde todos dicen querer nuestro bien y por otro lado no les cuesta lo más mínimo mentirnos para conseguirlo. La mentira y el engaño campan a sus anchas en nuestras sociedades, hasta tal punto que la mayoría entiende que para poder vivir en ellas se tiene que recurrir inevitablemente a la mentira aunque sea la piadosa. Todo el mundo sabe todo pero en el fondo nadie se cree nada.
    Así es muy difícil el convertirse en discípulo.

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  5. Pingback: Guru Purnima - Julia Zatta

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