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Ese puntito en la frente

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Entre los preconceptos estereotípicos que tenemos de la India en Occidente se pueden enumerar, a veces rayando la hipérbole, que todos van con turbante, que las personas se transportan en elefante, que las personas viajan en el techo del tren, que todo el mundo es pobre, que las vacas se mueven a su antojo, que hay muchos mendigos, que la comida es picante…

Pues bien, como siempre, hay algunas ideas que son verdaderas y otras falsas. Muchas de estas concepciones han sido, en la medida de lo posible, refutadas o confirmadas en las crónicas de este diario, y hoy pensé en hablar de otro típico estereotipo: ese puntito en la frente.

Ya saben a lo que me refiero: esa marca que llevan los indios en la frente, ese punto en el entrecejo, esa mancha de color que significa…

Pottu

Antes que nada le pondremos nombre: Yo le digo pottu, que es como se le dice en lengua Tamil; luego está la más popular palabra tilak, que es hindi, y finalmente se le puede llamar bindi, que viene del sánscrito. En todos los casos, el significado es literal, algo así como “punto”.

En esencia, el pottu es una marca de pertenencia religiosa, principalmente del Hinduismo. A este respecto, su ubicación en el entrecejo no es casual ya que allí es donde, según la filosofía espiritual de la India, se encuentra el “tercer ojo” u “ojo espiritual”.

En lo relativo a la meditación, el tercer ojo es, por antonomasia, el punto donde el practicante debe enfocar su atención, su mirada interna; el lugar que favorece el aquietamiento de la mente.

De hecho, el “tercer ojo” es también conocido como el “punto de luz”, ya que con la práctica de la meditación se dice que es normal que el meditante observe un punto lumínico en su entrecejo. Sobre esto, hace ya un par de años y cien posts, conté una experiencia personal en New Delhi con un discípulo de Sri Satpal Ji Maharaji.

Ajna

Unisex

Si bien en Occidente el uso del pottu se relaciona más bien con las mujeres, hay que decir que en la India se trata de un elemento “unisex”. Ya he contado que es normal ver por la calle tanto a niños, jóvenes y ancianos con sus pottu en la frente. Los niños van a la escuela con su pottu, y los maestros los esperan con un pottu; el oficinista de camisa y zapatos lleva su pottu, también el vendedor de té y el conductor de autobús.

Obviamente, lo mismo se aplica para las mujeres, con el agregado de que el tilak toma un carácter más decorativo y las variedades de formas y colores se multiplican. En estos tiempos se pueden comprar tilak autoadhesivos, con el diseño ya hecho, de manera de asegurarse el buen gusto y, además, la practicidad.

De todos modos, tradicionalmente, los materiales para el pottu son más bien tres, todos relacionados con la liturgia espiritual.

Por un lado, vibhuti o ceniza sagrada, que como más de una vez he explicado no se trata de una ceniza cualquiera, sino de la resultante de un proceso de quemado que incluye bosta (boñiga) de vaca, miel, leche y maderas especiales.

Esta ceniza se puede comprar en tiendas, se puede recibir en templos y, muy extraordinariamente, puede deber su aparición a un milagro.

Como corresponde con la ceniza, es de color gris y más que puntos, sirve para dibujarse líneas en la frente. Se podría decir que el uso de vibhuti es más típico de los sacerdotes o de las personas santas.

En cuanto al pottu, específicamente hablando, se compone de pasta de sándalo y de kumkum. El primer elemento es justamente pasta derivada de madera de sándalo, un árbol súper fragante y considerado sagrado en la India. La pasta en cuestión tiene la propiedad de “enfriar la mente”, y más que al tórrido clima de la India, refiere a la cualidad de calmar la mente, sobre todo para la meditación, de la vorágine de pensamientos que nos asaltan en la vida diaria.

Es con esta pasta que se crea, tradicionalmente, la base color ocre del pottu.

El kumkum, por su parte, es un polvo rojo, que entre sus ingredientes principales contiene cúrcuma y orina de vaca. Se dice que el kumkum tiene propiedades curativas, y es justamente con él con que se corona el famoso pottu tradicional. Gracias a la pasta de sándalo húmeda colocada previamente en la frente, el polvo de kumkum se adhiere sin problemas y se obtiene un círculo rojo enmarcado por una aureola ocre. Al menos idealmente.

Swami Premananda

Swami Premananda en el Ashram con pottu y vibhuti

Realidad

Si tenemos en cuenta que los indios realizan esta acción decorativo-espiritual desde siempre, entonces es normal que logren tal perfección circular y ornamental con sus pottu.

Para la ejecución hay distintos métodos, y uno de los secretos es que la pasta de sándalo tenga la consistencia justa para que no gotee agua ni esté demasiado seca, y así pierda su adherencia.

En lo referente a colocarse el kumkum puede hacerse con el dedo pulgar, lo que asegura un buen y amplio círculo rojo, aunque con el dedo anular o índice es más delicado.

Si uno es un principiante es recomendable tener un espejo a mano, pues nunca se sabe qué diseños se pueden lograr a ciegas, amén de errar el cálculo y ponerse el pottu descentrado, a un costado, o como una pintura dadaísta.

En el Sri Premananda Ashram de la India, por ejemplo, los visitantes occidentales andamos tan tranquilamente con nuestras frentes pintadas, pues por un lado hay muchos rituales, y por otro lado hay pocos espejos. Claro, al no verse reflejado en el espejo, ni tampoco ser mirado con extrañeza por los demás, uno ni siquiera se da cuenta de su look. Al menos hasta que algún “benévolo” interlocutor nos vuelve a la realidad de la estética formal.

Miradas

La dificultad surge si, de regreso a Occidente, uno quiere seguir llevando su pottu por la vida. Evidentemente, hay personajes famosos, sobre todo mujeres, como Madonna o Julia Roberts, que aparecen con sus elegantes tilak, y marcan tendencia. En este caso, sí que las mujeres lo tienen más fácil.

En cambio, si yo bajo a la frutería con mi pottu amateur y algo amorfo, lo mínimo que me traigo de vuelta a casa es una bolsa de naranjas, tres limones y una oferta de escudriñadores ojos clavados en la frente.

No es que yo salga a la calle con mi pottu con la intención de mostrarlo, sino que muchas veces me olvido que lo tengo. Es decir, puede que después de la meditación matinal me queden rastros de vibhuti en la frente, o que justamente ese día haya hecho mi abishekam semanal a la estatua de Ganesha y entonces tenga rojas marcas de kumkum.

Parece que es hereditario. La historia de mi familia está llena de anécdotas sobre andar desprevenidamente con manchas en la frente. Por ejemplo, mis padres tienen un restaurante-hostería en Argentina y es inevitable que, cada dos por tres, salgan a recibir un cliente con una marca de kumkum en la frente. Algunas pocas personas no lo notan, otras personas se hacen las que no lo ven, pero por supuesto hay otras que preguntan e incluso se preocupan con frases del tipo, “¿Qué le pasó en la frente?” o “¿Tiene una herida?”.

Personalmente, mi caso más reciente fue el de ir, sin darme cuenta, con una marca de vibhuti a una clase de catalán, y entonces un compañero se me acercó sigilosamente para entre susurros alertarme: “Tienes dentífrico en la frente”.

Yo, rebelde, simplemente asentí y me quedé inmóvil; entonces, otro compañero se me acercó, y con gestos más que con palabras señaló mi frente, instándome a limpiarla. Otra vez, queriendo demostrar que no me avergonzaba, me quedé quieto, como si nada. Y si bien no me avergonzaba, no creo que la regla general sea, en mi caso, andar por la vida con mi pottu, porque por más que no me lo quite soy consciente de que lo tengo y no me interesa ser foco de miradas.

Así que ya saben, si un día me ven por la calle con mi pottu, no hace falta que pregunten nada, o si quieren, me pueden decir sin tapujos que lo tengo. A fin de cuentas, para mí es un símbolo espiritual cuyo significado va más allá de la apariencia. Para la cuestión ornamental, en todo caso, ya tenemos a Madonna.

Fuentes de Imágenes:

enbuenasmanos.com

sripremananda.org

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Un comentario »

  1. Tengo que decir, que el pottu de esta foto no fue resultado de una práctica novata, sino de un indio que, en el templo de Rameswaram, delante de unas estatuas de deidades (creo recordar que de la Madre Divina) me lo aplicó así, “a la brava”, instándome a hacer una donación, a cambio..

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