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Elucidación sobre el vegetarianismo

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Cada vez que voy a una comida en donde hay personas nuevas o que no me conocen, el tema sale inevitablemente. Incluso en comidas donde las personas ya me conocen, y saben de mi régimen alimentario, el tema del vegetarianismo sale a la luz, ya sea esto por interés real, ignorancia, curiosidad o por simples ganas de discutir.

En el mundo moderno occidental el vegetarianismo tiene cada vez más aceptación, por diversos motivos; sin embargo, para muchas personas no son claras las razones de una postura así, a veces considerada drástica, para la alimentación. Yo mismo, en mi caso particular, puedo encontrar puntos en que el malentendido y la confusión se entremezclan con los argumentos sólidos y los decálogos filosóficos.

Con esta explanación no puedo prometer zanjar la polémica o aclarar todas las dudas; mi intento más bien, es el de fundamentar de manera espiritual mis razones, con la esperanza de que, sobre todo, dejen de preguntarme en cada comida la famosa frase de “¿Por qué eres vegetariano?”.

Iguana

Cuando nací, mis padres eran vegetarianos por elección debido a su involucramiento con el yoga y la filosofía espiritual de la India. Por lo tanto, yo (y también mi hermano) fui criado como vegetariano, al menos en mi tierna infancia. Pero no se trataba de simplemente no comer carne, sino que la alimentación que recibí estaba basada en una dieta naturista, también relacionada con la medicina naturista.

Por lo que veo, este concepto de “naturista” no es uniforme, y según la época y la corriente tiene variaciones, no siempre pequeñas. De hecho, en España, he notado que el concepto naturismo va directamente asociado al de nudismo, tema que da para un nuevo blog entero y del que mejor voy a prescindir por ahora.

En el caso de mis padres, y en rasgos generales, la dieta naturista tenía que ver con la eliminación de la carne, pero también de productos industrializados, de azúcar y harinas refinadas; a su vez, se incluían muchas frutas y legumbres y la cocción de las verduras era generalmente al vapor, cuando no crudas (en muchos puntos sería lo que hoy se llama comida “biológica” u “orgánica”)

Es verdad que en mi inconsciente infantil pueden haber dejado alguna mella de trauma aquellos batidos de remolacha cruda con zanahoria (y más aún en mi hermano, que en su momento pronunció la famosa frase familiar de “cuando sea grande comeré hasta iguana”); pero a la vez, se podría decir que soy un ejemplo de que un niño criado de una manera estrictamente vegetariana puede crecer sano físicamente, y que para ello, la necesidad de la carne no es fundamental como sostienen muchas personas, especialmente en el ámbito de la medicina.

Más allá de la anécdota de la iguana y los jugos de remolacha, también recibimos las típicas indulgencias pueriles de golosinas y helados, y para nada creo tener alguna represión de aquellos tiempos.

Restaurante

Pasaron los años y yo ya tenía unos ocho cuando mis padres pusieron un nuevo negocio: un restaurante. El detalle es que no se trataba de un restaurante vegetariano, pues en aquél entonces (año 1987) y en una zona poco poblada, no tenía posibilidades de triunfar. De a poco el restaurante empezó a trabajar y, también de a poco, me fui relacionando con la comida no-vegetariana.

Si bien la dieta familiar se mantuvo siempre más cerca del vegetarianismo que de otra cosa, nuestros hábitos alimenticios cambiaron gradualmente y comencé a comer carne (también mi hermano, que de todos modos nunca llegó a probar iguana).

Basándose en sus lecturas (especialmente “La Ciencia sagrada” de Swami Sri Yukteswar) mis padres estaban convencidos de que el ser humano, por razones fisiológicas, no nació para ser carnívoro, sino más bien frugívoro, justamente por sus diferencias con el resto de los animales que sí son patentemente comedores de carne. Entre estas diferencias se enumeran la forma de la dentadura, el tamaño de los intestinos, la carencia de garras, y también la natural repulsión a la carne cruda, tanto al gusto como al vista.

Estos hechos innatos, que yo considero verdaderos, más la crianza vegetariana de mis primeros y fundamentales años, se vieron reflejadas con el tiempo en mi relación con la carne. Si bien ahora comía carne de manera esporádica, tenía muchos pruritos. La carne tenía que estar muy cocida, casi quemada; prefería la carne blanca que la roja, y además era muy conservador, sin llegar a probar las partes del animal que me daban cierta impresión, por más deliciosas que me dijeran que eran.

Para cualquier persona nacida y criada en Argentina, donde se come (o comía, dirán algunos por el tema de los precios) carne cada día; o donde, al menos, hay un asado por semana; ser vegetariano es visto como algo raro. De hecho, durante mi adolescencia fue la época en que más carne debo haber comido, quizás un poco por rebeldía pero, sobretodo, como forma de sentirme parte de un grupo, que es lo que todos los adolescentes necesitan sentir.

Cuando empecé la universidad seguí comiendo carne, sobre todo comida chatarra como hamburguesas y los famosos choripanes cordobeses, parte fundamental de la dieta de cualquier estudiante.

Fue sólo después de mi primer viaje a la India que definitivamente abandoné la carne.

Tipos

Al parecer, según entiendo, hay una aceptación relativamente general en que ser vegetariano es ser más sano, aunque no está muy claro porqué, como sí lo está el caso del tabaco y el alcohol, por ejemplo. Quiero decir, si alguien dice que no bebe o fuma, todos acordamos que es una persona sana, pero si alguien no come carne, por un lado, se considera que es sano por las toxinas y el colesterol que evita, mientras, por otro lado, se habla de falta de proteínas, de anemia y de radicalidad alimenticia.

Supongo que aquí me dirán aquello de la maldad de los extremos, y que si uno come carne de manera moderada no debería tener grandes problemas de salud. Es probable.

Desde el punto de vista de la salud, el no comer carne repercute en una mejor digestión, un buen funcionamiento intestinal y una sensación de mayor ligereza que, en teoría, lleva a un mejor rendimiento físico y mental. Estoy de acuerdo con todo esto, aunque es apenas uno de los posibles motivos de vegetarianismo.

Otra opción es ser vegetariano por herencia de crianza, como fue mi caso al principio, y otros casos que conozco. Quizás no hay una razón filosófica detrás de tal decisión, sino que es un (buen) hábito que simplemente no se quiere o puede cambiar (como también pasa con aquellos criados en base al carnivorismo).

A su vez, uno de los grandes motivos de vegetarianismo es el respeto por las vidas de los animales (me veo tentado a decir que se basa en una ideología humanitaria, pero quizás es más apropiado decir “animalaria”). No se trata sólo de protestar contra los abrigos de visón, sino de adoptar un estilo de vida que, por más personal y minúsculo que sea, contribuye de manera consecuente con una idea de mundo (Gandhi dijo, “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”).  En esta línea, hay personas que van más allá de la comida y, por ejemplo, no utilizan artículos que provengan de animales, tales como vestimenta o utensilios.

Aquellos que siguen la filosofía del veganismo van todavía más allá, y en su intención de no explotar a los animales no consumen nada que tenga componente animal (ya sea total o parcial), incluso cuando no implique la muerte del animal, por ejemplo miel, leche o huevos.

Justamente los huevos son un tema de debate, pues los vegetarianos estrictos (ya no hablamos de veganos), por ejemplo los de la India, no ingieren huevos. Se supone que si el huevo no ha sido fertilizado, entonces no tendría chances de contener una futura vida, aunque, claro, ¿cómo saber si fue fertilizado? (en el caso del típico huevo de supermercado es difícil creer que sean fertilizados por las condiciones intensivas de las gallinas ponedoras)

Aquellos que consumen huevos y lácteos son los llamados ovolactovegetarianos, que sería mi caso particular.

Después, dependiendo del país, la preferencia personal o la necesidad, hay también llamados vegetarianos que únicamente comen carnes blancas (pescado, pollo…), desistiendo sólo de las carnes rojas. Y yendo a otro extremo está el llamado frugivorismo, una forma de veganismo, que excluye a las plantas, y se basa sólo en fruta (aunque la definición de fruta puede variar, según leo).

Religión

Evidentemente, otra de las grandes razones para el vegetarianismo es la religión. Ya he dicho que en la India, sobre todo al sur, los hindúes son vegetarianos, como parece marcar la tradición.

En el Islamismo y el Judaísmo es conocida la prohibición de comer cerdo (y algunos otros animales menores), aunque no parece tener una relación directa con el vegetarianismo, sino con motivos culturales y litúrgicos.

En el Cristianismo había una costumbre de no comer carnes rojas los viernes; una costumbre que ahora ha sido más bien delimitada al Viernes santo.

El Budismo moderno, una de las religiones que más pregona el respeto a los animales, al parecer no tiene entre sus preceptos absolutos el ser estrictamente vegetariano. El Jainismo, por su parte, sí que es estrictamente vegetariano.

Más allá de este abanico de posibilidades, mi caso particular de vegetarianismo, el único del que puedo hablar con total conocimiento, tiene su asidero en razones espirituales. Por supuesto, la influencia de la crianza paterna, como ya narré, fue fundamental, pero cuando finalmente decidí volver al vegetarianismo lo hice por propia voluntad y habiendo sopesado los argumentos pertinentes.

Seguramente mi viaje a la India influyó, y también el hecho de involucrarme con rituales tradicionales de la india, como el abishekam, que consiste en bañar una deidad con agua y otros elementos. Para realizar un abishekam se aconseja, entre otras cosas, no haber comido carne los tres días previos al ritual. Por razones prácticas, en lugar de estar contando los días que faltan o pasaron, uno deja de comer carne y es más simple.

Pero claro, ese es apenas un motivo práctico, que se suma a mi desinterés por la comida animal y a mi cuerpo criado sin la necesidad de la carne. Mi verdadero argumento, repito, es espiritual.

Felipe

A lo largo de mi contacto con las enseñanzas espirituales de Swami Premananda he escuchado y leído varios discursos sobre el vegetarianismo y la espiritualidad. Fiel a su método de no obligar a nadie, sino más bien de mostrar lo que él considera el camino correcto para ser más feliz y más espiritual, Swami defiende el vegetarianismo pero, en general, no condena terminantemente el comer carne.

Sin embargo, hay un discurso de Swami Premananda (en Premananda Satsang Vol. III, # 31) que para mí es el más radical sobre el tema y en que explica de forma clara el porqué del vegetarianismo en el camino espiritual.

Con su clásica sencillez Swami dice, “Cuando se mata a cualquier criatura, su cuerpo se llena de miedo y terror. Se liberan entonces ciertas sustancias químicas, tal como la adrenalina.  Más tarde, si coméis esa criatura, también estáis comiendo la misma energía de miedo y las mismas sustancias”.  Hasta aquí es algo que ya hemos escuchado en otras partes.

Luego, con su también clásica franqueza Swami agrega: “Así que ahora habéis puesto trozos de cadáver en vuestro estómago… ¿Pensáis que es bueno enterrar en vuestro cuerpo animales, pescados y aves muertos? ¿Cómo podéis tornaros puros en cuerpo y mente si llenáis a ambos de carne muerta que se descompone? Es sin duda muy difícil”.

Puede que esta idea no sea nueva, ya Quino en una de sus geniales viñetas, mostraba a un Miguelito horrorizado al encontrar “un cadáver de pollo en la heladera” de Felipe. Así como Felipe esa noche se limitó a la verdura sin querer probar un bocado de carne, en mi caso, estas enseñanzas espirituales me han marcado.

No se trata de que me dé impresión o asco comerme un cadáver (que también podría ser el caso), sino que al ser plenamente consciente de ello, y entenderlo como una contradicción en mi camino en la búsqueda de la pureza interior, no me parece sensato comer carne. No me da ni ganas, en realidad (admitiendo el hecho de que haber sido criado como vegetariano haga más fácil para mí que para otros la deserción carnívora).

Ahimsa

Para mí tiene sentido que si uno está buscando su verdadera esencia; el auto-conocimiento; estar en contacto con su propia alma, no meta cadáveres a su cuerpo. También porque una búsqueda espiritual implica estar en armonía con el mundo, con la creación, con los otros seres, y según explican las enseñanzas espirituales de la India no es correcto matar a otros seres para alimentarse con ellos.

Swami dice, “Todos habláis de ‘amor’ y ‘compasión’ o decís, ‘el plan de Dios es defectuoso y hay demasiado sufrimiento’. ¿Quién causa el sufrimiento? El hombre causa el sufrimiento. Y él lo comenzó matando a sus semejantes para comerlos”.

A su vez, el Mahatma Gandhi dijo, “Yo no considero los alimentos cárnicos necesarios para nosotros. Opino que los alimentos cárnicos no son apropiados para nuestra especie. Erramos en imitar al mundo animal inferior si somos superiores a él. La única forma de vivir es dejar vivir”.

O sea que no se trata sólo de mantener puro el cuerpo donde reside nuestro espíritu (el llamado “templo del alma”); sino que además es una actitud de respeto (una actitud dharmica se diría en la India) que está en consonancia con los valores universales y eternos en que se basan las enseñanzas espirituales, en este caso en el precepto de ahimsa.

Ahimsa, como alguna vez expliqué, es un término sánscrito que se traduce generalmente como “no violencia”, pero cuyo sentido total se asemeja más a la traducción “no dañar”. Pues se trata de una regla de conducta que implica no herir ni matar a ningún ser vivo, de manera física, por supuesto, pero incluso se puede trasladar a planos más simbólicos. En ese punto, el ahimsa perfecto es también no dañar de palabra y de pensamiento, además de acción.

Ahimsa, además, es el primer yama (control) que se explica, por el sabio Patanjali, en los antiguos Yoga Sutras de la India, como método para lograr la iluminación.

Flexibilidad

De todos modos, no quiero que mi caso particular y esta visión de “tener cadáveres dentro del cuerpo” suene muy fuerte. A mí, mi postura elegida me parece lógica y correcta, pero como ya he mostrado, hay muchas formas de interpretar el vegetarianismo.

Asimismo, el discurso de Swami, del cual he citado unos extractos, se generó con una pregunta simple que le hizo una persona: “Para desarrollarme espiritualmente, ¿debo hacerme vegetariano?”.

La respuesta inicial de Swami fue: “No necesariamente. Algunos líderes espirituales y santos no fueron vegetarianos pero realizaron a Dios. Sin embargo, ellos tenían la capacidad de unirse a Dios”.

Mi interpretación es que no hay un solo camino correcto, y que no se pueden poner las mismas reglas estrictas para todos los buscadores espirituales. Si una persona ya está muy evolucionada espiritualmente, entonces sin duda puede comer lo que quiera, eso no tendría que afectarle. Pero, si un hijo de vecino como yo quiere avanzar en el camino espiritual, es mejor que siga en la práctica la mayoría de los preceptos espirituales universales.

Confirmando su flexibilidad, al final del discurso Swami dice, “Mi amor y mis bendiciones están con todos vosotros, tanto seáis o no vegetarianos”.

Y luego da un consejo para aquellos que tengan un interés en volverse vegetarianos: “Si queréis cambiar vuestro estilo de vida y haceros vegetarianos, podéis hacerlo de forma gradual. Convertid ciertos días de la semana en días de vegetales. Lentamente aumentad esos días…Observaos interiormente. Notareis la diferencia en vuestro cuerpo y vuestra mente. Os aconsejo comer miel pura todos los días, durante veintiún días en la mañana, cuando estéis intentando dejar de comer carne. Esto ayudará a purificar vuestro cuerpo y a limpiar los efectos negativos de la carne en vuestro cuerpo”.

Estas son las razones, heredadas y elegidas, que me llevaron a ser vegetariano (u ovolactovegetariano, si se prefiere). No tengo dudas de que para mí es un buen camino y, por supuesto, respeto el que cada uno elija.

Ya está. Ahora ya saben con detalle la respuesta por si alguna vez me invitan a cenar y se les cruza por la mente la famosa pregunta sobre mi dieta alimenticia.

Imágenes:

vitagenes.com

atp.com.ar

honduras-ca.blogspot.com

trinityeyes.wordpress.com

the-mirk.blogspot.com

exoticindiaart.com

laflordeloto.wordpress.com

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  1. Muchas personas (como yo hace un tiempo) dirán que la ingesta de carne es necesaria para el ser humano por su contenido proteico. Sin embargo, existen muchas alternativas vegetarianas (al alcance de todos) para dar al cuerpo las dosis necesarias de proteínas.
    Algunos dirán que una dieta vegetariana comporta una menor variedad de platos y/o que se perdería el gusto por cocinar manjares elaborados. Esto tampoco es cierto. Es más, mi experiencia me dice que gracias a ello, uno puede aprender más los recursos del arte culinario.
    Es más, en breve, esperamos que un blog de deliciosas recetas nos ayude a ampliar nuestros horizontes ante los fogones / hornallas.
    JPS,
    N.

    Responder
  2. Nora Domínguez

    Naren y Nuria

    Leyendo el post sobre el vegetarianismo, recordé que tu bisabuela paterna, Naren ( la “nona” Juana ) había heredado de sus padres siriolibaneses la religión católica ortodoxa griega.

    Como parte de sus prácticas, no comía ningún alimento proveniente de animal durante toda la Cuaresma, y creo que lo repetía cada viernes durante todo el año

    Simplemente eso, y un saludo cariñoso desde aquí
    Nora

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