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El azul de los dioses hindúes

El azul de los dioses hindúes

El azul de los dioses hindúes

El azul de los dioses hindúes

El azul de los dioses hindúes

Un texto que combina mitología hindú con historia y antropología actual, pasando por la cromoterapia y el diseño. Todo como excusa para celebrar Kṛṣṇa janmāṣṭamī (Krishna Janmáshtami), el aniversario del nacimiento de Śrī Kṛṣṇa, la deidad más azul de todas. 

La tradición hindú explica que las deidades, tales como las vemos en las imágenes y representaciones iconográficas, no son un mero invento artístico ni una pura creación simbólica, sino que los antiguos ṛṣi (rishis) de la India, los mismos que expusieron las Escrituras sagradas, visionaron dichas formas en profundos estados de meditación y las describieron tal como las vieron.

 

Al mismo tiempo, se explica que cada deidad es la representación de solo un aspecto de la energía Suprema (que es multiforme) y, en cierta forma, “refleja la estructura de la individualidad que lo percibe”. De esta manera Gaṇeśa (Ganesha), que puede personificar el principio cósmico de la sabiduría, siempre es representado con una cabeza de elefante por variadas razones simbólicas, pero también porque fue visionado en la India. El mismo principio percibido en Latinoamérica por, digamos, indígenas precolombinos sería absurdo con la cabeza de un animal que no existe en todo ese continente y, en cambio, se representa con serpientes, águilas o jaguares más propios de la geografía americana.

 

De manera similar, cuando hablamos del color de las deidades del panteón hindú debemos reconciliar aspectos simbólicos, culturales y, por supuesto, la propia revelación textual. Así como se generaliza diciendo que los dioses hindúes tienen siempre muchos brazos, también existe la idea de que son de color azul, aunque dando una rápida mirada al conjunto de divinidades es patente que las hay de variados colores.

 

Si bien en el hinduismo se habla con razón de miles de deidades, sobre todo como matices particulares y locales de grandes deidades, los dioses principales, más difundidos y modelo del resto, se podrían reducir a unas pocas decenas, entre las que el dios azulado por excelencia es Viṣṇu (Vishnu), el encargado de mantener el orden del cosmos.

 

Justamente para cumplir con ese rol de preservación, Viṣṇu desciende periódicamente en la Tierra con diferentes aspectos, de los cuales el más famoso sin duda es Kṛṣṇa (Krishna), el pastor de vacas, que desafía todas las definiciones, pues la tradición lo considera una personalidad humana histórica, a la vez que un dios celestial. Kṛṣṇa es niño divino y travieso, es joven seductor, poderoso guerrero, amigo íntimo, hombre de estado, el profeta supremo, y también lo Absoluto.

 

La cuestión es que Kṛṣṇa, que se considera el avatāra o descenso más completo de Viṣṇu, es presentado también de color azul. El hecho de que Kṛṣṇa sea una de las deidades más queridas y populares en la India, a la vez que, gracias a los movimientos devocionales del tipo Hare Kṛṣṇa, sea -junto con Gaṇeśa- la deidad más divulgada en Occidente, explica que su iconografía sea destacada y reconocible. Esta difusión masiva es un factor determinante para que el público no-iniciado infiera que la mayoría de los dioses hindúes son azules.

 

También es verdad que esta creencia se ve alimentada por imágenes relativamente modernas de deidades azules, a veces nacidas de la imaginación artística, pero que no están basadas en los textos antiguos que marcan el canon del arte sagrado. De todos modos, habiendo tantas fuentes textuales dentro del hinduismo, es fácil encontrar descripciones tradicionales que no coinciden entre sí y, de allí, surgen diferentes aspectos y nombres de una deidad que, en origen, sería la misma.

 

Para ver un ejemplo, y siguiendo con los descensos o avatāra de Viṣṇu, tenemos el caso del príncipe Rāma, que en general se representa de piel azulada, a la vez que hay escuelas teológicas que sostienen que podría tener color verdoso, basándose en el Rāmāyaṇa de Vālmīki, donde el divino mono Hanumān describe las características físicas de Rāma diciendo que es de color brillante (snigdha), lo cual ha sido interpretado de formas muy diversas.

 

Según algunas traducciones se refiere a la “brillantez de la piel” de Rāma, pues siendo una manifestación divina es resplandeciente; según otras versiones simplemente refiere a la fisonomía “agradable” del príncipe; y yendo todavía más lejos algunos linajes váishnavas entienden que aquí se hace referencia al color de piel “verdoso” de Rāma, entendiendo snigdha como “aceitunado”. Por tanto, tenemos representaciones de Rāma en azul y de Rāma en verde, aunque el texto clásico también lo describe de complexión oscura (śyāma).

 

De regreso a Kṛṣṇa, puede ser útil saber que el significado tradicional y literal de su nombre es justamente “el oscuro” o incluso “el negro”, un epíteto que ha despertado innumerables debates que siguen hoy en día. Algunas interpretaciones antropológicas ven en el color negro de Kṛṣṇa un estandarte de los originales pobladores dravídicos de la India, de tez más oscura, y habitantes actuales del sur del país. Esta idea se basa en la teoría histórica más difundida actualmente que sostiene que, alrededor del año 2000 a.e.c. (antes de la Era Común), la India recibió la llamada “migración aria”, que refiere a la llegada desde Asia central de un pueblo guerrero y patriarcal con intenciones colonizadoras y cuyos rasgos físicos serían más caucásicos. De esta forma, al norte de la India la población tiene la piel más clara que al sur, que es donde la migración aria no habría podido llegar.

 

Sobre esto, no es ningún secreto que, para la mayoría de la población india (y también occidental), un color de piel claro es un símbolo de estatus social, a la vez que promesa de mejores oportunidades laborales o arreglos matrimoniales, al punto de que la India es uno de los mayores mercados mundiales de cremas y productos para emblanquecer la piel. De hecho, cualquier visitante occidental notará el curioso fenómeno de que los modelos ideales que salen en los anuncios gráficos o televisivos de cualquier producto son de piel mucho más blanca que la media india.

 

Según me explicó el indólogo y escritor español Enrique Gallud Jardiel, la piel negra de las deidades “es un recurso que se empleó para evitar la discriminación por el color, indicando que algunos dioses son oscuros, por lo que no hay que considerar a las personas más oscuras como inferiores”. Si esto es así, la táctica no ha tenido tanto éxito en la India moderna, donde el deseo de tener una tez pálida ha llevado a que incluso Kṛṣṇa sea, muchas veces, presentado iconográficamente con piel clara.

 

Para contrarrestar esta tendencia, que se denomina “colorismo”, en los últimos años han surgido diversas iniciativas indias como, por ejemplo, Dark is Beautiful (“Lo oscuro es hermoso”), una campaña para denunciar la preferencia por la piel clara, y Dark is Divine, (“Lo oscuro es Divino”), un proyecto visual en que un cineasta y un fotógrafo crearon retratos de dioses y diosas usando modelos humanos de piel oscura.

Como la contracara de la moneda, también hay que decir que, especialmente con las manifestaciones feroces de la Madre divina, es decir el aspecto femenino de lo Supremo, como la diosa Kālī (que también significa “la negra”), sus representaciones siguen siendo unánimemente de tonalidad oscura, ya sea negra o azul.

 

Para la mirada occidental es llamativo que la negrura de piel sea representada con el color azul, lo cual para Gallud Jardiel es simplemente una convención artística, pues si las imágenes se pintan de negro no se les puede dar volumen o profundidad, por tanto “al ver azul, los indios lo consideran negro”.

 

Sin negar esta versión, también es cierto que el color azul tiene una alta carga simbólica que remite al infinito – el alto cielo o el profundo mar -, y al espacio o éter (ākāśa), que lo incluyen todo. De hecho, el nombre Viṣṇu significa “aquel que lo penetra todo” y parece natural que su ubicuo rol de mantenimiento del cosmos esté representado por el azul que, en cromoterapia, se considera un color de “tranquilidad”.

 

A este respecto, y según estimaciones realizadas en el mundo del diseño, “entre el 60% y el 70% de los logos tienen colores azules, porque evocan relajación y confianza”, por lo que no deja de tener gracia que los actuales especialistas en mercadotecnia tengan una percepción similar a la de los rishis de la antigüedad, que vieron en Viṣṇu y en Kṛṣṇa un símbolo de la infinitud y plenitud divinas, representada, entre otras cosas, por el color azul.

 

Por otro lado, especialmente la tonalidad azulada de Kṛṣṇa ha dado pie a numerosas comparaciones literarias que se han convertido en clásicos de la tradición hindú, empezando por el árbol tamāla o falso mangostán (cuyo nombre botánico técnico sería Garcinia xanthochymus), al que se le atribuye un color “oscuro”, sobre todo en la corteza. Lo cierto es que las gopī, las pastorcitas de la aldea donde creció Kṛṣṇa, se abrazaban al árbol como si fuera el propio joven divino.

 

En cualquier caso, la comparación más famosa, y probablemente más hermosa, es la que dice que el color oscuro de Kṛṣṇa es el de “una nube cargada de lluvia” que, si bien es cromáticamente ambigua, nos evoca la idea de una tonalidad casi negra, quizás violácea, típica de las nubes de tormenta. En nuestra vida urbana actual, las nubes y la lluvia son vistas como un obstáculo logístico para el traslado o la vestimenta, pero en la tradición antigua, eminentemente agrícola, la lluvia es bendición y fuente de vida.

 

El ardiente Sol del conocimiento (jñāna) es fundamental como faro de todo buscador espiritual, pero no lo podríamos soportar sin la refrescante lluvia de dicha que ofrece el amor por lo Supremo (bhakti). Y Kṛṣṇa es, sobre todo, una encarnación del amor divino, con un corazón expansivo, infinito y, en ese sentido, bien azul.

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4 comentarios

  1. Hola Naren, siempre es un placer leerte. Te comparto una una anécdota chistosa. En una ocasión hablando con una persona me dijo que un maestro le había dicho que Vishnú era azul porque era VEGANO!!!! Sin palabras.
    Un abrazo.

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