Hijo de Vecino

Desapego no significa dejar de sentir

La palabra desapego es muy utilizada en Yoga a la vez que muy poco comprendida porque la mayoría de personas entiende que se trata meramente de reprimir los deseos, ser indiferente a las emociones o desinteresarse de los afectos.

En un texto reciente contaba que una estudiante de haṭha yoga me mandó un mensaje diciendo:

“En clase los profesores siempre hablan de ego y desapego, pero ¿qué significa eso exactamente?”

La respuesta sobre el ego ya la di en este post, y hoy me centro en desapegovairāgya en sánscrito – un concepto que es todavía más incomprendido, empezando quizás por su problemática traducción a las lenguas occidentales. La noción de vairāgya es muy importante en el pensamiento yóguico hindú, ya que en diferentes escuelas filosóficas se presenta como uno de los ingredientes fundamentales para aquietar la actividad mental, para alejarse de lo falso o para establecerse en la propia esencia. Las traducciones usuales de vairāgya son variadas: desapego, desapasionamiento, renunciamiento, ataraxia… y todas expresan una idea de desinterés que, para las personas no-iniciadas y que viven en el mundo, no es bien recibida.

A través del análisis etimológico podemos encontrar nuevas lecturas útiles. A nivel básico, vairāgya sería literalmente sin (vi) coloración (rāga), o sea que refiere a una acción o elemento que no se ve teñido o coloreado. Cuando aquí se habla de color se hace especial referencia al rojo que, como sabemos, es el color de la pasión, no solo amorosa sino de cualquier emoción (tanto positiva como negativa) caracterizada por el ardor, el ímpetu y la exaltación.

De hecho, cuando una persona se enfada o se exalta suele adquirir una coloración rojiza, especialmente en el rostro e incluso en los ojos. Al mismo tiempo, cuando una persona se siente avergonzada, humillada o simplemente el centro de atención tiende a ruborizarse, es decir que su rostro se tiñe de rojo.   

Es importante entender que, para la tradición yóguica, las emociones pertenecen a la mente – al mismo nivel que los pensamientos, las sensaciones o las percepciones – y, por ende, están íntimamente ligados entre sí. Los pensamientos generan emociones y viceversa. Si pienso en un helado (o lo percibo a través de mis sentidos) se genera en mí la sensación de avidez (incluso la sensación física de hambre), y una consiguiente emoción de ansiedad. Si me como el helado, el ansia (la emoción) desaparece o se torna en tranquilidad, la sensación es de satisfacción y el pensamiento del helado de disuelve (hasta el próximo estímulo, al menos). Pido perdón a los profesionales de la psicología por la simplificación.

Volviendo a la etimología, vemos entonces que el sentido original de vairāgya tiene que ver con un cambio cromático que, a nivel psicológico, se relaciona con una transformación cognitiva y emocional, ya sea agradable o desagradable. En Yoga tendemos a focalizarnos en los pensamientos y emociones considerados negativos porque son los que nos hacen sufrir (y de paso hacen sufrir a otros), y el objetivo básico de toda filosofía índica es eliminar el sufrimiento. Eliminar el sufrimiento no implica eliminar las emociones ni dejar de sentir. La cuestión es que, tanto si son positivos como negativos, los pensamientos y las emociones tiñen nuestra mente, la colorean, y por tanto le impiden reflejar lo que somos en esencia. ¿Qué somos en esencia? Según el Yoga, una realidad siempre calma y completa en sí misma.

Cada vez que nuestra mente se colorea con la actividad mental, perdemos contacto con esa esencia. El problema, además, es que esa coloración sucede de forma involuntaria e incluso subconsciente, por lo que en muchas ocasiones nos encontramos pensando o reaccionando de forma automática (e indeseada) a las situaciones de la vida, sobre todo a las que nos provocan tensión o conflicto. Pero de nuevo, los pensamientos y las emociones son parte ineludible de la vida humana y, aunque se puedan reducir o purificar, lo normal es que sigan existiendo incluso en los yoguis más avanzados. Como dice el maestro Sri Dharma Mittra:

“Tu mente estará ocupada con los sentidos. Mantente indiferente”.

Es por ello que vairāgya se presenta como el método adecuado para que nuestra actividad mental no se sonroje. Retomando el ejemplo del helado, si me gustan los helados tendré pensamientos, emociones y sensaciones de deseo y ansiedad; si no me gustan tendré pensamientos, emociones y sensaciones de rechazo y molestia; pero si en una fría noche de invierno veo por la calle la publicidad de un helado, aunque me gusten los helados, una reacción lógica y plausible sería el desinterés. A pesar de que el pensamiento de tomar un helado surja en la mente, debido a ciertas condiciones como el frío, mi intelecto (buddhi) es capaz de desestimar esa idea sin más repercusiones. Es en este sentido que los yoguis pregonan la renuncia como la forma de evitar que la mente se pierda en actividades superfluas.

En palabras de Swami Satyānanda Saraswatī, tal como aparecen en su hermoso libro Viveka, el discernimiento / Vairāgya, el desapego:

“Hay que comprender que la renuncia no es perder algo, sino lograr algo mucho más valioso. Ser capaz de renunciar a algo es crecer en libertad interior”.

Una posible traducción de vairāgya que, por cualquier hijo de vecino, es mejor aceptada que renuncia sería ecuanimidad, la capacidad de mantenernos equilibrados internamente ante la aparición de ideas, sensaciones y emociones, tanto agradables como desagradables. Aunque hilando fino, podríamos decir que esta ecuanimidad sería más bien una consecuencia de vairāgya.

De las posibles traducciones que conozco al español, la más adecuada creo que es no reacción, ya que comunica bastante bien la idea de que nuestra mente no se vea coloreada de forma involuntaria. Como se suele decir, haciendo aquí una pobre traducción del dicho inglés, la mayoría de las personas más que accionar (act) lo que hacemos es reaccionar (react).

Por tanto, no se trataría de eliminar las emociones ni tampoco el deseo, sino de tomar consciencia de su existencia para no permitir que, de forma automática e involuntaria, todo nuestro conglomerado mental (y a veces físico) se coloree con ellos. Si en una lavadora metemos toda nuestra ropa blanca junto con una sola prenda de color bermellón, entonces es probable que todos las vestimentas acaben teñidas de rojo. Si nos identificamos irreflexivamente con un pensamiento o una emoción, nuestra mente está destinada a tomar ese color. Si separamos las ropas según su color, entonces no se teñirán mutuamente.

La ausencia de pasión que transmite el concepto de vairāgya puede sonar a apatía, dejadez o abulia, sobre todo en el plano mundano, pero bien entendido – y bien traducido – refiere a poner todo el interés (o la pasión, si se quiere) en aquello que me ayuda a revelar mi verdadera esencia.

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2 comentarios en “Desapego no significa dejar de sentir”

  1. Magnífico artículo, Naren; este y justo el anterior -creo que es- que nos habla sobre el ego, me han ayudado a entender muchas cosas. Magnífica la labor que haces… muy agradecido. Un abrazo!

  2. muy buenas palabras!..que increible en un sueño me aparecio el nombre( epicureo)..lo investigue y me surgio la filosofia epicurea..habla de la palabra ATARAXIA..era nueva para mi..y recien tambien la veo en tu articulo..el desapego lo he llegado a comprender en estos ultimos tiempos..es liberardor! GRACIAS! NAREN!!

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