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Śavāsana, la postura más difícil de dominar

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En esta época en que reina la imagen como forma de comunicación, y en que cada día vemos a alguien haciendo una sofisticada postura de Haṭha Yoga en Instagram, el rol de śavāsana (pronúnciese ‘shavásana’), está subvalorado.

Śavāsana es el nombre de la postura de relajación con que se suele acabar la práctica más física de una sesión de yoga. Según el estilo de yoga que uno siga, es posible que también se utilice śavāsana como postura de descanso y recuperación entre otras posturas más exigentes físicamente. De hecho, es esta cualidad de pose “fácil” y quieta la que hace que śavāsana no sea considerada importante, ya que vivimos tiempos en que el yoga es sinónimo de sudar y saltar y, acorde a la sociedad “productiva” actual, nadie tiene tiempo de parar 10’ a “hacer nada”.

Sin embargo, y a pesar de ser un āsana aparentemente fácil, los grandes yoguis están de acuerdo en que se trata de una postura difícil de dominar, incluso, dicen algunos, la más difícil. La palabra sánscrita śava quiere decir “cadáver” y, como indica su nombre, la postura consiste en yacer estirado en el suelo, boca arriba, sin moverse, simulando estar como muerto (de ahí que un nombre alternativo de la pose sea mṛtāsana, ya que mṛta – ‘mrita’ – significa “muerto”). Parece fácil, ¿no es cierto? Ya volveremos a ello, mientras tanto veamos detalles contextuales.

Como postura de yoga, śavāsana aparece por primera vez citada en la Haṭha Yoga Pradīpikā (I.32), el famoso manual de Haṭha Yoga del siglo XV, donde se dice que “elimina la fatiga y hace que la mente se detenga”.

De todos modos, según explica el académico inglés Jason Birch, “la primera referencia que aparece en un texto de Haṭha Yoga sobre yacer en el suelo como un cadáver hasta que se disuelva la mente está en el Dattātreyayogaśāstra del siglo XII”. En ese texto, más que una postura se presenta a śavāsana (aunque sin ese nombre) como una técnica de meditación para “disolver” (laya) la mente – en el sentido de hacerla desaparecer – mediante su absorción en algún objeto/idea/sonido.

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A este respecto, una de las variantes para practicar śavāsana es hacerlo relajando conscientemente cada parte del cuerpo, como forma de ayudarlo a soltar las tensiones acumuladas. A la vez, esta relajación consciente es útil para no dormirse durante la postura final, algo que no es ideal pero que ocurre con frecuencia, sobre todo si la práctica ha sido intensa o si el practicante está mal descansado. Es verdad que para relajarse completamente en śavāsana el primer paso es, muchas veces, ser capaz de dormirse, lo cual implica cierto aquietamiento mental; pero el punto buscado es una relajación total sin adormecerse.

En relación a esto, ahora está muy de moda la práctica llamada yoga nidrā, o “sueño yóguico”, que no es otra cosa que un largo śavāsana acompañado de técnicas de concentración e interiorización, que si bien es algo antiguo, como vimos, se hizo especialmente popular en Occidente con el libro Yoga Nidra (1976) de Swami Satyananda Saraswati de Bihar y cada día se difunde más, con sus respectivas variantes. En cualquier caso, cuando se habla de “sueño yóguico” no se trata de dormirse sino de un “sueño psíquico” en que la mente abandona el cuerpo de forma temporal.

Este mismo resultado, explica Sri Dharma Mittra, puede lograrse con un profundo śavāsana de apenas 10’, que es tan restaurativo como “una noche completa de descanso”. La palabra clave aquí es “profundo”, lo cual implica “ralentizar la respiración y los pensamientos al punto de casi detenerlos”. Por tanto, y como un detalle no menor, en śavāsana uno no debería moverse para nada, evitando rascarse la nariz en plena relajación u otros movimientos similares que hacemos automáticamente.

“Si el cuerpo descansa completamente”, dice Dharmaji, “existe la oportunidad de que puedas perder la conciencia del cuerpo y te muevas más allá del cuerpo y de la mente”, para así reconocer de forma gradual que eres mucho más que cuerpo o mente. El objetivo básico de śavāsana es relajar y restaurar el cuerpo, por supuesto, pero hay un segundo y superior propósito acorde con la búsqueda eterna del yoga: aquietar la mente para ver que hay más allá de esa constante marea de pensamientos y emociones que nos ocupan todo el tiempo.

Como resumen, Dharma Mittra siempre dice que “la relajación es el mejor antídoto para las impurezas” y, no casualmente, B.K.S. Iyengar en su clásico libro Luz sobre el yoga dice asimismo que śavāsana es el “mejor antídoto para las tensiones de la civilización moderna”, que es lo mismo.

Con frecuencia, los nombres tradicionales de las posturas de Haṭha Yoga (árbol, tortuga, montaña, cobra…) evocan las cualidades que ese objeto/animal debe generar en el practicante. En el caso de śavāsana lo que se nos propone, como sabemos, es que imitemos a un muerto. En primera instancia parece que se trata simplemente de yacer inmóviles un rato en el suelo (lo cual no es poco), pero si la postura se llama del “cadáver” (y no del “dormido” o del “palo”), es porque implica también un estado mental de “muerte”, tanto en el sentido de soltar todo lo que nos mantiene en el plano físico-mental, como en el sentido más profundo de simular abandonar este mundo.

savasana1

El yogui Jerome Burdi haciendo śavāsana en un contexto muy adecuado (de su cuenta de Instagram om_jerome)

Con su particular humor, Dharma Mittra lo dice claro:

“No te preocupes por las posturas, ¡cuando seas viejo la única pose que te quedará será śavāsana!”.

Obviamente, con el paso del tiempo la máquina corporal se desgasta y solo nos quedará acostarnos, pero Dharma también está diciendo que, al final, todos moriremos. Y lo que hay que entender es que, para morir “relajados”, hay que soltar todo y aquietar la mente. Desde esta perspectiva, śavāsana es, en el fondo, una preparación para el momento de nuestra muerte.

Sobre esto, en la tradición hindú se explica que la muerte es el momento más importante de la vida; es decir, es el evento para el que uno se prepara toda la vida, ya que es el momento que determina la próxima encarnación de cada ser o incluso la liberación de la siempre girante rueda de muerte y renacimiento. Esto es así porque se dice que en el instante de la muerte, cada ser revela su verdadero estado de consciencia, el cual sencillamente está basado en el tipo de vida que haya llevado y el tipo de pensamientos que haya alimentado durante la misma.

A este respecto, Swami Satyānanda Saraswatī, el respetado renunciante español, explica que “la muerte no es un buen momento, sino que es el gran momento”, ya que “la muerte es el momento de la verdad, donde no puedes camuflar nada y surgen tus tendencias reales” y citando las palabras de su propio maestro, Swami Muktananda, nos da una importante enseñanza:

“Un yogui se conoce no por cómo vive, sino por cómo muere”.

Es con esto en mente que su conclusión es muy clara: “Si pensáramos en la muerte pensaríamos en cómo vivimos y entonces utilizaríamos la vida para algo más…”.

En la misma línea, Swami Premananda explica: “a muchas personas no les gusta pensar en la muerte. La consideran como un evento terrible en el que no hay que pensar para nada. No obstante, es tan sólo contemplando la naturaleza de la vida y la muerte, de dónde vinimos, por qué nacimos y el hecho que todos vamos a morir algún día, que podremos comprender la Verdad en esta vida“.

“Estoy aquí únicamente por śavāsana”.

Pero, ¿qué es esa Verdad? Quizás nadie puede explicarlo mejor que el gran santo indio Ramana Maharshi (1879-1950) que la experimentó directamente a través de fingir su propia muerte, y entonces su vida cambió para siempre. En sus propias y famosas palabras:

“Estaba sentado en una habitación en el primer piso de la casa de mi tío. En raras ocasiones me sentía enfermo y en ese día no había nada malo en mi salud, pero un repentino e inmenso miedo a la muerte se apoderó de mí. No había nada en mi estado de salud que lo justificara; y no traté de justificarlo ni de averiguar si había alguna razón para el miedo. Solo sentí ‘voy a morir’, y comencé a pensar qué hacer con ello. No se me ocurrió consultarlo ni a un médico ni a mis mayores ni a mis amigos. Sentí que debía resolver el problema yo mismo, en ese momento.

La conmoción del miedo a la muerte dirigió mi mente hacia el interior y mentalmente me dije a mí mismo, sin ni siquiera pronunciar una palabra: ‘Ahora ha llegado la muerte; ¿Qué significa esto? ¿Qué es lo que se está muriendo? Este cuerpo se muere. Y en el acto dramaticé el acontecimiento de la muerte. Me acosté con los miembros estirados y rígidos como si se hubiera producido el rigor mortis, y para darle mayor realidad a la indagación hice que mi cuerpo se asemejase a un cadáver. Contuve la respiración y mantuve mis labios bien cerrados para que no pudiera escaparse ningún sonido, de forma que ni la palabra ‘yo’ ni ninguna otra pudieran ser pronunciadas.

‘Bien’ me dije a mí mismo, ‘este cuerpo está muerto’. Será llevado al campo de cremación y allí será quemado y reducido a cenizas. Pero con la muerte de este cuerpo, ¿muero yo también? ¿Soy ‘yo’ el cuerpo? Está silente e inerte pero siento toda la fuerza de mi personalidad e incluso la voz del ‘yo’ dentro de mí, separado del cuerpo. Así que Yo soy el Espíritu que trasciende el cuerpo. El cuerpo muere pero el Espíritu que lo trasciende no puede ser tocado por la muerte. Esto quiere decir que Yo soy el Espíritu inmortal’.

No se trató de un pensamiento ligero, sino que se proyectó a través de mí tan vívidamente como la vida real que yo percibía directamente, casi sin pensarlo. El ‘Yo’ era algo muy real, la única cosa real en mi estado presente, y toda la actividad consciente conectada con mi cuerpo se centró en ese ‘Yo’. A partir de ese momento, el ‘Yo’ o el Sí mismo centraron la atención en sí mismo con una poderosa fascinación. El temor a la muerte se desvaneció de una vez por todas. La absorción en el Sí mismo continuó desde entonces ininterrumpidamente”.

El gran sabio Ramana Maharshi

Evidentemente, después de una intensa práctica física uno se tumba en śavāsana con satisfacción, pero si además uno tiene la perspectiva de una experiencia gloriosa como la de Ramana, uno se sitúa en su rol de cadáver con mayor anhelo.

Estarse quieto, entregando el peso del cuerpo, sin controlar la respiración ni dejándose arrastrar por los pensamientos, y además sin dormirse, es sin duda un gran logro. Adentrarse en el profundo silencio de nuestro ser, soltando todo apego y toda expectativa, dejando morir al pequeño ‘yo’ en busca del verdadero e inamovible auto-conocimiento, eso ya es pura valentía.

Después de todo esto, ¿te sigue pareciendo śavāsana una postura fácil, que sólo se hace para descansar?

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  1. muy interesante nota!!..no me parece delas mas sencilla a la hora de la practica…muy dificil el deapego de todo pensamiento..a veces lo he experimentado por pocos minutos..a seguir practicando!!

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  2. Pingback: Los días en Bangkok – los ecos de Nepal. |

  3. Con esta explicación tan fluida y coherente me queda muy claro lo necesario y lo difícil de esta postura. Lo practicaré y lo compartiré con las personas que practican conmigo. Muchas gracias!

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  4. lidia recalde

    Es una postura muy controlada empezando desde los pies hasta la coronilla soltando de apoco ahí se llega a relajar mientras nuestra mente descansa….entrando en la llama violeta

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  5. Estupenda, exposición. Ya recomendé una vez este artículo. Y hoy lo he vuelto a recomendar al equipo didáctico al que pertenezco. Enhorabuena, hijo de vecino.
    Joaquín G Weil

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  6. Heriberto Ortega Verona

    Excelente!!!!
    Totalmente de acuerdo
    Savasana es la postura más difícil

    Responder

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