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El mantra ‘om namo nārāyaṇāya’ y la paz mundial

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La última semana publiqué un mantra que, en tiempos pasados, era muy secreto. Nadie puede culparme ni alabarme por esto, pues ya fue el santo indio Rāmānuja quien difundió abiertamente este mantra en el siglo XII y, por tanto, hoy lo conoce todo el mundo.

Rāmānuja fue un santo y filósofo seguidor del vaishnavismo, es decir la rama hindú que venera principalmente al dios Viṣṇu (Vishnu). Su importancia e influencia filosófica y doctrinal fueron tales que es considerado el exponente más importante de la rama tradicional del vaishnavismo llamada Śrī Vaiṣṇava (Shri Váishnava), muy enfocada a la devoción y basada sobre todo en la filosofía del Viśiṣṭādvaita (vishishtadvaita) ono dualismo cualificado”. Esta doctrina sostiene que el alma individual y Dios son “cualitativamente iguales pero cuantitativamente diferentes”, por lo que “en la liberación el alma comparte la dicha de Dios, y a la vez sigue estando subordinada a Él”.

De esta forma, el mantra que, desde lo alto de la torre de un templo, Rāmānuja reveló al pueblo es considerado el mantra por excelencia del linaje Śrī Vaiṣṇava y, por si no lo recuerdan (ni han mirado el título del post), se trata de:

om namo nārāyaṇāya

Es decir:

“Om, reverencias a Nārāyaṇa“.

Nārāyaṇa (Naráyana) es uno de los nombres más emblemáticos del Señor Viṣṇu y su traducción es tema de debate. Según la escuela y según el nivel de lectura, se pueden encontrar diferentes explicaciones, algunas de ellas con base etimológica y otras más bien simbólicas. Sin entrar en ese terreno resbaladizo, sí puedo decir que una traducción habitual – y bastante literal – de Nārāyaṇa es “lugar de refugio (ayana) de los hombres (nara)”.

En la filosofía hindú, Nārāyaṇa es considerado el preservador del Universo, un rol que cumple instalado en las aguas esenciales, donde toda la creación nace y también se disuelve cuando se cumplen los ciclos cósmicos. En este sentido, él es el “lugar” donde regresan todos los seres; a la vez que en todo momento él también puede ser “refugio”, ya que su energía de sustentador universal es puro amor y compasión.

Son estos atributos de “preservador del mundo” los que llevaron a etiquetar, en tiempos modernos, al mantra om namo nārāyaṇāya como el “mantra para la paz mundial”. Al parecer fue Swami Vishnudevananda quien primero sugirió esta idea. Swami Vishnudevananda (1927-1993) fue un eminente discípulo del gran Swami Sivananda de Rishikesh y, entre otras cosas, fue un activista de la paz mundial, al punto de realizar “vuelos por la paz” con un avión por encima de zonas de conflicto como el Canal de Suez, el Muro de Berlín o la frontera entre India y Pakistán, donde lanzaba flores y mantras en lugar de bombas.

En el linaje de Sri Dharma Mittra, que no es el mismo de Sivananda, pero tiene muchas afinidades, se explica que este mantra “invoca el omni-penetrante poder de misericordia y bondad del Señor Nārāyaṇa“. Y se explica que su repetición se hace, con frecuencia, para “llevar un estado de paz al mundo entero”.

Esta interpretación del mantra como propiciador de paz mundial es moderna (aunque no por ello necesariamente errada). Desde el punto de vista de la tradición hindú, es un mantra secreto que otorga la liberación final, el cual debe ser recitado en voz baja previa iniciación de un guru. Como expuso Álvaro Enterría en un comentario del post pasado, “el mantra sólo es realmente un mantra cuando lo recibes de un maestro. Al final, sólo las personas cualificadas (adhikāris) se benefician de las enseñanzas; leer información en libros tiene utilidad como parte del proceso de maduramiento”.

Justamente, como explica el sacerdote hindú Krishna Kripa Dasa (Juan Carlos Ramchandani), los miembros ortodoxos de la rama Śrī Vaiṣṇava dicen que, si no se ha recibido iniciación, en voz alta sólo hay que recitar namo nārāyaṇāya namo nārāyaṇāya, es decir el mantra sin la sílaba sagrada OM.

Swami Vishnudevananda en su avión de la paz

De todos modos, y a pesar de lo secreto del mantra y de la necesidad de recibirlo de un maestro para que funcione, también la tradición tiene historias sobre el poder del nombre Nārāyaṇa en sí mismo. Especialmente la vida de Ajāmila (ver Śrīmad Bhāgavatam 6.1-2), un hombre de casta brahmán que perdió sus méritos espirituales por asociarse con malas compañías y llevar una existencia licenciosa llena de engaños y vicios.

Con esta vida impura Ajāmila llegó a sus 88 años, siendo padre de diez hijos, el menor todavía un bebé llamado Nārāyaṇa, al que estaba muy apegado. Sin darse cuenta, la vida se le había pasado y el momento de partir hacia la morada de Yamarāja, “el rey de la muerte”, había llegado, por lo que los deformes y horrendos mensajeros de la muerte estaban listos para llevárselo. En ese momento, con temor y pudiendo únicamente pensar en su hijo, Ajāmila comenzó a llamarlo a los gritos por su nombre, con lágrimas en los ojos.

Entonces, los mensajeros del Señor Viṣṇu, al escuchar que un moribundo gritaba con desesperación el sagrado nombre de Dios, también bajaron a buscar su alma, pues se explica que el último pensamiento antes de morir es especialmente importante a la hora de decidir el futuro de esa alma. La situación que siguió fue curiosa, pues los mensajeros de Yamarāja reclamaron su derecho a llevarse el alma de esta persona claramente pecadora por su estilo de vida, pero a su vez los mensajeros de Viṣṇu argumentaron que cantar el nombre de Nārāyaṇa en estado de desamparo y con fuerza era motivo suficiente para ser “elegible para la liberación”.

Incluso si el nombre había sido usado para llamar a su hijo y no a Dios, incluso si no había sido hecho de forma consciente, había atraído la atención del Señor Viṣṇu que habría reflexionado así: “este hombre ha cantado mi nombre sagrado, por lo tanto mi deber es darle protección”. De esta forma, la conclusión es que cantar el nombre de Dios es el gran método de redención. Y así, los mensajeros divinos liberaron a Ajāmila de las garras de la muerte.

Finalmente, me ha parecido buena idea compartir una canción que se realiza en el Sri Premananda Ashram al final de los abhishekams a la imagen del Señor Kṛṣṇa (una encarnación de Viṣṇu). La canción se conoce como Kṛṣṇa maṅgala ārati (Krishna mángala árati) y se acompaña mostrando fuego y luz a la divinidad como signo de auspiciosidad. Viene al caso porque el “estribillo” repite el mantra que estamos tratando hoy y, por otro lado, hay fragmentos que están en lengua tamil, creando una combinación no tan escuchada en general, aunque normal en el sur de la India, que es justamente donde Rāmānuja reveló el mantra.

La letra habla de que este mantra es medicina para los que sufren y pide prosperidad para todo el mundo. La versión que comparto no es especialmente fácil de disfrutar para el oído occidental, al menos hasta acostumbrarse, ya que tiene una edición bastante cruda pero, eso sí, uno puede sentirse transportado al templo de forma inmediata:

Si queremos algo más “comercial”, entonces también podemos disfrutar de esta dulce versión de Deva Premal. En todo caso, lo importante es, como siempre, la devoción:

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