Hijo de Vecino

La discutida realidad de los mitos hindúes

En más de una ocasión he recibido mensajes de devotos hindúes que me han pedido, o también exigido, que no utilice la palabra “mitología” para referirme a las historias sagradas de las Escrituras y de la tradición hindú. Su argumento principal es etimológico y se basa en que la palabra “mito” provendría del sánscrito mithyā, que puede traducirse como “falso” o “mentira”. Por tanto, hablar de “mitología hindú” sería asumir que esas historias son falsas y les quitaría validez.

 

Cada vez que me han reprochado el uso de la palabra “mitología” he reflexionado sobre el tema y, a veces, he ofrecido mis contrargumentos, que aquí comparto, aunque no los considero nunca definitivos. Por un lado, la palabra “mito” deriva sin duda del griego mythos (μῦθος) que se suele traducir como “relato” o “narración”. El término griego podría derivar, a su vez, del sánscrito mithyā, aunque eso es más una especulación que una certeza. En cualquier caso, el uso de la palabra mito en griego sería diferente que en sánscrito ya que no implicaría la idea de “falsedad”. En los textos filosóficos sánscritos la palabra mithyā hace referencia a una visión errada (mithyā-dṛṣṭi), como confundir el espíritu con el cuerpo (mithyā-ātma) o a cualquier otro conocimiento falso (mithyā-jñāna) que no se corresponde con la realidad. Efectivamente, se podría decir que un “mito” no se corresponde con la realidad, y entonces la pregunta pertinente sería: ¿a qué realidad nos referimos?

 

La RAE, que no suelo citar para cuestiones hindúes, tiene esta vez una oportuna primera acepción de mito: “Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico…”. Si aceptamos que los hechos extraordinarios que se narran en la tradición hindú (o en muchas otras) están más allá de lo que entendemos por realidad histórica, mensurable y puramente físico-material, entonces su veracidad sería más aceptable, sobre todo para nuestras escépticas mentes modernas.

 

En relación a esto, la indóloga estadounidense Wendy Doniger, muchas veces criticada por el tradicionalismo hindú, ofrece una posible distinción entre “mitos” y “leyendas”, ya que los primeros estarían protagonizados por dioses y los segundos por seres humanos. De hecho, las dos grandes épicas hindúes – el Mahābhārata y el Rāmāyaṇa – que basan su argumento en las vidas de héroes humanos, en sánscrito se denominan itihāsa, es decir “así sucedió”, reafirmando un carácter histórico de esas narraciones. De la misma forma, en los Purāṇa, los textos histórico-mitológicos en que se basa la tradición popular hindú, las historias de diferentes dinastías de reyes y sabios se consignan bajo la sección denominada vaṃśa o “linaje”, mientras que las historias de los dioses aparecen más bien en las secciones dedicadas a la creación (sarga) o disolución (pratisarga) cósmica, dos fenómenos muy difíciles de medir con “tiempo histórico”.

 

Por supuesto, estas distinciones académicas tienen sin cuidado a los devotos hindúes y yo mismo nunca sentí culpa por usar la palabra “mitología”, que en general me pareció la forma más natural de comunicar mi mensaje a un público no especializado, si bien existen otras opciones como “historias sagradas” o “pasatiempos divinos”.

 

Quizás el principal problema con la palabra “mito” es que, al remitir directamente a la civilización helénica clásica que desapareció hace siglos para convertirse en una pieza de museo, nos hace pensar que su sistema teológico, especialmente su panteón de dioses, era una creación artificial o sin base “real”. De joven me gustaban mucho los mitos griegos y cuando leí los famosos libros de Robert Graves, titulados justamente Los mitos griegos, me decepcionaron grandemente porque el autor reduce las historias tradicionales a explicaciones imaginativas de fenómenos históricos, agrícolas, sociales, climáticos, bélicos o económicos de los antiguos griegos.

 

Por supuesto que los mitos son, en gran parte, símbolos para exponer procesos cósmicos o también humanos, pero reducirlos a una ingeniosa creación literaria para explicar los cambios de estaciones, los eclipses o la invasión de una etnia extranjera es simplista y totalmente entroncado en el paradigma del “tiempo histórico”. Esta intelectualización del mito, además de quitarle toda magia, nos priva de la oportunidad de encontrar en esas historias unas enseñanzas que generen un cambio en nuestras vidas.

 

Veamos un ejemplo: Si en el acto que realiza Śiva de cortar la cabeza humana de Gaṇeśa, el dios con cabeza de elefante, veo la necesidad de “aniquilar” mi ego individual para eliminar obstáculos y así poder avanzar en mi vida, ya estoy obteniendo un beneficio del mito, pero si además la imagen de Gaṇeśa me genera devoción, y veo en él una manifestación de lo Supremo, puede incluso ayudarme a profundizar en mi práctica espiritual y, sobre todo, en mi búsqueda de lo Divino, que muchas veces va de lo exterior hacia lo interior. Si, en cambio, solo veo en la historia la representación fantástica de la crisis que genera en una pareja el tener hijos, incluyendo el complejo de Edipo, entonces sin duda la figura de Gaṇeśa tiene un valor limitado y, de hecho, su existencia como deidad se deduce como irreal.

 

 

Cuando hablamos de una cultura como la helénica clásica, que ha desaparecido, nos puede parecer natural que sus dioses también fueran pasajeros, la simple creación imaginativa de una civilización que se ha convertido en patrimonio de la arqueología. Sin embargo, asumir que Zeus “no existió” o que es falso porque ya no se le adora es pasar por alto que el principio cósmico de “supervisor del universo” que encarnaba Zeus es universal y Zeus, justamente, era el nombre y la forma con que ese principio fue denominado en esa época particular y por ese grupo de personas determinado. Y lo mismo podríamos decir de, por ejemplo, Apolo, que personificaba el principio universal del equilibrio, o de la belleza o de la razón y que era el patrono de un centro espiritual tan grande como el oráculo de Delfos.

 

Personalmente creo que cualquier día puedo abrir la puerta y encontrarme a Gaṇeśa, por lo que cuando uso la palabra “mito” no pretendo sugerir nada relacionado con la “falsedad”. Al mismo tiempo, para un público occidental moderno y no especializado, yo creo que el término “mitología” es aceptable, sobre todo si uno luego va a tener la oportunidad de explayarse sobre el tema y explicar las sutilezas de las “historias sagradas”. Mi enfoque sobre la cuestión de los mitos es que, para empezar, hablamos de símbolos espirituales que pueden ser fácilmente aceptables por la mayoría de las personas, independientemente de sus creencias. ¿Qué es un símbolo espiritual? Por un lado, un puente o un nexo que nos permite explicar una realidad que está más allá de la comprensión intelectual. Y, por otro, un nexo que, bien entendido, nos permitir experimentar esa realidad de forma directa y personal.

 

Últimamente me gusta decir que las divinidades hindúes son expresiones específicas de ciertos “principios universales”, que también existen o existieron en otras tradiciones. Según entiendo, la Pachamama andina representaría la misma esencia maternal que Bhūmi devī, la diosa que representa a la Tierra en el hinduismo. El Eros griego y el Kāmadeva hindú, con sus arcos y flechas llenas de pasión, representarían el principio universal del “deseo sensual”. O el dios egipcio con cabeza de perro Anubis, guardián de la muerte, sería similar al primigenio Yama hindú, dios de la muerte, que en origen tenía dos perros guardianes como acompañantes.

 

Si en el propio hinduismo se dice que hay millones de deidades, es decir una amplia gama de manifestaciones parciales de lo Supremo que es inefable e infinito, también podríamos admitir que esos “principios” se expresen de otras tantas formas, incluso en otras religiones o tradiciones.

 

Supongo que estos “principios universales” serían lo que C.G. Jung, y toda la tradición moderna posterior, denomina “arquetipos”. De todos modos, que sean arquetipos universales no significa que cada expresión particular sea irreal o simplemente fruto de la imaginación cultural. Para la tradición hindú las divinidades no son una creación artística, sino que fueron vistas en estados de contemplación profunda por los rishis (ṛṣis) de la antigüedad. Y no solo eso. Existen testimonios de todas las épocas, incluyendo la contemporánea, en que sabios y santos explican sus visiones, encuentros o incluso diálogos con estas divinidades, y no siempre en estados exaltados de conciencia.

 

Cada quien, por supuesto, puede creer o no creer. Cada quien puede, a su vez, usar la terminología que crea conveniente. Según el caso puedo usar “historias sagradas” y me siento cómodo. Pero en general utilizo la palabra “mitología” siguiendo las ideas arriba expresadas y no me siento en falta. Aunque si se me presentara Gaṇeśa y me lo sugiriera, yo no dudaría en cambiar mi vocabulario.


 

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4 comentarios en “La discutida realidad de los mitos hindúes

  1. Hola Naren,
    Hace algunos años que vengo leyendo tu blog porque me es muy amena la forma en que explicas aspectos de la filosofía del yoga.
    En cuanto a este artículo comentarte que yo tampoco estoy de acuerdo en el uso de “mito”, de hecho siempre que te leo y usas esa palabra la paso de largo para no desviarme de lo otro que realmente quieres compartir, pero ahora que lo pones en la mesa pues…
    Desde mi perspectiva en el imaginario popular occidental un mito pierde siempre cierto valor y, aunque en el mundo académico esté bien definido no significa lo mismo fuera de él. Por otro lado todas las culturas y sus cosmovisiones son tan validas en sí mismas que no necesitan justificarse a través de otras, específicamente lo digo pensando en el eurocentrismo, que quizá a veces necesitamos de más palabras para explicar un concepto como lo puedes ser “bhakti”, “lila” o hasta “yoga” para intentar transmitir aquello que encierra y que nos es difícil entender (por los diferentes contextos en que hemos crecido). En lo particular en lugar de mito prefiero decir “desde la cosmovisión de” cuando intento transmitir uno de estas historias, ya sea hindú, maya, azteca o cualquiera allá en el pasado.

    Gracias por compartir.

  2. Yo creo que, aunque a menudo se usa la palabra “mito” con sentido despectivo, debemos recuperar el sentido original de la palabra (ya se está haciendo, como por ejemplo por Mircea Eliade, Coomoaraswamy, etc –y Naren Herrero, jeje–). Lo de “narración fuera del tiempo” me parece bien, si además somos conscientes de que esta narración es como una proyección en dos dimensiones, con caracteres antropomorfos, de realidades de más dimensiones no describibles.
    En India, para las historias mitológicas se usa la palabra “pauránika” (Puránica, de los Puranas), lo que indica el plano en que hay que entenderlas.

  3. es importante mencionar que cuando una persona mira desde el exterior de una cultura o religión, podemos ser vistos como el “otro”, por lo tanto, visto como falso. Siempre estuve frustrado con muchos de mis profesores universitarios que estudiaban el hinduismo en un ambiente académico, ya que lo describieron de una manera que era robótica e impersonal, por lo tanto, lo convertía en mito y falso o exótico y externo. para mí, como hindú por generaciones, estos no son mitos sino verdades. Sé que algunos aspectos son susceptibles de interpretación y algunas partes son simbólicas, no literales; sin embargo, esto solo se puede descubrir dentro de la cultura hablando directamente con los hindúes y descubriendo los significados e historias detrás de los mitos, y hay fe, energía y prácticas que muchos hindúes no escribir sobre o compartir con otros. incluso en mi templo, no compartimos lo que realmente creemos y hacemos, como los milagros personales, las transformaciones personales y el aspecto de fe de estos mitos.

  4. Hola:

    Hace poco leía en una obra de Joseph Campbell (lo siento, pero no recuerdo bien el título), lo que más o menos diferenciaba la mitología de la religión: el punto de vista. Es decir, todo aquello que no pertenezca a nuestra cultura religiosa, que proceda de otras religiones, otras culturas, siempre lo consideraremos mitología, ya que para nosotros no es lo “real”. Por lo que para un hindú, por ejemplo, el Cristianismo y la Biblia son meras mitologías que explican nuestra religiosidad y cultura; y para nosotros, si somos cristianos, o si somos ateos, o cualquier otra religión o no-religión, el resto de panteones y religiones, así como su historia, serán mitologías.

    Puede que hablar de mitología para un cristiano sea ofensivo, ya que el término designa algo irreal y creado, y prescinde de la veracidad, sin embargo, creo que para hacer un estudio profundo de nuestras propias creencias y religiones, necesitamos extrapolarnos incluso de nuestras propias creencias.

    Si queremos comprender en toda su dimensión nuestra cultura, nuestra religión, nuestras creencias, necesariamente deberemos mirar la religión como mito y no como religión.

    Un saludo.

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