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Swami Premananda y la inevitable naturaleza de juzgar

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Swami Premananda y la inevitable naturaleza de juzgar

Swami Premananda y la inevitable naturaleza de juzgar

Esta semana se cumple el 65º aniversario del nacimiento de Swami Premananda, que abandonó su cuerpo en 2011 a los 59 años, pero cuyas enseñanzas siguen inspirándome y también sorprendiéndome. Como forma de honrar a Swamiji estoy publicando fragmentos de un texto suyo titulado El juzgar es natural y que creo merece una lectura detenida. Tal como dice el título, se trata de un texto sobre los juicios y las opiniones, propias y ajenas.
Dice Swami:
“Muchos grandes santos han señalado muchas verdades valiosas y el modo en que estas verdades se contraponen a cómo vive la sociedad actualmente. Ellos han dado su consejo, criticando y reprochándonos que no pongamos en práctica estas verdades en nuestras vidas. Las palabras y las formas de expresarse que usaron pueden parecer ásperas e hirientes, pero hablaron de esta manera sin esperar elogios de nadie. Ya sea que elijamos aceptar o no su consejo, ellos no cambiarán su postura. Simplemente tomarán nuestra respuesta como la opinión de otra persona. Pero podéis estar seguros de que va a haber algo en lo que dicen estos santos, pues como lo expresa el dicho: ‘No hay humo sin fuego’.
El juicio que una persona emite sobre algo es lo que llamamos ‘su opinión’. Los juicios de las personas buenas y aquellos juicios de quienes son malos difieren. Las personas que son dañinas para nosotros siempre nos alaban, a pesar de que tal vez cometamos errores, y esto nos alentará a seguir en el camino incorrecto… Nuestra sociedad moderna está preparada para creerles a tales personas y escuchar lo que dicen. Después que el futuro haya sido afectado negativamente, la sociedad se arrepentirá de sus juicios equivocados; se arrepentirá de haber escuchado a las personas equivocadas”.

Tomamos un respiro para digerir. Uno sabe que hablar dulcemente es una buena cualidad, pero Swami dice que quienes nos critican o dicen la cruda verdad en realidad nos ayudan. Obviamente que si un mahātmā me critica puedo estar dispuesto a escucharlo y a quizás intentar aplicar su consejo ¿Pero qué pasa si quien me critica es alguien que no considero elevado o sabio? Uno espera solo alabanzas o buenas palabras de todos, incluso de los grandes maestros, en realidad.
Swami sigue poniendo el dedo en la llaga:
A quienes les importa nuestra prosperidad venidera no nos hablan con dulzura. Quizás nos dan su opinión usando palabras duras, pero si escuchamos y seguimos sus consejos, definitivamente tendremos un futuro brillante. Estas personas no esperan ningún elogio de nuestra parte. Solo quieren que corrijamos nuestros errores. Desean mostrarnos el sendero correcto para que podamos convertirnos en personas buenas y nobles, respetadas por la sociedad.
Sin embargo, nuestras mentes no comprenden a este tipo de personas. Nos mantenemos alejados de ellas, sin entender por qué nos hablan con tanta severidad, aparentemente sin benevolencia. Al hacer esto, nos perdemos una oportunidad única”.
Me gusta lo de “aparentemente sin benevolencia”. ¿Qué pasa si un padre solo alaba a sus hijos y no les muestra sus errores? En el plano espiritual, es sabido que un guru, en general, es amable y atento con quienes llegan a él/ella de forma esporádica pero que es realmente riguroso con sus círculo íntimo de discípulos, pues mostrándoles sus faltas y siendo muy estricto es la forma de aniquilarles el ego y de hacerlos progresar espiritualmente.

Más de Swamiji:
“El juzgar es esencial para todos. Aún si un niño de diez años expresara un juicio correcto sobre nosotros, deberíamos tener la madurez de admitirlo y aceptarlo. Los juicios existen siempre en todos los niveles de la sociedad”.
Por ello Swami dice que cuando alguien emite una opinión sobre nosotros, debemos escucharla abiertamente y analizar con honestidad si hay algo de verdad en ella. Si es así, entonces aceptarlo y tratar de modificar o mejorar lo que corresponda. Si no hay verdad en esa crítica, simplemente la dejamos ir, sin ofuscarnos.
Y finalmente Swami habla de lo más difícil de hacer en este ámbito; o sea, saber cuándo y cómo emitir la propia opinión:

“Para progresar en la vida debes usar tu discernimiento, debes tomarte tu tiempo y no apurarte en formar juicios”.

Y Swami termina su enseñanza con una bucólica comparación que me parece muy llamativa:

«Sin un juicio apropiado
no puede haber acciones apropiadas, ni gozo.
Sin un juicio apropiado
no puede haber visión apropiada.
La acción sin el juicio apropiado
es como pastar comiendo tan solo las puntas de la hierba.
¡Así que júzgate apropiadamente y abre los ojos!”

Por tanto, como dice Swami, juzgar es natural en el ser humano y es inevitable. Aprender a escuchar la crítica ajena y filtrar lo que es verdad y lo que no, como herramienta para mejorar nuestro carácter, es un signo de madurez espiritual.
Luego, ser capaces de frenar nuestros propios juicios sobre los demás y solo emitirlos desde la compasión, la aceptación y el discernimiento es ir un paso más allá en el camino del auto-conocimiento. En el fondo, la forma en que uno juzga a los demás es como uno se juzga a sí mismo.

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