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Ātmaṣaṭkam, un poema sobre la identidad

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En el camino espiritual, la pregunta definitiva es “¿quién soy yo?”. Sólo cuando una persona se plantea esta interrogación se puede decir que ha iniciado, de forma consciente, su búsqueda interior, que es también, curiosamente, la búsqueda del sentido universal. Grandes sabios de todos los tiempos, con Ramana Maharshi como ejemplo reciente, han simplificado su método espiritual a hacerse esa, en apariencia, ingenua pregunta.

En su libro Ganapati: Song of the Self, el filósofo y profesor John Grimes cuenta una anécdota personal muy pertinente, que aquí resumo:

“Una vez, hace muchos años, tuve un encuentro con un santo indio… Él me preguntó en su inglés básico: ‘Who you?’ (‘¿Quién tú?’). Yo empecé a contestar ‘Yo soy John Grimes’, pero antes de acabar dijo ‘Stop, family name, who you?’ (Basta, nombre de familia, ¿quién tu?). Como yo había vivido en la India y había estudiado el pensamiento indio comencé a responder con seguridad y osadía, “Soy el Ātman inmortal”, pero antes de acabar me volvió a cortar con un ‘Stop, book name, who you? (Basta, nombre de libro, ¿quién tu?).

Con el primer stop, él barrió la idea de que soy el cuerpo físico. Con el segundo stop barrió todo mi universo mental. ¿Qué quedaba? Con dos pequeñas palabras (¿quién tu?) había logrado comunicarme que yo no era ni mi cuerpo físico ni mi conocimiento mental. Como no sabía qué responder dije ‘No lo sé’. Rápidamente me respondió ‘Find out’ (Descubre). Yo dije ‘How?’ (¿Cómo?). El dijo ‘Not how, find out’ (No cómo, descubre). Otra vez pregunté ‘How?’ (¿Cómo?).

Él tenía un pañuelo en su mano y abrió los dedos dejando que el pañuelo cayera al suelo mientras decía ‘Let go’ (Suelta). Otra vez pregunté, ‘How let go?’ (¿Cómo soltar?). Él dijo, ‘Not how, let go’ (No cómo, suelta). Y entonces se giró y abandonó la habitación”

Todos tenemos unas nociones preconcebidas de quiénes somos y justamente eso se puede convertir en el gran obstáculo para saber quiénes somos en realidad. “Soltar” esas nociones, como dijo el santo, puede generar miedo o confusión y por eso es un procedimiento que se lleva a cabo a través del infalible tamiz del discernimiento, intentando separar lo real de lo irreal.

Teniendo en cuenta que la naturaleza y esencia divinas, tanto individual como universal, son inefables e imposibles de delimitar por la mente racional, el hinduismo utiliza un método de vía negativa en que, en lugar de intentar describir la realidad última, se opta por enumerar todo aquello que no lo es. Este análisis se resume en la famosa y antigua expresión sánscrita neti neti, que quiere decir “esto no, esto tampoco”, y que va eliminando de la lista todas las manifestaciones “psicofísicas” de la existencia hasta llegar al Ser.

Otra historia pertinente: la tradición cuenta que siendo todavía niño (algunas biografías dicen ocho años, otras quince) y habiendo perdido a su padre, Ādi Śaṅkarācārya (Shankaracharya), uno de los más grandes santos-filósofos de la India (788-820 d.C.), sintió un fuerte anhelo de hacerse renunciante y obteniendo el permiso de su madre partió en busca de un maestro. A las orillas del río Narmadā, en el sur de la India, el niño se encontró con un sabio llamado Govindapāda que le inquirió “¿Tú quién eres?” y entonces el joven buscador le respondió con unos versos hermosos sobre el Ātman (el Ser) imperecedero.

Este poema (o canción) se conoce como Ātma ṣaṭkam (“seis estrofas – shatkam – sobre el Ser”) o Nirvāṇa ṣaṭkam (“seis estrofas para la liberación”) y es un ejemplo paradigmático del método neti neti de negación.

Mis padres lo estuvieron recitando de forma diaria en un reciente retiro de meditación Prema Dhyanam y, además de cantarme el poema con entusiasmo por Skype, me pasaron los versos para que los tenga. Yo, a la vez, y para que cada uno lo valore y disfrute, comparto el texto sánscrito y una posible traducción al español hecha por mí en base a otras traducciones y a mi básico conocimiento de la lengua sánscrita (como siempre, hay pequeñas variantes en las versiones disponibles pero la esencia es la misma):

manobuddhyahaṅkāra cittāni nāhaṃ
na ca śrotrajihve na ca ghrāṇanetre
na ca vyoma bhūmir na tejo na vāyuḥ                         cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“No soy la mente, la inteligencia, el ego ni la memoria;
Tampoco soy el sentido del oído, del gusto, del olfato ni de la vista;
Ni soy espacio, tierra, fuego ni aire;                                                                                          Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

na ca prāṇasaṃjño na vai pañcavāyur
na vā saptadhātur na vā pañcakośaḥ
na vākpāṇipādo na copasthapāyu                                     cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“No soy el aliento de vida, ni la percepción, ni ciertamente los cinco aires vitales;
Ni soy los siete constituyentes materiales del cuerpo ni las cinco capas que cubren el Ser;
Ni soy el órgano del habla, del agarre, del movimiento, de la excreción o de la procreación;                                                                                                                                  Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

na me dveṣarāgau na me lobhamohau
mado naiva me naiva mātsaryabhāvaḥ
na dharmo na cārtho na kāmo na mokṣaḥ                         cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“En mí no hay apego ni rechazo, ni codicia ni engaño;
Y ciertamente no hay orgullo ni sentimientos de envidia;
No tengo deber, ni riquezas, ni deseo, ni liberación;                                                              Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

na puṇyaṃ na pāpaṃ na saukhyaṃ na duḥkhaṃ
na mantro na tīrthaṃ na vedā na yajñaḥ
ahaṃ bhojanaṃ naiva bhojyaṃ na bhuktaḥ                       cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“No tengo mérito ni pecado, ni felicidad ni aflicción;
No necesito mantras, ni lugares sagrados, ni Escrituras, ni sacrificios rituales;
No soy el experimentador, ni la experiencia ni lo experimentado;                                        Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

na me mṛtyuh śaṅkā na me jātibhedaḥ
pitā naiva me naiva mātā na janmaḥ
na bandhur na mitraṃ gururnaiva śiṣyaḥ 
                            cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“En mí no hay muerte ni miedo, ni distinción por estatus;
Ciertamente no tengo padre, ni madre, ni siquiera nacimiento;
Ni tengo parientes, ni amigos, ni maestro ni discípulo;                                                            Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

ahaṃ nirvikalpo nirākāra rūpo
vibhur vyāpya sarvatra sarvendriyāṇāṃ
na cāsangata naiva muktir na bandhaḥ                               cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“Yo soy sin forma y sin cualidades;
Estoy presente en todas partes, impregnando todos los sentidos;
Ciertamente no estoy separado, ni liberado ni atado;                                                          Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

Después de escuchar estos versos, y viendo la profundidad de su entendimiento, Govindapāda aceptó al joven como su discípulo y de esta forma cuajó un linaje fundamental para el reforzamiento del hinduismo en la India y para la difusión de las enseñanzas del Advaita Vedānta, la filosofía de la no-dualidad.

En la anécdota del inicio el santo le reprocha a John Grimes su mero “conocimiento libresco”, pues todos hemos leído que somos el Ser, pero una cosa bien distinta es experimentarlo y confirmarlo directamente. En este sentido, el método usado en el Ātma ṣaṭkam es totalmente práctico y un gran comienzo para empezar a experimentar esa realidad.

Si bien repetir mecánicamente śivo’ham śivo’ham no es garantía de experimentar nada, ya que si uno sólo percibe dualidad el mantra se convierte apenas en un eslogan bonito, también, explican los sabios, es importante cultivar ese estado interior (bhāva) de “yo soy el Absoluto” para que gradualmente vaya cobrando realidad en nuestro interior. La auto-indagación y el discernimiento son dos de las grandes herramientas que todos podemos usar para intentar vivenciar esa enseñanza.

Finalmente, comparto algunas versiones del poema, cantado o recitado, para integrarlo a través de la escucha.

Para los de tendencia pop tenemos la versión de Deva Premal, titulada Chidananda, y aunque no soy gran amante del estilo de esta artista esta versión me parece buena:

Otra voz femenina, pero india, con un estilo muy meditativo:

Por otro lado, esta versión de Isha Foundation que es menos sofisticada y más cruda pero muy potente:

Y para los más entusiastas, esta inspiradora versión que se repite una y otra vez durante 1 hora:

A ver si después de tanto escuchar que uno es pura “consciencia y dicha” se lo empieza a creer…

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  1. Yo lo estoy repitiendo a la mañana y me hace bien.- Algún día me lo voy a creer!!

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  2. Geniales las preguntas bastas del Maestro, te apuran y no te dejan contestar intelectualmente. Pa mi es medio policíaco, pero mirandolo bien, parece ser la única manera.
    Mi profe de ocultismo me preguntaba siempre lo mismo. Y yo dudo, tal vez soy todo este compilado de cosas, o tal vez soy alguien más, difícil saberlo, y más dificil aun, experimentarlo! Saludos rostro, corazón y mano.

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