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La historia de Dāmodara y la devoción del poeta ciego

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Llueve torrencialmente, es de noche, y parece que el mundo se fuera a partir en dos por la tormenta. Bilvamaṅgala Ṭhakura, un hombre de casta brahmán que supo tener gran fortuna y ahora está en la pobreza por gastar todo su dinero en mujeres, sólo piensa en visitar a Cintāmaṇi (Cintámani), la prostituta que lo tiene loco perdido y a la que va a ver cada noche sin falta. En sus aposentos la mujer supone: “seguramente Bilvamaṅgala (Bilvamángala) no vendrá esta noche, con semejante tempestad”.

A pesar del clima hosco, de lo iracundo del viento, de los peligros que implica la borrasca, Bilvamaṅgala está tan cegado por el deseo sensual que también hoy decide visitar a su amante, cueste lo que cueste. Para hacer la empresa más difícil, ella vive del otro lado del río, que está crecido y desbordado. Aferrándose a un tronco y utilizando una soga que encuentra por ahí, el hombre logra cruzar el embravecido torrente; solo al llegar al otro lado se da cuenta que el “tronco” era el cadáver de un hombre y la “soga” una serpiente pitón recién ahogada.

Sin reflexionar sobre su temeridad, el hombre, encandilado por la lujuria, llega a la casa de la mujer, pero las puertas están cerradas. Entonces, empapado y a duras penas trepa el muro y entra en la morada para finalmente aparecer en la habitación de la prostituta. Cintāmaṇi, sorprendida por la llegada y la intrepidez de su mejor cliente, le dice: “¿Cómo es posible que hayas venido en una noche así? ¿Tanta atracción sientes por este cuerpo? Si tuvieras el mismo deseo por Dios, entonces ya habrías alcanzado mokṣa (moksha), la liberación total del ciclo de muerte y renacimiento”.

Este simple comentario de la prostituta fue como una revelación para Bilvamaṅgala, que consideró a Cintāmaṇi como su primera guru e inmediatamente decidió cambiar de vida, renunciar a los hábitos mundanos y dedicarse puramente a la búsqueda espiritual. Sin embargo, sus tendencias sensuales eran fuertes y seguía sintiendo gran atracción por las mujeres. Determinado a ver sólo a Dios, Bilvamaṅgala agarró una aguja y se arrancó sus dos ojos. Entonces, se explica, pudo concentrarse únicamente en lo Divino.

En su caso, el camino elegido fue la bhakti, la devoción a Dios, específicamente en la forma de Kṛṣṇa (Krishna). Y muy especialmente de Kṛṣṇa en su etapa de niño, conocido como Bālakṛṣṇa. Se trata de un aspecto de Dios que despierta mucha ternura, ya que es un niño hermoso, criado en una aldea de pastores. Y justamente por ser un niño es muy travieso, por lo que las Escrituras cuentan infinidad de historias divertidas y emotivas en las que el pequeño Kṛṣṇa va por la aldea matando demonios, robando mantequilla recién batida a las vecinas o simplemente jugando con los demás pastorcitos.

Bilvamaṅgala Ṭhakura, ahora ciego, sentía gran devoción por el niño Kṛṣṇa y, por ello, se dedicó a cantar sus glorias y a componer versos devocionales en su nombre. De hecho, se cuenta que cada día el devoto recibía la visita de un niño que le traía leche y podía distinguirlo por el musical tintineo de las ajorcas en sus tobillos. Sin poder verle, Bilvamaṅgala sentía que se trataba del mismo niño Kṛṣṇa que venía a alimentarlo y a escuchar las embelesadoras composiciones dedicadas a él.

La semana pasada conté la historia del ultraje que sufre la reina Draupadī (Dráupadi) en la asamblea de los Kurus, cuando es tratada como una esclava y se la intenta despojar de sus vestidos, los cuales milagrosamente permanecen en su sitio gracias a la intervención divina del Señor Kṛṣṇa (Krishna).

En ese momento de angustia, se explica, Draupadī pide ayuda a Kṛṣṇa utilizando varios de sus diferentes nombres, lo cual con el tiempo se ha convertido en una invocación clásica:

śrī kṛṣṇa govinda hare murāre /
he nātha nārāyaṇa vāsudeva //

Muchos siglos después, en el siglo XIII, Bilvamaṅgala Ṭhakura compone una de sus obras más famosas, titulada Śrī Govinda Dāmodara Stotram, en la que con poesía muestra como los devotos, sin importar las diferentes situaciones en que se encuentren, no pueden hacer otra cosa que cantar los nombres de Kṛṣṇa .

Y ese himno de alabanza (stotram), justamente, comienza con la escena de Draupadī rogando auxilio divino, y termina, ya en la estrofa 70, nombrando los famosos versos arriba citados. Esta aparición de la historia de Draupadī en el stotram es un guiño que hace el poeta para reafirmar la idea de que la completa entrega es el objetivo de todo devoto o bhakta.

Más allá de esta referencia, en este Śrī Govinda Dāmodara Stotram el poeta también crea un verso propio que se repite durante todo el himno y que remite a tres nombres de Kṛṣṇa, especialmente en su etapa de vaquero:

“govinda dāmodara mādhaveti”

Govinda es un nombre de Kṛṣṇa en su rol de pastor de vacas, mientras que Mādhava (Mádhava) sería literalmente el “melifluo”, es decir alguien dulce, suave o delicado como la miel.

Dāmodara (Damódara) por su parte, significaría: “el que está atado con una cuerda (dāma) por la cintura (udara)”. Este extraño epíteto refiere a una anécdota de la niñez de Kṛṣṇa que es muy hermosa.

Un día el pequeño Kṛṣṇa estaba tomando el pecho de su madre, llamada Yaśodā (Yashoda), cuando de repente ésta escuchó que la leche que había dejado en el fuego se derramaba y salió corriendo a retirarla. Como el niño no había aún terminado de comer, se enfadó y golpeó la vasija llena de cuajada que acababa de preparar su madre. La vasija se rompió y Kṛṣṇa tomó parte de la mantequilla recién batida para comerla y, además, para darle el resto a los monos.

Yaśodā pensó que era oportuno darle un castigo a su hijo por esta travesura y primero pensó en pegarle con una varilla pero finalmente decidió atarle al mortero en que se batía la mantequilla para que “no hiciera más travesuras”. Para ello, Yaśodā trajo una cuerda e intentó a atar al niño Kṛṣṇa, pero la cuerda se quedó corta por dos centímetros. Entonces, fue a por otro trozo de cuerda, pero ésta también resultó ser corta por dos centímetros. Buscó otro trozo de cuerda y, una vez más, quedó corto. Así, una y otra vez hasta agotar todas las sogas de la casa.

Yaśodā, en su amor de madre, no se daba cuenta de que estaba tratando de atar, no a su hijo, sino a aquel sobre quien los yoguis meditan durante vidas sin poderlo atrapar en su corazón, aquel que “no puede ser tocado ni siquiera por la mente”, aquel que es “la morada de todos los mundos”… Kṛṣṇa, al ver que su madre estaba cansada de tantos juegos y con el rostro bañado de sudor, permitió ser atado. Como explica el Śrīmad Bhāgavatam, “la totalidad del Universo se halla bajo su control y, sin embargo, con una escasa cantidad de soga, Yaśodā fue capaz de sujetarlo”.

La enseñanza es que a Dios sólo se lo puede “atrapar” con la cuerda de la devoción, y por eso su madre, una simple pastora, pero que amaba a Kṛṣṇa como a nada en el mundo, fue capaz de lograr lo que no consiguen ni los devas, ni los eruditos ni los yoguis. Desde entonces, Kṛṣṇa de niño también es conocido como Dāmodara.

Para aquellos interesados en el texto completo del Śrī Govinda Dāmodara Stotram, compuesto por Bilvamaṅgala Ṭhakura, pueden leerlo (en sánscrito e inglés) aquí.

Para aquellos que quieran escuchar una bella versión de esta canción devocional, con especial énfasis en los dos versos que he citado, aquí va:

Finalmente, estas historias y este conocimiento se los debo en gran parte a mis clases de sánscrito en la Universitat de Barcelona, con la Dra. María Elena Sierra. Si estos temas les interesan y viven en Barcelona o cerca, no se pierdan la conferencia pública y gratuita que habrá este viernes 13 de junio (18:00h). Allí podrán tener una muestra de esas clases y disfrutar de la lengua sánscrita. Como guinda del pastel, habrá un mini-concierto (con tabla y violín incluidos) de un fragmento de este himno de alabanza dedicado a Dāmodara.

Todos los detalles, en el cartel:

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  1. Juan Vicente

    Que historias tan bellas. Gracias Naren.
    Por otra parte comentar que la decisión de arrancarse los ojos del poeta para evitar las tentaciones me parece muy radical. Para eliminar un deseo tan poderoso hace falta otro superior, pues no me parece lógica otra forma de proceder. Además al quitarse los ojos no elimina el deseo. Este tema de los deseos muchas veces se nos dice que hay que eliminarlos pero yo no estoy de acuerdo, veo más razonable transmutarlos en algo superior. Pues como dije solo un deseo superior vence a otro.

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  2. En el release mantra del libro de bhajans del Ashram de Swami Premananda se encuentra la palabra Chintámani.- Es el nombre de la prostituta? Si es el mismo, qué significado tiene en el mantra.- Jai Prema Shanti

    Responder
    • Kanagavalli,

      Chintámani es una palabra bastante difundida y en general significa “joya (mani) del pensamiento (cinta) “. Hay textos sagrados llamados “cintamani” justamente porque son una “gema de sabiduría”. En el mantra que nombras no se refiere a la prostituta, sino que es al revés, la mujer, a pesar de ser una prostituta le pudo dar a Bilvamangala un pensamiento muy elevado y, de ahí, su nombre.

      Un abrazo.

      Responder
  3. Álvaro Enterría

    La historia de Bilvamangala yendo a ver a su amada atravesando un río desbocado sobre un cadáver y subiendo a la casa agarrándose a una serpiente se repite literalmente en la historia de Tulsidás (el autor del Ramcharitmanas, una versión popular del Ramayana en hindi, y gran santo váishnava considerado encarnación de Valmiki). En su caso se trataba de su esposa, pero ésta le dice las mismas palabras que en el caso de Bilvamangala. A consecuencia de ellas, Tulsidás se retira entonces del mundo y se entrega a la vida espiritual.

    Responder
    • Querido Álvaro,

      Gracias por el comentario con esa información curiosa. Bilvamangala, al parecer, es al menos un siglo anterior a Tulsidás. ¿Crees que ambos pasaron por las mismas vicisitudes o que la historia de Tulsidás tomó prestado algo de la de Bilvamangala? O quizás, como tantas veces en el hinduismo, la respuesta no es tan lineal y única…
      La diferencia es que Tulsidás no se sacó los ojos, o sí?

      Un abrazo

      Responder

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