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Espiritualidad en New York

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Estamos en el aeropuerto JFK de New York, a punto de abordar el avión de Air France que nos llevará de regreso a Europa. Por cuestiones de compromisos y calendario sé que si no actualizo el blog ahora puede que me demore varios días y, entonces, prefiero hacer una breve reseña de las sensaciones finales que me deja este viaje, en gran parte espiritual, a la ‘capital del mundo’.

Ya la semana pasada dije que tenía su ironía que uno viniera a NYC con motivos espirituales, pues nada parece más distante de la búsqueda interior que la megalópolis que epitomiza el individualismo, el consumo, el capitalismo y el dinero. Una respuesta a esta paradoja es sencilla y de almanaque: el mensaje espiritual se puede encontrar en cualquier parte y en cualquier situación, sobre todo si uno sabe buscar. En nuestro caso, sí sabíamos dónde buscar y, supongo que por ello, pudimos vivir en primera persona un aspecto muy espiritual de esta urbe, relacionado directamente con la práctica del yoga.

Esterillas

Si bien yoga es una palabra que define caminos filosóficos y espirituales muy diversos, en esta crónica hago referencia al concepto que, seguramente, es más generalizado y remite a la práctica física de posturas (āsana). Originalmente, estas posturas fueron diseñadas como un medio para mantener el cuerpo saludable y en forma, de manera que el aspirante espiritual pudiera dedicarse a prácticas más profundas sin que el cuerpo fuera un obstáculo.

A su vez, en los Yoga sūtra compuestos por el sabio indio Patañjali, se describe a āsana como un paso indispensable para llegar a meditar y, en este caso, se hace hincapié en la postura del loto o ‘sentado con las piernas cruzadas’, ideal para mantener la espalda recta durante las muchas horas de práctica meditativa que se requieren para el camino espiritual.

A día de hoy, Sri Dharma Mittra, de quien ya hablé en el último post y con quien tuvimos la gran oportunidad de asistir a clases en New York, también enfatiza la utilidad de las posturas físicas como un medio para desarrollar mayor concentración, auto-indagación y disciplina que luego ayudan al aspirante a sentarse en meditación y, además, entender el sentido final de la vida que, él explica, es la búsqueda Divina.

Más allá de que el yoga sea un medio para una búsqueda espiritual, también es claro que muchas personas empiezan a practicar este arte por meras razones de salud, buscando adelgazar o tonificar sus músculos. Como la llamada comida biológica, el Pilates o correr descalzo en la ciudad, y sin negar sus cualidades positivas, el yoga con todas sus variantes también está ‘de moda’.

En NYC, quizás la ciudad con mayor diversidad de razas y culturas del mundo, donde se escucha antes que en cualquier otra parte el último grito de la moda y de las nuevas tendencias, es híper común ver personas cargando esterillas de yoga por la calle o el metro, lo cual sirve de confirmación para los datos que dicen que la creciente y revitalizada tendencia mundial a practicar yoga tiene uno de sus epicentros en Estados Unidos, con varios millones de yoguis y yoguinis.

Quiénes de estos millones hacen yoga como parte de una moda pasajera, quiénes lo hacen para mejorar su aspecto físico y quiénes lo hacen como un medio para su camino espiritual, no lo sé, ni creo que sea esencial saberlo. Lo cierto es que en NYC, conviviendo con el humo que sale de las alcantarillas, con las hordas de oficinistas que agobian Manhattan a las 6pm y bajo la espesa sombra que proyectan emblemáticos rascacielos, se desarrollan algunas escuelas de yoga con carácter puramente espiritual, entre ellas el Dharma Yoga Center.

Sexta planta

Así como por yoga se pueden entender muchas corrientes filosóficas, la vertiente más física del yoga tiene a su vez variadas escuelas, por ejemplo hatha, ashtanga, kundalini, iyengar… En gran medida nuestro viaje a NYC se centraba en tomar clases con Sri Dharma Mittra, en la vertiente que se llama dharma yoga y que, según entiendo, tiene una base muy clásica que se asienta en la antigua filosofía de la India (Yoga sūtra y Bhagavad Gita principalmente), siendo el maestro también muy conocido por sus series de āsana que incluyen posturas muy difíciles y de las cuales él mismo ha inventado unas cuantas.

En la sexta planta de un edificio del Midtown, Sri Dharma Mittra personalmente da clases durante cinco días a la semana. Con sus 73 años viene llevando este ritmo por los últimos 35, desde que fundó su centro, fecha en la que también, se dice, él alcanzó la auto-realización, es decir, logró el objetivo final de toda vida, que es el de conocerse a uno mismo y redescubrir la propia esencia Divina, según la filosofía de la India. En otras palabras, se puede decir que se iluminó.

Para una persona ordinaria, o sea un hijo de vecino, no es tan simple poder afirmar si alguien está iluminado o no, si es un maestro verdadero o no, si es un santo o no, pues todo lo juzga desde su perspectiva limitada y racional, que es incapaz de ver más allá de las apariencias. De todos modos, mi (nuestra, incluyendo a Nuria) sensación después de tomar algunas clases con Dharma Mittra es que se trata de un maestro genuino e iluminado.

Más allá de las posturas increíbles que puede hacer o de las enseñanzas filosóficas que dicta, la razón principal para tener este convencimiento personal es, como con todos los maestros espirituales, la vibración, el aura, la energía que irradia y que toca un lugar más profundo que el mero análisis intelectual.

Clases

Teniendo en cuenta que como alumno de yoga mi nivel es intermedio (suponiendo que los otros dos niveles son básico y avanzado) y mi hábito por los últimos cuatro años es el de hacer yoga dos veces por semana, yo sabía que las clases con Dharma Mittra serían exigentes, pues en general son para ‘intermediate/advanced’. Previsiblemente, el nivel intermedio de Dharma Mittra es un poco más elevado que el mío, por lo que más que nunca tuve que poner en práctica la enseñanza yóguica de “no compararse” y de “aceptar el estado actual propio”.

La mayoría de las clases a las que asistí (Nuria asistió a varias más que yo) se llaman ‘Maha Shakti’, siendo ‘shakti’ la palabra sánscrita que define a la energía Divina que yace en cada persona y que debe ser despertada para lograr la iluminación espiritual. En estas clases, de 1h30 de duración, había en promedio 1h15 de práctica de posturas y el tiempo restante era dedicado a algún tema espiritual práctico como “las causas del sufrimiento”, “dieta correcta”, “el comportamiento de la mente”… Asimismo hubo pranayama (técnicas respiratorias), repetición de mantras y cantos devocionales.

El nivel de los estudiantes en cuanto a las posturas era, en muchos casos, muy avanzado, pero el maestro siempre agregaba, para mi alivio, una variante “si no eres flexible”. En cuanto a las posturas, es verdad que en dos semanas de clase no puedo haber evolucionado mucho, aunque a nivel de contacto directo con un maestro espiritual sí que me siento muy bendecido. Que un maestro auto-realizado y experto te corrija personalmente las posturas es, más que una vergüenza, un honor. De hecho, por primera vez estuve contento de no hacer las posturas de forma perfecta.

Master Class

Entre las clases que da Dharma Mittra se encuentran las llamadas ‘Master Class’ que, como es de suponer, son para nivel avanzado. Con desfachatez asistí a una de esas clases, pues quería aprovechar la cercanía de Dharmaji y, a la vez, asistir a su charla sobre ‘técnicas de desarrollo psíquico’, que sirven, según explica el Centro, para “aumentar las habilidades psíquicas y la proyección de los pensamientos… haciendo más fácil lograr tus metas y deseos en la vida”. Esto se logra a través de la enseñanza ejercicios específicos de respiración, visualizaciones directas y dos poderosos mantras para la purificación y unión.

La serie de posturas fue exigente y mi ego yóguico se vio reducido al observar las acrobáticas posturas de los demás estudiantes y del maestro. En cuanto a las técnicas mentales, Dharma Mittra nos enseñó respiración y mantras, haciendo hincapié en la importancia de practicar cada día y alentándonos al afirmar que, de persistir, veríamos cambios “muy pronto”.

Después de la Master Class y debido a que nuestra partida era inminente tuvimos la bendición de hablar a solas con Sri Dharma Mittra y hacerle algunas preguntas sobre yoga y espiritualidad. Seguramente en futuros posts me extenderé sobre sus enseñanzas y ahora sólo cito un par que me gustaron y me vienen a la cabeza.

Dieta y metáfora

Por un lado, Sri Dharma Mittra habla mucho de la importancia de una dieta vegetariana para la salud corporal, siendo él mismo vegano desde hace 35 años, a la vez que sostiene ¡no haber visitado un médico por 50 años! La ingesta de carne, dice Dharma, genera además un bloqueo interior que impide al buscador espiritual conectar con la energía Divina en su interior. A su vez, él insiste en la compasión como virtud básica y, por tanto, insta a sus estudiantes a llevar su compasión “más allá del límite de sus mascotas”.

Por otro lado, en cuanto a las metáforas, tanto la dieta como otras técnicas que enseña como pranayama, mantra, meditación, él dice que sirven para llevar al ser humano de su bajo estado de conciencia actual, que el califica como “AM”, progresivamente hacia “FM”, “TV Blanco y negro”, “TV color”, “Alta definición”, “3D” y finalmente “conciencia total o divina”.

La metáfora me parece muy divertida a la vez que actual, sinónimo de que las enseñanzas de Dharma Mittra, fiel a sus cimientos védicos, son de milenaria sabiduría pero de aplicación contemporánea.

Será esa una de las razones de que él viva y enseñe en NYC, al punto de, ya embarcados en nuestro vuelo de regreso, hacerme recordar a esta ciudad más que por el Empire State Building, Wall Street o la contaminación, por un enclave espiritual necesario en medio de Babilonia.

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  1. Luego de tus comentarios, más que AM digamos que me siento un telégrafo en uso de la clave morse.
    Desde nuestra Córdoba, mate en mano, te agradezco (como ya lo hiciera en otra oportunidad) la posibilidad de asomarme por la ventana virtual hacia jirones de realidades tan lejanas de La Docta.
    Cariños, “hijo de vecino”.

    Responder
  2. Que bendición haber podido experimentar todo eso!! Jai Prema Shanti

    Responder

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