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Twitter y el regreso de los sūtra

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A principios de este mes de julio finalicé el posgrado de periodismo digital que estaba haciendo desde el año pasado. La asignatura final se basaba en la confección de un diario digital entre todos los alumnos, incluyendo la redacción individual de artículos sobre el mundo del periodismo y las nuevas tecnologías. Uno de los textos que escribí para el diario reflexionaba acerca de cómo Twitter “canaliza el renacer del aforismo”, un género literario y filosófico que había caído en desuso.

Pero vamos por partes. Para los que no lo saben, Twitter es una red social digital (como Facebook) pero que se basa en el microblogging, es decir en publicar mensajes breves, típicamente no mayores a 140 caracteres. Simplificando, es una mezcla entre los mensajes de texto (SMS) y los blogs, ya que el contenido publicado es breve pero digital y no tiene que ser sólo palabras, pudiendo incluir enlaces a sitios webs o imágenes. Es una forma de transmitir información de forma resumida y muy veloz.

A diferencia de Facebook, que se basa en ‘amistad’, en Twitter lo que hay son ‘seguidores’, y por lo general uno sigue a personalidades que dicen o envían información que nos puede interesar. Si a mí me interesa la espiritualidad, por ejemplo, entonces puedo seguir una de las cuentas oficiales que Amma tiene en Twitter, para saber por dónde va su gira mundial o simplemente para recibir citas con sus enseñanzas. Evidentemente, si uno no es conocido y no tuitea (o twitea) información de interés general, es más difícil obtener seguidores.

En este sentido, y en comparación a Facebook, Twitter es asimétrico, aunque a la vez da la oportunidad de estar muy ‘informado’ de los temas que le interesan a uno.

Aforismos

Según sea la cantidad de personas que uno sigue, así será el flujo de información recibida a cada minuto. La sensación abrumadora de recibir información de forma permanente es una de las críticas mayores que se hacen a Twitter, la cual convierte a cada mensaje en una chispa fugaz que es reemplazada sin pausa por la siguiente, dificultándonos la tarea de discernir entre lo que nos parece importante y lo superfluo.

Al parecer, para muchos usuarios de Twitter, el antídoto para esta celeridad informativa se encuentra, paradójicamente, en los mensajes que requieren una lectura (y una escritura) lenta; es decir, un nuevo tipo de pensamiento breve que se denomina, en algunos ámbitos, con el neologismo de tuitforismo.

A diferencia de los típicos tuits con enlaces, recomendaciones e información sobre el estado personal, los tuitforismos se caracterizan por ser ideas que se bastan a sí mismas y cuyo contenido, más que una noticia, es un punto de reflexión, lo cual incluye aquellos mensajes ingeniosos que, sin más, buscan provocar una sonrisa a lector.

En abril pasado, el diario español El País publicaba un artículo sobre cómo Twitter “insufla nuevos aires al aforismo”, un género harto antiguo que, antes de ser literario, fue filosófico o, al menos, pedagógico (‘doctrinal’ dirá la RAE).

Dependiendo de la fuente, los nombres que se aplican a esta renovada forma de pensamiento breve y agudo son variados, aunque la mayoría de los involucrados termina reciclando términos clásicos para describir la versión digital de algo que ya existía: se habla de epigrama, a la vez que hay quienes comparan los tuitforismos con el haiku japonés, llamándolos por ejemplo twaikus.

Con este criterio, si cada uno busca la analogía que más le gusta, yo me decanto por los sūtra.

Hilo

La palabra sánscrita sūtra significa ‘hilo’ o ‘cordón’, aunque en general se traduce como ‘aforismo’, ya que cada sūtra es un pensamiento condensado que, junto a los que lo rodean, forma un todo que se sostiene por sí solo. Muchos de los antiguos y sagrados textos de la India fueron producidos utilizando este género, con los Yoga sūtra del sabio Patañjali como el caso más popular.

El aforismo como género, cualquiera sea el nombre que se le desee dar, existió en todas las antiguas culturas, aún antes de la aparición de la escritura, pues su carácter es intrínsecamente oral. Como tal, el aforismo está forzado a ser breve, ya que debe condensar la mayor cantidad de información y sabiduría posibles en la menor cantidad de palabras, de forma que sea fácil de recordar.

Como ya expliqué hace un par de semanas, los textos védicos tienen un origen oral y se mantienen en circulación desde hace siglos gracias a la memoria y a la trasmisión de maestro a discípulo, todo esto sin el soporte de la escritura, un invento mucho más moderno que el habla y el recuerdo. Por tanto, la concisión y la exactitud de cada sūtra
eran fundamentales para que se mantuvieran sin cambios a través de las generaciones.

Alfabetización

En nuestra sociedad y nuestra cultura, el saber leer y escribir es básico y es sinónimo de educación y progreso. Cuantos más libros uno haya leído y, si es posible, escrito, más prestigio social adquiere. En la India antigua, en cambio, poner por escrito un texto, sobre todo una enseñanza espiritual, era un signo de debilidad.

Hay un milenario dicho hindú que sostiene que ‘el conocimiento en un libro es como el dinero en la mano de otro: nunca lo tienes cuando lo necesitas’. Con este razonamiento, los sabios de la India primaban el aprendizaje de memoria de las enseñanzas (no sólo las espirituales), pues de esta forma siempre serían propiedad de uno, pasara lo que pasara.

Esto me hace pensar en la novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, donde el Gobierno ordena a los bomberos quemar libros por ser considerados peligrosos, ya que hacen pensar a las personas. Resumiendo la trama y sin querer arruinar el final a quienes no lo leyeron, la única manera de preservar todo ese conocimiento bajo el presente régimen es a través de una resistencia de hombres-libro que memorizan los textos, para un día poder transmitirlos oralmente y volverlos a imprimir.

Naturalmente, cualquier amante de la literatura y de la libertad se identifica con estos preservadores del conocimiento y se horroriza ante las hogueras de libros, pero es sólo ahora, después de saber algo más sobre la oralidad antigua de la India, que reflexiono sobre la ‘modernidad’ del libro y sobre cómo ese objeto ha sido puesto en un altar, cuando lo que realmente vale la pena es lo que contiene.

En ese sentido, la visión védica de la transmisión oral me parece muy lógica y pragmática, pues efectivamente ningún régimen ni vicisitud exterior pueden acabar con el conocimiento que ya está en la cabeza de una persona.

De hecho, durante su amplia historia, la India recibió variadas y largas invasiones y conquistas (arios, musulmanes, ingleses), no sólo militares sino también culturales. Una de las razones por las que los textos antiguos, junto con las enseñanzas milenarias, se mantuvieron incólumes y fieles hasta nuestros días a pesar de los intentos ajenos de destruirlos, es que se transmiten de forma oral de maestro a discípulo y se aprenden de memoria.

Por otra parte, no sólo la cultura de la India menospreciaba la escritura, sino muchas otras y, ya pasados los siglos, con el invento de la imprenta hubo todavía muchas voces que temían por la muerte de la cultura oral. Se decía que al poner todo por escrito el ser humano dejaría de pensar y de recordar.

En el artículo que hice para el posgrado contaba que según la socióloga Zeynep Tufekci, la aparición de la imprenta moderna en el siglo XV tuvo dos consecuencias principales en un mundo que siempre se había basado en la oralidad: desplazar el valor de la memoria (algo similar a lo que hace Google en nuestros días), y “reemplazar las dinámicas orales naturales del ser humano por las de la escritura y la alfabetización”.

Oralidad

Según esta socióloga, el discurso fragmentario, con frecuencia criticado, que se despliega en las redes sociales, sobre todo en Twitter, y que se caracteriza por la sobreabundancia y la fugacidad informativa sería una forma de “reintroducir antiguas formas de comunicación en la esfera pública, la cual hasta la fecha estaba dominada por el las dinámicas del lenguaje escrito”. Es decir, una manera de regresar a la oralidad.

De esta forma, los tuit-sūtras pueden tomar el nombre que cada uno prefiera darles, pero lo que se desprende de algunas opiniones especializadas es que la revolución digital producida por las redes sociales podría, en un irónico giro no exento de sabiduría, estar llevando al ser humano de regreso a su origen.

Tratando de no engañarme con la efervescencia del mundo digital pero tampoco dejándome arrastrar por el apocalipsismo que, por otro bando, generan las nuevas tecnologías, yo ya tengo una cuenta en Twitter que pretendo utilizar con frecuencia. Mi idea es tuitear sobre espiritualidad, sobre la cultura y la filosofía de la India y, también, acerca de algunas cuestiones de periodismo que sigo y me interesan.

Si el Dalai Lama, Sri Ravi Shankar o Swami Kriyananda han decidido tener cuentas oficiales con sus nombres, no veo nada incorrecto en que yo utilice las redes sociales para difundir la espiritualidad, este blog, algunas de mis ideas y, además, para estar informado. Para quienes quieran seguirme (hace falta tener una cuenta propia de Twitter), mi dirección es @NarenHerrero.

No puedo prometer sūtras profundos (al menos no míos), pero sí información espiritual y sincera.

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  1. Desde las 3 o 4 últimas entregas, después de leer tu blog, me quedo sin palabras, solo puedo quedar maravillada de lo preciso y profundo de tu exposición. No me queda mucho que decir sobre los temas abordados. Inmediatamente me vienen a la mente expresiones de admiración por la forma en qu el tema se expone. Que maravilla!

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  2. analia giusti

    Narem,

    Ets tu? el meu company de català??? si és així, el món es un mocador!!!!! jajaja estava buscant una imatge de Ganesha i m’he trobat amb tu!!!! Felicitats, el blog es precióssss!!!! una abraçada company

    Responder

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