Canal RSS

El dilema de romper el coco

Publicado en

Según Wikipedia, la India es el tercer país en producción mundial de cocos (después de Filipinas e Indonesia) con unos 9 millones de toneladas al año. Sin importarme demasiado la exactitud de estas cifras, es un hecho contrastado que el coco está muy presente en la cultura de la India, no solamente en el ámbito gastronómico.

Desde la populosa presencia de palmeras cocoteras en el vasto paisaje que se ve desde la ventanilla de los trenes que recorren el país, pasando por los turistas bebiendo agua de coco fresco con sorbete, hasta la pelusa de la cáscara de la fruta utilizada para la construcción de cuerdas y barcas, el abanico de usos del coco es muy variado.

Nitya Mataji, sannyasin (renunciante) del Sri Premananda Ashram, cuenta que cuando fue por primera vez a la India una persona le preguntó “cuántos cocos compraban en su casa cada día”. Puede parecer una pregunta simple, pero es una versión posible de las clásicas (e indiscretas para los occidentales) inquisiciones indias para saber de qué tipo de familia o cuán rico es el interlocutor. Nitya Mataji, oriunda de Gales, contestó que “ninguno”.

El indio, entonces, no podía creer que esto fuera cierto y, al parecer, le costó mucho a Mataji hacerle entender que no había cocos en Gales y no se trataba de una tomadura de pelo.

Simbología

Como no podía ser de otra manera, el coco también tiene una implicancia espiritual, sobre todo en los rituales tradicionales hindúes. Como expliqué en el post sobre la simbología del abishekam, la cáscara exterior del coco representa el ego, que es difícil de destruir. La carne blanca y blanda del interior, en cambio, representa la pureza total de la mente después de la destrucción del pertinaz ego. Esta pureza interior del coco hace que la ruptura de la fruta sea parte importante de muchos rituales, a la vez que un símbolo de auspiciosidad.

La simbología del coco en el ritual, como la de la mayoría de ingredientes, tiene coherencia y no es un mero capricho. La idea de destruir el ego es fundamental en el pensamiento espiritual de la India, y no tiene relación con lo que muchas veces se entiende como dejar de ser ‘uno mismo’ o convertirse en un ente sin autonomía ni voluntad propias, sino que es una concepto profundo que refiere a dejar de lado la yoicidad, es decir, la idea de que uno es el ‘hacedor’ y el ser más importante, para entender que se es parte de un todo más amplio.

En el hinduismo, este Todo generalmente se acepta como de carácter Divino, por tanto la destrucción del ego individual es un facilitador para que surja la esencia real de cada ser, que sería Divina.

Incluso si uno no cree en el concepto de ‘divinidad’, la idea de destruir el ego sigue teniendo sentido, pues se trata de deshacerse de todos los aspectos de uno mismo que nos impiden ver la unidad esencial entre los seres. Es decir, aquellos aspectos que nos hacen sentir separados, diferentes y mejores (o peores) que otros seres por el mero hecho de tener otra raza, otro status económico, otra religión, otro idioma…

Desde el punto de vista espiritual, sólo rompiendo la coraza superficial del ego, con sus arraigados preconceptos, miedos y hábitos, se puede llegar a conocerse realmente a uno mismo.

Ego

Para ejemplificar el rol negativo del ego en la vida de las personas según la espiritualidad, comparto un chiste que me contaron una vez en el Ashram de Sathya Sai Baba:

Pregunta el discípulo: – “Maestro, ¿qué es el ego?”

El maestro responde: – “Es el pequeño ‘yo’ que todos llevamos dentro”

El discípulo, irritado, objeta: – “¿Pequeño? ¡¡¿Cómo que pequeño?!!”

Aruba

Está claro que destruir el ego no es tarea fácil, pero tampoco romper un coco es pan comido para alguien falto de costumbre… Debido a la dificultad de encontrar cocos que no estén secos por dentro, en los Centros Sri Premananda de Argentina realizan los rituales de abishekams con manzanas, por lo que a la hora de romper el ego simbólico basta con un cuchillito de sierra. El desafío, en este caso, es que el corte sea simétrico y perfecto, pero no tiene nada que ver con la dureza.

En Barcelona es mucho más fácil conseguir cocos con su agua dentro (de hecho hubo épocas en que los conseguía en el supermercado de frente a casa). El problema era, en este caso, que el cuchillo de sierra no es suficiente para abrir un coco (a menos que uno tenga paciencia carcelaria) y, por tanto, con Nuria también usábamos manzanas a la hora de hacer abishekams.

Al menos, hasta que mi madre fue a la India el año pasado y nos trajo un aruba, que no es una isla caribeña, sino el nombre tamil del cuchillo especial para quitar malezas y también, cómo no, abrir cocos.

La aruba es una especie de machete que utilizan en el Ashram para los abishekams, pero su uso no es sólo litúrgico y es también el utensilio típico con el que los vendedores de coco abren el hueco a la fruta para que su agua pueda ser bebida. Hay que decir que la aruba impone con su presencia, sobre todo si uno no está habituado a comprar cocos cada día para su dieta y por ende no tiene idea de cómo partir un coco.

96 golpes

En el pasado, realizando abishekams en lugares donde sí tenían machete, yo había partido dos o tres cocos con moderado éxito, pero eso no es suficiente currículum para sentirse confortable cuando llega el momento de romper un nuevo coco después de años. No es como andar en bicicleta, digamos. Si a esto le sumamos que la aruba, por precaución, no está especialmente afilada, hay motivos para no estar optimista.

En el Ashram de la India me contaron una anécdota que sirve de ejemplo: Una devota italiana estaba haciendo un abishekam en el templo del Ashram con un muchacho indio como asistente; cuando llegó el momento de partir el coco, la mujer empezó a darle tímidos golpes con la aruba, aunque sin éxito inmediato. Como corresponde, la devota siguió golpeando hasta que el coco cediera pero el proceso se hizo largo, muy largo.

Entonces, el joven indio estiró su mano, dijo ‘auntie’ (del inglés auntie – tía –, la forma en que los niños indios se dirigen a las mujeres occidentales) y cuando recibió el coco le bastó un golpe seco de machete para partirlo en dos.

Evidentemente, alguien podría argüir que, en este caso, sucede como con los frascos de mermelada, en que toda la fuerza la hace una primera persona, y los méritos se los lleva la segunda persona que simplemente debe girar la tapa del bote. Lo cierto es que, dice la leyenda, una vez terminado el abishekam en cuestión, uno de los presentes afirmó: “Yo los conté. Fueron 96 golpes al coco”.

Para los que no son asiduos espectadores de abishekams debo informar que el promedio de golpes, sobre todo en India y teniendo cierta práctica, no supera jamás los cinco machetazos.

A menos que se utilice el estilo de Swami Premananda, a quien una vez vi partir en dos el coco golpeándolo directamente contra el suelo sin soltarlo de su mano, como uno parte un huevo, digamos. Si nuestro suelo de parquet no es apto para esos menesteres; mucho menos lo es mi técnica.

Mi historia

Mi performance a la hora de partir el coco no es tan mala como la anécdota mencionada, aunque puede que alguna vez haya necesitado unos quince golpes para abrir finalmente la fruta. La falta de práctica personal y la falta de filo de la aruba son mis excusas principales.

Lo peor de emplear tantos golpes no tiene que ver únicamente con la desmoralización individual sino con la infinita cantidad de astillas y pelos de cáscara de coco que empiezan a saltar por doquier, creando una sensación mayor de inutilidad y desesperanza en el golpeador.

Para evitar el vuelo de las esquirlas cocoteras hemos optado por poner, previamente al ritual, la fruta en un bol con agua, de manera que al humedecerse haya menos polvo suelto. Esta estrategia, de todos modos, no soluciona los pequeños trozos voladores de coco.

Si el coco en el ritual del abishekam representa el ego, entonces es lógico que sea duro y difícil de partir. Desde que mi madre trajo la aruba desde India han pasado unos seis meses, y en ese tiempo realizamos siete u ocho abishekams, en los que la ruptura del coco fue dificultosa (Nuria también tiene sus historias al respecto).

El análisis final era siempre el mismo: tengo un ego tan grande y tan duro que el coco no se rompe con facilidad. De todos modos, para matizar, creo que la falta de técnica con el uso del machete también juega su parte en hacerlo más complicado.

Uno de mis primeros intentos con el coco

Golpe perfecto

Extrañamente, en el último abishekam que hicimos rompí el coco de forma perfecta y simétrica con apenas dos golpes, el primero un mínimo toque para marcar el punto de impacto. Ante tal logro me quedé muy sorprendido y contento, pero lo más destacable fue la sensación de satisfacción personal que se tradujo en un inflamiento de mi ego, orgulloso de haber partido el coco tan rápido y bien.

Entonces me percaté de la paradoja de la situación: si el coco no se rompe, me desmoralizo porque es una muestra de la dureza de mi ego. Si el coco se parte sin problemas, en cambio, significa que mi ego es blando, pero automáticamente se infla de orgullo y vuelve a crecer…

La situación me parece bastante divertida, por lo que no pienso hacer un drama existencial de ella, aunque es verdad que no puedo evitar la reflexión espiritual sobre cómo un hecho así de pequeño puede tener implicancias más sutiles de las aparentes, y como el ego aprovecha cualquier resquicio para ganar nuevos puestos.

Estéticamente hablando yo preferiría que el coco se rompiera siempre rápido, por la armonía y la fluidez del ritual y también por la limpieza del salón. Pero, claro, quien me asegura que ese deseo no es de mi ego, que quiere sentirse más orgulloso de sí mismo.

Por si acaso, en el próximo abishekam, voy a tratar de demorarme dos o tres golpes más antes de partir el coco de forma simétrica, hermosa y perfecta, lo cual es, obviamente, mi nuevo estilo.

Anuncios

»

  1. Me ecantó este comentario sobre los cocos. Sí, en el Ashram hay muchas anécdotas, sobre todo de los occidentales. Jai Prema Shanti

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: