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Sita sings the blues

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Hace exactamente dos años escribí un post titulado Sita y Rama, un culebrón espiritual, en que explicaba de forma resumida la trama de este largo poema épico de la India llamado Ramayana (‘el viaje de Rama’), incluyendo la serie de ingredientes que hacían de esta historia un tentador guión para cualquier telenovela latinoamericana.

Por otro lado, la semana pasada hablé de la propiedad intelectual y de cómo la liberalidad era una de las prácticas espirituales recomendadas para Kali Yuga.

Nina Paley es una artista estadounidense que, casualmente, conjuga estos dos aspectos (el Ramayana como culebrón y la necesidad de desprenderse del copyright) de manera muy activa y me viene muy bien como ejemplo para corroborar, tanto mis dichos de dos años atrás, como los de hace siete días.

La depresión

En cuanto al Ramayana, esta artista radicada en New York aborda la cuestión telenovelesca centrándose únicamente en la relación entre Sita y Rama, los que, según dice, “son dioses encarnados como seres humanos e incluso no pueden hacer funcionar su matrimonio”.

Para entender este enfoque hay que saber que en 2002, ante el “fracaso” de su propio matrimonio, Nina Paley encontró muchas similitudes personales con la historia contada en el Ramayana y la forma en que, según sus palabras, “Rama rechazó a Sita” a la vez que su propio marido la rechazó a ella. Entonces, ella se preguntó ‘por qué’ y decidió crear un largometraje de animación como terapia de catarsis. Funcionó y, además, el filme fue un éxito.

La película se llamó Sita sings the blues y muestra el supuesto paralelismo entre la relación amorosa de la autora con su ex-marido y la relación de Sita con Rama, todo el melodrama condimentado con las canciones de Annette Hanshaw, una olvidada cantante de jazz de los años ’20. De hecho, las canciones de Hanshaw fueron la principal inspiración (junto al fallido matrimonio) que tuvo Paley para dedicarse durante cuatro años a la creación de la película.

En inglés, la palabra ‘blues’ no refiere únicamente a un género musical sino también a una expresión (‘to have the blues’) que remite a ‘estar deprimido’ o ‘tener depresión’, y por tanto lo que canta la heroína del film no es sólo música sino también un estado de ánimo. En este sentido, las milenarias aventuras de la fiel Sita acompañando a su esposo Rama durante su forzado exilio en el bosque y siendo raptada por Ravana, el demonio de diez cabezas, se ven extrañamente aplicables a las tristes canciones de amor de principios del siglo XX.

Copyleft

Coincidentemente, al toparse con los grandes obstáculos que el sistema de monopolio de la propiedad intelectual le imponía por los derechos de esas canciones de Hanshaw que contaban con ochenta años de antigüedad, Nina Paley se convirtió en una activista de la llamada ‘cultura libre’, es decir, una defensora de la libre circulación de contenidos, también conocida como copyleft, en contraste con el término copyright (jugando con los significados en inglés de ‘right’ – derecho– y ‘left’ –izquierdo-).

Está claro que siendo una artista, Paley quiere vivir de su arte, pero esto no impide que considere el actual sistema de copyright como imperfecto y anacrónico. Debido a que los derechos de las canciones de Hanshaw están controlados por corporaciones, en teoría no pueden ser utilizados a menos que se pague por ellos, y en el caso de Paley le pidieron unos 20.000 U$ por canción, al menos originalmente. El problema de estas cifras no es únicamente no poder pagarlas, sino que muchísimo y valioso material artístico no puede ser editado o publicado, pues los derechos pertenecen a una multinacional que, más que en el arte, se interesa en los beneficios económicos.

Según explica Paley, “más del 90 % del contenido cultural no está disponible debido a cuestiones de derechos”, y justamente “las corporaciones que tienen esos derechos son empresas culturales que, a su vez, controlan la mayoría de los nuevos contenidos culturales que se hacen públicos”. La caricaturista agrega, “el Arte no tiene vida si las personas no pueden compartirlo”.

Sobre esto, Paley sostiene: “Las personas copian cosas que les gustan. No copian cosas que no les gustan. Cuando más copiada es una obra, más valiosa se vuelve. El valor no es quitado por los seguidores, sino que es agregado por ellos cada vez que copian”.

Annette Hanshaw

Copyheart

Ante el miedo generalizado de que una obra ‘sin derechos’ sea utilizada para el enriquecimiento ajeno, Nina Paley utiliza una perspectiva bastante kármica y mantiene la idea de que si un tercero logra beneficio económico con su obra (o derivados), eventualmente este beneficio también llegará a ella. Es importante aclarar que liberar de ‘derechos’ la obra propia no significa que alguien más la pueda utilizar diciendo que es suya. Es decir, la atribución (o reconocimiento) al autor original es necesaria para que se cierre este círculo virtuoso que pregona Paley. De lo contrario hablamos de plagio.

En este caso específico, los métodos de la artista fueron muy efectivos ya que la película obtuvo galardones en diferentes festivales de cine y animación y, sobre todo, se convirtió en un éxito en internet, lanzando a Nina Paley a la fama (es decir, a tanta fama como puede aspirar un director independiente de filmes de animación) y también erigiéndola como un
referente de la ‘cultura libre’, al punto de dar conferencias sobre el tema alrededor del mundo.

Coherente con su filosofía, la artista inventó un nuevo tipo de licencia libre, que más bien se podría definir como una no-licencia y tiene como nombre copyheart, ya que en lugar de referirse al ‘derecho a copia’ remite a ‘copiar con el corazón’, o sea con amor, y se limita a una simple afirmación:
Copiar es un acto de amor. Por favor, copia y comparte.

Oblación

Volviendo a Sita sings the blues y su trama, hay que decir que es bastante irreverente para aquellos que amen la fidelidad al clásico original. El sólo hecho de pensar que Sita se la pasa cantando jazz puede poner los pelos de punta a los puristas. Asimismo, la narración de la historia es hecha por tres voces con marcado acento indio (2 masculinas y 1 femenina), pero no es nada convencional ya que estos narradores agregan sus propias interpretaciones de lo que está sucediendo, llegando incluso a discrepar entre ellos.

De toda la posible irreverencia de la película, lo único que a mí me choca mucho es la presentación que se hace de Sita, como una mujer dominada y rechazada por Rama, que no coincide con la visión clásica (que también es la mía) de la historia. Este rechazo machista del que se hace eco la autora del filme tiene su origen en una escena del Yuddha kanda, último capítulo en la historia original, en que habiendo conquistado Lanka y matado a todos sus enemigos, Rama le pide a Sita que se marche pues no puede aceptar que su esposa “haya estado bajo el mismo techo que otro hombre”.

La princesa Sita, entristecida y humillada, pero sin perder su adoración por Rama, pide que se construya una pira funeraria porque prefiere morir después de oír dichas palabras de su esposo. De esta forma, Sita entra al fuego como si fuera una “sagrada oblación de mantequilla clarificada”, una significativa comparación con los rituales védicos en que el fuego todo lo purifica. Mientras tanto, los dioses bajan a ver el evento y preguntan a Rama porqué actúa de ese modo insensible, ya que Sita es la misma diosa Lakshmi en la Tierra.

Acto seguido, el dios del fuego en persona devuelve a Sita intacta, alabando sus virtudes. Y entonces Rama se explica diciendo que él ya sabía de la pureza de Sita, pero para evitar que el pueblo hablara a sus espaldas, su deber de rey era demostrar a todos la castidad de su esposa de forma pública. Después de esto, sin remordimientos, ambos se dirigen de regreso a Ayodhya, la capital del reino, donde Rama es coronado rey y se inicia un reinado próspero y feliz por muchos años.

Uttara kanda

Existe un capítulo del Ramayana llamado Uttara kanda y que, al parecer, fue una adición posterior a la obra original escrita por el poeta Valmiki. Es por ello que dicho capítulo no aparece en todas las versiones del Ramayana. Trata básicamente de cómo después de años de reinado feliz vuelve a haber rumores sobre la castidad de Sita y entonces Rama, fiel a su dharma de rey que hace prevalecer el bienestar del pueblo, la envía al bosque en exilio.

Resulta que, cuando se marcha, Sita está embarazada y eventualmente tiene gemelos en el bosque (Lava y Kusha), bajo la protección de un sabio que no es otro que Valmiki, el escritor del poema. El poeta escribe el poema, lo enseña a los niños herederos y les manda al palacio a recitarlo. Rama comprende todo y va al bosque a buscar a Sita, aunque en vano, ya que ésta viendo que su tiempo en este mundo toca su fin, llama a la Madre Tierra y desaparece por una grieta en el suelo (como detalle es bueno saber que Sita es originariamente hija de la diosa Tierra y que su nombre significa ‘zanja’ o ‘surco’).

Si bien este capítulo es discutido y considerado posterior, en el caso de Sita sings the blues la autora sí que lo tiene en cuenta y basa gran parte de su idea de ‘rechazo’ hacia Sita en esta sección final.

Desacuerdo

Personalmente, esta es la parte de la película que no me gusta, conceptualmente hablando, ya que la formada por Sita y Rama ha sido siempre considerada una pareja ideal, en la que Rama representa el rey perfecto (que prioriza sus deberes antes que sus derechos), siempre adherido al dharma, y Sita es el epítome de las virtudes femeninas, al menos para lo que se entiende en la India. Hay que tener en cuenta que el Ramayana tiene diferentes niveles de lectura y, aunque el sexista podría ser uno, no parece ser este el mensaje fundamental de la obra, que es esencialmente espiritual.

De esta forma, Rama es la encarnación de Vishnu, así como Sita de Lakshmi, ambos los encargados de preservar el Universo, en sus dos aspectos de poder absoluto (masculino) y energía dinámica (femenino).

Asimismo, como en otras obras clásicas de la espiritualidad india, los dioses se comportan en ocasiones como humanos, dejándose atrapar por la universal fuerza de maya, la ‘ilusión cósmica’, que es la culpable de muchos de los malentendidos que pululan la mitología. Incluso los héroes más intachables cometen errores si son presos de la ilusión, una clara enseñanza de cuán despierto debe estar el ser humano corriente si quiere evolucionar de su estado actual.

Esperando haber dejado clara mi posición sobre la gran historia de amor espiritual de Sita y Rama, y habiendo marcado mis discrepancias con la película, de todos modos recomiendo ver Sita sings the blues. Su duración es de 1h21′ y se puede ver online y en inglés clicando aquí.

Los que prefieren los subtítulos en español pueden clicar aquí debajo (aunque la calidad de imagen es inferior), y cuando se empieza a reproducir el vídeo hay que pulsar sobre el botón llamado “CC” en la parte de abajo del reproductor, junto a la opción de “pantalla completa”. Luego se pueden elegir distintos idiomas.

Que lo disfruten y luego me dan su opinión.

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Un comentario »

  1. Me encantó la peli aunque siempre teniendo en cuenta las distancias con la historia original de Sita y Rama.
    Quizás darle ese “toque actual” sirva para acercar un episodio de la mitología hindú, a personas que no la conocían..

    De todos modos, creo que se debería tener en cuenta que a veces se comete el error de juzgar las historias de la mitología desde el prisma de nuestra sociedad actual y eso hace que, al igual que nuestra sociedad está cubierta por un velo de ilusión en que lo falso se valora como verdadero, no nos demos cuenta de las enseñanzas que están detrás de esas historias y se vea a Sita como una víctima y a Rama como un déspota machista (porque claro, ya sabemos cómo se trata a la mujer en la India “y estos países”..). En la parte de culebrón, ambos se aman y eso está claro, en lo que nos tenemos que fijar es en qué más nos quiere decir esta bonita historia, en la que también encontramos a uno de los dioses “que más molan”: ¡Hanuman!

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