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Esperando un nombre espiritual

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Durante las últimas semanas las crónicas de este blog se han centrado, inevitablemente, en el samadhi de Swami Premananda y, por ende, en temáticas relacionadas con la muerte. Supongo que de forma gradual iré cambiando de temas, aunque no prometo nada, pues se trata de un evento difícil de asimilar. No sólo por la tristeza de que Swami no esté en su forma física, sino por las desventajas prácticas que esto conlleva, entre ellas una de las más destacadas, la referente a las cartas.

Si bien, como antes, se le pueden seguir escribiendo cartas a Swami, que serán depositadas en su samadhi en el templo de Shiva en el Ashram de la India, ya no seguiremos recibiendo, como es lógico, respuestas personales de Swami, ya sean de papel o por correo electrónico. Para los que nos gustaba recibir consejo personal, directo y escrito de Swami, esto es una pérdida. Yo no dudo que escribirle a Swami sea suficiente para solucionar un problema o encontrar una respuesta interior, pero de todos modos siempre es bello recibir palabras personales de un maestro espiritual.

De la misma forma, hubo personas que escribieron a Swami antes de que él abandonara su cuerpo y no recibieron respuesta, pues sus cartas no llegaron a manos de Swami, o quizás llegaron pero Swami no llegó a responderlas. Este era el caso de Nuria, que le había pedido a Swami un nombre espiritual ya hace varios meses, sin recibir respuesta. Por tanto, cuando Swami dejó su cuerpo, una de las tantas sensaciones de Nuria (me permito hablar por ella con conocimiento de causa) era la de “nunca tendré mi nombre espiritual”.

Significado

Antes de seguir, ¿qué es esto de tener un nombre espiritual? Básicamente, el nombre que cada persona recibe cuando nace está basado en una elección ‘mundana’, según las preferencias, gustos y contexto de los padres. En algunos casos se elige el nombre de un recién nacido porque su sonoridad agrada, en otros por su significado, en otros casos por una cuestión de moda. Cuando digo una elección ‘mundana’, no quiero decir que todos pongan a sus hijos nombres de estrellas pop o modistos (aunque también existen esos casos), sino que los criterios que se utilizan para seleccionar el futuro nombre de esa persona se basan en general en el aspecto material, o sea en lo que el ojo y la mente humana pueden atrapar.

Hay niños que, por ejemplo, reciben los nombres de sus antepasados por motivos emocionales y de tradición, mientras hay otros que reciben nombres con referencias religiosas y espirituales debido a las creencias de sus padres. En ningún caso se critican estas elecciones. De hecho, cada padre elige el nombre que considera mejor para su hijo, sea por el motivo que sea (significado, sonoridad, árbol genealógico, homenaje cultural…)

La idea de un nombre espiritual tiene su asidero en que esta elección hecha por los padres no contempla, en la mayoría de casos, las cualidades esenciales de esa personalidad (o de esa alma). Y no lo hace por dos razones: no las conoce de antemano y aún queriendo, tampoco son visibles para la mayoría.

Un nombre espiritual verdadero sería aquel que se corresponde con las cualidades particulares de esa alma, no simplemente describiéndola, sino alentándola a identificarse con ellas de manera de poder avanzar más rápidamente en su camino espiritual.

Gustos

Mi nombre, por ejemplo, con el que estoy inscrito en el registro civil, es Naren, y como expliqué una vez, hace referencia a un gran santo de la India. A pesar de estas motivaciones ‘espirituales’, el nombre fue elegido por mis padres desde un punto de vista ‘mundano’, pues no reflejaba necesariamente las cualidades particulares de mi alma en este nacimiento. Eso no quita que mi nombre me guste mucho y, según el punto de vista, se pueda considerar más ‘espiritual’ que la elección de aquel asiático que como nombre de pila, a su hijo le puso David Beckham.

De la misma forma, muchos padres creyentes dan a sus hijos nombres de santos o vírgenes, especialmente en la religión católica, que es lo más habitual en Occidente. De hecho, gran parte de los nombres tradicionales en Occidente (aunque cambien los idiomas) tienen su origen en personajes bíblicos, santos y místicos, tanto del catolicismo como del judaísmo.

Sin embargo, repito, que el origen del nombre sea religioso o ‘espiritual’ no significa que sea el adecuado para esa persona en particular. Asimismo, es verdad que hay muchas personas que no están felices con el nombre ‘mundano’ que recibieron de sus padres, y esto podría deberse a que su ‘alma’ no se identifica con él, pero también es factible que se deba a una cuestión ‘mundana’ de gustos, de la misma forma que a mí puede no agradarme tener el cabello rizado que me ha tocado en suerte.

Elección

Entonces, si los padres en general no son capaces de elegir un nombre espiritual para sus hijos, ¿quién puede? Pues hay distintas alternativas. En la filosofía espiritual relacionada con el hinduismo, donde predomina la relación Guru-discípulo, es justamente el Guru quien da el nombre espiritual al aspirante. Si se trata de un maestro verdadero, entonces se da por sentado que es capaz de saber el nombre que corresponde a nuestra alma y que se ajusta a nuestras necesidades espirituales.

Evidentemente mi relación más cercana con los nombres espirituales se da a través de Swami Premananda, y hasta hace dos meses uno podía pedir su nombre al hacerse miembro del Sri Premananda Ashram (como fue el caso de Nuria), y entonces recibía un nombre espiritual en sánscrito o en tamil elegido por Swami. Según se explica, “el uso de este nombre te ayuda a estar consciente de tu naturaleza espiritual y de que has comenzado una nueva vida espiritual. Cada nombre dado por Swamiyi posee una cualidad y una vibración espiritual propia y te ayuda en tu sendero espiritual”.

De esta forma, recibir un nombre espiritual tiene dos aspectos básicos: Por un lado, es una ‘marca’ que recuerda al buscador espiritual que ha entrado efectivamente en el camino espiritual. De manera similar, cuando una persona deja la vida secular para tomar los hábitos religiosos (en cualquier religión) generalmente debe cambiar sus ropas y su nombre, no sólo como una forma de demostrar pertenencia a un grupo particular, sino como un símbolo de haber dejado atrás el antiguo ‘yo’ mundano en pos de un ‘yo’ espiritual.

Probablemente este proceso nos parece más normal cuando refiere a una vida monástica, pero la idea esencial es la misma.

Casos

Recibir un nombre espiritual puede sonar raro para algunas personas, pero es una práctica mucho más extendida de lo que creemos. Si los actores y los músicos se cambian el nombre para fines artísticos o comerciales, cómo no va a tener sentido hacerlo con fines espirituales.

En el caso de los hábitos religiosos, es normal que el monje o renunciante iniciado haga ciertos votos y asuma su nueva ‘personalidad’ con un nuevo nombre, que según la tradición que siga puede ser dado por un tercero o ser elegido personalmente. Paradigma de esto último es el caso de los Papas católicos, que deben elegir su nombre espiritual dependiendo de sus ideales y del tipo de ministerio que pretenden implantar en la Iglesia. El mismo criterio, aunque con menos repercusión mediática, se da con los sacerdotes y monjas católicas que, en general, abandonan sus apellidos y adquieren un título como ‘hermano’, ‘padre’ o ‘sor’.

En cuanto el islamismo, son muy famosos los casos de personas que decidieron convertirse a la religión de Mahoma y por ende debieron cambiarse el nombre. El campeón de boxeo Mohammed Alí (antes Cassius Clay) y el cantautor Yusuf Islam (antes Cat Stevens), son quizás los ejemplos más conocidos.

El budismo, el jainismo y el sikhismo, por nombrar otras religiones, en este caso muy cercanas al hinduismo, también utilizan la práctica del nombre espiritual. De hecho, el sikhismo es una de las religiones que más lo fomenta, y en algunos casos se puede pedir por internet llenado una solicitud, aunque eso depende de la ‘escuela’ que uno siga.

Identificación

El segundo aspecto fundamental de recibir un nombre espiritual (además de recordatorio de la entrada al sendero espiritual) tiene que ver con el significado de ese nombre, que “posee una cualidad y una vibración espiritual propia”. Esta ‘vibración’ puede estar directamente relacionada con las cualidades del alma del aspirante, en el sentido que fomenta esos aspectos más puros o positivos de la personalidad, creando así un sentimiento de identificación que ayuda a la persona a ser más feliz.

A la vez, las cualidades referidas en el nombre espiritual pueden no parecer, a priori, directamente relacionadas con la personalidad de ese aspirante, sino que se convierten más bien en un estímulo de aquello a lo que la persona debe aspirar; es decir, una pista de hacia dónde dirigir sus esfuerzos para evolucionar espiritualmente.

Como regla general, si uno medita y reflexiona sobre el significado profundo que tiene el propio nombre espiritual, seguramente encontrará mucho material para trabajar internamente, a la vez que hallará una ayuda y una guía personal en el propio camino espiritual.

El idioma en que se recibe el nombre espiritual depende de cuál es la lengua tradicional (o sagrada) de cada religión o escuela espiritual. Para el islamismo será en árabe, para el hinduismo en sánscrito (en el caso de Premananda también incluye el tamil que es su lengua materna), para el budismo en sánscrito o en pali, para el catolicismo, aunque los nombres son los mismos, dependerá de la lengua que se hable en cada país.

Hansika

Hace algunos días llegó un e-mail del Ashram de la India. El e-mail traía una respuesta personal de Swami, realizada antes de su samadhi, al pedido de nombre espiritual de Nuria. Cuando Swami entró en samadhi, algunas respuestas a cartas de devotos ya habían sido hechas, pero quedaron en el camino esperando su traducción final o su envío. No eran muchas cartas, pero una de ellas era para Nuria, o mejor dicho, para Hansika, ya que este es el nombre espiritual que Swami le dio.

Indagando con mi profesora de sánscrito, ella me explicó que el nombre deriva de Hamsaa, que significa ‘cisne’ (y por ende, la pureza y también la capacidad de discriminación). El sufijo –ikaa, me explicó mi profe, expresa un matiz entre cariño y respeto, que se podría comparar con el uso del diminutivo en castellano, por lo que Hansika (el cambio de ‘m’ por ‘n’ es una variación) es el diminutivo femenino de cisne, es decir ‘cisnita’ o ‘cisnecita’. La acentuación de la palabra es esdrújula.

Más allá de la explicación etimológica, con sus correspondientes connotaciones espirituales, lo más lindo de que Nuria haya recibido su nombre espiritual es que se trata de un ‘último regalo’ de Swami; o sea un regalo material, tangible, una carta y además un nombre, cuando ya parecía que no era posible.

Swami y su energía están en el corazón de sus devotos, eso no se discute, pero que bueno es comprobar que él también sigue presente, de alguna forma, en los aspectos prácticos.

 

Imágenes:

iuvalladolid2011.org

himalayanacademy.com

independent.co.uk

exoticindiaart.com

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  1. Qué lindo post! Esta semana me emociona especialmente! Tardé en decidirme a pedirlo pero cuando lo hice tenía muchas ganas de recibir el nombre espiritual dado directamente por Swami Premananda, así que recibirlo fue un gran regalo y que llegara de Swami después de su Samadhi fue una gran sorpresa!
    JPS!
    Hansika

    Responder
  2. Vos hablas de David Beckhan y justamente hace un rato lo ví en una entrevista que le hicieron en la televisión de Estados Unidos y dijo que a su hija, que nacerá dentro de unos meses le pondrá como nombre, el nombre y el apellido de ese jovencito que canta justin… algo, no me acuerdo el apellido. Lo harán así porque se lo pidió su hijo del medio y porque para todos sus hijos, este chico es un referente. Quizás sea justini, para que parezca femenino. Eso dijo. No parece increíble una decisión así?
    También Swami premananda dice que es muy beneficioso que el entorno te llame por tu nombre espiritual, que te ayuda en tu desarrollo espiritual.
    Al comienzo, a veces cuesta, pero después suena tan raro que te nombren con el “mundano”. Conozco gente que ya no se identifica para nada con el antiguo nombre.
    Los enamorados, por ejemplo, se apodan de cada maneras insólitas, o las madres a los hijos, como yo les digo, monachos.
    Bueno, nada mas, ah, sí, un beso a la cisnecita.

    Responder
  3. Cuanto aprendizaje y cuanto saber cada vez mas que no somos lo que aparentamos fisicamente sino que somos ese algo que no se ve y que es tan profundo… Y que hay todo un camino por delante para seguir descubriendonos de esta manera…. Y que es tan milagroso hallarse en ese camino… Y que es tan increible vivir…
    No?
    Mis cariños a los dos

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  4. Imagino que ambos estareis contentos con esta noticia, pero me surgen algunas dudas.

    ¿Tendriamos que dejar de llamar a Núria, por este nombre y pasar a dirigirnos a ella como Hansika?

    ¿Es correcto usar diminutivos del nombre espiritual?

    Perdón por mi ignorancia, espero me resolvais estas dudas en breve.

    Besos,

    Responder
  5. hola, buenas tardes¡¡¡
    como hago para conocer mi nombre espiritual? gracias¡¡¡¡¡¡¡¡¡

    Responder
  6. deseeo tener un nombre espiritual

    Responder

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