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Cartas

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La semana, para mí, ha sido larga. Ha sido también mala. Llega el viernes y no tengo prácticamente nada de material para un nuevo capítulo de estas crónicas. Pienso que lo mejor es colgar un breve mensaje avisando que esta semana se suspende la actualización, que mejor el silencio a escribir líneas apuradas, llenas de tensión y enfado. Demasiado tengo ya de todo eso para manchar también el blog, mi salvoconducto de este mundo mundano.

Un comentario viene a mi mente, sin embargo; un comentario que alguien, no recuerdo quien, hizo en la semana y ahora gatilla una idea, un tema para la crónica semanal. Un tema que me gusta, que me interesa, un tema del cual puedo escribir sin sufrir la tensión “del tiempo, maldita daga, lamiéndome los pies”.

Puño y letra

En previas ocasiones ya he dicho que cada maestro espiritual tiene su forma particular de enseñar. Si bien las enseñanzas espirituales son en esencia las mismas, las formas de presentarlas son innumerables; hay tantas formas como maestros o incluso más.

A fin de cuentas, como dice el proverbio, todos los caminos conducen al mismo destino. La diversidad de métodos tiene su razón de ser, en que los destinatarios de estas enseñanzas somos todos diferentes y no todas las presentaciones de la espiritualidad nos van a atraer siempre.

Lo que digo es una perogrullada, lo sé. Esto mismo pasa con todo. A algunos no les gusta la patata hecha puré, pero si la patata frita; a otros no les gusta jugar fútbol pero si mirarlo por televisión; a otros no les gusta un profeta sangrante en una cruz pero si una deidad de cuatro brazos que corta la cabeza del ego.

Esto no quiere decir que cada persona sea diferente a las otras en esencia, sino solamente en la forma en que interpreta el mundo, debido a todos los factores que ya sabemos: cultura, educación, familia, niñez, etc. y, por supuesto, vidas pasadas y el karma consiguiente.

Asimismo, esta presentación diferente que hacen los maestros espirituales de las enseñanzas (por ejemplo: haciendo hincapié en el amor al prójimo, en la meditación, en la vida familiar, en el silencio, en el concepto de Dios, en el concepto de la Nada, etc.) tiene su correlación en la forma de actuar de cada maestro en particular, y en la forma de relacionarse con sus devotos.

Ya he contado de Amma, por ejemplo, que abraza a todos los que llegan a verla. También he contado sobre Ramana Maharishi, que a través del silencio pasaba bendiciones y sabiduría a quienes lo visitaban. También he hablado de Sathya Sai Baba, que da discursos espirituales para muchas personas y muy rara vez entrevistas personales.

En este sentido, Swami Premananda tiene también una forma particular de estar en contacto con sus devotos. Como ya ha sido dicho, Swami está en prisión desde hace 14 años. Ante la imposibilidad de verle con frecuencia, que de todos modos sería difícil ya que él está en la India, Swami decidió mantenerse en contacto con sus seguidores a través de cartas.

Es decir, cualquier persona, sea devota o no, puede escribirle una carta a Swami; carta que él responde personalmente con consejos, bendiciones y su misma firma.

 

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Correspondencia

 

Inexorablemente, las cartas deben ser escritas en inglés; de otro modo ni él, ni casi nadie de la administración del Ashram, podrá entender el contenido del mensaje. Entonces, las cartas son enviadas al Ashram en inglés; una vez allí, las cartas son traducidas al tamil, el idioma del estado de Tamil Nadu y lengua materna de Swami. Las respuestas a estas cartas son dadas por Swami también en tamil, y son traducidas por el Ashram nuevamente al inglés, antes de ser enviadas al remitente original.

Sobre esto, Swami Premananda sí habla inglés; sin embargo, el prefiere, en lo posible, dar sus mensajes en lengua tamil.

Pequeño apartado: el tamil es una lengua milenaria que tiene raíz dravídica. Es un idioma nacido en el sub-continente indio, pero que además de en la India se habla en Sri Lanka y Singapur, ya que es hablado por personas de origen tamil, justamente.

A este respecto, las lenguas dravídicas no tienen relación filológica con el sánscrito; a la vez que se trata de lenguas igualmente antiguas.

Volviendo a las cartas y su traducción, este proceso puede hacer que la respuesta a una carta escrita a Swami Premananda tarde, en algunos caos, tres meses o más en llegar.

Sobre este punto, hay algo a tener en cuenta. La principal discípula de Swami, por ejemplo, dice: “Su respuesta no es necesaria para resolver el problema. El pensamiento y las oraciones de Swamiyi ponen en movimiento la solución al problema”.

Es decir, lo importante es escribir la carta. Es incluso más importante que recibir la respuesta. No sólo porque uno así le da la chance a Swami de meter mano a nuestros problemas, sino también por el simple hecho de que poner por escrito nuestros problemas o angustias no es nada fácil.

Sobre todo si queremos hacerlo de manera clara y concisa.

O sea, obviando el rol que cumple Swami en todo esto, el sólo hecho de llenar una hoja de papel con nuestros problemas es una suerte de terapia en sí misma. Si, además, uno piensa que la carta será leída por un tercero, debe esforzarse por dejar las ideas claras en el papel, y para ello, sin duda, sería mejor tener las ideas claras en la propia cabeza.

A este respecto, Swami recomienda escribir cartas concisas y claras, como decía arriba. Por experiencia propia, puedo decir que mientras más tortuosa y confusa es una carta, más corta y escueta es la respuesta de Swami.

Entonces, una vez que uno ya ha puesto sobre el papel esas angustias, esos pensamientos, esos pedidos y esas ilusiones, le envía la carta a Swami. Y, a veces, la respuesta tarda tanto en llegar que uno de desalienta y hasta se olvida de aquella carta.

Sobre esto, Swami mismo dice: “Puedo escuchar tus oraciones, oigo tus pensamientos y leo la carta que escribes en tu mente. Incluso sin que la envíes, yo la recibo”.

Ante esto alguno dirá que si Swami lee la carta en la mente, ¿qué utilidad tiene que sea enviada en inglés? Bueno, se trata de dos planos distintos. Que Swami sea capaz de trascender los límites de la tinta y el papel no significa que el resto de la administración del Ashram también. Hay un orden práctico que hay que mantener, sobre todo si hablamos de espiritualidad.

 

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Respuestas

 

 

No hay dudas, el hecho de recibir la respuesta de Swami, ¡una carta desde la India!, sí que genera entusiasmo.

De todos modos, muchas veces la respuesta práctica nos llega antes que la carta de papel, debido a esa misma regla de que aún antes de estampar el sello postal, nuestra carta es leída por Swami.

Desde que conozco a Swami le he enviado cartas, al principio tímidamente, ahora con regularidad. A lo largo de los años, por ejemplo, le he preguntado sobre mi futuro, le he pedido consejo sobre mis (pocas) novias, y bendiciones para mis estudios. También le he contado mis actividades cotidianas, le he pedido un mantra, le he rogado paz mental y un buen trabajo. Además, le he deseado Feliz cumpleaños, le pedido por la salud de mi familia, por los viajes de mis amigos, y claro, por la paz en el mundo.

A todo esto he recibido siempre una respuesta, aunque no siempre la que me esperaba o la que yo hubiera querido. Muchas respuestas en papel fueron lacónicas, otras fueron acertijos para mí, otras maravillosas. Muchas respuestas fueron sobre pedidos personales, otras veces sobre pedidos para otras personas.

Por ejemplo, recuerdo que hace algunos años un buen amigo me contó que su padre estaba sufriendo problemas mentales y que al parecer debería ser internado en una especie de psiquiátrico. Yo escribí a Swami y su respuesta fue que pidiera en su nombre un abishekam especial; es decir, un ritual tradicional hindú. Luego de realizar el pedido, el padre de mi amigo finalmente no debió ser internado y, aunque no se curó de forma definitiva, pudo seguir haciendo una vida normal.

Muchas otras veces, en cambio, la respuesta fáctica llegó antes que la esquela postal.

Para citar un caso: Una amiga me mandó un desesperado email diciéndome que su padre había sufrido un ataque, y que su corazón se había detenido. Estaba en “terapia intensiva, sedado y entubado”. Mi amiga me pedía rezar por él.

Le dije a mi amiga que rezaría por su padre, pero que se lo pediría también a Swami, ya que sus oraciones eran, sin duda, más poderosas que las mías.

Inmediatamente envié un mensaje a Swami contándole los eventos. Una semana después mi amiga me envió otro email que decía “mi padre se está recuperando y milagrosamente volvió a casa con su mente y su corazón intactos”.

Por supuesto, mi mensaje a Swami, el escrito quiero decir, no pudo haber llegado físicamente a él en tan poco tiempo. De hecho la respuesta oficial me llegó dos meses más tarde y Swami decía “el padre de tu amiga se recuperará pronto. Estaré junto a él y lo cuidaré”.

Como con todo, uno puede atribuir los hechos a la casualidad, a la suerte, o en este caso, a los avances de la medicina. No pienso entrar en esa discusión.

Lo único que quiero resaltar es que eventos así me han sucedido con frecuencia con las cartas de Swami.

Por ejemplo, hace un mes me llegó la respuesta a una carta escrita en febrero! Es decir, hace bastante, y sin embargo, la respuesta de esa carta contenía las respuestas a lo que yo había preguntado en una carta del pasado mes de octubre…¿Será que siempre pregunto lo mismo?

 

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Última oportunidad

Más allá de las respuestas milagrosas, lo importante para mí es que las respuestas de Swami, aunque sean en papel, tardías y sin efectos especiales, siempre me ayudan. De la misma manera en que me ayuda poner sobre el papel, cada mes, todos mis pensamientos.

Es que en uno de mis encuentros con Swami, él me dijo que le escribiera una carta cada mes, pues mantener un “enlace de correspondencia” era bueno para mí.

Yo me alegré con la sugerencia y la he venido cumpliendo hasta ahora. Hay meses en que no sé bien que escribir; hay meses en que vierto toda mi angustia en esos tres párrafos. La cuestión es que estas cartas me ayudan a estar en mayor contacto con Swami, y seguro, con mis ideas.

Alguna vez le he pedido perdón a Swami por escribir siempre lo mismo o por quejarme tanto. No hace falta ese protocolo. Swami insiste en que le escriban cartas para que él pueda así ayudar a más personas.

A este respecto, hace poco más de un mes hubo un comunicado de parte del Ashram de la India, informando que Swami dice que no puede continuar respondiendo para siempre a todas las cartas que le llegan, ya que no siempre tendrá el tiempo para hacerlo.

Por lo tanto, él dice que a partir del 1/1/2009 solamente responderá a las cartas de los miembros vitalicios. Los miembros vitalicios son las personas que se han hecho socias del Ashram. Uno se puede hacer miembro a vida en cualquier momento, incluso en el futuro.

Sin embargo, para aquellos que no lo son, Swami está instando a escribirle ahora, para así poder recibir su respuesta por carta.

Lo sé que estamos sobre el límite del plazo, pero si alguien quiere escribirle a Swami, debe poner todos los datos personales dentro de la carta y, por fuera, en el sobre, la siguiente dirección de correo electrónico:

lingaya@sify.com

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Swami Premananda en el Ashram en 2003

 

Lo repito: no hace falta ser devoto o seguidor de Swami para escribirle; no hace falta tampoco escribir un párrafo completo excusándose por la “impertinencia” de escribir; ni hace falta decir nada “interesante”. El escribirle a Swami no compromete a nada ni a nadie, más que a uno mismo a sentarse un momento a poner en un papel todos esos pensamientos que están dando vueltas.

Como en las últimas funciones de una obra de teatro, tengo que hacer hincapié en que esta es la última oportunidad para escribirle a Swami; como en los concursos televisivos, me imagino que aunque la carta llegue después de la fecha límite, el jurado mirará la fecha de envío en el sello postal.

 

Si a alguno se le pasa la fecha, que no se preocupe; que se siente y escriba su carta, que la guarde en un cajón si lo desea; si, de todos modos, Swami la recibirá.

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Un comentario »

  1. Hola Naren.
    Me sabe mal que hayas pasado una mala semana. Espero que el fin de samana sea mejor.
    A pesar de que me alegra que hayas escrito el blog esta semana, no me gustaria que te lo tomaras como una obligacion. Creo que tu blog tiene muchos seguidores, y seguro que todos coincidimos en pensar que si una semana no hay actualizacion no pasa nada. Es mejor esperar a que te sientas bien y con animos para escribirlo. Supongo que tu disfrutas tanto escribiendolo como nosotros leyendolo, asi que no hay ninguna obligacion de por medio.
    Un abrazo bien grande.
    Alex

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