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SuperMeditator Vs. The Mind

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En el post anterior, y con un título pretencioso que bien podría ser cinematográfico (Meditator: los orígenes), expliqué el génesis de un héroe híbrido, nacido de la combinación de un retiro de meditación, la influencia de la televisión y la elemental simbiosis entre las mentes de Nuria y la mía.

Después de aquel modesto éxito en tierras francesas, durante el curso de meditación Prema Dhyanam, ahora debíamos redoblar la apuesta para convertir a nuestro personaje en un héroe espiritual de masas. El contexto, debo decir, era el adecuado, ya que se trataba de la Convención Internacional del Sri Premananda Ashram, donde todos los asistentes tienen intereses e inclinaciones espirituales, y por ende estarían, a priori, dispuestos a aceptar con los brazos abiertos a Meditator.

La cuestión era, llegado este punto, la de ser capaces de plasmar, en escena, todas las potencialidades de nuestro héroe, manteniendo su carácter cómico pero sin perder el mensaje de fondo, siempre espiritual.

Snake

En el año 2005, mi hermano Rakhal proyectó y dirigió su primera obra de teatro-danza. Se trataba de una actualización personal y naif de las influencias recibidas (por él y por todos, creo) por medio de las revistas de cómic, las típicas películas de Hollywood con happy end, los films de artes marciales y los clásicos estereotipos de Bien vs. Mal.

Justamente por ello, el título de la obra fue Snake vs. Aquiles. En este caso, Snake era un malvado que quería destruir el Arte, con mayúsculas, por considerarlo inútil. Por su parte, Aquiles (nombre no por casualidad relacionado con la Épica), era el héroe destinado a salvar el mundo, o el Arte, que para algunos es lo mismo. Cada uno de los protagonistas contaba con aliados en su lucha, y la esencia de la obra se basaba en las luchas-danzadas entre los dos bandos.

La simplificación arriba descripta, en este caso, le quita mérito a la obra, ya que cualquiera que la haya podido ver (tanto en su puesta original como en sus reposiciones mejoradas), concordará conmigo en que era buena y, además, un poco más profunda de lo que parece. Los dos protagonistas, en realidad, eran una misma persona que había sido separada al nacer y ejemplificaban las caras opuestas de una misma moneda. Haciendo referencia a citas de las Escrituras Védicas de la India, sin por ello caer en el moralismo o el bostezo, el invisible narrador se encargaba de explicarnos (desde su voz en off), cómo la única forma de volver a la paz era re-uniendo las dos partes, en busca del equilibrio original.

Detrás de los clichés y los guiños al imaginario colectivo, detrás de los golpes de puño a ritmo de música electrónica, detrás de un final efectista, se encuentra también ese mensaje que es aplicable a la meditación como práctica, a saber: meditar de verdad no es focalizarse en un solo pensamiento (ni siquiera en buenos pensamientos), sino que es la ausencia de cualquier pensamiento. La desaparición de los contrarios a través del regreso a la fusión original.

Guión

Cuando llegó el momento de empezar la escritura seria de un guión para la obra que haríamos en el Ashram de la India, la influencia de Snake vs. Aquiles llegó a mi mente, un poco de manera consciente, otro poco sin que me diera cuenta. Y esa influencia se hizo mucho más patente cuando nos reunimos con Rakhal en Argentina, para entre los tres tratar de darle un mínimo de profesionalismo a nuestra actuación.

Más allá de que la “materia prima” para la obra fuera totalmente amateur, el problema principal radicaba en la imposibilidad de reunir a todas las personas involucradas para ensayar debidamente con la suficiente anticipación. Por un lado, los participantes en escena seríamos unos doce, lo cual ya lo hacía complicado para congeniar horarios. Pero como mayor obstáculo, estábamos divididos geográficamente, a ciento cincuenta kilómetros de distancia en el mejor de los casos, e incluso en diferentes continentes.

A la sazón, nunca pudimos tener a todos los miembros reunidos hasta que estuvimos todos en el Ashram de la India, donde mantuvimos nuestras sesiones intensivas de ensayo. Pero antes de llegar a ese momento pasaron dos meses de preparación, en que cada persona tuvo que practicar a solas o en pareja su rol en la obra.

En parte pensando en los obstáculos para reunirnos, y en parte, también, por las tendencias de Rakhal en lo musical y la danza, nos pareció que la mejor forma de asegurarnos una actuación honrosa sería la de tener una “banda de sonido” que nos marcara cada paso a seguir. Es decir, un soundtrack ya grabado de antemano, que incluyera la música, los posibles diálogos y, cómo no, una voz en off que sirviera de narrador.

Musical

Sobre esta decisión, un detalle importante a tener en cuenta es que la obra debía ser en lengua inglesa. A menos que hiciéramos una obra puramente de danza o de mimos, íbamos a necesitar del lenguaje hablado para expresar algunas ideas. A este respecto, una obra puramente de danza estaba fuera discusión, ya que la “materia prima”, además de amateur, y salvo contadas excepciones, era del gremio de los “pataduras” (teniendo en mí a un gran dirigente sindical).

Una vez que decidimos que habría lenguaje hablado, vimos que sería muy difícil hacerlo en vivo; un poco porque no todos hablaban inglés (el detalle menor), pero, sobre todo, porque queriendo darle dinámica y realismo a la obra, nos negábamos a usar micrófonos, quedando como única alternativa gritar a bocajarro, e incluso así no seríamos escuchados (el escenario del Ashram, en la carpa de eventos, es generalmente grande y al aire semi-libre).

Con este panorama en mente fue que optamos por grabar todo el sonido de antemano, lo cual fue un gran acierto, visto el resultado.

De todos modos, para evitar confusiones y esfuerzos de los oyentes, preferimos reducir al mínimo los momentos hablados y hacer mucho hincapié en lo visual. Optando por su recurso preferido, Rakhal sugirió que una voz en off, que hiciera las veces de narrador omnisciente, sería lo ideal. Además de narrador, esta voz también se encargaría de presentar cada segmento y cada personaje, concentrando así el discurso hablado en una sola persona. Siguiendo esta línea, solamente los dos protagonistas principales tendrían diálogos en escena, los cuales también debían ser grabados por ellos mismos.

Enfrascado en el proceso creativo, Rakhal compuso un par de canciones introductorias para algunos personajes, a la vez que usando como base música ajena le dio clima a otros momentos de la obra. De esta forma, gradualmente, sin haberlo decidido de antemano, vimos que nuestra idea original se iba convirtiendo poco a poco, en gran parte debido a Rakhal, y a falta de mejor categoría, en un musical. Eso sí, un “musical” con muchas comillas.

Grabación

Trabajando en la “banda de sonido”, Rakhal se pasó todo su mes de vacaciones en casa de nuestros padres, en Las Rosas. A la vez que pulíamos el guión y practicábamos pasos de baile, Rakhal iba convirtiendo el soundtrack de la obra en algo cada vez más profesional y coherente. Ante tanta dedicación, y con un dejo de antojo pueril, era inevitable que Rakhal nos instara a visitar un estudio de grabación de Villa Dolores, con la excusa de registrar profesionalmente lo que, hecho con los equipos técnicos de casa sonaba, justamente, “doméstico”.

Por si acaso, dejo constancia de que no tengo demasiada experiencia en la creación de una obra teatral, y menos aún en grabar dentro de un estudio profesional. Ambos, son hechos tan novedosos para mí que me dan material para escribir en detalle sobre cuestiones que, quizás vistas desde afuera, parezcan irrelevantes.

Sin embargo, para el resultado final, la grabación de la “banda de sonido” de manera profesional fue fundamental. En realidad, toda la “banda de sonido”, tanto lo hecho en casa como lo grabado, fue una de las claves (junto a los vestuarios) de que el proyecto saliera como habíamos planeado. El efecto que produjo en la audiencia un producto tan bien hecho como ese soundtrack, fue solamente positivo.

Y por más que sólo hayan sido tres horas dentro del estudio, no crean que fue pan comido, pues hubo que repetir tomas, entonar voces, afinar la guitarra, repetir frases en inglés y, lo más duro, lograr que mi padre cantara en ritmo lo que, a la postre, resultó ser uno de los “hits” de la obra.

Vestuarios

Junto a la banda de sonido, como anticipé, hubo otro factor muy importante en la impresión general que se llevó el público: los vestuarios.

Después de pensar diferentes posibilidades, todas ellas acreedoras de gran trabajo, nos dimos cuenta de que teníamos la solución, ya lista, al alcance de la mano, ya que los antiguos trajes de Snake vs. Aquiles seguían existiendo y eran ideales para nuestra obra, tan similar en algunos puntos.

Así, desempolvamos cajas y bolsas para descubrir que sin problemas podíamos actualizar los profesionales vestuarios de Snake, que años atrás habían sido confeccionados por mi madre. De por sí, los trajes hacían diferenciación entre buenos y malos, sobre todo en los colores, combinando naranjas y verdes para los primeros; violetas y azules para los segundos.

Debido a cambios de guión y de actores con respecto a la versión original, los vestuarios debieron ser actualizados en cada caso, para darle el toque particular de cada personaje. De todos modos, la mayoría del trabajo había ya sido hecho, e incluso si la obra hubiese sido muy mala, los vestuarios la habrían salvado.

Sobre esto, hay que tener en cuenta que nuestra actuación era en un contexto tan amateur, que cualquier detalle profesional hacía la diferencia, maquillando incluso posibles imperfecciones de los “artistas”.

Atman

Con el relato de los entretelones me da la sensación que estoy dejando de lado el argumento de la obra; su esencia, en definitiva.

Básicamente, y desarrollando las ideas primigenias que dieron vida al proto-héroe nacido en la campiña francesa, el concepto de la obra se resume en “las luchas internas que enfrenta una persona cuando se sienta a meditar”. O al decir de mi tío Murali, sería una representación de la lucha entre las cualidades positivas del atman y las cualidades negativas de la mente.

Generalmente, el concepto de atman se puede traducir como “alma” o “esencia espiritual”, aunque en sentido filosófico estricto, el Hinduismo lo explica como una parte de la Divinidad (paramatman), que se encuentra en cada persona, y que una vez conocida, nos revela la realidad eterna y Divina subyacente a cada ser.

En lo referente a la meditación, y justamente para conocer el propio atman, es necesario hacer cesar todos los pensamientos que surgen en nuestro interior. De esta manera, el principal “enemigo” a la hora de meditar sería nuestra propia mente, incansable generadora de pensamientos, imágenes y estímulos.

Todos los que, por una u otra razón, lo hemos intentado, sabemos lo difícil que es tener la mente en blanco. En el mejor de los casos nos imaginamos una capa de hielo polar o una sábana, pero lo que se dice “la mente en blanco”, eso no logramos (al menos, no conscientemente).

Incluso cuando nos viene una “laguna mental”, yo creo que no hay un blanco, sino que nos quedamos pensando cosas como “¿qué estaba por decir?” o “rápido, rápido… di algo”.

En la vida diaria, lo más cercano a una “mente en blanco” parece darse cuando uno está en estado de contemplación, sobre todo en contacto con la naturaleza, con la atención fijada en “nada”. De todas maneras, esta condición no es duradera, y el principal motivo es el monopolio que ejerce sobre nosotros la mente.

Cuando uno se sienta con los ojos cerrados, todas las ideas que durante el día están dando vueltas en la mente se apoderan de nuestra quietud, haciendo que sea imposible centrarse en el presente.

Por supuesto, la mente se niega, no le interesa en absoluto perder su primacía, su poder sobre nosotros.

Protagonistas

Tantos preámbulos sobre los personajes, y resulta que ya han sido develados en el título del post… De todos modos, hay detalles que agregar, por ejemplo: el héroe original, Meditator, se convirtió en un superhéroe en toda ley para pasar a llamarse SuperMeditator, un cambio de nombre bastante obvio, pero que además se justificaba por el hecho de que la obra fuera en inglés, y la sola palabra “meditator” se confundiera con “la persona que medita” en lugar de con el héroe.

De hecho, por practicidad idiomática todos los personajes fueron pensados en inglés.

Como he explicado más arriba, su archi-enemigo no podía ser otro que The Mind (La Mente), el gran obstáculo de los meditadores.

De esta forma, la disputa era clara: SuperMeditator vs. The Mind.

En realidad, también había un personaje subestimado, pero que a fin de cuentas fue esencial: la persona que medita, en este caso una chica.

Es verdad que la mayoría del tiempo tenía que estar sentada de piernas cruzadas y con los ojos cerrados, lo cual parece tarea fácil, pero si ya nos cuesta mantener esta actitud en una habitación solitaria y silenciosa, mucho más arduo es hacerlo durante veinticinco minutos con ajetreo permanente y risas alrededor.

A su vez, la meditante debía también representar con sus facciones y gestos las vicisitudes que se ejecutaban en escena simbolizando su lucha interna, siendo ésta una tarea que requería de un mínimo de expresividad, además de mucha voluntad para ¡no abrir nunca los ojos y perderse la obra!

Mono

De esta forma, los estímulos típicos que llegan a nuestra mente cuando meditamos (el deseo por una bebida; el sonar de un teléfono; el vuelo de un mosquito; el viaje del fin de semana…) se hacían presentes, a través de unas imágenes de tela y cartón que aparecían por detrás de la cabeza de la meditante.

La entrada de SuperMeditator, envuelto en una música celestial, le regresa la paz a la meditante. Con su barba blanca, su turbante, y las siglas SM en su cinturón, dirigiéndose a ella le dice, con voz firme pero suave, “No te preocupes, soy Meditator, superhéroe de la concentración; enfría tu mente y simplemente relájate”. Así, el pacífico vacío se vuelve a instalar en la cabeza de la meditante.

Cuando todo parece resuelto de manera idílica, es allí donde hace su aparición el supervillano The Mind, que entre riffs de guitarras distorsionadas canta sin descanso su canción, “Mente mono, mente mono, saltando todo el tiempo…”. Con los cabellos crispados, su andar simiesco y su risa maléfica, The Mind es la viva imagen del desasosiego que carcome a la meditante.

A este respecto, el concepto de “mente mono” no es una creación propia, sino que es una expresión que utiliza con frecuencia Swami Premananda para denominar el estado natural de la mente humana.

No se trata de una calificación peyorativa (no es “mente de mono”, por ejemplo), sino que es una metáfora para ilustrar cómo la mente del ser humano está siempre saltando de un pensamiento hacia otro, de una idea hacia otra, de la misma manera que un mono salta de una rama a otra del árbol.

Duelos

Ante la irrupción de The Mind, SuperMeditator se ve obligado a cambiar sus planes, y en lugar de retirarse con la que él creía era una nueva misión cumplida, debe permanecer para la lucha.

El superhéroe, en tono de reproche, le pregunta, “¿Qué estás haciendo aquí?”; a lo que el supervillano responde, previsiblemente, “Me gusta disturbar la meditación”.

Entonces, todos comprendemos que en el escenario habrá una batalla. Pero no están solos. La voz del narrador lo confirma, “Cuando nuestra mente se vuelve salvaje, los amigos de SuperMeditator llegan para ayudar”. Así, la entrada en escena de los aliados espirituales de nuestro héroe nos trae alivio y esperanza.

Sin embargo, el narrador nos vuelve a la realidad cuando dice, “Pero La Mente tiene algunos trucos para empezar una dura pelea”. Dichos trucos no son otra cosa que su mundana banda de secuaces en contra de la meditación.

La suerte está echada, los duelos por dominar el ámbito de la meditación no se harán esperar. La meditante deberá soportar en su interior una dura batalla, espiritualidad contra mundanalidad, el Atman contra la Mente Mono, SuperMeditator vs. The Mind.

La semana próxima, el comienzo de la batalla.

Imágenes:

challenge.lineages.co.uk

sobreturismo.es

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Un comentario »

  1. Existe video de la obra? porque con un montaje tan profesional, no me creo que no quedara registrado para la posteridad…

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