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Sai Baba y el bullicio exterior

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Sai Baba y el bullicio exterior

Dejando atrás el clima tropical del estado de Kerala nos adentramos al más árido y rocoso terreno de Andra Pradesh. En el camino, y por motivos logísticos, nos detenemos en Bangalore, la 6º aglomeración urbana más populosa de la India, meca de las tecnologías de la información, al punto de ser llamada la Sillicon Valley del país.

Una vez más el contraste: por un lado la más alta tecnología de punta y por otro la confusión de autobuses repletos, el pulular de vendedores ambulantes y la inmunidad de las vacas, que sentadas plácidamente en medio de los bulevares, detienen el tráfico.

Desde allí, por rutas polvorientas, nos dirigimos en autobús hacia el pequeño pueblo de Puttaparthi, lugar de nacimiento y residencia de otro conocido santo: Sathya Sai Baba.

Son 150 km. los que nos separan del pueblo en cuestión pero el viaje toma más de cuatro horas, tiempos indios en lo que respecta al traslado, tiempos a los que uno se empieza a acostumbrar.

Puttaparthi, un pueblo de 10.000 habitantes, sólo debe su espectacular crecimiento a la presencia de Sai Baba, pues de lo contrario sería una aldea más en lo profundo del sur de la India. Debido a la gran cantidad de personas que acuden a ver al santo, con los años el pueblo ha ido creciendo, y hay incluso un pequeño aeropuerto, ya que mucha gente prefiere volar directamente hasta aquí para evitar los trastornos por tierra que antes citaba.

Lo dicho, el pueblo de Puttaparthi gira entorno pura y exclusivamente a Sai Baba. Entre otras cosas, hay un hospital de última generación con especialización en oftalmología y en cirugía de cardio-vascular, una universidad y varias escuelas. Todo esto llevado a cabo por la misión de Sai Baba con las donaciones que recibe de todo el mundo. Por supuesto, todo es gratuito.

Prashanti Nilayam

El ashram en sí se encuentra en el centro del pueblo aunque es un recinto cerrado, independiente del mundo exterior. Se trata de un gran ashram, con miles de personas transitándolo cada día. Su nombre es Prashanti Nilayam, es decir, la Morada de la Paz Suprema.

La actividad principal para un visitante aquí es el darshan de Sai Baba. Darshan es la palabra sánscrita  para “visión” y hace referencia al hecho de “ver lo Divino”. Cada día se reúnen miles de personas en el mandir o templo para ver a Sai Baba, que es sin dudas el santo vivo más conocido de la India y probablemente del mundo.

En algunas ocasiones, sobre todo ceremonias oficiales, el santo da discursos públicos; pero por lo general, en la vida diaria del ashram, Sai Baba arriba al mandir y permanece allí escuchando las canciones devocionales a cargo de los músicos, mientras los devotos pueden tener su visión. Cada tanto se pasea entre las filas de devotos, rigurosamente sentados en el suelo, para recibir cartas o bendecir a alguien.

Debido a la cantidad de personas que lo siguen es imposible que Baba tenga un contacto personalizado con cada uno, y después de haber estado con Amma por ejemplo (ver post anterior), es inevitable sentirse un poco lejos y ver al santo como inalcanzable.

Desde sus inicios en la vida pública Baba fue conocido por sus milagros, sobre todo la materialización de objetos y de vibhuti, la ceniza sagrada que es usada para rituales y que los hindúes llevan como símbolo de pertenencia religiosa. Estos prodigios lógicamente atrajeron a miles de personas hacia Sai Baba, a algunos por curiosidad, a otros con escepticismo, a otros con interés por las enseñanzas espirituales que subyacían a esas materializaciones.

Sai Baba ha siempre dicho, justamente, que esas demostraciones no son más que una forma sencilla de atraer a las personas para que luego se interesen en lo que él tiene realmente para dar, o sea,  enseñanzas espirituales.

Como es de esperar, la vida de Baba nunca estuvo exenta de polémicas, pues siempre ha habido personas que han puesto en duda su veracidad a diversos niveles, ya sea de manera científica como de formas más personales.

En cuanto a los milagros, si, como también sostienen los científicos, todo en este universo es energía y la materia no es otra cosa que energía condensada, alguien que tiene control sobre esa energía universal merced a haber alcanzado contacto directo con su propia fuente esencial (su alma, digamos), no tendría dificultades en manipular esa energía a piacere. Esta conclusión es desde el punto de vista de que cada alma es parte de esa única energía universal.

En lo que respecta al sentido personal, Baba ha recibido horribles acusaciones de parte incluso de antiguos devotos, que van desde índole monetaria hasta referidas a abuso sexual.

Yo no tengo conocimiento profundo ni experiencia directa sobre estos aspectos de la vida de Sai Baba, aunque lo creo un verdadero maestro espiritual.

En un viaje anterior, tanto mis padres como mi hermano estuvieron con Sai Baba, se entrevistaron personalmente con él y vieron de cerca las materializaciones (de hecho mi hermano recibió un anillo); este precedente acrecentó mi creencia, por supuesto, si bien no cuenta tanto como la experiencia en carne propia.

Vorágine Comercial

Hace ya algunos años que Sai Baba realiza cada vez menos milagros públicos, focalizándose en sus enseñanzas espirituales; por ende el flujo de personas que lo visitan, que si bien sigue siendo enorme, ha disminuido. El santo, al parecer, dice que este cambio hará quedarse cerca a los verdaderos interesados en la espiritualidad, y alejará a quienes están solamente atraídos por el “show”.

De todos modos, la atracción de otrora creó en el pueblo de alrededor del ashram una atmósfera que no es, según mi punto de vista, propiamente espiritual. Lo que se respira en las callejuelas de Puttaparthi es más bien un espíritu comercial, típico la mayoría de las ciudades de la India, que aquí se ve acrecentado por el extraordinario número de visitantes y lo pequeño del lugar.

Es verdad que cuando uno está en un retiro espiritual lleva una vida de relativa austeridad y por un lado es normal que necesite satisfacer también algo de las necesidades materiales a las que estamos acostumbrados, pues es muy difícil pasar de un modo de vida a otro sin escalas.

Después de estar muchas horas sentado esperando al santo, después de levantarse muy temprano, mantener silencio, no ver televisión ni escuchar radio, entonces es lógico que uno tenga el deseo de salir un rato a la calle a comprar ropa típica o incienso, por ejemplo.

Sin embargo, el choque entre la tranquilidad del retiro y el mundo exterior puede ser más fuerte que la necesidad de comprar. Esto es lo que me pasó a mí después de tres días. El hecho de salir a la calle y verme asaltado por niños ofreciendo tambores, jóvenes vendiendo pañuelos, señores señalando joyas y mujeres voceando frutas, me cansó.

Yo simplemente quería ir hasta el cybercafé para enviar un e-mail a mis amigos o mirar sin prisa los Cd’s de música india, lo cual era imposible, o al menos sólo era posible después de sortear muchas insistentes ofertas.

De hecho, debido a que los primeros devotos de Sai Baba en llegar en masa fueron de origen italiano, la mayoría de los comerciantes hablan italiano!! Lo básico para empezar una venta, digamos. Muy bizarro era entonces ver un indio de rasgos marcados aparecer sonriendo por detrás de la cortina de su negocio para decir “Buonasera, amico”.

Este exceso de estímulos comerciales era una introducción a uno de los aspectos de la cultura de la India que menos me atraen. Con el pasar de los viajes tuve que aprender a lidiar con ello, a veces saliendo airoso, muchas otras agotado.

(Continúa la semana próxima…)

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