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Āditya Hṛdayam, un himno al Sol

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En el libro ¡Levántate y ruge! de Mahendra Tevar, el autor dedica un breve capítulo a contar la historia del Āditya hṛdayam (pronúnciese “hridayam”), un himno de alabanza al Sol, como una introducción a la técnica de sun gazing (“mirar fijamente el sol”), una práctica yóguica muy antigua que está refloreciendo en la actualidad. La lectura de ese capítulo inspiró en mí el deseo de conocer más sobre dicho himno solar, ya que sin saber nada del sun gazing, sí que estoy informado sobre la importancia del Sol en la tradición india, al igual que en muchas otras civilizaciones antiguas.

En la tradición védica, el Sol, llamado Sūrya, es considerado el representante de Dios en el cielo y, además, las tres divisiones del día basadas en la posición del Sol (tri-sandhyā), es decir amanecer, mediodía y atardecer, son de gran importancia en la realización de rituales y recitación de mantras, incluso hoy. La luz del intelecto y del conocimiento se relaciona obviamente con el fulgor solar y es por ello, por ejemplo, que un eclipse solar es poco auspicioso, ya que supone el oscurecimiento de ese brillo superior.

Asimismo, biológicamente hablando, el Sol otorga luz y energía de vida para todo el universo y sin su poder sería imposible que existiera el mundo tal como lo conocemos. A la vez, el calor del sol puede ser abrasador si no tiene su contraparte (la frescura lunar) y, por tanto, su figura también se relaciona con el sacrificio ritual universal, ya que el sol es una estrella que se está consumiendo a sí misma (por el bien común) y también puede consumir, con su calor, la vida de todos los seres. En el cuerpo humano ese poder de consumo se relaciona con el fuego gástrico de la digestión.

Por tanto, y en honor a sus muchos atributos, hay variadas formas tradicionales de adorar al Sol, incluyendo la popular, y algunos sostienen moderna, secuencia de Sūrya Namaskāra, los famosos “saludos al Sol” que todo estudiante de yoga postural practica en la actualidad y en cualquier escuela de yoga.

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Volviendo al Āditya hṛdayam, se trata de un himno relativamente breve (31 o 32 estrofas según la fuente) que aparece en el Rāmāyaṇa (pronúnciese Ramáyana), el poema épico y espiritual que narra las ejemplares vidas del príncipe Rāma y de su fiel esposa Sītā enfrentando, entre otras cosas, las vicisitudes del exilio y la separación. Como corresponde a una obra tan antigua, difundida y, además, india, las versiones disponibles son muchas y diferentes, y este himno solar no aparece en todas ellas. Según mis fuentes aparece en el Rāmāyaṇa original compuesto por el sabio-poeta Valmiki, aunque después de algunas verificaciones puedo decir que ni siquiera todas las versiones de Valmiki lo traen (lo cual es natural en una tradición popular y oral).

Sin necesidad de ponernos meticulosos, voy a centrarme en el aspecto de la historia que me interesa hoy: Después de un muy largo tiempo de búsqueda y sufrimiento, el príncipe Rāma descubre que Sītā, que había sido raptada, está secuestrada por el demonio Rāvaṇa en la isla de Lanka. Allí se dirige Rāma con su ejército de monos y osos para entablar una gran batalla contra miles de temibles asuras. Luego de varios días de lucha, llega el momento del encuentro definitivo entre Rāma, príncipe de la dinastía solar Raghu, y Rāvaṇa, un brāhmaṇa que, por su ego, se había dejado ganar por el lado oscuro.

Llegados a este punto, la cruenta batalla, el esfuerzo y la tensión emocional hacen que el Señor Rāma esté exhausto. Rāvaṇa tiene diez cabezas y es casi inmortal; cada vez que Rāma le corta una de sus cabezas con sus flechas, ésta le crece de nuevo. Rāma pierde la moral. Y entonces se le aparece (algunos dicen físicamente, otros en el plano mental) el sabio Agastya para decirle:

“Oh Rāma, de poderosos brazos, escucha esto que es secreto y eterno por lo cual serás victorioso en la batalla”

Y entonces le recita el Āditya hṛdayam. Āditya es otro nombre del Sol que simplemente quiere decir “hijo de Aditi”, que en la mitología hindú es considerada la “madre de los dioses”. El término hṛdayam significa literalmente “corazón” aunque, en este contexto, también se podría traducir como “esencia” o incluso como “el verdadero conocimiento del dios Sol”. Dicho conocimiento divino incluye versos como:

“Esto (el Sol) está compuesto por todos los devas,
es brillante, es el creador de los rayos de luz…

Es la vida de las criaturas, hacedor de las estaciones, iluminador… monta en siete caballos, disipa la oscuridad, es benéfico…

De matriz de fuego, elimina el frío, es causante de grandes lluvias… de color dorado, querido por todos, poseedor de doce formas…”

Finalmente, el sabio le dice a Rāma:

“Oh Raghava, quien frente a la adversidad, en peligro, en bosques o en pánico / cante (este himno) no se hundirá en el desánimo”.

Entonces Rāma canta el stotram y vence la batalla contra Rāvaṇa, como era de esperar.

Al investigar este tema me atrajo especialmente la personalidad de Agastya, un ṛṣi (rishi) o “sabio vidente”, de aquellos a quienes se atribuye gran parte de la revelación de las Escrituras védicas, a la vez que son protagonistas permanentes de las historias antiguas de la tradición hindú. En este caso particular, Agastya (o Agasti) es el sabio que se dice llevó muchas de las tradiciones del norte de la India hacia el sur, o dicho de otra forma: fue quien introdujo el vedismo (algunos dirán brahmanismo) en el sur del país. De hecho, Heinrich Zimmer llega a decir que es el “santo patrono de la India meridional”.

Efectivamente, el rol de Agastya en el sur es importante, ya que se le tiene como el transmisor original de la lengua tamil (es llamado Akatiyyar en tamil), y también se le considera el primero de los 18 siddhas (“seres perfectos con poderes”), al punto de que en alguna tradición del sur la versión sea contraria: es Akatiyyar quien lleva la enseñanza del haṭha yoga al norte. En cualquier caso, se le atribuye la fundación de la medicina siddha del sur de la India, un equivalente en desarrollo e importancia a la medicina Āyurveda ahora tan popular.

Asimismo, el nacimiento del Kāverī, el sagrado río del sur de la India, está relacionado con Agastya y una historia del derramamiento de su vasija de agua, elemento tradicional de los renunciantes. Como dato curioso, la tradición lo presenta como bajo de estatura.

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La relación de Agastya con el sur de la India tiene su apogeo simbólico en la historia de su encuentro con las montañas Vindhya, una cadena montañosa que tiene poca altura (su pico máximo no pasa los 2.500mt) y que se considera la separación natural entre el norte y el sur de la India, dando paso a lo que se llama geográficamente “la meseta del Decán”. La historia cuenta que al saber que los Himalayas eran más altos, las Vindhya se sintieron humilladas y, por orgullo, decidieron crecer, al punto de que bloquearon el curso diario del Sol, con la consecuencia de que la tierra y todos sus seres empezaron a sufrir un calor abrasador, ya que no llegaba la noche y el Sol estaba siempre alto.

Entonces el Señor Śiva envió a Agastya para que, en su camino hacia el sur, se encontrara con las presuntuosas montañas y solucionara el problema. Las Vindhya, al ver al sabio, se postraron como símbolo de respeto y le preguntaron cómo podían servirle. El sabio les pidió que se mantuvieran en actitud de reverencia hasta que él regresara de su viaje al sur. Agastya nunca regresó y así las montañas Vindhya permanecieron bajas, incluso hasta hoy. De ahí viene el nombre sánscrito del sabio, que quiere decir “movedor (asta) de montañas (aga)”.

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La aparición de Agastya en medio del enfrentamiento final de Rāma y Rāvaṇa no es casual, ya que la batalla tiene lugar en el extremo sur, en la isla de Lanka, incluso más allá del límite continental índico y, cómo acabamos de ver, esa zona está bajo la jurisdicción del sabio. Al mismo tiempo, no es la primera vez que el príncipe solar y el ṛṣi se encuentran, pues durante el primer periodo de exilio, Sītā, Rāma y su hermano Lakṣmaṇa (Lákshmana) pasaron por el āśrama (áshrama) que Agastya tenía en el bosque de Daṇḍakā, justo después de cruzar las montañas Vindhya.

De hecho, es por consejo de Agastya que Sītā, Rāma y Lakṣmaṇa se instalan a pasar años de exilio en la boscosa zona de Pañcavaṭī (Panchavati), que actualmente se dice está en la ciudad sagrada de Náshik, uno de los cuatro puntos donde se celebra la populosa Kumbha Mela.

Todavía en su ermita, el sabio le regala a Rāma un “arco decorado con oro y joyas que perteneció a Viṣṇu (Vishnu), y que Viśvakarmā (Vishvakarma, el arquitecto de los dioses) había fabricado para él”. A la vez, Agastya le da una flecha que había recibido del dios Brahmā, explicando que es “la mejor de las flechas, brilla como el sol y siempre acierta en la diana”. Y, de paso, le ofrece unas aljabas inagotables, obsequio de Indra, dios del cielo y la lluvia.

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De todos modos, ni el arco ni la flecha mágicas son suficientes para matar a Rāvaṇa y es cuando Agastya le da a Rāma un arma más poderosa, basada en la devoción: adorar al Sol.

En el sur de la India, Agastya está relacionado con la energía solar y su poder feroz y devorador. Hay una historia conocida en que Agastya, con el poderío de sus jugos gástricos, digiere a un demonio que, camuflado de carne de cordero, había entrado en su estómago con la intención de hacerlo reventar. A su vez, recordemos que el Sol es el principal consumidor y fue la intervención de Agastya la que hizo que las Vindhya se postrasen y así el Sol dejara de abrasar el mundo.

Por tanto, el himno a Āditya es muy apropiado saliendo de boca de este ṛṣi y, según se dice, es igual de conveniente para cualquier persona que desee adorar las cualidades innumerables del astro rey. Hablando de apropiado, este Sábado 28 de Marzo de 2015 se celebra Rāma Navamī, la festividad del nacimiento del príncipe Rāma, por lo que viene justo recordar parte de su historia, en este caso su batalla final.

Para escuchar el Āditya hṛdayam recitado a secas, clicar aquí. Para seguir el texto, una versión en sánscrito técnico transliterado puede leerse aquí.

Para escuchar una versión un poco más musical del himno:

Y que el eterno Sol nos ilumine.

¡Om Ādityāya Namaha!

El inesperado simbolismo del loro en el hinduismo

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No sé si es porque en el balcón del frente de nuestra casa hay un ave que chilla de sol a sol o porque nuestra pequeña hija está empezando a repetir sonidos, pero hace un tiempo que estoy interesado en el simbolismo del loro en la cultura védica. Comparado con vacas, tigres o elefantes, es verdad que el loro ostenta un escalón menor en el ranking de animales sagrados del hinduismo, pero yo mismo me sorprendí del profundo significado que se le atribuye a este pájaro que, en sánscrito, se dice śuka (shuka).

La primera referencia que me viene a la cabeza es Kāmadeva, el dios hindú del amor sensual que, para entendernos, se equipara generalmente al Cupido romano, tanto en su rol como en sus atributos principales. Es decir, arco y flechas que inspiran el deseo amoroso, aunque en el caso de Kāmadeva las puntas de las flechas están hechas de flores. A diferencia de Cupido, Kāmadeva no tiene alas y, para trasladarse, tiene un vehículo o montura (vāhana en sánscrito) que es, y esto es lo que más nos interesa, un loro verde.

En occidente el loro no tiene un estatus especialmente alto, pues es la arquetípica mascota de los piratas y, en todo caso, su capacidad de reproducir la voz humana es vista más bien como una particularidad para generar chistes que como una virtud. Por tanto, la pregunta surge naturalmente: ¿qué tiene que ver el loro con el amor?

Al parecer, una de las relaciones básicas está en el color verde que tiene variados simbolismos, siendo uno de los principales “la juventud” y “la primavera”, ya que como todos sabemos, las más fuertes flechas del deseo y el amor son recibidas en la mocedad (uno de cuyos sinónimos es “verdor”) y también, según dicen los poetas, en la estación de las flores. Asimismo, el color verde está relacionado con la fertilidad pues el florecimiento de la Naturaleza es siempre símbolo de vida y prosperidad.

Esta relación con la fertilidad se hace evidente en algunas representaciones iconográficas de las Śaktis (Shaktis) tántricas que son de color verde; estas diosas, además, en algunos casos tienen un loro en sus manos. El paradigma de diosa verde que lleva un loro en una de sus manos es Mīnākṣī Devi (Minakshi Devi), un aspecto de la diosa Pārvatī (Párvati) nacida como princesa en el entonces reino de Madurai, al sur de la India. En efecto, el templo de Mīnākṣī en Madurai es muy popular y uno de los más hermosos de Tamil Nadu.

Y hablando de iconografía, no es casual que se explique que el mismo Kāmadeva también tiene la piel de color verde.

Mīnākṣī Devi

Más allá del color, otro punto de relación entre los loros y el amor es que, al parecer, los loros son muy cariñosos con su pareja (se alimentan y se arreglan las plumas mutuamente, por ejemplo) y, aún más importante, son animales monógamos, al punto de que si su pareja desaparece, muchos loros mueren de soledad. Esta cualidad de fidelidad es, desde mi punto de vista, uno de los grandes puntos fuertes en convertir al loro en un animal sabio en cuestiones del corazón.

De hecho, al Señor Rāma, príncipe protagonista del poema épico Rāmāyaṇa, encarnación de la moralidad y esposo ideal y fiel, se le representa con la tez de coloración verdosa o aceitunada. Hasta ahora no le había encontrado una posible explicación a ese color.

Como si eso fuera poco, el hecho de que los loros puedan reproducir el sonido humano se relaciona con la capacidad oratoria y, como muchos saben, un gran amante debe, entre otras cosas, tener buena labia para saber expresar las virtudes de su amado/a y expresar sus sentimientos de buena forma.

Además, he encontrado en Wikipedia que los loros son animales nectarívoros, es decir que beben el néctar producido por las flores. No sé si esto es una causa védica de la sacralidad del loro pero me pareció relevante para una cultura en que el amṛta (amrita), el néctar de la inmortalidad, y su obtención es un tema tan frecuente en textos espirituales, llegando a explicarse técnicas para beber ese néctar en nuestro propio cuerpo. Y, en cualquier caso, beber ambrosía es una actividad muy dulce que puede estar relacionada con el amor.

Por tanto, y resumiendo, el loro representa la juventud, la fertilidad, la elocuencia, la lealtad y la dulzura.

Una representación de Kāmadeva

Estas virtudes, simbolizadas por el loro y claves en el amor y el deseo sensual, se conjugan con el plano espiritual en los pasatiempos (līlās) de Radhā y Kṛṣṇa (Krishna) que tienen lugar en los bosques de Vṛndāvan (Vrindavan). Allí, el joven pastor de vacas Kṛṣṇa, Dios mismo encarnado en la Tierra para cumplir una misión, tiene una relación de amor con la pastorcita de nombre Radhā, que nos es otra que la diosa Lakṣmī encarnada.

Esta situación, que a ojos mundanos puede parecer una mera relación sensual, es considerada una alegoría y un ejemplo del máximo amor entre Dios y sus devotos. Es decir, así como una persona no come ni duerme pensando en su amado, ya que es el único motivo de su vida, de la misma forma el buscador espiritual puede llegar a poner toda su atención en lo Divino y amarlo como la propia vida. Se trata del amor místico.

De esta forma, mientras Kṛṣṇa toca su flauta de bambú y Radhā, al oírle, escapa de su casa por las noches para poder verle, o mientras juntos corretean por el bosque o se columpian bajo un árbol, siempre hay uno o más loros observando los hechos; en muchos casos, se trata de una pareja de loritos disfrutando también del amor mutuo.

Asimismo, se explica que uno de estos loros, testigo permanente de las līlās de Radhā y Kṛṣṇa, luego se encarna en el sabio Sukadeva Goswami, hijo del sabio Vyāsa, para narrar los acontecimientos de la vida de Kṛṣṇa en el Śrīmad Bhāgavatam, uno de los principales Purāṇas y texto fundamental de la tradición vaishnava.

Radhā y Kṛṣṇa, con la pareja de loritos en el ángulo superior derecho de la imagen.

No es casualidad que, también en esta tradición, exista el culto a Vṛndā Devi que es una expansión de la diosa Tulasī (la personificación de la planta llamada “albahaca sagrada“, tan querida por Kṛṣṇa), y cuya representación iconográfica incluye, cómo no, un loro.

Vṛndā Devi.

Finalmente, hay un aspecto menos emotivo y más intelectual por el cual el loro también es bien considerado en la cultura védica. El loro representa la “fidelidad”, no sólo por ser monógamo, sino también porque lo que escucha (o se le enseña) lo repite tal cual sin cambios.

En ese sentido, el loro es un símbolo del mantenimiento de la tradición y de la transmisión del conocimiento espiritual a través de la sucesión discipular (paramparā), especialmente en lo referente a su carácter oral en que el discípulo repite literalmente lo que le enseña su guru, incluso sin saber qué significa.

Mientras que la expresión “repetir como un loro” es, actualmente y para nuestra sociedad, un símbolo negativo, en la cultura védica sería una cualidad positiva, ya que se dice que una vez aprendidas las Escrituras de memoria, su sabiduría se nos podría manifestar, y no al revés. En nuestro sistema educativo actual el aprender de memoria está menospreciado debido a que, al parecer, se hizo abuso de ese método en el pasado, sobre todo sin agregarle “pensamiento crítico”. Sin embargo, aprender algo de memoria nos asegura que ese conocimiento sea nuestro por siempre, y si además lo entendemos, ya podemos decir que es verdadero conocimiento.

Obviamente que teniendo a Google como el nuevo Dios nadie se molesta en memorizar datos, pero es muy importante recordar que gracias al método védico de memorización y repetición literal del conocimiento se pudo asegurar el mantenimiento de la tradición, por lo que a día de hoy podemos escuchar (o leer, claro) los textos antiguos hindúes casi tal cual fueron compuestos hace 3000 años o más.

Después de esta investigación, es posible que, de ahora en más, cada vez que yo escuche el agudo chillido del loro del vecino no quiera cerrar las ventanas y, en cambio, reflexione sobre sus cualidades espirituales y que, al enseñarle nuevas palabras a mi hija, recuerde la importancia de la memoria y de la transmisión oral que, en este caso Dios quiera, tenga algo de conocimiento.

El festival de Navarātri en 2013

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Navarātri es un festival hindú bianual en honor a la Madre Divina que dura nueve días (nava = nueve; rātri = noche). La Madre Divina es el aspecto femenino de Dios, el cual ha sido adorado desde siempre en numerosas civilizaciones. Según se explica, “los cinco elementos y sus combinaciones son manifestaciones externas de la Madre. La inteligencia, el discernimiento, el poder psíquico y la voluntad son sus manifestaciones internas. Ella es la vida toda del universo, Ella es el poder cósmico que aparece en todas las formas y todos los nombres”.

Para Navarātri existe la celebración de primavera (Vasanta Navarātri) y la de otoño (Sharad Navarātri), las cuales varían en importancia según la zona del país y las preferencias religiosas de cada devoto. Incluso el nombre del festival puede variar, llamándose Durgā pūjā en Bengala o Dussehra (o Dashehra) en partes del norte de la India.

En mi caso, y por influencia de mi maestro Swami Premananda, estoy acostumbrado a celebrar la versión otoñal del festival que, justamente, está ocurriendo en estos días. Como se trata de una celebración basada en el calendario lunar, sus fechas cambian de año en año, siendo el sábado 5 de Octubre el día de inicio en 2013. Las festividades de este año se extienden hasta el lunes 14 de Octubre.

Como ocurre con todas las festividades hindúes, hay diferentes versiones, lo cual no quita, necesariamente, validez a ninguna de ellas. La forma de celebrar Navarātri que me fue enseñada es que, de los nueve días del festival, se le dedican tres días a cada aspecto principal de la Madre Divina.

Los primeros tres días (5,6 y 7 octubre en 2013) se rinde culto a Durgā, que representa la energía de destrucción y transformación, por lo que en estas jornadas se pide a la Madre que nos ayude a destruir nuestras faltas, nuestras tendencias negativas. A purificarnos.

Los siguientes tres días (8, 9 y 10 octubre en 2013) se honra a Lakshmī, la energía de la abundancia y la prosperidad, a cargo de nutrir y mantener la Tierra, para así adquirir cualidades morales y espirituales.

A partir del séptimo día (11, 12 y 13 octubre en 2013) adoramos a Sarasvatī, la energía que representa el verdadero conocimiento, es decir, el conocimiento trascendental. Por tanto, después de la purificación y la adquisición de buenas cualidades, estamos listos para (re)conocer nuestra verdadera esencia, que es divina.

Vijayadashamī

En el sur de la India el noveno día de Navarātri se celebra Āyudha pūjā, también conocida como Sarasvatī pūjā, un día en que todos los utensilios y herramientas, incluyendo libros en el caso de los estudiantes, son ofrecidos a la Madre para que sean bendecidos y fructíferos en el resto del año.

El punto culminante de Navarātri ocurre en el décimo día (14 de octubre en 2013), después de la novena y última noche del festival, y se conoce como Vijayadashamī, es decir el triunfo (vijaya) del décimo día (dashamī). En este día se celebra el triunfo de la luz sobre la oscuridad, del bien sobre el mal. La razón de esto es que en ese día la Madre Durgā mató a Mahishāsura, el invencible demonio con forma de búfalo.

Para lograr esta victoria, Durgā recibió las poderosas armas de todos los devas, lo cual significa que “el único modo en que el aspirante espiritual puede ser victorioso es si reúne toda la fuerza, la energía y el poder de la voluntad para luchar contra las tendencias negativas”.

Por otro lado, y sobre todo en el norte de la India, el día de Vijayadashamī se atribuye más bien al triunfo del príncipe Rāma sobre Ravana, el demonio de diez cabezas, tal como se relata en el poema épico del Rāmāyana (según esta versión Rāma invoca a Durgā antes de la batalla y por eso tiene relación con la Madre Divina).

De hecho, en el almanaque hindi que tengo en casa, el día de Vijayadashamī cae el domingo 13 de octubre. Esto no hace más que confirmar la variedad que toman las celebraciones religiosas en la India.

En cualquier caso, ya sea por mérito de Durgā Mā o del Señor Rāma, lo cierto es que lo que celebramos es la victoria de los valores espirituales sobre las cualidades mundanas. Una victoria que depende de nosotros y, cómo no, del amor incondicional de la Madre, que a través de todas sus manifestaciones nos permite existir y recorrer este misterioso camino de la vida.

Rāmāyana teatral + Taller de mitología y yoga en Barcelona

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Esta semana, en Barcelona hay dos eventos relacionados con la India, su cultura y su espiritualidad, que me gustaría destacar y difundir. Si bien en Barcelona hay, por suerte, cada vez más actividades espirituales y, sobre todo, relacionadas con el mundo del yoga, los dos eventos que citaré son menos frecuentes, ya que tratan teatro y mitología hindú, dos ámbitos que no están en auge todavía. Sin más preámbulos voy a la información.

El primer acontecimiento es la puesta en escena del Rāmāyana, uno de los dos grandes poemas épicos del hinduismo. Se trata de una versión adaptada por el Jove Calassanç Teatre, un grupo de teatro amateur de Barcelona que es muy activo y que, entre otras cosas, ha mostrado interés por las grandes obras literarias de la India. Hace dos años, ellos mismos hicieron una memorable versión del Mahābhārata, la otra gran épica de la India (cuyo tráiler se puede ver aquí) y llegaron a presentar la obra en el paraninfo de la Universitat de Barcelona.

En ambos casos, las representaciones son en lengua catalana y, hasta donde yo sé, no hay antecedentes al respecto, sobre todo si tenemos en cuenta que son obras que han llegado a la misma Universitat. Este excepcional hecho se debe, amén de a la calidad artística, a las gestiones de la Dra. María Elena Sierra, profesora de sánscrito de la UB desde hace diez años, y de su esposo y también sanscritista Fernando Giménez Castellà. Ya conté alguna vez que yo estudio sánscrito y tengo la suerte (inusual en España) de que en Barcelona exista esa oportunidad a nivel universitario.

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Cartel promocional de la obra (se amplía al clicar).

De hecho, que el Rāmāyana se presente esta semana en la UB no es debido únicamente al gran amor que siente la Dra. Sierra por la obra y la cultura espiritual de la India, sino por su interés en difundir las clases de Lengua y Literatura sánscrita de la universidad. Se trata de cursos de Extensión universitaria, por tanto abiertos a cualquier persona (tenga o no estudios universitarios), y actualmente hay tres niveles en que se enseña gramática, por supuesto, pero también cultura, literatura y filosofía espiritual de la India.

Para saber más detalles recomiendo ver este breve vídeo (2′) en que la Dra. Sierra lo explica muy bien:

Datos prácticos

La historia del Rāmāyana relata la vida y acciones del gran príncipe Rāma, ejemplo del dharma, de la forma correcta de vivir y comportarse, sin importar las circunstancias. Como rey y espejo para sus súbditos, el Señor Rāma es intachable y siempre prioriza el bienestar colectivo al propio. En este rol de rectitud, que es llevado al paroxismo cuando se ve exiliado injustamente de su reino, Rāma es acompañado por su esposa Sītā, personificación de la fidelidad.

Obviamente, la presentación del grupo Jove Calassanç Teatre es una adaptación y, también, un resumen, pues la obra original es larga y tiene muchas ramificaciones. En cualquier caso, la versión que se presentará este Jueves 23 de Mayo no dejará afuera los grandes momentos dramáticos de la historia, como el rapto de Sītā por el demonio Ravana, lo cual desencadenará una batalla crucial, símbolo de la lucha eterna del bien contra el mal.

La obra cuenta con momentos de danza, sombras chinas y música en vivo, todos elementos extra para generar en el espectador una mejor experiencia estética y, por qué no, espiritual. La representación se llevará a cabo en el Jardín Central de la UB, en un marco perfecto para recrear la vida de Sītā y Rāma en el bosque y sus encuentros con el dios mono Hanumān, otro gran protagonista de la historia.

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Cartel promocional del Rāmāyana (se amplía al clicar).

La entrada es gratis pero hay que tener en cuenta que el aforo es limitado. Hace dos años, con el Mahābhārata, muchas personas quedaron fuera, así que mejor ser puntuales. El horario de inicio está pactado a las 20h, pues la Dra. Serra dará una breve charla sobre el Rāmāyana, con algunas claves básicas para saborear mejor la obra. Además, como información off the record, les digo que los que se atrevan podrán practicar recitación o canto de mantras de la India, guiados por la profesora Sierra.

En la India, la puesta en escena de la vida de Rāma es chapati de cada día, en Barcelona no. Por ende, recomiendo, a quienes puedan, asistir al espectáculo, no sólo porque será agradable y entretenido, sino porque es una de las pocas posibilidades de ver el Rāmāyana (o cualquier obra india) en teatro y en España.

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Fragmento del tríptico oficial de la obra (se amplía al clicar)

Deidades que inspiran posturas

El segundo evento que quiero difundir es un Taller de Mitología y Āsana que daremos junto a Hansika este sábado 25 de Mayo (17hs). Evidentemente tengo un interés personal en promocionar este taller, aunque eso no quita que se trate de una temática que no es habitual en Barcelona. Quizás es por la crisis, quizás es la Era de Acuario, pero cada vez más personas buscan felicidad en la amplia etiqueta que denominamos ‘espiritualidad’ y, por supuesto, cada vez más personas practican yoga, sobre todo a nivel postural.

Mi sensación es que eso es muy bueno y también que, podría ser mejor si, además de la práctica física, hubiera una profundización en los aspectos teóricos que sustentan la práctica. No como un mero conocimiento intelectual sino para poner esa teoría en acción, dejando que los valores universales del yoga se conviertan en parte de nuestra vida. La filosofía y la mitología de la India no tienen, de ninguna manera, la popularidad que tiene el Acro-yoga o las sesiones de danza extática con DJ’s, por ejemplo, ya que la mayoría de las personas preferimos (o nos llegan más fácilmente) estímulos físicos que ‘mentales’.

Es pensando en esto que con Hansika ideamos un taller que combina teoría a nivel de mitología y práctica a nivel de āsana, con una secuencia de vinyāsa yoga especialmente diseñada para la ocasión. El taller se titula Deidades que inspiran posturas. Algunas de las posturas de yoga que normalmente se practican en yoga están inspiradas en deidades o sabios hindúes. La relación entre estas deidades y las posturas no es casual, por lo que identificar cuáles son estas posturas y, sobre todo, con qué mitos están relacionadas resulta una herramienta muy útil para profundizar en la práctica física.

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Flyer oficial del Taller (se amplía al clicar).

Como dato extra digo que tendremos proyector para que durante la sesión teórica podamos ver las deidades e imágenes de las que se hablarán. Asimismo, y no es un dato menor, este sábado 25 de Mayo se celebra Buda Purnima, la luna llena en que se conmemora el nacimiento, iluminación y muerte del Señor Buda. Por tanto, es una fecha especialmente propicia para la práctica espiritual y, cómo no, para hablar del Señor Buda, o ¿acaso no sabían que existe una postura llamada Buddhāsana?

La fecha, repito, es el sábado 25 de Mayo de 17h a 19:30h. La dirección es en Barcelona: C/ Còrsega, 77-79, 2º 4ª (chaflán Rocafort) junto a <M> Entença (L5). El precio es anti-crisis: 20€.

Las plazas para el taller son muy limitadas, así que es imprescindible reservar lugar. Para ello, haz el ingreso de los 20€ en la Cta. de “La Caixa”: 2100 0483 21 0200372483 (Nombre + Taller). Cualquier consulta, puedes hacerla por mail aquí o aquí. El evento en Facebook es éste.

Pido perdón a los lectores que están lejos de Barcelona y que no podrán asistir ni a la obra de teatro ni al taller de mitología. Espero que leer esto no les genere frustración, sino más bien anhelo por actividades espirituales, ya que a fin de cuentas, el anhelo espiritual es la clave de la felicidad.

Arte urbano en Varanasi

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Kashi (o Benarés, Banaras, Varanasi…) es la urbe continuamente habitada más antigua de la India; la ciudad más sagrada del hinduismo y morada del Señor Shiva. Varanasi (o Benarés, Banaras, Kashi…) es famosa por sus infatigables zonas de cremación al aire abierto; por sus ghats atestados de devotos píos; y por sus sadhus de todos los caminos religiosos. Banaras (o Benarés, Varanasi, Kashi…) es especial por las callejuelas laberínticas; por los toros compartiendo esquinas con los mendigos; y por la diversidad cultural de sus habitantes. Benarés (o como les guste decirle) posee el tránsito más intrincado del país; una producción textil de primera calidad y un flujo turístico (nacional y extranjero) permanente.

Además de este no exhaustivo pero, aún así, insuperable currículum socio-histórico-espiritual, Varanasi cuenta con un amplio muestrario de arte urbano (street art si me permiten ser cool) que se cristaliza en graffitis y murales. De por sí, en la ciudad se pueden ver anuncios (de hostales, panaderías, cibercafés, etc.) en las paredes de sus edificios, un estilo publicitario que es común en toda la India y que en Varanasi toma especial relevancia porque hay mucho turismo y porque, supongo, hay que aprovechar cualquier espacio disponible.

En cualquier caso, el apogeo de este gusto por la pintura mural se aprecia en los ghats, en las relativamente amplias explanadas que cortejan las escalinatas en las que el río Ganges bendice a la ciudad. Allí, inspirados por la atmósfera mística y el paisaje único del skyline benaresí, artistas de todo tipo, tanto indios como extranjeros, dejan su impronta. Los hay de temática religiosa, filosófica o costumbrista; de estilo clásico, posmoderno o naif.

En este post, mi propósito es mostrar algunas de esas obras a través de las fotos que tomé en mi breve estadía en Varanasi cuando viajé a la Kumbha Mela en febrero 2013. De esta forma, tendrán un motivo más para desear visitar Kashi (todas las imágenes se amplían en buena resolución al clicarlas).

El 'patrono' de Kashi es el Señor Shiva y su imagen está por doquier.

El ‘patrono’ de Kashi es el Señor Shiva y su imagen está por doquier.

Ni murales ni graffitis; pósters hechos con fotografías de personas indias.

Ni murales ni graffitis; pósters hechos con fotografías de personas indias.

tradicional mantra al Señor Rāma.

Mantra tradicional al Señor Rāma.

La diosa Gangā (es decir la imagen iconográfica del sagrado río Ganges, que es femenino) sobre su vehículo, un animal marino que parece un cocodrilo.

La diosa Gangā (es decir la imagen iconográfica del sagrado río Ganges, que es femenino) sobre su vehículo, un animal marino que recuerda a un cocodrilo.

Detalle del Señor Shiva y su hijo Ganesh.

Detalle del Señor Shiva y su hijo Ganesh.

La omnipresente Madre Gangā (Gangā Mā).

La omnipresente Madre Gangā (Gangā Mā) con escalinatas de fondo.

Un fragmento del poema épico Rāmāyana, con Sītā, Rāma y Lakshmana a punto de cruzar el Ganges.

Ilustración de un fragmento del poema épico Rāmāyana, con Sītā, Rāma y Lakshmana a punto de cruzar el Ganges.

La globalización y sus consecuencias: una secuencia de hatha yoga; un diseño moderno y un astronauta comparten pared.

La globalización y sus consecuencias: una secuencia de hatha yoga; un diseño moderno y un astronauta comparten pared.

La versión graffitera de la básica pregunta filosófica de las Upanishads: "¿Quién soy yo?". Arriba de todo se puede ver a un hombre que leyó el mural completo y se quedó pensativo...

La versión graffitera de la básica pregunta filosófica de las Upanishads: “¿Quién soy yo?”. Arriba de todo se puede ver a un hombre que leyó el mural completo y se quedó pensativo…

Amor verdadero.

Amor verdadero.

"Cada mujer es una diosa" nos dice con razón este mural. Lo que no sé es si la ropa colgada a secar es parte de la obra.

“Cada mujer es una diosa” nos dice con razón este mural de una moderna diosa Durgā. Lo que no sé es si la ropa colgada a secar es parte de la obra.

Un rishi meditativo con su tercer ojo fluyendo en armonía con Gangā Mā (también se aceptan otras interpretaciones...).

Un rishi meditativo con su tercer ojo fluyendo en armonía con Gangā Mā (también se aceptan otras interpretaciones…).

El Señor Shiva en su aspecto danzante de Natarāja y a gran escala (como referencia ver la oportuna cabeza del muchacho indio abajo a la izquierda).

El Señor Shiva en su aspecto danzante de Natarāja y a gran escala (como referencia ver la oportuna cabeza del muchacho indio abajo a la izquierda).

Para cerrar el post, que mejor que un calmo caracol que nos dice "Shanti".

Para cerrar el post, que mejor que un calmo caracol que nos dice “Shanti”.

Para ver más graffitis relacionados con la India, visitar la web de MC Yogi.

Los padres de Hanumān

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Hace un tiempo escribí un post sobre el Hanumān Chālīsa, un poema devocional en hindi compuesto por el santo-poeta Tulasī Dās y dedicado al dios mono Hanumān, símbolo de la devoción y el servicio a Dios. En dicha composición, de cuarenta estrofas, hay referencias a muchos aspectos de la vida de Hanumān y hoy me quiero centrar en lo referente a su ascendencia, ya que es un tema que no siempre está claro.

En el poema (y en otros textos como el gran poema épico Rāmāyana) se dice que Hanumān es el ‘hijo del dios del viento‘, a la vez que se lo presenta como hijo de un mono guerrero de nombre Kesari. Asimismo, la figura del dios Shiva está relacionada al nacimiento de Hanumān; sin olvidar a su madre, la mona Añjanā.

¿Cómo se explica esta progenie tan diversa y excesiva? Ahora veremos…

Encarnación de Shiva

Como siempre en ámbitos mitológicos hindúes no se puede dar una única historia como la definitiva, ya que es normal que haya variaciones y modificaciones según el texto o la época. De todos modos, es un hecho aceptado que el poderoso mono Hanumān es una encarnación (muchas veces se dice una ‘expansión’) del dios Shiva. Alguna vez he hablado de las encarnaciones del dios Vishnu, que son las más conocidas. En este caso, el mismo dios Shiva se encarna en mono para asistir al príncipe Rāma, una encarnación de Vishnu en la Tierra.

Shiva y Vishnu son las principales deidades de las dos sectas religiosas conocidas como Shaivismo y Vaishnavismo, las cuales a menudo han chocado para defender la preeminencia de su ‘deidad’. El hecho de que Shiva encarne como Hanumān para ayudar a Rāma puede leerse de diversas formas, según las preferencias:

1 – Hanumān (Shiva) es un sirviente de Rāma (Vishnu) y, por tanto, es inferior.

2 –Sin la ayuda de Hanumān (Shiva), Rāma (Vishnu) no hubiera podido rescatar a su amada esposa Sītā (Lakshmī) y, por tanto, en realidad depende de Shiva.

3 – Para acceder y conocer a Rāma (Vishnu) hay que pasar por el filtro de su guardián Hanumān (Shiva), con lo cual los dos están íntimamente relacionados.

Los textos sagrados de la India son lo bastante sabios y profundos como para tener una doble o triple lectura, cada una con su nivel de enseñanza. De esta forma, según sea el nivel de consciencia espiritual de la persona, así será la enseñanza que aproveche.

Hanumān, Shiva y Vishnu: uno y lo mismo.

El hijo del Viento

La historia cuenta que Shiva decidió encarnarse para ayudar al Señor Rāma en la Tierra. Antes incluso de que naciera el gran príncipe Rāma, Shiva y su esposa Pārvatī jugaban en el monte Kailāsh cuando vieron un mono y, para jugar, se transformaron en esos animales. Con esta forma y durante sus juegos concibieron un hijo. Al ver esto, Pārvatī regresó a su forma divina y se negó a dar a luz a un mono. Entonces, Shiva buscó soluciones alternativas.

Shiva llamó a Vāyu, el dios del viento, y le pidió que se haga cargo de la ‘concepción’, que aún no había nacido y estaba esperando su momento (es decir, el momento en que encarnara el Señor Rāma). Durante este tiempo, Vāyu depositó la concepción de Shiva en una hoja a la orilla del río Māndakinī, un tributario del Ganges en los Himalayas, y se dedicó a cuidarla con celo.

Imagen tradicional de Vāyu, el dios del viento, montando un antílope.

Al mismo tiempo, en Kishkinda, el reino de los monos, un gran guerrero llamado Kesari conocía a la mona Añjanā, que en realidad era una criada humana que había sido maldecida a volverse mona por Brihaspati, el maestro de los dioses, y luego enviada a propósito a conquistar a Kesari como parte de los preparativos del descenso de Vishnu como Rāma.

Kesari y Añjanā se casan pero no tienen descendencia, entonces el mono Kesari realiza grandes austeridades para tener un hijo poderoso. Durante este proceso, Vāyu, dios del viento, llega hasta la mona Añjanā con la ‘concepción’ y le dice que si la acepta su maldición será eliminada y volverá a su antigua forma. Añjanā acepta y a su debido tiempo da a luz un hijo que es a la vez expansión de Shiva, hijo de Vāyu (pues fue quien lo cuidó) y también de Kesari, que era su padre por ley, digamos.

El niño Hanumān con su padre mono, Kesari. Shiva, en el fondo, siempre presente.

Otro nombre de Hanumān es Āñjaneya, que significa ‘hijo de Añjanā’. A la vez, se dice que la potencia de Shiva era tan grande, que tan pronto nació, el niño Hanumān creció hasta tener 16 años.

El poder de Āñjaneya

Una de las principales características de Hanumān es su gran fuerza, vigor y poder. Ninguna sorpresa si uno piensa que se trata del mismo Shiva encarnado. De todos modos, hay más razones para estas cualidades en el dios mono, ya que el mismo dios Indra, rey de los dioses, le concedió la capacidad de ser invencible y, por ende, se explica que Hanumān es la personificación de los poderes de todos los dioses y diosas.

A la vez, de su padre celestial Vāyu, Hanumān heredó la velocidad y la capacidad de saltar y volar. Como si esto fuera poco, su padre mono, Kesari, lo envió de joven a estudiar con Sūrya, el dios del sol, que le enseñó las Escrituras sagradas y el conocimiento trascendental.

Hanumān vuela delante del dios sol Sūrya, su maestro espiritual.

Finalmente, una vez que el demonio Ravana fue vencido por Rāma, tal como se explica en el Rāmāyana, el príncipe le otorgó a Hanumān, por su indispensable ayuda, el don de la inmortalidad. En realidad, se dice que le dio la ‘inmortalidad condicional’, ya que le prometió que viviría durante todo el tiempo que la historia de sus hazañas para rescatar a la princesa Sītā siguiera siendo contada en el mundo.

Hace más de 3.000 años que sus proezas son relatadas de forma oral, teatral, escrita, poética y espiritual por millones de personas, sin miras de que la tendencia vaya a decaer. Visto lo cual, se puede decir que Hanumān seguirá siendo inmortal por mucho tiempo. Sus varios padres, sin duda, pueden estar muy orgullosos.

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Dīpavali, el festival de la luz y la renovación

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Este martes 13 de Noviembre 2012 se celebra la festividad hindú de Dīpavali. La palabra Dīpavali se suele traducir como ‘hilera de luces’ y también es posible verla contraída como Dīvali o en sus versiones fonéticas anglosajonas: Deevali o Diwali.

La fecha de celebración varía cada año pues depende del calendario lunar. Dīpavali se celebra en la luna nueva (o negra) del mes hindú de Kārtikka, que es el octavo del calendario hindú y corresponde a Octubre-Noviembre del calendario occidental.

En la filosofía de la India, la luna nueva se relaciona con dejar atrás antiguas ideas, pues se comienza a pasar de la oscuridad hacia la luz, simbolizada en la luna llena. Obviamente, este proceso sucede de forma recurrente cada mes, pero el mes de Kārtikka es considerado el mes más oscuro del año y, por tanto, su luna nueva es la noche más oscura del año.

Por ello, para contrarrestar esa noche tan oscura se celebra en la India el festival de la luz, que no es otra cosa que una metáfora del eterno predominio de la sabiduría espiritual sobre la ignorancia material.

Regreso a Ayodhyā

Este simbolismo tiene su correlato histórico-mitológico en el hecho (bien explicado por la Casa de la India en Valladolid) que Dīpavali conmemora el retorno del Señor Rāma, después de 14 años de exilio, a la ciudad de Ayodhyā, capital de su reino. Rāma acababa de derrotar al demonio Rāvana y de rescatar de sus garras a su amada esposa Sītā, en la lejana isla de Lanka. Durante el regreso de la Divina pareja al reino, en plena noche, su camino fue iluminado por el gozoso pueblo con lámparas y velas, como ayuda para que encontraran el camino y como símbolo lumínico de que su guía exterior e interior volvía a casa.

Es por ello que, tradicionalmente, Dīvali se celebra encendiendo lamparillas de aceite hechas de barro, de forma que todas las casas y tiendas queden adornadas e iluminadas. En la actualidad se usan también luces y lamparillas eléctricas, como así también muchos fuegos artificiales y petardos. En un antiguo post cuento mi experiencia con estos artilugios en la ciudad de Chennai.

El famoso Festival de la Luz ha dado lugar a imágenes como esta circulando en las redes sociales, en que un supuesto satélite de la NASA ha captado como luce India (y Sri Lanka) de noche, durante las celebraciones de Dīvali. He investigado un poco y no puedo asegurar que el dato sea fiable, aunque si lo fuera da una idea de la importancia de las celebraciones.

Asimismo, Dīpavali es la festividad en que se adora a la Madre Lakshmī, la diosa de la riqueza y la prosperidad. Para esta ocasión las casas se limpian e incluso se pintan, como preparación para que Lakshmī las visite y dispense su abundancia en cada familia y hogar.

Año Nuevo

El hecho de que Dīpavali ocurra en la noche más oscura del año hace que, extraoficialmente, también se la considere la noche de ‘año nuevo’. Si uno debe buscar un paralelo occidental para explicar Dīvali se puede decir que sería Año Nuevo por su significancia simbólica de ‘renovación’. Todas las personas llevan ropas nuevas, a la vez que se realizan regalos, se envían tarjetas de felicitación, se tiran fuegos artificiales, se realizan reuniones familiares y hay una palpable atmósfera de alegría colectiva (efectivamente, es una combinación de lo que en Occidente sería Navidad y Año Nuevo).

Por tanto, ni el calendario hindú ni el occidental marcan que sea la fecha de ‘año nuevo’, sin embargo por la cuestión lunar es considerada una época de renovación. Es esta idea la que lleva a limpiar las casas y a encender las lámparas, cuya luz, como explica Swami Chidanand Saraswati, “quema la oscuridad de aquello que es viejo, pasado y que impide nuestro progreso, abriendo camino para un nuevo nacimiento”.

Este nuevo nacimiento es, explica Swami Chidanand, el de “nuevos pensamientos, nuevas visiones, ideas e ideales”.

Por tanto, saludo cariñosamente a todos los lectores en este Dīpavali y deseo que todos los seres logremos abandonar y renovar nuestras visiones erradas, para así encender nuestra lámpara espiritual interior, de forma que ilumine nuestro camino hacia la felicidad permanente.

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