El blog de Naren Herrero sobre Yoga, la India y su filosofía

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La mujer en el Yoga

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A pesar de su imparable popularidad, existen escasos datos fiables sobre el número y género de los practicantes de Yoga en occidente.

A nivel estadístico, las fuente principales con la que contamos provienen de Estados Unidos, considerado el mayor mercado de Yoga, que en un estudio gubernamental de 2017 expone que, en personas mayores de 18 años, las mujeres son mayoría en la práctica del Yoga en un 70% y de la meditación en un 58%. Según datos de Inglaterra, compartidos en el libro de Alistair Shearer, el porcentaje es todavía mayor hacia las mujeres.

En España, un estudio de mercado realizado en 2014 por una desaparecida plataforma digital habla de un 65% de practicantes mujeres. De forma informal, basadas en su percepción subjetiva y en cifras no verificadas, el grueso de las personas involucradas en el ámbito del Yoga (profesores, formadores, dueños de escuelas, estudiantes…) a las que he consultado opinan que, al menos, el 75% de los practicantes son de género femenino, aunque siempre hay excepciones.

Repito, no son datos universales, amén de que el constante movimiento de la vida real hace que las pocas estadísticas que circulan queden rápidamente desactualizadas. En cualquier caso, la sensación generalizada es que, al menos al nivel de practicantes, el Yoga está copado por un público femenino. Algo que se confirma en mis propios cursos y clases.

Si giramos la vista hacia la India veremos un panorama diferente, pues históricamente el Yoga ha sido allí un territorio con prevalencia masculina, o al menos así lo indican las variadas referencias textuales y artísticas con las que contamos desde hace más de dos milenios.

Al tratarse de una estructura patriarcal, la sociedad india siempre ha dado mayor visibilidad al hombre y, siguiendo esta línea, en el ámbito del Yoga la presencia explícita de la mujer ha sido escueta, por lo que tenemos escasa información detallada sobre su papel en la práctica del Yoga a lo largo de la historia (uno de esos raros ejemplos el trabajo de la investigadora italiana Daniela Bevilacqua: Are women entitled to become ascetics?).

Por un lado, es verdad que en numerosos textos tradicionales se da a entender que el género femenino está menos capacitado que el masculino para la práctica yóguica (más bien a nivel psicoemocional que físico) o se advierte a los hombres de la “distracción” que ellas suponen.

De todos modos, al analizar diversas fuentes no encontraremos, en general, afirmaciones en contra de la posibilidad de que la mujer practique Yoga. Por el contrario, podemos hallar referencias aisladas de mujeres ascetas renunciantes, sabias, maestras o santas que se dedicaron a la vida yóguica, una idea que en la jerga occidental moderna se resume con el término yoguini.

El término en cuestión es antiguo y posee significados ambiguos, ya que su utilización principal se da en los textos tántricos medievales donde tiene que ver con esotéricas deidades femeninas, a la vez poderosas y peligrosas, que poseen la capacidad de cambiar de forma a voluntad y, también, de volar. Este uso especializado de la palabra está relegado a los artículos académicos, pues a pie de calle se habla de yoguini para referirse a cualquier mujer que practica Yoga.

Cuando escudriñamos en la India de hoy, sabemos sin duda que, a nivel religioso y como prueban estudios etnográficos contemporáneos, los sadhus o ascetas son casi en su totalidad varones, como siempre ha sido.

A nivel del público general, en cambio, la situación es diferente, tal como demuestran sondeos realizados en la India que, a pesar de números no siempre coherentes entre sí, ofrecen una tendencia semejante. Un estudio de 2017 financiado por el Gobierno indio, que investiga la relación entre Yoga y diabetes, concluye una paridad del 50% entre practicantes de ambos géneros. Otro estudio de 2018 sobre la percepción del Yoga en la población llega a una conclusión similar, aunque también se pueden encontrar otras encuestas que dan mayoría a los hombres.

Sin la intención de dirimir la controversia, lo que parece claro es que la India moderna está abriendo paso a visibilizar que las mujeres practiquen la disciplina a la que tienen derecho histórico. El mismo derecho, en realidad, que posee cualquier persona del mundo que desee ser más feliz y que, en occidente y por ahora, están aprovechando más las mujeres que los hombres.

6 comentarios

  1. ¿Y no cabría además un análisis feminista de la disciplina misma? Siendo una práctica construida por hombres en un contexto de exclusión de las mujeres, no sería revisable también el falogocentrismo de la práctica.

    1. Hola Cristina, existen análisis feministas, claro, pero generalmente actuales y, por tanto, hacer análisis del pasado desde el presente tiene muchos matices a considerar. A la vez, siempre existieron maestras y sabias de las que podemos beber una versión alternativa. Y por otro lado, el yoga en esencia espiritual está más allá de la distinción entre géneros.

  2. Un hermoso tema de infinita profundidad, que debemos contextualizar de acuerdo a la realidad de cada una de nuestras sociedades. Felicitaciones Naren tocas temas vitales en especial me encantò leer tu pensamiento yoguico sobre la importancia del aparato digestivo en la pràctica del yoga.

  3. Muy buenos días. Hermoso el tema que propones. ¡Antes que nada, gracias!
    No es casual y me surge contarte, ayer vi un documental de los inicios del yoga, y me llamo la atención de la apreciación en el sello de yoga encontrado en Mohenjo Daro, que representa una figura sentada es postura yóguica, con un tocado de cuernos y rodeado de animales.
    Muchos estudiosos lo identifican como una representación del Dios Shiva, en su forma de Pashupati, señor y protector de los animales. Pero otros, como es el caso de este video que vi, ven en sus brazos pulseras, como usan aún hoy en la cultura Harappa las mujeres. Y se ve en las esculturas, era una civilización de paz, y matriarcal que practicaba yoga. ¿Tienen respaldo estas apreciaciones?

    1. Gracias Claudia. Este tema es famoso y tiene muchos estudios académicos detrás. Hay mucho debate y las teorías han cambiado con los años. Me da pie para hacer un post sobre el tema.

    2. Por otro lado, esta la idea de una sociedad matriarcal pero no hay pruebas contundentes. realmente hay pocas pruebas contundentes de cualquier afirmación que se pueda hacer de esa época. Sí existen estatuillas de mujeres o diosas que podrían representar fertilidad, a la vez que nos hablan de una sociedad que valoraba lo femenino, tal como la mayoría de tradiciones antiguas, aunque en la India es un concepto que se ha mantenido en el tiempo. Lo de las pulseras es especulativo, pues para muchos estudiosos es la figura es varón porque tiene un pene (siempre en debate).

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