Aprovechando mi experiencia en este artículo explico qué se hace en un Ashram hindú.
En el mes de agosto de 2024 estuvimos con Hansika y nuestras tres hijas en el Kailash Ashram (en la provincia española de Zamora), perteneciente a la asociación Advaitavidya dirigida por el monje y maestro hindú español Swami Satyananda Saraswati.
Yo había estado allí, solo, en diciembre de 2022, cuando el Ashram todavía estaba en fase de remodelación y ampliación. En ambas ocasiones la estadía fue apenas de cuatro días, pero a pesar del breve tiempo pensé que podía ser útil contar qué se hace y cómo se vive en un Ashram.
Hasta ahora, en mi vida he estado en varios ashrams, en algunos de ellos pocas horas, pero he mantenido una residencia algo más larga y comprometida en el Sri Premananda Ashram de Tamil Nadu (India), en Amritapuri de Kerala (India) y, recientemente, en el ya nombrado Kailash Ashram, cerca de Zamora (España).
Si bien cada ashram es diferente, hay puntos en común que empiezan por la etimología de la palabra sánscrita, āśrama, que literalmente significa «hacia el esfuerzo», pues se trata de un centro religioso o espiritual en que las personas residentes practican ciertas disciplinas que los ayudan en el camino del autoconocimiento. Por tanto, la idea es que quienes viven en un ashram hacen un esfuerzo continuo y consciente para su crecimiento interior. Tradicionalmente este proceso se hace bajo la guía de un gurú o maestro espiritual, cuya presencia o enseñanzas son el eje de la comunidad espiritual.
Como regla general, en un ashram la rutina empieza temprano (desde las 4.30h en adelante según mi experiencia). En el Sri Premananda Ashram lo primero es un ritual de lavado (abhishekam) a la imagen de Ganesha, en Amritapuri es la recitación de los nombres de la Devi y en el Kailash Ashram es la recitación de mantras (varían según el día) y meditación.
Dependiendo del ashram habrá diferentes actividades durante el día, quizá alguna al mediodía, pero ciertamente al atardecer o también después de cenar como cierre del día. Pueden ser cantos, meditación o arati (mostrar una lámpara a la deidad o al gurú).
Lo que nunca falta en un ashram es sevā, o sea servicio desinteresado que se ofrece de forma voluntaria y gratuita para sostener el espacio físico y la misión espiritual. Puede tratarse de labores físicas como limpiar, cocinar o reparar o puede ser trabajo de oficina como traducir, comunicar o responder consultas.
En mi primera visita al Kailash Ashram colaboré con el lijado y pintado de las paredes de lo que sería la biblioteca. Esta vez, con la familia, nos dedicamos casi siempre al huerto, que es un buen lugar para estar con infantes. Una experiencia que resultó ser muy positiva, por cierto.
Por otro lado, en mis estadías en el Sri Premananda Ashram hice diferentes labores: pintar, limpiar, organizar actividades con los niños del albergue, recoger basura, preparar cartas… Por su parte, en Amritapuri estuve colaborando en el servició de lavandería y lavando grandes utensilios de cocina.
La sevā o servicio es una práctica espiritual muy recomendada, pues se considera una disciplina especialmente purificadora para el ego individual, ya que dedicar nuestro tiempo para una causa que no es personal y, además, no nos aportará frutos tangibles directos es un ejercicio ideal para quitar el foco, al menos por un rato, de las obsesiones de «yo, mío, para mí».
Sobre esto, me vienen a la mente unas palabras del maestro hindú Swami Premananda:
«No hay mejor manera de utilizar el tiempo que la de trabajar a cambio de nada».
Esta afirmación, tan radical, puede sonar chocante y, en otras palabras, uno sí trabaja a cambio «de algo», que es justamente la purificación de su propio ego. En términos materiales, sin embargo, cuando una persona reside en un ashram, no solo «trabaja a cambio de nada», sino que además debe pagar su estadía para cubrir sus gastos de manutención.
En el mundo del yoga moderno se habla a menudo de «voluntariado» y muchas personas están dispuestas a «trabajar gratis» a cambio de techo y comida (sobre todo si es en un país asiático y en vacaciones). Esta modalidad del intercambio no es la de un ashram tradicional, que no solo debe mantenerse a flote económicamente, sino que pide un ardiente compromiso de sus residentes, tanto mental como materialmente.
Dicho a través de una analogía moderna, residir en un ashram es como consumir productos ecológicos: requiere más esfuerzo y es más caro que la vía convencional, al tiempo que sus resultados son poco tangibles a corto plazo; sin embargo, es una acción positiva para quien esté dispuesto a asumir el desafío.
Aparte del tiempo dedicado al servicio, la atmósfera de un ashram es conducente a la contemplación y la autoindagación, en donde el silencio cumple un papel importante. En un ashram la meditación y la contemplación (en grupo o individual) son parte integrante, elementos que en la vida moderna hemos perdido o desprestigiado. Sobre esto cito unas palabras de la maestra contemporánea Amma:
«En el mundo actual, lo que es más importante a menudo no se acepta y se considera “poco práctico”. Esta es una de las características del Kaliyuga, la era oscura del materialismo. Es fácil despertar a una persona que duerme, pero difícil despertar a alguien que simula estar durmiendo. En esta época las personas prefieren mantener los ojos cerrados a la Verdad».
Residir en un ashram, aunque solo sea unos pocos días, es una forma hermosa y tradicional de reconectar con la cosmovisión sagrada, a la vez que nos despierta o refuerza cualidades muy necesarias para el sendero del autoconocimiento. Hoy en día, salirse de la rueda de actividades constantes para buscar un espacio de contemplación es un acto revolucionario. Como inspiración cito unas enseñanzas de Swami Satyananda:
«Hace falta pasión y fortaleza para poder adentrarnos plenamente en el reconocimiento y la autoindagación. Este es un proceso extraordinario que exige la totalidad de nuestro ser».
«Busca unos momentos de quietud cada día, observa Aquello que está más allá del pensamiento. Un día el Silencio te engullirá y tendrá lugar el reconocimiento».
Como aclaración final, quiero decir que no es obligatorio vivir en un ashram para practicar plenamente todas las enseñanzas espirituales, incluyendo el servicio desinteresado. Aunque, sin duda, una residencia o visita regular puede ayudar grandemente.
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