En este artículo respondemos a una duda muy frecuente desde el aspecto histórico, etimológico y filosófico.
Para que algo se masifique también debe, por fuerza, simplificarse. De lo contrario, no puede popularizarse. Y esto se ve con la música, la tecnología, la comida, la enseñanza de las escuelas, los protocolos médicos y, por supuesto, con el Yoga.
La simplificación del Yoga implica, por un lado que más personas se puedan beneficiar de sus enseñanzas, y por otro que muchas personas que lo practican -¡y lo transmiten!- no poseen un entendimiento claro de la filosofía que hay detrás, no ya sólo de los grandes conceptos metafísicos, sino siquiera como trasfondo de las difundidas técnicas del haṭha yoga. En el podio de los términos e ideas más malentendidos tenemos un clásico que, sin duda, no es moco de pavo real: kuṇḍalinī.
Comenzando por la etimología, la palabra kuṇḍalinī significa literalmente «la enroscada» y, en su versión más difundida, hace referencia a la shakti o energía universal femenina residiendo en el cuerpo de cada individuo. La tradición del yoga explica que esta energía cósmica está dormida o latente en todos los seres humanos, y si bien hay referencias variadas, el consenso es que, a nivel físico, está localizada en la base de la columna (técnicamente, mūlādhāra cakra) de cada persona.
La imagenería yóguica presenta la kuṇḍalinī como una serpiente enroscada que, adormecida, bloquea la entrada del canal central o suṣumnā nāḍī, que es el canal energético principal del cuerpo sutil que expone la anatomía yóguica. Por medio de técnicas yóguicas (prāṇāyāma, mudrā, āsana, mantra, etc.) se puede despertar la kuṇḍalinī latente para que ascienda -pasando por diferentes centros energéticos (cakras) y perforando nudos energéticos (granthis)- hasta la coronilla, donde se une con Śiva, la Conciencia, y entonces «el yogui queda absorto en su esencia inmortal»[i].
De esta forma, los dos polos cósmicos —femenino y masculino— se unirían plenamente en el cuerpo mismo del practicante, a nivel físico, energético, psicológico y espiritual, lo cual redundaría en el estado que, a veces, llamamos «liberación» o «iluminación».
Para quienes no hemos experimentado el ascenso de la energía kuṇḍalinī, es posible que la lectura de esta información no nos aclare las dudas. Como en todas las grandes preguntas yóguicas, la respuesta real es experiencial y no teórica.
Al mismo tiempo, y en base a las dudas que escucho con frecuencia, sigo intentado echar, al menos, luz intelectual:
Si bien hay referencias muy antiguas a la idea de kuṇḍalinī, el término es de origen tántrico. Lo que llamamos Tantra es un movimiento religioso y espiritual índico que, a nivel académico, se sitúa a partir del siglo 5 e.c. y cuyas fuentes son textos llamados, justamente, tantras o āgamas.
La visión tántrica, resumida en una frase, es que «todo es divino» y, por tanto, no hay distinción entre lo que llamaríamos espiritual y lo que llamaríamos mundano. De allí que la propuesta de despertar la energía cósmica dentro del propio cuerpo humano sea coherente.
En realidad, tantra puede ser también un sinónimo del antiguo método que se denomina kuṇḍalinī yoga y que consiste en utilizar el cuerpo yóguico como principal recurso de trascendencia.
NO HAY QUE CONFUNDIR este sistema tradicional con el estilo de yoga moderno, también llamado kundalini yoga, que fue creado por Yogi Bhajan a finales de la década de 1960 y que combina de forma novedosa el esquema energético tántrico con ejercicios físicos de haṭha yoga y, especialmente, mantras y enseñanzas de la religión sij, propia del Panyab, al noroeste de la India, cuyos fieles masculinos se distinguen por el uso de turbantes y sus largas barbas.
Volviendo a la kuṇḍalinī original, sus primeras descripciones explícitas aparecen en textos tántricos shivaítas de los siglos 6, 7 u 8 e.c. Allí se habla de una «serpiente enroscada», a la vez que en muchas de estas tradiciones shivaítas, Kuṇḍalinī es también la diosa de la creación…
«la energía suprema que hace manifestar los principios elementales (tattvas) y causa la evolución del sonido»[ii].
En la mayoría de los manuales medievales indios de haṭha yoga -que de una u otra manera han influenciado la practica moderna de yoga- se hace referencia a la kuṇḍalinī y al despertar o ascenso de esta energía como puerta hacia la trascendencia.
De todos los textos sobre kuṇḍalinī, quizá el históricamente más relevante sea el Kubjikāmatatantra (del siglo 10) que presenta un sistema de seis chakras o centros energéticos, que es el más difundido hoy en la práctica de yoga y que cualquier instructor de haṭha yoga conoce. Ese antiguo manual tántrico fue traducido al inglés por sir John Woodroffe (1865-1936) -también conocido por su seudónimo Arthur Avalon-, jurista y orientalista inglés que, destinado a Calcuta por la Corona británica, se interesó e inició en materias tántricas.
La publicación, en 1919, de su libro El poder serpentino (The serpent power, originalmente) marcó un hito en la difusión popular en occidente de los conceptos de kuṇḍalinī y chakras, por lo que, desde entonces, ha sido fuente de inspiración para el yoga moderno.
Por su parte, las traducciones tántricas de Woodroffe llamaron la atención de psiquiatras como C. G. Jung, quien concluyó que «la extraña sintomatología que los pacientes a veces presentaban remitía a un despertar de kundalini». Esta relación entre el despertar involuntario o incontrolado de la energía kuṇḍalinī y ciertos «desequilibrios» mentales (e incluso físicos) es una de las principales advertencias que se hace sobre la práctica descuidada de las técnicas energéticas tántricas.
Con estos antecedentes modernos no es de extrañar que la kuṇḍalinī sea un concepto incomprendido, e incluso temido para personas no conocedoras, como es el caso de algunos movimientos religiosos cristianos que asocian kuṇḍalinī y el simbolismo de la serpiente con algo diabólico.
A la vez, en años recientes ha surgido una técnica denominada KAP por sus siglas en inglés kundalini activation process («proceso de activación de kundalini») en la que, en una sesión, unos capacitadores “activan” la energía de las personas mediante ciertas técnicas. No he participado de este proceso ni lo he investigado en profundidad, aunque para mí es una triste prueba de lo que postulaba en el inicio: la popularización implica simplificación (y a menudo desvirtuación).
Aquello sagrado que los yoguis buscan incansablemente y tarda años de práctica en llegar, en la era de la inmediatez se nos ofrece como una mala imitación, apenas una intensa experiencia de fin de semana…
Como antídoto, que las palabras de los sabios nos sirvan de mejor guía:
«La suprema y sutil Kuṇḍalinī… debe ser despertada cuando ella está en su propio estado natural por yoguis que lo han aprendido de la boca de un verdadero maestro”. (Siddhasiddhāntapaddhati 4.24)
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[i] Satyananda Saraswati, Swami. Las bases del Yoga, pág. 211.
[ii] Mallinson & Singleton, Roots of Yoga, pág. 179.
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Próxima edición: septiembre 2024
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4 comentarios
Me entusiasma ver que las cosas llegan en el momento adecuado! Nada que decir, como abeja libando miel, solo gracias.
Excelente opinión y muy clara visión gracias por compartir
Siempre claro y preciso!!agradecida de leerte …
Y de poner en práctica lo que voy conociendo y entendiendo.
Gracias por tu exposición tan clara, responsable y necesaria. Siempre es un placer leerte, Naren. Hari Om