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El antídoto para un viernes negro

El antídoto para un viernes negro

El antídoto para un viernes negro

El antídoto para un viernes negro

El antídoto para un viernes negro

Ante la avalancha de consumismo que se produce a finales de noviembre, este artículo propone una reflexión sobre el concepto de simplicidad desde el punto de vista del Yoga.

 

Hace ya un par de años, cuando todavía había restricciones de movilidad por la llamada pandemia, le escribí un correo a Swami Satyānanda Saraswatī hablando de varios temas, entre ellos una queja por la prohibición a salir de la comarca. Entre otras respuestas, Swámiji me escribió una frase que me resultó aleccionadora:

«Poder hacer menos cosas no deja de ser una forma de libertad»

Eso me recordó que hacía ya muchos años, en el contexto de un retiro de meditación, Nitya Mataji, una monja discípula de Swami Premananda, nos había dicho:

«Choice is confusion»

Esta idea de «cuantas más opciones, más confusión» se hace evidente cuando vamos a una heladería y podemos elegir dos sabores (máximo tres) entre cuarenta posibilidades. Elijas lo que elijas, siempre queda cierta sensación de vacío, de que te has perdido algo mejor, lo cual a menudo intentamos completar pidiéndole a nuestro acompañante -porque a la heladería se suele ir acompañado- una probadita de sus sabores.

 

Sobre la cuestión de las elecciones, esta misma semana leí en Instagram una cita que compartía @casavirupa del maestro de tradición tibetana Jigme Khyentse Rinpoche y, aunque no sigo el camino budista, me sentí interpelado. Decía:

 «Tenemos que entender que la habilidad de escoger -que es distinto del hecho de tener oportunidades de elección-, es lo que tratamos de desarrollar con samatha [meditación]. La habilidad de ver las cosas de forma distinta. Utilizamos nuestra libertad para escoger aquello que libera a nuestra mente; es decir, para liberarla de su habilidad para autoengañarse».

Las personas en general, y especialmente los privilegiados individuos occidentales modernos, creemos que tener muchas opciones y seguir nuestros deseos es ser libres. Para la tradición del yoga (sea hindú o budista) esto es un craso error conceptual (un autoengaño, como dice la cruda cita anterior).

 

Por supuesto, si mi habilidad para elegir sigue intacta a pesar de entrar al Aldi y ver pasillos llenos de diferentes delicias navideñas, entonces la cantidad de opciones no es un problema serio. Sin embargo, este no suele ser el caso típico, que más bien funciona a la inversa: a mayores opciones más deseos, mayor agitación mental y más probabilidad de seguir impulsos compulsivos.

 

Esta reflexión, que puede ser útil todo el año, surge por la llegada del denominado viernes negro (black Friday en su versión anglosajona original, que lo hace sonar más sofisticado). Un invento comercial que está en boga y no hace otra cosa que promover el consumismo, la ansiedad, la prisa, la competencia y el pensamiento innecesario hacia adelante.

 

Además de, y este es el tema que me ocupa, instarnos a acumular y adquirir cosas que -en la mayoría de los casos- no son necesarias o que no compraríamos si no fuera por ese supuesto descuento que nos ofrecen. A lo que se suma el empujón de una (fríamente maquinada) emoción colectiva que te hace sentir que te podrías quedar afuera de algo relevante.

 

Entonces, ¿qué hacer ante este viernes fatídico de noviembre (junto a los días previos y posteriores que también cuentan) para no picar ese anzuelo y no ser cómplices de un modo de vida que no solo alienta el capitalismo, incrementa las desigualdades económicas, genera basura y explota los recursos del planeta, sino que, sobre todo, esclaviza nuestras mentes y daña nuestros corazones?

 

La respuesta yóguica es muy directa: aparigraha o «no acumular».

 

Famosamente, aparigraha es uno de los yamas o cualidades yóguicas básicas que prescribe el sabio Patañjali en su Yogasūtra como método para purificar y aquietar la mente rumbo al reconocimiento de nuestra naturaleza espiritual. Otra forma de referirse a esta «restricción voluntaria» que adoptan los aspirantes comprometidos sería como el voto de pobreza de los monjes o, dicho en lenguaje popular, simplificarse la vida.  

 

Pero ¡cuidado! No se trata meramente de una simplificación en busca de mayor comodidad logística, sino de una renuncia a lo innecesario para poder ahondar en el autoconocimiento.

 

En las prístinas palabras de Patañjali:

 «Cuando [el practicante] se establece con firmeza en la no acumulación (aparigraha), comprende el cómo y el porqué de su existencia» (Yogasūtra, 2.39)

El maestro contemporáneo T.K.V. Desikachar (1938-2016), en su divulgado comentario del texto, explica con más detalle este sūtra:

«Cuanto menos tiempo empleemos en tener posesiones, más tiempo tendremos para investigar Yoga, y así se llega más fácilmente a encontrar respuestas… A más poseemos, más debemos ocuparnos de ello. El tiempo y la energía que se gastan en adquirir y proteger nuevos bienes y en padecer por ellos no puede ser dedicado a las cuestiones esenciales de la vida».

Esta idea se ilustra de forma magistral en la conocida historia que se comparte en círculos yóguicos acerca de un renunciante cuya única posesión era un kaupīna o taparrabos indio. Por tanto, cada día después de sus abluciones en el río, ponía el kaupīna de tela a secar sobre una piedra y quedaba desnudo por un rato. Al parecer, esto perturbaba a las lavanderas que venían al agua a hacer su trabajo y, para solucionarlo, un devoto del sādhu le regaló un segundo taparrabos. De esta forma, mientras se secaba el primer kaupīna, el sādhu podía usar el segundo y así cubrir sus partes íntimas.

 

Sin embargo, al dejar sin vigilancia el taparrabos mojado, comenzó a venir un ratón que lo roía un poco cada día. Para evitar que se hicieran agujeros en la prenda, el sādhu pensó que sería útil tener un gato que ahuyentara al ratón. Así fue como consiguió un gato que cumplió su tarea, pero, a su vez, el nuevo animal debía ser alimentado de forma cotidiana. Entonces, el sādhu pensó en conseguir una vaca para tener fácil acceso a leche y así mantener al felino. Eso sí, cuando tuvo la vaca se dio cuenta de que había que sacarla a pastar, ordeñarla y limpiarla.

 

Para remediar el dilema, el renunciante pensó que sería útil obtener una esposa, que, siguiendo la tradición india, se encargaría de cuidar al bóvido con diligencia mientras el sādhu hacía su práctica espiritual.

 

Pero entonces su esposa quedó embarazada y tuvo un hijo, y luego otros más, y el renunciante tuvo que salir a buscar trabajo para traer dinero y alimento a casa, por lo que cada vez se enredó más en las vicisitudes de la vida doméstica cotidiana y ya no tuvo tiempo para realizar su práctica (un escenario que puede que sea familiar para varixs lectorxs).

 

Así fue como, por el inocente hecho de pasar de tener un taparrabos a tener dos, el sādhu finalmente perdió la capacidad de dirigir la atención a su elevado propósito original.

 

La moraleja es obvia: tener más de lo necesario nos puede desviar de nuestra intención espiritual.

 

Por supuesto, en este punto siempre hay alguna persona que, con buena fe, alza la voz para decir que no hay que ser extremistas, pues hay un mínimo de posesiones o elementos que todos necesitamos, ya que la escasez trae sufrimiento. Esto es cierto como regla general y se acepta sin objeciones en Yoga, al tiempo que, casi con seguridad, esa carencia básica no es el caso de quienes nos vemos bombardeados (y atrapados) por el viernes negro y, además, estamos leyendo estas líneas.  

 

Por tanto, mi propuesta radical como antídoto a esta tiranía del consumo es no consumir nada, al menos en el contexto del viernes negro. Claro, si a uno se le acaban los tomates el viernes y tiene que salir a comprar un kilogramo, no es grave. La idea es no colaborar con la campaña global de llenarnos la mente con estímulos que nos distraigan de lo esencial.

 

A la vez, así como existe la iniciativa Lunes sin carne en que, por el bien de su salud, del planeta y de los animales, las personas se comprometen a no comer carne al menos un día a la semana, la práctica de no consumir se podría instaurar también una vez por semana como ejercicio yóguico. Incluyendo los tomates de la ensalada… ¿Sería viable?

 

Con su permiso, readaptando a las circunstancias actuales la frase de Swami Satyānanda que abre este artículo, se podría decir que:

“A veces, poder comprar muchas cosas no deja de ser una forma de esclavitud

Por supuesto, cada quien es libre de hacer lo que le plazca, pero esta semana creí pertinente recordarnos que uno de los preceptos básicos del yoga es el de mantener una vida simple junto con el cultivo de pensamientos elevados.

 

Al menos, si lo que queremos es poner la atención en lo importante y duradero.

13 comentarios

  1. Me ha encantado este post, cuántas verdades! y qué acertado todo lo que escribes.
    Muchas gracias por compartir Naren!
    Marta.

  2. Gracias Naren, muy interesante tu publicación. Admito que he sido una persona muy compulsiva a la hora de comprar y hoy estoy intentando corregir este comportamiento. Gracias por la transmisión de estos mensajes tan importantes.
    Cambiando un poco de tema, me encantaría saber tu opinión y si hay alguna enseñanza yoguica respecto al fanatismo (y toda la fiebre generada respecto al mundial de fútbol x ejemplo).
    Namasté

    1. Gracias Maria. Gradualmente todos podemos cambiar nuestros hábitos y yo también trabajo en eso en mi personalidad.

      Sobre el fútbol, y desde el punto de vista del yoga, realmente no es muy diferente a cualquier otra cosa, en el sentido de que se trata de un apego. El fanatismo se considera negativo en la medida que nos vemos identificados con el objeto de fanatismo y nuestra felicidad depende de eso.

  3. Gracias Narem por llevarnos a la reflexión a través de tus palabras. Justo ayer pensaba en esto, que a veces no se nos hace fácil caer en la tentación de consumir mucho más de lo que necesitamos y en fechas así pues más todavía, sobre todo con el bombardeo externo. Sin duda nuestra sadhana nos permite acercarnos hacia lo realmente importante.

    1. Gracias Mirabai. Pues sí, la sadhana sin duda ayuda a contrarrestar las tendencias negativas. Es importante mantener una conexión diaria con nuestro interior.

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